¿Hasta dónde crees que llegan a influirte los demás? Porque normalmente creemos que nuestros pensamientos y acciones son completamente libres. Sin embargo, siento decirte que la psicología social, ha demostrado una y otra vez, que nos equivocamos: Somos víctimas de una presión social tan fuerte y, a la vez, tan sutil, que puede obligarnos a hacer cosas que jamás pensaríamos que seríamos capaces de hacer.
Y para demostrarte hasta dónde llega esa presión te voy a explicar dos sorprendentes experimentos sociales. En 1968 John Darley y Bibb Latane, se preguntaron: ¿cómo es posible. .
. . .
. que se hayan producido tantos crímenes. .
. . .
. delante de testigos que no han hecho nada para impedirlos? ¿Es que la sociedad está degenerando a una absoluta indiferencia.
. . .
. . y total falta de empatía?
¿Acaso la gente ya sólo se preocupa de sus propios asuntos sin importarles para nada los demás? Por aquella época, Kitty Genovese había sido apuñalada en la calle una y otra vez, mientras gritaba pidiendo ayuda. Ninguno, de los numerosos testigos, hizo nada por ayudarla.
Lamentablemente, esto no es algo puntual de aquella época… En el año 2011, en China, una niña fue atropellada y falleció mientras 18 personas pasaron a su lado sin inmutarse, ni prestarle ninguna ayuda. Un año antes, en una transitada calle de Nueva York, un hombre se estuvo desangrando durante una larga hora, mientras llegaron a pasar hasta 25 personas junto a él. ¿Cómo es posible que hoy en día sigan pasando estas cosas?
Para averiguarlo, Darley y Latane diseñaron varios experimentos que simulaban situaciones donde alguien necesitaba ayuda… En su experimento más conocido, convocaron a varios estudiantes para, según les dijeron, rellenar un cuestionario sobre su vida en la universidad. Cuando el estudiante llegaba, le conducían a una habitación y le dejaban a solas con el cuestionario. A otros participantes, los sentaban junto a otras personas, que supuestamente también iban a realizar el test… Pero, en realidad, eran actores con instrucciones de no inmutarse, pasara lo que pasase.
Porque como te puedes imaginar… El experimento no tenía nada que ver con ese cuestionario. Mientras los estudiantes se ponían a leerlo, empezaba a filtrarse un extraño humo la habitación. Un humo que iba haciendo cada vez más intenso y molesto.
. . Y lógicamente hacía pensar que se estaba produciendo un incendio en otra habitación.
¿Te sorprendería saber que cuando el participante del experimento estaba solo, notaba el humo en sólo 5 segundos. . .
… Pero, cuando los estudiantes estaban en grupo . . .
tardaban 15 segundos más? Y si eso no te ha sorprendido tanto… Espera a saber que cuando estaban en grupo, casi nadie se levantó alarmado para avisar del supuesto fuego… Incluso cuando el humo era tan denso que les impedía ver, les irritaba los ojos y les hacía toser constantemente. Cuando conocemos este tipo de experimentos, lo primero es la sorpresa.
Y después, prácticamente todos pensamos: ¡Eso no me pasaría a mí! ¡Yo seguro que me habría puesto a gritar para alertar del fuego a todo el mundo! Pero… Siento decirte, que los números no mienten… Cualquiera de estos experimentos se realizan sobre cientos de personas de todo tipo.
De manera que, si la mayoría suele actuar así… Acéptalo, lo más probable es que tú también te quedaras quieto sin hacer nada. Cuando se preguntó a los participantes de este experimento qué pasó por su cabeza para no hacer nada: Respondieron que habían pensado que el humo se debía a un problema del aire acondicionado y que no era una situación realmente peligrosa. Lo cual es una clara racionalización a posteriori, porque recuerda que era un humo tan denso que les impedía ver y les irritaba intensamente ojos y garganta.
Por cierto, que éste es sólo uno de los experimentos que realizaron. Para confirmar las hipótesis que te voy a explicar enseguida, hicieron otro experimento similar, que me parece bastante más preocupante. Mientras los estudiantes estaban hablando, uno de los actores fingía tener un ataque epiléptico.
