"Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando está dispuesto a ayudarlo a levantarse". Esta frase tan cierta y tan justa es del Premio Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez. En todas las sociedades encontramos desigualdades: por nuestro género, por el color de nuestra piel, incluso por nuestra clase social.
Y, además, golpea a los más vulnerables: niños y jóvenes. A pesar de los avances, la ONU señala que la desigualdad es uno de los mayores desafíos de nuestra era, un obstáculo no solo para el desarrollo, sino también para garantizar los derechos humanos en todo el mundo. No podemos permitir que la igualdad se convierta en un eslogan vacío.
¿Qué estás dispuesto a hacer y a qué cosas renunciarías para lograrlo? Hoy hemos invitado a un grupo de chicos y chicas de diferentes países y culturas para reflexionar sobre los desafíos a los que se van a tener que enfrentar. Hola, me llamo Bisila Bokoko.
Soy emprendedora y asesora en materia de diversidad, igualdad e inclusión. Nací en España y mis raíces son de Guinea Ecuatorial, y vivo desde hace más de 20 años en Estados Unidos y me defino como un híbrido cultural. Recuerdo, la verdad, la primera vez en la cual cambió mi visión de cómo me veía a mí misma.
Un día en el cole, un niño me llamó "negra" y yo llegué a casa y les dije a mis padres: "Me han llamado negra". Y mis padres me dijeron: "Eres negra y eres mujer, y con eso tendrás que lidiar toda tu vida". Con esta frase grabada en mi mente, me he dedicado toda mi vida a superar barreras y también a que cada desafío se convierta en una oportunidad.
Me gustaría que reflexionemos hoy, juntos, sobre la igualdad y, por ende, sobre la desigualdad. ¿Creéis que todas las personas tenemos igual de fácil el conseguir las cosas? ¿Hay realmente igualdad para acceder a ellas, qué pensáis?
Que no, porque. . .
Hablando en un plano más, tal vez, socioeconómico, realmente las personas nacen con privilegios o sin privilegios. Yo soy una persona muy privilegiada, mi papá y abuelo han trabajado siempre y me han dado una posibilidad de vida que me ha permitido estar en España, estudiar fuera de mi país, pero sé que hay personas en mi país o en otros países que no tienen esa facilidad. Yo lo veo en Perú.
No todos partimos con el mismo acceso a oportunidades. Todos podemos llegar a hacer equis cosas, pero algunos se tienen que esforzar más. En mi caso, mis papás me han dado todo lo que he necesitado y me lo siguen dando, y por ahí ahora yo, gracias a eso, puedo construir mi propio camino.
Pero la mayoría de personas en el mundo no ha empezado desde la misma base. En mi caso, sí es verdad que la he tenido difícil porque somos tres hermanos, mi padre murió a los siete, mi madre se quedó sola, y ha trabajado toda su vida. Yo era el mayor y tenía esa presión de no equivocarme, de estar ahí.
. . El mayor, encima, como el ejemplo.
. . Vivimos en desigualdad, porque creo que aquí también entraría el tema de la meritocracia, que yo pensaba que existía solo en Argentina y que Argentina era el único país en donde no existía en realidad.
Pero al hacer el intercambio y venir a España y conocer a personas de otras culturas, me di cuenta de que en todos los lugares del mundo es lo mismo. Yo lo he tenido más difícil. Ha sido como un trabajo llegar hasta acá y venir acá.
Me parece <i>cool </i>compartir el espacio con ustedes precisamente por eso, porque ha sido un camino bastante largo llegar hasta acá para mí. Y te enseña que a pesar de que sea difícil, si lo intentas lo suficiente también se puede lograr. El mundo te da muchas herramientas, hay que saber utilizarlas.
He invitado al profesor y filósofo Michael Sandel para preguntarle qué es realmente una sociedad justa, algo que considero esencial para entender qué es la igualdad. Así que, ¿por qué no vemos qué tiene que contarnos, os parece? ¿Qué es una sociedad justa?
Mi opinión es que es una condición esencial de una sociedad justa que todos tengan las mismas oportunidades para competir. Pero no creo que sea suficiente. Se debe a que incluso aunque todos empezasen la carrera, por usar la metáfora de una carrera, en el mismo punto de partida, e incluso aunque todos tuvieran acceso a unas buenas zapatillas para correr, una buena nutrición y un buen entrenamiento, seguiría siendo bastante fácil predecir quién va a ganar.
Ser un buen corredor no es obra nuestra. Nuestro esfuerzo y nuestro entrenamiento, sí, pero tener un don como atleta o, sin ir más lejos, como científico, ¿eso es obra nuestra o es buena suerte? Y, si depende mucho de la suerte, si le debemos todo a nuestro talento y nuestros dones, incluyendo aquellos que nos permiten ganar carreras o prosperar en la sociedad, es difícil concluir que los ganadores, aunque la carrera haya sido justa, merecen sus victorias.
Así que, al pensar en lo que supone una sociedad justa, creo que hay que ir más allá de la metáfora de la carrera y preguntarnos si una buena sociedad es una sociedad en la que las personas compiten todo el tiempo entre sí, o si una buena sociedad, y quizá también una sociedad justa, es aquella en la que cuidamos unos de otros y reconocemos nuestras obligaciones hacia los demás y hacia el bien común. ¿Y vosotros consideráis que vivís en una sociedad justa? No estamos en una sociedad justa.
En mi experiencia. . .
