Hola, ¿qué tal audiencia? Mi nombre es Artemio Salazar y soy el conductor del tren. Un día más les doy la bienvenida a este su programa, El Maquinista Historias de Terror.
Así que prepárense un café, pónganse los audífonos y disfruten este relato. Hace mucho se ha venido contando una vieja leyenda. Si bien es cierto que el Vaticano, la Santa Sede Iglesia Católica, es el corazón, el alma, el centro neurálgico de millones de devotos católicos, también guarda un oscuro secreto.
Pues así como el trono puede recibir en su seno al máximo jerarca de la iglesia, también puede recibir a su peor enemigo. Dice la leyenda que el trono puede soportar el peso del mismísimo anticristo. Todo este tipo de historias se nos cuentan desde que comenzamos a trabajar en el país más pequeño del mundo.
Pues sí, el Vaticano es considerado un país, a pesar de estar situado en Roma y ser más pequeño que una ciudad promedio. Como corresponsal periodístico, sin duda alguna, uno de los trabajos más interesantes y el cual considero como una distinción a mi humilde carrera ha sido tener un cargo permanente con sede en la ciudad del Vaticano. Desde hace ya muchos años he tenido la oportunidad de tratar en persona y conocer a grandes rasgos a los últimos cuatro papas que han llevado el manto de San Pedro.
Se me ha concedido el honor de viajar junto a ellos en sus giras internacionales. He podido conocer sus hábitos, convivir con ellos e incluso conocer sus pasatiempos, sus gustos y, en ocasiones a sus familiares y amigos. Les puedo asegurar, sin temor a equivocarme que durante todo el tiempo que he vivido esta aventura, me jacto de decir que conozco todos y cada uno de los rescoldos, rincones y pasajes de esta legendaria y santa ciudad, pero también he tenido otras asignaturas que, debido a mi experiencia, me han llenado de cicatrices, tanto físicas como espirituales, justo antes de ser designado para cubrir el día a día del sumo pontífico dice, "Había sido corresponsal de guerra.
Puedo asegurarles que vi las cosas más espantosas a las que puede llegar un ser humano. Cubrí varios frentes de batalla y puedo asegurarles que no es para absolutamente nadie un misterio la gran rivalidad que durante casi 100 años han tenido Rusia y Estados Unidos. De una u otra manera, siempre han estado en un eterno conflicto de intereses.
Sin embargo, en la actualidad, más que una rivalidad bélica o por alcanzar algún avance tecnológico, pareciera que ambas superpotencias mundiales aspirasen hacia aires más densos. pareciera que se disputaran otra clase de poder aún más grande e influyente, algo que movería los hilos y le daría el máximo control a placer al vencedor de esta macabra partida. Una apuesta entre los dos mandatarios de las naciones más poderosas del mundo, que cambiaría drásticamente el curso de la historia como la conocemos.
Hoy en día veo compesar que la gente ya no es como solía ser en los lejanos años 80, cuando un polaco carismático y bonachón se paseaba y conquistaba almas y corazones solamente con su cálida forma de ser. Desgraciadamente, ahora esa misma gente que debía llevar esa fe en todo lo alto, ya no se toma las cosas sagradas tan en serio como antaño. Nuevas ideas han opacado los ideales de estos líderes que han movido masas para dar testimonio de fe.
a la gente de estos tiempos ya no les resulta atractivo, al grado de que incluso hay plataformas especializadas en deportes y juegos de azar donde se hacen jugosas apuestas para ver quién queda como sumo pontífice de la Iglesia Católica. Los buenos tiempos se fueron definitivamente, eso está más que claro. Todavía recuerdo esa ocasión cuando era un joven reportero recién llegado a esta ciudad.
Había un gran revuelo. Hordas masivas se dirigían a la plaza de San Pedro desde que el mundo se enteró de que un humilde polaco de nombre Carol Joseph Voitila había sido elegido Papa el 16 de octubre de 1978. En esa ocasión, todos los líderes mundiales entendieron que sería una época de cambios drásticos y significativos a nivel mundial, pero también supieron que dichos cambios no serían gratuitos ni al azar.
Acarrearían consecuencias a las grandes economías y potencias mundiales de maneras estremecedoras. Este nuevo papa no ostentaba la opulencia de otros pontífices. No solo nació en Kuna humilde, nativo de la localidad de Wadowis en Polonia el 18 de mayo de 1920.
Vivó en una época que marcó a la humanidad de manera negativa para siempre y dio fiel testimonio del sufrimiento de toda una nación. experimentó de primera mano la crueldad del régimen alemán en la Segunda Guerra Mundial. Fue herido y vio de cerca la crueldad y la miseria humana en su máxima y más cruenta expresión.
