Hola, te doy la bienvenida a esta meditación guiada. Te invito a que busques un lugar tranquilo donde puedas estar unos minutos a solas contigo. Te invito a que busques una postura cómoda para realizar esta meditación.
Puedes sentarte en el suelo con las piernas cruzadas, utilizando un cojín, alargando bien tu espalda. O si lo prefieres, puedes utilizar una silla dejando la planta de tus pies apoyadas en el suelo. Con tu espalda erguida y tus manos relajadas sobre los muslos, cierra tus ojos y ve suavizando tus hombros tu cuello, la expresión de tu cara.
. . y conectando con tu respiración.
Inhala profundamente por tu nariz y exhala suavemente por tu nariz observa cómo el aire entra por tus fosas nasales y cómo puedes liberar lo fácil y suavemente por tu nariz continúa con ese ritmo en tu respiración suave, profunda, completa. Y comienza ahora a observar tu cuerpo como si realizarás un pequeño escáner de cómo te encuentras hoy. Observa tus manos.
Su posición, su temperatura. Observa las palmas de tus manos, su contacto con los muslos. Observa el dorso de tus manos, el contacto con el aire.
Observa tus muñecas, tus codos, tus brazos, tus hombros. El contacto de la ropa que llevas puesta. Observa tu pecho.
Como se expande con la inhalación y como, lentamente, va soltando el aire y volviendo a su postura natural. Observa tu abdomen, tus caderas, la zona lumbar, tus piernas. Qué sensaciones te provocan hoy tus muslos, tus rodillas, tus tobillos.
El contacto de la ropa con cada una de esas zonas. Observa tus pies. La planta de tus pies, los dedos de tus pies.
Observa ahora tu espalda. Observa tu cuello, la zona de atrás de tu cabeza, la piel de tu frente. con tres hijos observa los músculos de tu cara sin juzgar simplemente observando desde afuera observa tus labios tu mandíbula si está tensa observa tu garganta y ahora que has podido reconocer cómo te encuentras hoy comienza a inhalar llevando el aire a esas zonas que puedas percibir más tensas, bloqueadas, pesadas.
Permite que tu inhalación llegue a esos puntos que tú conoces. En la exhalación, ve suavizando toda la tensión que pueda quedar. Exhalas y vas relajando a todo tu cuerpo.
Inhalas y permites que todo tu cuerpo respire. Exhalas y permites que todo tu cuerpo respire. Respira en la alegría de la vida, respira la alegría de estar aquí y ahora, respirando.
Respira la alegría de tu cuerpo funcionando maravillosamente, permitiéndote estar y ser cada día. Respira en tu energía y en la seguridad de estar en el lugar indicado. Respira en la alegría de un nuevo día.
Continúa respirando y poniendo atención a ese aire que te llena y te libera de lo que pesa en tu mente y en tu cuerpo Continúa respirando, en la sensación de serenidad y paz interior, y repite mentalmente: "Celebro la vida que hay en mí, disfruto de mi vida en cualquier circunstancia. Confío en el proceso de la vida, confío en mí y en mi camino, confío en mí en mi sabiduría". Suavemente, vuelve a llevar tu atención a tu cuerpo, a tu posición, al contacto que tienen tus pies, tus manos con tu cuerpo.
Lleva tu atención a las zonas más pequeñas: los dedos de tus pies, los dedos de tus manos. En las zonas más grandes: tus piernas, tus brazos, tu cabeza. Vuelve a conectar con el lugar en el que te encuentras.
Realiza algunas respiraciones profundas en este estado de calma y quietud. Antes de abrir tus ojos y ponerte en marcha date las gracias por haber pasado estos minutos contigo. Date las gracias por oír lo que tu cuerpo quería decirte y por dejar espacio a la respiración y la calma.
Te invito a que vuelvas a esta sensación de quietud cada vez que lo necesites durante el día y que recuerdes el poder de tu respiración la energía que hay dentro de ti. Gracias por acompañarme en la meditación de hoy.