Yo, por ejemplo, trabajo de limpieza y, no sé, veo esa desigualdad entre el hombre y la mujer. Hace mucho tiempo, estuve en una relación donde esa persona no veía bien que yo trabajara porque las mujeres no tenían que trabajar porque tenían que quedarse en su casa. O, si yo trabajaba, yo no podía ganar más que él.
No estaba bien visto. Ese tipo de cosas a día de hoy no me parecen nada justas, nada. Estamos lejísimos de tener esa igualdad de oportunidades.
Mis padres son invidentes, mi hermana invidente. Es como que son unos máquinas y que les vas a poner una barrera, y la van a saltar, y les van a sobrar dos metros para tocarla, da igual. Pero quita la barrera.
No tienes que hacer que se esfuerce más. No tiene que dar ese extra y que luego le aplaudas. Entonces, todo este tema de romantizar los esfuerzos sobrehumanos por conseguir cosas normales a mí es algo que me enfada bastante.
La competencia está bien. Uno puede pensar en competir contra otro, pero también está bueno competir contra uno mismo, intentar ser mejor que ayer. Es la gran pregunta: ¿cómo hago para ser mejor?
Bueno, quizás dar sin recibir nada a cambio. También está bueno eso de que haya una competencia con uno y también, del mismo modo, ver cómo se hace un equilibrio para poder ayudar al otro también de alguna manera. Creo que levantar la voz e incomodar un poco y abrir las burbujas a las personas que estamos cómodas en nuestro sitio es lo que va a permitir que la sociedad evolucione.
No considero que vivamos en una sociedad justa porque hay un desequilibrio en todo. Pensar en un mundo justo es pensar en una utopía. Yo creo que, al contrario, vivo en una sociedad muy injusta en que te encuentras con la injusticia, con una desigualdad muy grande.
No, no vivimos en una sociedad justa y creo que, principalmente, porque hay personas que tienen oportunidades y otras que no tienen la capacidad para optar a esas oportunidades. Nos falta demasiado como sociedad por evolucionar para que podamos vivir realmente en un mundo justo. La igualdad, en realidad, la tenemos que complementar siempre también con la equidad, porque la igualdad es que todos tenemos los mismos derechos, pero también es verdad que no todos partimos de las mismas bases, de tal manera que tendríamos.
. . La equidad lo que significa es que vamos a adaptar esa igualdad a todas las necesidades diferentes.
Vosotros habéis estado en clase y habrá personas, por ejemplo, con más dificultades para aprender y, sin embargo, los profesores nos dan a todos el mismo programa y nos califican de acuerdo con eso. ¿Es esto justo en realidad? A mí me gusta decir que la diversidad es como una fiesta.
Es que nos inviten a una fiesta. La inclusión sería que te saquen a bailar y la igualdad es que todos recibimos una invitación para ir a esa fiesta, y todos tenemos un fin común cuando vamos a esa fiesta: que nos lo queremos pasar bien. Y la equidad significa que yo puedo disfrutar de esa fiesta: unos bailando, otros van a estar cerca del bar haciendo los cócteles, otro va a ser el DJ.
Eso es realmente un poco lo que significaría la equidad. Bueno, ¿me podríais decir qué situaciones habéis vivido o sentido en las que no os hayan hecho sentir que sois igual que el resto? ¿Alguno tiene alguna experiencia que quiera compartir?
Yo soy gay, me gustan los chicos de toda la vida y, realmente, por lo menos los primeros 15 o 16 años de mi vida me he sentido muy solo, ¿no? La vida seguía a mi alrededor sin que yo fuese parte de ella. Mis amigos conocían chicas y se iban al cine con ellas y tal, y yo no era parte de ese mundo.
Esa ha sido tal vez la experiencia en que me he dado cuenta de que no soy igual. A mí me pasó que yo vengo de un pueblo muy chico de Argentina, en el que no es común dedicarse al arte o estudiar teatro. Terminando el bachillerato, todos: "No, yo voy a estudiar Medicina", "Yo, Ingeniería".
Y era: "¿Y vos? ". "Yo quiero estudiar Teatro".
Y era como: "Pensátelo dos veces", y me daba tanta angustia y me sentía tan sapo de otro pozo que no iba a encajar hasta que me di cuenta de que el mundo no era solamente ese lugar, ese pueblo pequeño, sino que había mucho más. Siento que a nosotros los hombres nos mancha un poco cuando hay hombres que no respetan a las mujeres. No sé, a ver, yo muchas veces me he sentido discriminado por una mujer porque quizás esa mujer había tenido una experiencia mala con un hombre y me trata mal a mí porque piensa que soy como el resto.
También quiero agregar el tema de lo físico. Yo, cuando era chico, era gordo. Creo que midiendo 1,60 pesaba casi 90 kilos.
También es un componente que juega en contra. Te sentís excluido, cuando vas a jugar al fútbol o algún deporte sos el último al que lo eligen. No sé, por ahí las mujeres no se fijan tanto en vos porque hay un cuerpo hegemónico que es el hombre musculoso, alto, y, claramente, vos no estás dentro de ese rango.
Y, bueno, también es un componente que juega bastante en contra a la hora de hablar, porque uno se siente excluido en muchos sentidos, cuando uno no tiene un cuerpo que cree que es perfecto o que no está dentro de los cánones que se encuentran en ese momento en determinada sociedad. Nunca me he sentido personalmente discriminado, o sea, un ataque xenofóbico u homofóbico contra mí. Directamente no, pero creo que, en ciertos momentos, tal vez en mi caso, por ser mujer, creo que he tenido tratos distintos.