A pesar de todo, fue coronado Papa el 16 de octubre de 1978, teniendo uno de los pontificados más populares en tiempos modernos. Tras su fallecimiento el 2 de abril de 2005, el cual fue todo un acontecimiento que estremeció al mundo, Juan Pablo II fue sucedido por Benedicto X, el cardenal Joseph Ratzinger, que no tenía ni por asomo la simpatía de su antecesor. Era un hombre chapado a la antigua, estricto conservador.
Ratzinger, quien luego tomó el nombre de Benedicto X, fue elegido como papa en el cónclave de 2005 tras la muerte de Juan Pablo I, tomando el manto pontificio. Ese mismo 19 de abril de 2005. Comenzó su pontificado con una reputación de guardián de la ortodoxia católica.
Su mano firme le causó poca popularidad e incluso el descontento de muchos fieles de la Iglesia Católica. Mientras que el reinado de Juan Pablo II duró casi 27 años, desde 1978 hasta su muerte en 2005. A pesar de que fue declarado venerable por el mismísimo Benedicto X en 2009, posteriormente beatificado en 2011 y canonizado en 2014, elevado a la calidad de santo para quienes desconozcan el término, no lo consiguió.
Finalmente, en 2013, Benedicto XV renunció al papado por motivos que todavía son muy debatibles y complicados. Su sucesor fue el Papa Francisco Jorge Mario Bergoglio, quien nació en Buenos Aires, Argentina, el 17 de diciembre de 1936. Su reinado estuvo marcado por la humildad.
Tomando su nombre del Santo Francisco de Asís, dio claro ejemplo de austeridad y su deseo de ser el Papa más cercano a los fieles, especialmente a los más pobres. hizo decretos de austeridad para su pontificado, rehusándose a usar atavíos valiosos o viajar en autos caros apenas si se le pudo convencer de utilizar las unidades más utilitarias. En pocas palabras, profesó lo que predicaba, ser austero y humilde, renunciando incluso al bono pontificio, al cual tenía derecho.
Francisco fue el Papa número 266 de la Iglesia Católica y el octavo soberano de la ciudad del Vaticano desde el 13 de marzo de 2013 hasta su muerte el 21 de abril de 2025. Es justamente en ese momento en que los ojos del mundo, pero muy en especial los ojos rusos y norteamericanos, han fijado su atención en los acontecimientos que el deceso del monarca ha provocado en la población mundial. Para entender lo complicada que está la situación estos días aquí, debemos conocer algunas cosas.
Para empezar, la seguridad en la sede se ha triplicado desde el momento en que se dio a conocer el deceso del pontífice. Dentro de la Santa Sede, el cardenal Camarlengo se ha convertido en la voz cantante, quien gira las instrucciones y se encarga de todos los asuntos diplomáticos y oficiales en la evidente ausencia de su santidad. Para quienes no lo sepan, el cardenal Camarlengo es un cardenal designado por la Iglesia Católica que actúa como administrador de los bienes y derechos temporales de la Santa Sede y exclusivamente cuando el puesto de sumo pontífice queda vacante, es decir, cuando el Papa en turno ha muerto o ha renunciado a su cargo, como fue el caso de Benedicto VI1.
Pero el camarlengo también es el primer funcionario en actuar tras la muerte del pontífice, verificando su fallecimiento y tomando posesión temporal del Vaticano, así como de todos sus asuntos y sus bienes, hasta que se elija al nuevo Papa por medio de la votación en el cónclave. Sin embargo, y a pesar de lo que muchos pudieran pensar, este no es el único religioso que está al pendiente de los movimientos del cónclave papal. He sabido por algunos que bajo todo ese opulento lujo y santidad hay secretos que ocultan el verdadero rostro del poder desde tiempos inmemoriales.
Y estos están coludidos para dar paso a quien ha de ser el rostro de Dios en la tierra. Por ello, entre los tres últimos papas, solo uno tuvo la opción de renunciar. Ese es el nivel de poder que mueve a una de las fes más grandes del orbe y la cual en estas fechas ha promovido tanto la fe de muchos como el miedo de otros, incluso reviviendo viejas leyendas y profecías como la infame e ingrata ascensión de un papa negro.
Esta es probablemente una de las profecías que irracionalmente es más temida, pues supuestamente afirma el ascenso del anticristo sobre la faz de la tierra. Desgraciadamente, este tipo de viejas creencias, algunas de ellas infundadas, provocan que la gente le reste respeto e importancia a un acto tan significativo, causando indirectamente una incontable cantidad de bromas en internet. Esto a su vez ha motivado que los más osados y blasfemos hagan apuestas en casinos virtuales, páginas en línea e incluso de manera clandestina sobre quién quedará como nuevo papa.