Me pasa mucho en los restaurantes cuando voy con mi pareja. Que los camareros le hablen principalmente de él, por ejemplo, y no me consideren a mí. Me he sentido discriminado en algunas ocasiones, sobre todo cuando vivía en Colombia, y hubo momentos en los que sí me sentí muy señalado, como marginalizado de alguna forma.
Estamos hablando de igualdad y de desigualdad y me gustaría que pensásemos en esa desigualdad de la que ya hemos hablado un poquito entre hombres y mujeres. Y quería preguntaros primero a vosotras si alguna vez os habéis sentido discriminadas como mujeres. Sí, yo creo que, desde siempre, desde las cosas más chiquitas a las cosas más grandes.
He sentido esto desde la parte en la que. . .
Yo me acuerdo de que, de pequeña, mi papá me decía: "No puedes jugar a cosas que tengan que ver con balón, te vas a lastimar las piernas y las piernas de las mujeres han de estar sin moretones ni nada". Yo llegaba con moretones y me regañaban. O también la parte cuando tenía que elegir la carrera.
Estudié Economía y Derecho, y me decían que no. En mi país la inseguridad es uno de los temas más fuertes que tenemos y el no poder salir a la calle. .
. Tienes que estar consciente, estar viendo todo porque en algún momento te pueden secuestrar, te pueden violar, te pueden tocar en las fiestas, sentir las miradas de todos, el no poder utilizar la ropa que quieres porque las miradas van a estar siempre. Está la discriminación de que un hombre lo puede hacer y una mujer, no.
Son cosas tan pequeñas que vives por el solo hecho de ser mujer, todos los días. Una vez fui a comprar una moto y me la pintaron desde el principio: "Sí, sí, esta es una moto de chica perfecta para ti, es una moto de chica". Y llega mi novio para verla él también y el señor que había hablado todo el rato conmigo de un momento a otro empezó a ignorarme y a describir el motor, que la moto de chica es perfecta para mí, hablándole a él.
Yo, por ejemplo, también trabajo en un restaurante, limpiándolo igual, y las cosas que yo he tenido que ver, que escuchar, que cuando limpio el baño de los chicos lleguen comentarios tontos, comentarios muy fuera de lugar. . .
Le hemos hecho una pregunta al historiador y filósofo Yuval Noah Harari. Vamos a ver lo que dice. Una de las grandes preguntas en la historia es por qué los hombres dominan a las mujeres.
Para mucha gente es evidente: los hombres son más fuertes físicamente. Pero esa respuesta no tiene sentido porque en la sociedad humana el poder depende más de las habilidades sociales que de la fuerza física. Entender lo que piensan los demás y llegar a acuerdos con ellos o manipularlos es la auténtica clave de la dominación social.
¿Cómo se convierte uno en presidente o en papa? No a base de darle una paliza a los demás candidatos, sino construyendo una amplia coalición de simpatizantes. Incluso, en el crimen organizado, el pez gordo no es necesariamente el más fuerte.
Suele ser un anciano que rara vez se mancha las manos. Convence a los hombres más jóvenes y fuertes para hacer el trabajo sucio. Es decir, la fuerza muscular tampoco explica la dominación masculina.
Otra teoría muy común es que los hombres dominan a las mujeres porque las mujeres necesitan mucha ayuda durante el embarazo o para criar a los hijos, mientras que los hombres pueden dedicarse a competir por el liderazgo. Pero entre otros animales, como los elefantes, las dinámicas en las que las hembras necesitan ayuda y los machos se centran en competir, dan lugar a sociedades matriarcales. Las hembras de elefante necesitan ayuda para cuidar a las crías, por lo que desarrollan habilidades sociales y tejen redes de amigas.
Los machos, mientras, se centran en pelearse entre ellos. Las sociedades de elefantes acaban siendo dirigidas por sólidas redes cooperativas de hembras, mientras que a los machos, egoístas y poco colaboradores, se los deja al margen. Si es así con los elefantes, ¿por qué no sucede con los humanos?
Bueno, ya habéis oído lo que tenía que decirnos el profesor Noah Harari. No hay ninguna base científica para justificar la desigualdad entre hombres y mujeres. Y, entonces, yo os pregunto: ¿por qué pensáis que sigue existiendo esta desigualdad, a qué se debe?
Son cosas muy inconscientes y que suceden en el día a día y que, si no te deconstruís y no ayudás al otro, o al hombre, a ver que lo que está haciendo es un acto machista, tal vez no se dan cuenta, pero porque ya viene en los genes. Por ejemplo, en mi casa los domingos, en los asados familiares que se hacen en Argentina, las mujeres preparan las ensaladas, ponen la mesa, sacan la mesa, lavan los platos, secan los platos. .
. Y ves a mis tíos, a mis primos, que son chicos, que tienen nueve años, que se van y se sientan en el sofá a ver un partido de fútbol mientras estamos todas las chicas levantando. Y yo eso lo empecé a notar desde chica y un día me harté y dije: "Tenemos que levantar la mesa entre todos.
Si es un asado familiar, algo que se comparte con la familia, es la misma familia la que después tiene que ayudar a que esa casa en donde se hizo el encuentro familiar quede igual a cómo estaba". No es algo solamente de las mujeres, pero está tan inculcado en los hombres que hay que hacérselo ver. Por ejemplo, en mi caso, mi mamá es el pilar no solo mío, sino de la familia en sí.
Ella es médica clínica. Ella nació en la pobreza y logró recibirse en la UA, que es la universidad, digamos, la mejor, supuestamente, de Argentina. Y yo a veces no entiendo cómo se llega a discriminar a la mujer, o sea, no entiendo.
La verdad es que, perdón que lo diga así, pero es una mierda tener que pensar. . .
Tengo muchas amigas que tienen miedo de salir a la calle, no pueden ni salir a la esquina porque les puede llegar a pasar algo. Al hombre eso claramente no le pasa. Seguimos teniendo desigualdad por costumbre, porque yo no creo que haya ninguna razón científica, antropológica, social, que pueda decir por qué hay esta diferencia entre mujeres u hombres.
Pero ese, ahorita, lo tenemos hoy por costumbre, porque no hemos decidido decir: "Hasta aquí voy a dejar que me digan 'tú recoges los platos'". "Hasta aquí voy a decir que las mujeres hacen esto y los hombres hacen esto". Decidamos, como generación, como sociedad, cambiarlo.
Personalmente, yo, por ejemplo, ahora, actualmente, tengo una pareja. . .
Él, por ejemplo, cuando yo llego de trabajar y él ha estado en casa, él hace cosas de casa. No tiene ese concepto machista porque él me dice: "¿Por qué solo tú tienes que hacer las cosas? ".
Incluso yo, a raíz de lo que he vivido, tenía esa costumbre de siempre yo hacer las cosas. Entonces él me dice: "Te puedes sentar, ya lo hago yo, no es necesario que me traigas la comida, no es necesario que tú hagas la comida, ni que limpies el baño, lo puedo hacer yo". Entonces son esas cosas también por las que yo me planteo que algo, de alguna manera, estamos haciendo bien.
El hombre tiene más facilidad que la mujer en muchos aspectos, porque la sociedad de alguna manera los pone a los hombres en un escalón quizás más alto. Hay una cultura que facilita que hombres tengan mejores accesos y que se les dé más facilidades que a las mujeres. Existe un privilegio del hombre y al final creo que es porque, históricamente, siempre ha sido el protagonista de la historia humana.
No creo que lo pueda generalizar a todos los hombres, pero sí creo que el ser hombre da un punto extra en esta carrera por conseguir ciertos derechos. En algunas cosas, sí y en otras, no, porque. .
. Por ejemplo en el trabajo, para migrantes más que todo, hay muchos trabajos para chicas, para mujeres, en lo que es limpieza. .
. Y para hombres es muy complicado. Decía una canción hace ya unas cuantas décadas, de mi época, de grupo británico que se llama The Cure, que los chicos no lloran.
Yo creo que gran parte de la desigualdad viene desde que somos pequeños. Ahí es donde se genera. ¿Cómo lo veis vosotros?
¿Os han enseñado cómo debería ser una chica o cómo debería ser un chico? Me empezaba a cuestionar desde chiquita y decía: "¿Por qué. .
. ? ".
Mi mamá decía que este mes mi hermana mayor limpia y recoge todo, el siguiente mes. . .
Y mi papá nunca estaba dentro esa conversación. Entonces, yo una vez le dije frente a mi mamá: "¿Por qué no hacemos un plan familiar de limpieza de después de la comida e incluimos a mi papá? ".
Y cuando le dije, me dijo: "Sí, no, yo también puedo hacer". Yo parto mucho de lo que dicen los chicos. Me parece importante sobre todo aprovechar estos espacios que ahora se dan, porque esto es algo bastante nuevo.
Sentarse a hablar sobre la desigualdad entre hombres y mujeres no es algo muy común. Y es importante que toquemos las fibras que nadie quiere tocar, que se digan las cosas que no se dicen en las calles normalmente. Yo pienso que yo de pronto tengo una actitud diferente a otros hombres porque he tenido pláticas con chicas, me crio, igual que a Essner, mi mi mamá.
Siempre he compartido la casa con mujeres y me ha hecho verlo desde otra perspectiva. Si yo puedo hacer que mis amigas, cuando salimos por ahí de fiesta, se sientan más tranquilas, se sientan más cómodas. .
. O si hay alguien que las está incomodando y soy yo quien le dice algo, ya yo estoy haciendo un cambio. Tal vez no sea un cambio a nivel nacional, ni mucho menos, pero por lo menos a las chicas que me rodean les puedo hacer la situación mejor, ¿no?
Estamos hablando de hombres y mujeres, pero hay que voltear a ver al lado. Un día escuché una frase que seguramente la han oído porque es muy importante en muchas luchas y de muchos activistas, que dice: "¿Es la primera vez que lo oyes o la primera vez que te has dado cuenta de que lo han dicho? ".
Hay personas menos privilegiadas, por el simple hecho de estar aquí somos privilegiados y hay personas, hay mujeres, hay indígenas, hay personas negras, personas con discapacidad, de la comunidad LGBT, con problemas de salud mental. . .
Hay personas con muchísimas cosas que están relegadas, que están marginadas y que nosotros también tenemos la obligación de ver por ellas. La desigualdad de hombres y mujeres es brutal. En Venezuela, en todos los países de Latinoamérica.
. . No todos, tal vez en diferentes matices, pero todos comparten esa herencia de que es supermachista la cultura.
Me gustaría presentaros a una persona. Se llama Kathrine Switzer. Ella fue la primera mujer de la historia que corrió un maratón.
Lo hizo en Boston en el año 1967 y supuso toda una revolución, no solamente en el mundo del deporte, sino también para la sociedad. Vamos a verla. Soy Kathrine Switzer.
Fui la primera mujer que se inscribió oficialmente en el maratón de Boston. Fue una competición que me cambió la vida y me ayudó a encabezar el movimiento por la igualdad en el deporte. Después de que mi entrenador Arnie y yo corriéramos 50 kilómetros, él insistió en que me apuntara al maratón, y dije: "Espera, soy una mujer".