Pero sobre todo este borlote mediático ha despertado el interés de Oriente y Occidente, como nunca se había visto antes. Si bien es verdad que el asunto de la elección papal concierne únicamente al mundo católico, para algunos de nosotros, aquellos que esgrimen el poder y el dinero en los más altos y bajos fondos, esto va más allá de un acto de fe o fatuidad. Quien tenga el control de la fe de la mayoría tendrá el control sobre todo lo demás y eso incluye a toda la gente que sigue dicha fe como propia.
Ellos saben perfectamente que es una oportunidad única en la vida, que ninguno de los dos rivales más poderosos actualmente en el mundo podría dejar pasar. Lo más llamativo y a la vez lo que posiblemente más desvirtúa las elecciones pontificias son probablemente los mismos cardenales. Parece mentira, pero desde el primer momento en que el sumo pontífice muestra signos de debilidad o desatino debido a la edad, no es raro ver con más y mayor frecuencia a varios de estos religiosos paseándose por todos lados, probablemente solo con la intención de obtener información de primera mano o algo que pueda darles alguna seña o ventaja sobre el resto de los competidores.
Siendo bien honestos, a pesar de la gran vida de lujos, las enormes sumas de dinero, los banquetes y el ostentar un cargo tan alto dentro de la fe católica, nada se compara con ser el patriarca, el líder supremo, quien ocupe el trono más alto de una de las religiones más prolíficas del mundo moderno. Si los días son pesados, las noches previas al cónclave siempre han estado rodeadas de misterio y de un poco de misticismo. sin mencionar la superstición propia de un evento de tal magnitud.
Y es verdad, cualquiera te lo puede decir. El aire se siente denso, pesado. Hay una sensación palpable de intranquilidad, como si algo estuviera a punto de suceder.
A diferencia de otras ocasiones donde normalmente verías a uno o dos gendarmes dentro de la plaza, hoy día está llena de seguridad interna y externa por todos lados. Para donde quiera que se voltee, alguien te estará observando. Pues la coronación del máximo jerarca de la Iglesia es un evento por sí mismo a nivel mundial, del cual los ojos del mundo están atentos a cada detalle.
Nadie, ni propios ni extraños queda ajeno a tal acontecimiento. En estos tiempos de guerras, desastres, conflictos, políticas fallidas y gobiernos abusivos, la gente espera un consuelo, una luz de esperanza. Por eso, todos los ojos del mundo están fijos en la eterna Roma en estos momentos.
Es allí donde ambos líderes de estado, tanto de Rusia como de Estados Unidos, han puesto manos a la obra de una manera discreta y por demás clandestina, pero de forma tajante. Ninguno de los dos dejará pasar la oportunidad de adquirir una tajada del pastel más caro de la historia. Desde el deceso del sumo pontífice, ambos estadistas se han visto negociando de antemano sus intereses con quienes puedan ser votables para el cargo más alto en la jerarquía pontificia.
Es justo en este momento cuando han puesto sus cartas sobre la mesa como en una partida de ajedrez. Esta es una guerra sin armas, sin soldados, sin ingenios ni trampas visibles, solamente estrategias, ofertas y promesas, tal como se hacía siglos atrás. Las cosas dentro del Vaticano han cambiado muy poco.
Recordemos que desde la fundación de la misma, la Iglesia Católica, fundada en Roma por el emperador Constantino, quien desempeñó un papel crucial en su desarrollo y reconocimiento, legalizó el cristianismo a través del edicto de Milán en el año 313 después de Cristo, otorgándole libertad de culto. Posteriormente convocó el primer concilio de Nicea en el año 325 después de Cristo, que jugó un papel fundamental en la unificación de la doctrina cristiana. Así es, desde su fundación y reconocimiento como religión oficial, el catolicismo se destacó por sus talantes políticos.
No olvidemos tampoco que de allí salieron las cruzadas y se autorizó la infame inquisición, ambas financiadas precisamente por Papas y el Vaticano, las cuales a su vez retribuyeron al clero con creces su generosa inversión, claramente a costa de la sangre de millones de almas inocentes. Todo por el bien de la Iglesia católica, cristiana, apostólica y romana, que representa al pueblo de Dios y que desde su fundación se ha dedicado a silenciar de una u otra manera a los detractores de la ley que ellos impusieron a sus conquistados, sin el afán de ofender o desviarnos del tema. Es precisamente ese mismo poder, pero abordado desde una perspectiva más moderna, metódica, quirúrgica, el que se ha de imponer y declinar hacia un lado o el otro.