Ya habían corrido otras mujeres antes. Una corrió el maratón de Boston el año anterior, pero ninguna podía llevar dorsal. "Tienes que apuntarte", me dijo.
Y recuerdo que le dije: "Arnie, si llevo un dorsal en el maratón de Boston, me van a ver". Y contestó: "Lo sé y estoy orgulloso de ti". Lo siguiente que recuerdo con detalle es encontrarme calentando, rodeada de hombres.
Fueron muy amables, me apoyaban. Y luego pasó lo que pasó, claro. El coche de prensa nos alcanzó y alucinaron al ver a una chica en la carrera.
Nos hacían fotos, saludábamos, pero de pronto, detrás de mí oí un traqueteo así. Me giré rápido pensando que era un perro o algo y tenía detrás la cara más furiosa que le haya visto jamás a un hombre. Me agarró, me tiró hacia atrás, intentó quitarme el dorsal y me gritó: "¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!
". Yo volví a la carrera, chillé y él. .
. Él se puso a insultarme, me agarró de la camiseta y mi entrenador le dijo: "Déjala en paz, no pasa nada, yo la he entrenado, déjala". Le dio un empujón a mi entrenador y mi novio, que corría conmigo, esa es la parte graciosa, vino a toda velocidad, empujó al organizador y lo sacó del circuito.
Mi entrenador me gritó: "¡Corre como nunca! ". Solo pensaba: "¿Por qué me hace esto ese organizador?
¿Dónde están las mujeres? ¿Qué va a provocar un cambio? ".
Y me di cuenta de que las mujeres no estaban allí porque tenían miedo. Se habían creído todas esas historias de que son débiles y frágiles. Y yo sabía que correr me había hecho sentir tan bien que debía transmitírselo a todas las mujeres que conociera.
Y se convirtió en mi estilo de vida. Me encantaría que este ejemplo resonara en todo el mundo. Si podemos hacerlo en una maratón, ¿por qué no en todo el mundo?
Qué maravilla escuchar a Kathrine, y una historia tan inspiradora. Decía Charles Darwin que, si las desigualdades sociales de los humanos no son una causa natural, seamos conscientes de nuestra infamia. Y precisamente quería hablaros sobre cómo algunas personas, colectivos o comunidades son tratados de una manera diferente por personas o grupos de su entorno más cercano.
Mi pregunta es si alguno de vosotros ha sufrido desigualdad por el color de su piel, por sus orígenes o por ser de su país. Cuando llegué a España, que llegué por intercambio, con las personas con las que vivo, con mis <i>roomies</i>, salimos un día en la noche, estábamos juntas y a una de nosotras nos dijeron: "Bueno, ¿son mexicanas? ".
Nosotras: "Sí, somos de México". "No parecen mexicanas. Solo tú pareces mexicana", le dicen a una de mis amigas.
"¿Por qué dices eso? ". "Por el color de piel.
Las demás son blancas, pueden pasar por españolas". Nosotras empezamos a decirle que lo que decía era racista. Empezamos a debatirlo y lo que nos dijo fue: "Por eso los colonizamos".
Y también he sentido en ciertos lugares directamente. . .
Mi mamá es una persona morena, mi papá es blanco, por eso soy blanca. Pero con mi mamá y con mi hermana, que son morenas, en distintos países. .
. Yo me acuerdo en Italia. .
. Yo sé un poco de italiano. Oí lo que estaban diciendo los meseros y llegaron a comentar: "Ve a las morenas, a ellas no les sirvas".
Y se empezaron a reír. Claramente, no sabían que yo sabía un poco italiano y podía comprenderlos, pero me molesté. Claro, me paré, me fui del restaurante y todo, pero sí he sentido que por ciertas cosas dicen: "No, es que eres de México, tú no deberías estar aquí".
Hay una diferencia entre tu país y nuestro país. Me da rabia porque desde que llegué a Europa. .
. No me pasó a mí, pero sí he escuchado a personas a las que les pasó, sobre las que dicen: "Ah, vienen porque no tienen trabajo o porque se están muriendo de hambre", y lo dicen de una manera tan despectiva. .
. Siento que a veces. .
. está tan instalada la idea de que lo que está pasando en tu país es malo y venís acá no sé si a invadir, pero sí a buscar posibilidades que no sé si te podemos dar. Están como en ese papel de: "Yo, europeo.
Vos, de otro lugar", y no me pasó, pero sí lo he escuchado en muchos lugares. Mis padres, ambos son inmigrantes, yo soy hija de inmigrantes, soy la primera generación nacida aquí en España, y luego, además, yo misma migré a Estados Unidos. Mi padre dice que cuando llegó aquí a España la gente le decía: "¡Negro, vete a tu país!
¿Qué haces aquí? ". Y mi padre dice que él ni se inmutaba por estos comentarios, porque él llegó con las llaves de su casa en el bolsillo, porque mi bisabuela doña Pilar en los años cincuenta había comprado un piso en Valencia.
Entonces mi padre, que era su nieto, cuando vino aquí, sí que tenía un sitio propio donde vivir, y por eso me transmitió a mí el no tener vergüenza de mi procedencia ni que me sintiera inferior a los demás, como afrodescendiente. La experiencia de mi madre fue completamente distinta. Mi madre estuvo en un colegio de monjas y siempre me cuenta que, en las navidades, como ella no tenía familia en España, pues se tenía que quedar sola en un colegio de 200 niñas.
y las monjas, la noche de Navidad, hacían su cena y a ella le daban de comer algo distinto y comía sola en un comedor de 200 personas. Pero había una monja, que se llamaba sor Amada, que iba a su habitación cuando todas se habían acostado y le traía unos polvorones, unos turrones. .