De hecho, cada uno ya tiene a su propio candidato presente para la contienda, sin mencionar que este será un cónclave como hacía mucho no se había visto, con personajes poco destacables de quienes omitiremos nombres. Pero basta con saber su origen para entender hacia qué dirección se dirige el barco. No hablo solo de dientes para afuera.
Probablemente ningún reportero sería capaz de revelar gratuitamente todos los secretos que ha descubierto o que de una u otra manera se le han confiado. Pero solo hay que ver la enorme tensión que se vivió en los mismos funerales de su santidad. A decir verdad, conozco a todos los candidatos a fuerza de verlos, sé cómo es cada uno y la forma en que se desenvuelven dentro y fuera de cámaras.
Es de ellos mismos de donde viene el rumor de que hay candidatos especialmente favorecidos por las dos naciones más poderosas del mundo. Y créanme, hay secretos que ni siquiera el propio camarlengo conoce. Al menos si lo sabe, prefiere no hablar de ellos.
Nadie fuera de la Santa Sede lo sabe, pero dentro existen ciertos intereses, ciertas cosas que deben cuidarse para no darse a conocer por un descuido. Incluso hoy día hay órdenes de caballeros que desde las sombras se encargan de que todo lo que sucede a puerta cerrada permanezca en el más absoluto secreto. Y si claramente el interés principal de los gobiernos es obtener poder a base de influencias.
No dejemos de lado las bóvedas repletas de recursos, de tesoros, cuyo valor histórico dejaría en el más espantoso ridículo a cualquier precio que se les pudiera poner. Esa es otra de las razones por las que es tan importante tener la voz cantante en el coro celestial, dicho de una manera poética, pues quien controle todo cuanto haya dentro de esa minúscula porción de tierra, poseerá el mundo. Y esa no es una oportunidad que ni uno ni otro mandatario quisiera dejar pasar.
Durante más de cuatro siglos de saqueos, de tributos obligados, de donaciones de dudosa procedencia, de aportaciones presuntamente provenientes de las mafias italianas y de otras latitudes, se han acumulado trillones de dólares, tanto en valores monetarios y metales preciosos negociables como el oro y la plata, como en invalu y raras riquezas artísticas y apropiaciones culturales que claramente no fueron lícitas. La riqueza del trono católico es inconmensurable tanto en objetos valiosos como en una cantidad ingente de piezas cuya importancia va mucho más allá de la vulgaridad del dinero. Es de todos bien sabido cuánto deseaba Hitler obtener el control de Roma de haberlo logrado.
Y es bien conocido que el Vaticano esconde infinidad de objetos sagrados que conferirían un poder inmenso a quien los porte. habría consolidado su poder de una forma aún más aterradora. Hablamos de que el mismo Vaticano alberga diversas reliquias consideradas como poderosos amuletos, tanto de Jesús Nazareno en persona como de sus santos y apóstoles, que son altamente veneradas por los católicos.
Algunas de las más conocidas incluyen la sangre de San Genaro, los restos de San Pedro y San Pablo, la lanza de Longino que atravesó el costado de Cristo y que, según la leyenda vuelve invencible a quien la porte. Y el velo de Verónica, que puede dominar a todo aquel que lo mire, sin mencionar la famosa arca de la alianza. el Santo Grial y la poderosa Excalibur, que volverían reyes a quienes pudieran empuñarlas.
Teóricamente, muchas de esas reliquias han sido consideradas mitos de nuestra historia, pero recordemos que hablamos de la ciudad donde existe una puerta en las catacumbas, custodiada día y noche por una guardia fuertemente armada, pues se dice que resguarda el portal al infierno, donde será liberado Lucifer en el Apocalipsis baticinado por San Juan Evangelista. Esto demuestra que las leyendas siempre contienen poco o mucho, algo de verdad. Y es precisamente por ello que ambos bandos buscan desesperadamente tener control sobre esta elección en particular.
Los motivos saltan a la vista. Los conflictos bélicos no cesan desde hace décadas. Las crisis humanitarias se han disparado.
Surgieron enfermedades nuevas y regresaron las que se creían erradicadas. La economía mundial está en caos. La violencia, el crimen y la complicidad de los gobiernos están al borde del colapso global.
La energía y las comunicaciones tienen cada vez más demanda y menos oferta. Claramente, los recursos tales como el alimento, los combustibles y el agua escasean cada vez más. El interés en este asunto es primordial para fijar los ojos del mundo en su fe, para darles algo en que pensar y desviar la mirada del verdadero y maquiabélico plan.