. Y, a pesar de esta situación, mi madre nunca tuvo rencor y, de hecho, cuando nosotros éramos pequeñitos nos llevaba de vez en cuando al colegio que había sido el suyo a merendar y a estar con sor Amada, que era como una madre para ella. Siempre hay alguien que te puede hacer sentir un poco mejor en esa situación.
Y mi madre se centró en la parte positiva, siempre transmitiéndonos esos valores. Oye, ¿y cómo os ha hecho sentir cuando alguien os ha discriminado, por cualquier cosa? ¿Cómo os sentís?
He sentido pena por la otra persona, la verdad, porque entiendo que es algo de ignorancia, porque el creerse superior a alguien claramente te dice que no te has enterado de nada. Tal vez deberías pensártelo, el creerte superior a los demás. Yo nunca me he sentido, creo, personalmente discriminado, pero, bueno, siendo gay creo que la discriminación, al final, se siente en el ambiente y eso te hace sentirte fuera de lugar.
Esa discriminación lo que te hace sentir a ti, como individuo en una sociedad, es que no eres parte de esa sociedad. A mí, por ejemplo, me gustaría muchísimo, tal vez, graduarme y poder regresar a Panamá, pero sé que las oportunidades laborales para mí como venezolano no son las más óptimas en Panamá. Bueno, como gay yo no me puedo casar en Panamá.
Te sientes sencillamente fuera de esa sociedad, al punto de decir: "Mi futuro no es en Panamá". Me gustaría tal vez que fuese, pero que sé que no está escrito en mis cartas o en mis oportunidades. Considero que las barreras con las que me he topado personalmente sobre todo han sido las de mi propia mente, con esa narrativa que me he ido diciendo a mí misma de que no soy suficiente.
Pero en ese momento en el que he superado mis miedos y esas limitaciones y he decidido que no voy a hacer los problemas de los demás míos, que si a alguien no le gusta mi género, mi color de piel, pues que no es asunto mío. Y, es más, he acabado al final con esa sensación de orgullo y de pertenencia. Mi lema siempre es: "Lo que crees, creas".
Por tanto, en el momento en el que he sentido que he sido capaz realmente de lograr mis objetivos sin que me condicione mi condición de mujer negra, al final lo he llegado a conseguir. La desigualdad que más me preocupa es la educación, que hay muchas diferencias entre países. A mí, dos: la laboral y la de género.
La desigualdad que más me preocupa es la desigualdad económica, sin duda alguna, me parece que es la brecha más grande que hay en el mundo actualmente. ¿Qué genera la desigualdad? Oded Galor es un economista con un gran prestigio a nivel mundial y tiene un libro que se llama <i>El viaje de la humanidad</i>.
En esta obra, él habla del crecimiento de los países y la desigualdad y quiere compartir un mensaje con todos vosotros. ¿Cuál es el origen de la tremenda desigualdad del nivel de vida en el mundo hoy en día? En los últimos 200 años, se produce una transformación asombrosa en el nivel de vida mundial.
Presenciamos una metamorfosis enorme en la vida de los humanos en la Tierra. La renta per cápita en el mundo entero se multiplica por 14. La esperanza de vida se duplica y las condiciones de vida en el mundo empiezan a diferir de un lugar a otro.
A grandes rasgos, ese es el misterio del crecimiento. Las sociedades del mundo despegan en distintos momentos. Algunas sociedades, notablemente las europeas occidentales, descendientes norteamericanas, despegaron temprano, hace 200 años.
Otras sociedades se quedaron rezagadas y despegaron bien entrado el siglo XX. Como este despegue está relacionado con el incremento por 14 de la renta per cápita, surge una brecha enorme en la economía mundial. De hecho, gran parte de la desigualdad que vemos hoy en día en el mundo se originó por el hecho de que algunas sociedades pasaron del estancamiento al crecimiento mucho antes que otras.
Ese es el misterio de la desigualdad. ¿Sentís que en vuestra generación hay más o menos oportunidades para hacer las cosas, para salir adelante o para tener un futuro, qué pensáis? Cada vez que va pasando el tiempo, me doy cuenta de que cada vez hay menos, cada vez somos más.
En ese aspecto, yo siento que para nosotros los jóvenes es un poco tétrico pensar en el futuro, sencillamente por lo difícil que será. Nuestros papás. .
. Mis papás siempre me han contado cómo mi abuelo se mudó de Italia para Venezuela y montó una empresa y yo esa realidad que mi papá vivió y que mi abuelo vivió, yo no siento que sea capaz de hacer eso, no porque no tenga la capacidad, como individuo, de hacerlo, sino porque realmente siento que los factores externos a mí son cada vez más complicados y más difíciles. Yo creo que hay más medios para llegar a las oportunidades, hay Internet, te puedes formar mejor, tienes más acceso a la universidad.
O sea, hay más conciencia, sí, pero al final es como dices tú. Somos muchos más. Las oportunidades se quedan iguales y siempre van a ser elegidos los privilegiados contra los que no.
Ahora la tenemos más difícil. En nuestra generación es más difícil. Viéndolo desde un concepto, como la parte socioeconómica.
. . Por estadística, he leído, al menos en lo que conozco, que sería México y Latinoamérica, que para salir de la pobreza se necesitan por lo menos dos generaciones.
Es decir, hasta tus nietos van a poder salir de este estatus a menos que haya un proceso de azar o de suerte, pero por probabilidad va a ser muy difícil que salga. Creo que sí la tenemos más difícil. Y cada día por el cambio climático, por las crisis económicas que vienen, por las pandemias que vienen, lo tendremos muchísimo más difícil.
Mi generación tiene más oportunidades, pero hay tanta competencia que cuesta mucho sacar la universidad y salir con trabajo. No tenemos más oportunidades que las anteriores. De hecho, hay una reducción de esas oportunidades.
Creo que tiene más oportunidades, pero también la competencia es mucho más fuerte ahora y cada vez el mercado laboral se hace más y más competitivo y eso también lo hace más difícil, porque hay personas que no tienen este sentido de competitividad e igual los marginalizas de alguna forma. Yo creo que a pesar de que haya muchos medios, haya mucha tecnología, estemos interconectados y la globalización nos pueda tener todo al instante, yo creo que, como somos muchos, competimos más con todos y tenemos menos oportunidades de lograr lo que tal vez mis padres hubieran logrado. A mí, cuando me han negado oportunidades, que me ha pasado, no he desistido ni me lo he tomado de manera personal, simplemente he pensado que no eran para mí y que eso no significa que no hubiera otras oportunidades.
Y creo que muchas veces es importante no tomarse todo de manera personal y estar seguros de nuestro talento, independientemente de cómo esté el mundo. Si no le das cabida a las situaciones que te rodean, al final no te llegan a afectar de la misma manera. Considero que todos somos responsables de crear nuestras realidades y cambiar nuestras narrativas.
Yo creo que he cambiado una narrativa de desigualdad por una narrativa. . .
de oportunidad, ¿no? A mí me echaron del trabajo un día y me sentí superdolida, supertriste. Y en ese momento, ¿qué opciones tienes?
Pues mi opción era o soy víctima o soy creadora. Mucha gente me dijo: "Bisila, tienes que ir a la Corte. .
. ", ya sabéis, en Estados Unidos, con el tema de ir a denunciar todo. Y yo realmente decidí crear una oportunidad para mí, convirtiéndome en emprendedora y generando un entorno de trabajo que fuera acorde a lo que yo entendía que tenía que ser, un entorno de trabajo donde todos mis colaboradores tuvieran una cultura humanista, ¿no?
Entonces creo firmemente que todos podemos escribir nuestras historias desde nuestro libro de vida. Decía el primer presidente negro de Sudáfrica, Nelson Mandela, que, mientras la pobreza, la injusticia y las desigualdades persistan, ninguno de nosotros puede descansar. Así que os quiero presentar a una de las filósofas más importantes de habla hispana.
Ella se llama Adela Cortina y es la primera mujer que ingresó en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Vamos a ver su vídeo. ¿Qué valores son los más importantes?
Pues yo creo que en este mundo seguimos más o menos con la libertad, la igualdad, la solidaridad, el respeto mutuo. Si cada uno de ellos los desgranamos, creo que dan para muchísimo, porque una sociedad que sea verdaderamente libre es una sociedad que se toma en serio que la libertad no es nada más la independencia con respecto a los demás y que nadie entre en mi terreno, etc. No, eso es una forma de libertad, pero hay más formas de libertad y en muchas ocasiones se confunde la libertad con hacer lo que quiero.
No es eso, sino que es, teniendo en cuenta a otros, tratar de participar activamente, la capacidad de hacer cosas juntos. . .
Creo que la igualdad es un valor que no se practica prácticamente nada, desgraciadamente, pero es un valor fundamental. La solidaridad es indispensable para que la sociedad vaya adelante. Yo creo que hay un valor, que es el respeto activo, que es importantísimo para, las diferencias, saber respetarlas y valorarlas, en todos los seres humanos.
Hay que acabar con las desigualdades en el siglo XXI. Eso está claro. ¿Y vosotros qué hacéis realmente para conseguir que en vuestro entorno haya más igualdad, de manera personal?
Yo particularmente creo que el cambio lo hago en mi vida escuchando a las personas. Siempre estoy muy abierto a escuchar las opiniones de los demás. No me importa de dónde vengan, el dinero que tengan, del sexo que sean, lo que sea, no me importa.
No tengo filtro para las personas. Y está bien, porque te da la oportunidad de rodearte de todo el mundo, y los trato a todos por igual. Yo creo que aplico la igualdad de esa forma, no diferencio entre unos y otros, sino que para mí todos son iguales.
En primer lugar, lo que yo trato es de no replicar ciertas actitudes, comentarios o conductas que puedan hacer sentir mal a las otras personas. Estoy metida también mucho en la parte de derechos humanos, pero, fuera de eso, también me involucro en voluntariados, en servicio social. Trato de sí estar presente en las cosas que, desde mi posición, puedo hacer.
Creo que lo primero que tenemos que hacer como sociedad es es una revisión al sistema económico en el que vivimos. El sistema en el que el mundo vive ahorita es consumista y creo que es lo que nos va a acabar. Hemos hablado mucho sobre la desigualdad entre hombres y mujeres pero creo que la que más nos afecta es la económica, porque es la brecha más amplia, la diferencia entre las personas que tienen todos los recursos y las que no tienen ninguno es superamplia y lo define todo en la vida de las personas.
Hemos perdido el punto de vista y nos vemos simplemente como máquinas para producir. Y no se trata solamente de igualdad, no sabemos ni mirar a nuestro entorno con un poco de empatía. Estamos destruyendo nuestro planeta, el lugar en que vivimos, en el que todos estamos, y no sabemos ni cuidar eso.