Tener al mundo finalmente sometido y subyugado por su propia decisión. A unas cuantas horas de conocer el resultado de la elección más importante del mundo, para algunos, ambos mandatarios se encuentran a la espera de toda noticia que proceda del Vaticano. Entrreanto, los cardenales se comportan cada vez más lejanos y silenciosos, como si tras bambalinas las cosas se estuvieran gestando a costillas de muchos.
Cualquier cambio, cualquier acontecimiento, por pequeño que sea, hace que todos volteen a mirar. Esta es la hora decisiva, la hora en que el mundo conocerá al nuevo sumo pontífice de la nueva era. Algo curioso ha estado ocurriendo tanto en Rusia como en Estados Unidos.
Tanto el Kremlin como la oficina oval están muy calmados, como si el personal se encontrase muy ocupado en un asunto de vital importancia. y tiene todo el sentido del mundo. Simple y sencillamente, hay algo que se teje a la par en la eterna Roma.
Tanto uno como otro jefe de estado esperan, junto a su grupo más cercano de gobierno el resultado decisivo de esta contienda. La Santa Sede desde hace unos días se ha convertido en una sucursal del manicomio. Los cardenales están extrañamente callados, como si se presagiara el final de la espera.
Aunque nada estaba dicho hasta ese momento, las caras serias y los semblantes de mirada lejana auguraban una noticia que ya era un secreto a gritos. Los rumores desde esta mañana indicaban que la balanza finalmente se había inclinado hacia un lado. Probablemente la votación fue sincera y fiel.
Quizás todos emitieron su voto como era esperado. Sin embargo, el resultado dejó mudos a todos los presentes. Algunos de los cardenales ya esperaban ese resultado.
Otra parte, sin embargo, se levantó en silencio de sus asientos, abandonando discretamente el lugar. Todo había terminado al fin, pero no dejaba de generar comentarios sobre quién sería el sucesor de San Pedro en los últimos años y si se había elegido bien. Pero ya no había marcha atrás.
Las masas expectantes observaban con ansia y nerviosismo. Un espeso humo negro surgió este jueves de la chimenea instalada en el tejado de la capilla Sixtina, señal de que los 133 cardenales encerrados en su interior fracasaron de nuevo en su misión de escoger a un nuevo papa. Tanto la prensa internacional como el público en general abarrotan la plaza de San Pedro a la espera del anuncio por todos esperado.
Tanto el camarlengo como el resto de los jerarcas más importantes de la Iglesia Católica con sus rostros serenos pero con una mueca de resignación esperan, al igual que el público y los fieles de todo el mundo, que siguen los hechos paso a paso por televisión y redes sociales. La tarde se siente extrañamente pasiva, pero al mismo tiempo el aire está plagado de sensaciones, nerviosismo, misterio, incluso recelo. Algunos cardenales, en sus grupos más cercanos, cuchichean como pronosticando el resultado de una elección que todavía estaba en el aire, algo que se suponía no debía saberse hasta el momento preciso.
La noche cayó y no hubo más que esperar. A la mañana siguiente, todo el ambiente estaba plagado de tensión. Nuevamente se reunieron en secreto.
Las horas pasaban lenta y tediosamente. Por fin, algo pasaba dentro de la capilla. A las 18:42, un respiro.
Los cardenales que habían participado en el cónclave anunciaban días antes que este sería corto. Las dos personas más poderosas del mundo lo sabían. Simplemente faltaba la resolución final para ver quién sería el poseedor del poder, no solo de la economía, la influencia y la milicia, sino también de la fe.
El balcón anuncia el arribo del nuevo pontífice. Tal como se predijo, el nuevo monarca de la fe más numerosa del mundo favoreció a Occidente. América había alcanzado el trono del apóstol en quien se fundó la iglesia, mientras que desde Washington un televisor enorme se apagaba en la oficina oval.
Todos felicitaban al mandatario. Todo había resultado según lo planeado y habían cumplido con sus expectativas. El destino de la fe católica y la influencia de esta sobre el resto del mundo se selló justo en el momento en que se pronunciaron esas simples pero poderosas palabras en latín.
Javemus Papam. Entretanto, el gabinete norteamericano celebraba jubiloso el triunfo y el éxito del plan, que desde hacía un tiempo formaba parte de la estrategia del jefe de estado para poner las cosas a su favor y ganar la ventaja ante su homólogo ruso, quien resignado sencillamente se retiraba del lugar sin decir una palabra, pero con el orgullo herido y en espera de su siguiente movimiento.