¿Cómo vamos a pretender cuidar al resto de personas? Nos estamos engañando. Todos estamos ocupados siempre y no nos paramos a pensar, entonces estamos haciendo muchas cosas y pensando muy poco.
-Exacto, es como si el progreso no fuera a ningún lado, ¿cierto? Hacemos mucho, pensamos poco y las ideas van rápido. ¿Tú qué quieres?
El próximo iPhone. ¿Para qué trabajo? Para comprarme otra casa.
Y, claro, yo me pongo a pensar. Yo tengo cinco pares de zapatos y mañana voy a tener seis, ocho, 10. Es que estamos alimentando la desigualdad.
Yo creo que nos convertimos también en una sociedad un poco individualista. Cada quien vela por su propio bien, pero yo creo que no es un tema. .
. No es un tema de que el ser humano sea innatamente egoísta. Yo creo que es un tema de que, en el entorno en el que estamos, realmente no tenemos la energía, la capacidad, de preguntaros por otras personas cuando realmente yo me tengo que preocupar por mí mismo tipo, por mi futuro, por lo que voy a encontrar.
En ese aspecto creo que también ese es un poco el problema. Siento que podemos llegar a ser individualistas, pero no por mero ocio de "quiero todo para mí y no me importa la otra persona", sino "oye, déjame primero respirar a mí y después veo cómo te ayudo". Tengo una asociación sin fines de lucro que busca liderar proyectos que ayuden al desarrollo de comunidades que no tienen el mismo acceso a oportunidades.
Creo que yo, a nivel personal, lo más que puedo hacer es no discriminar, no ser yo el que pone a las personas en una situación de desigualdad. En lo que más me centro es en la autocrítica y en fijarme en qué cosas de las que hago están potenciando esa desigualdad. Intento contribuir en mi pequeño mundo para que todas las personas a mi alrededor tengan las mismas oportunidades de expresarse.
Cuando veo a alguien en la calle que pide dinero, que pide comida, siempre intento pararme. Si tengo dos euros, se lo voy a dar. Yo creo que la educación es un grandísimo igualador de oportunidades, ¿no?
O así al menos ha sido mi experiencia personal. Sin embargo, el acceso no solo a una educación de calidad, sino a ir al colegio simplemente, muchas personas del mundo no lo tienen. Hay un par de datos que a mí realmente me preocupan y me impresionan, porque un informe de UNICEF nos dice que unos 600 millones de niños y niñas en todo el mundo no tienen el nivel mínimo de matemáticas e incluso para leer.
Y alrededor de 64 millones de niños en edad de asistir a la escuela primaria siguen sin poder ir. Por eso creo que lo principal y primordial para cualquier iniciativa o cualquier proyecto que intente llevar la educación a lugares de difícil acceso, cualquier ayuda, por pequeña que parezca, puede marcar la diferencia entre lograr algo y no lograrlo. Os quiero contar una historia que es un proyecto que a mí me toca muy de cerca.
Es. . .
Os quiero hablar de mi amigo William, William Kikanae. Él es masái. Es una parte que está en Kenia.
Y este masái desde muy joven tuvo la inquietud de que los niños tenían que acceder a la educación. Estaba muy inspirado por su madre, porque en una sociedad como la de los masáis, el hombre puede tener cuantas mujeres quiera, es una sociedad polígama. Su madre era la tercera mujer y al padre a veces no le llegaba para dar a todas, con lo cual él siempre dice que si él pudo ir al colegio fue porque su madre tuvo siempre ese deseo de que su hijo estudiara.
Su madre se murió cuando él era joven y él se prometió que iba a hacer todo lo posible para hacer la educación. Era una persona a la que si se le mete algo en la cabeza, lo hace. Su primera escuela la hizo en un árbol, en una acacia, y los masáis.
. . Los trajes de los guerreros masáis siempre van con un cuchillo y él con ese cuchillo daba las clases hasta que llegó una persona americana que estaba ahí de vacaciones y le regaló una pizarra, por primera vez vio una pizarra.
Él siguió insistiendo hasta que conoció a una amiga mía que se llama Rosa Escandell. Por ella conocí a William y mi amiga Rosa se comprometió a ayudarle. Hoy.
. . hay un colegio y un programa de empoderamiento de la mujer a través de las artesanías masáis, que se venden en todo el mundo, y el colegio se llama ADCAM Mara Vision School.
Hace muy poquito, hace unas semanas, yo estaba visitando ese árbol para tomar conciencia de ese largo camino que estas personas han tenido que recorrer. Por eso pienso que nunca hay que rendirse. Rendirse nunca es una opción y hay que soñar siempre a lo grande.
Hay una frase histórica muy famosa, que es de Martin Luther King, que seguramente habéis escuchado y dice: "Tengo un sueño, un solo sueño, seguir soñando, soñar con la libertad, la justicia, soñar con la igualdad. Y ojalá ya no tuviera la necesidad de soñarlas". El derecho a un mundo libre y justo implica la necesidad de promover la igualdad de oportunidades.
Como nos comenta Ricardo Darín, me encantaría invitaros a que las reflexiones del día de hoy nos lleven a convertirnos en soñadores comprometidos, aportando nuestro granito de arena en nuestro día a día. Sobre todo, empezando por respetarnos a nosotros mismos y creyendo en nuestras posibilidades para crear nuevas oportunidades. Yo tengo mucha confianza y optimismo en vuestra generación y además he disfrutado muchísimo hoy escuchándoos a todos, a vosotras y a vosotros.
Así que os doy las gracias por esta conversación tan interesante, porque realmente ha sido un placer.