Los resultados en este caso son casi peores, porque cuando el estudiante era el único espectador sí, tardaba unos 52 segundos en avisar. Pero de los que estaban en grupo, el 69% se quedó en la sala sin salir a buscar ayuda durante los 6 largos minutos que duraba el ataque epiléptico. Los investigadores fueron variando el número de personas que había en los grupos y se dieron cuenta de que cuando eres el único testigo, como toda la ayuda debe provenir de ti, solemos actuar muy rápido.
Pero… cuanta más gente hay, pasa algo que nos deja paralizados sin salir a buscar ayuda. Para averiguar lo que estaba pasando, Darley y Latane descompusieron las fases que atravesamos cuando estamos ante un peligro. 1.
Notar que está ocurriendo ALGO. 2. Interpretarlo como algo peligroso.
3. Sentir la responsabilidad de actuar. 4.
Actuar para ponernos a salvo y ayudar a los demás. Respecto a la primera fase: ¿Por qué los participantes que estaban en grupo habían tardado 15 segundos más en ver el humo? Cuando estamos solos, prestamos más atención a nuestro entorno que cuando estamos en grupo.
Esto se debe a que hay un gran rechazo social a las personas que miran a su alrededor constantemente. Si te fijas, este comportamiento está muy mal visto y es propio de alguien desconfiado, inseguro, entrometido en la vida de los demás. .
. En fin, todas estas fórmulas sociales que usamos para criticar ese comportamiento. Pues esta presión social hace que, cuando estamos en grupo, nos sintamos presionados a actuar de la siguiente manera: Fíjate en cómo va todo el mundo cuando está en un ascensor o un autobús lleno de gente: evitamos el contacto visual con los demás para no incomodarlos.
Y nos ponemos a mirar nuestro teléfono, mirar al suelo, o tenemos la mirada como perdida, fija en un punto distante, sin mirar a nada ni a nadie en particular. ¿A que en situaciones así. .
. . .
. te cuesta vencer esa presión social y, por ejemplo, ponerte a reír, estirar los brazos, bailar. .
? O cualquier cosa que se salga de esa actitud normalizada. ¡Te animo a desafiar esa costumbre!
Verás como sientes una verdadera presión, casi física, por no hacer ninguna de estas cosas. Y, en realidad, nadie te está impidiendo nada. De hecho, si te atreves a hacerlo, verás como sientes una gran liberación al ver que no pasa nada más que, quizás, algunas miradas de rechazo.
Pero es en la segunda fase donde encontramos el efecto psicológico más preocupante. Para interpretar que lo que está ocurriendo es peligroso, acudimos a una especie de “razonamiento colectivo”. Si hemos notado que algo raro pasa, pero nadie más parece reaccionar… Entonces asumimos que no debe ser un peligro tan grande, porque es como si pensáramos: "Si fuera realmente peligroso, alguien más lo habría notado y estaría haciendo algo al respecto…".
Lo cual, si te fijas, es una grandísima falacia, que consiste en pensar: “como nadie hace nada no es necesario que yo haga nada”. ¡Pero es justamente lo que todo el mundo está pensando! Y por tanto: Nadie hace nada porque nadie hace nada… Suena absurdo, pero es como funciona éste y muchos otros de nuestros procesos de pensamiento.
A este fenómeno se le llama Efecto Espectador. Y consiste en que: ante una situación de claro peligro quedamos paralizados. Como si lo que está ocurriendo no tuviera que ver con nosotros y lo estuviéramos viendo en una pantalla de cine.
Recuerda que lo más terrible de esto es que no se produce solo en un experimento social… Sino que es tan real como las noticias que te he comentado antes sobre las personas que han fallecido en plena calle, sin que nadie les ayudara. Algo que no sólo se produce en situaciones extremas, sino que podemos verlo casi a diario en pequeñas agresiones verbales, o de discriminación o acoso en público. Pese a que no estemos de acuerdo con esos comportamientos… La gran mayoría de las personas tiende a quedarse distanciada sin hacer nada.
Como te decía hace un momento, son como meros espectadores que pasan de largo, como si no tuviera nada que ver con ellos. Es cierto, que el efecto espectador no es la única causa en estos casos. También hay un componente de miedo a ser tú el que acabe recibiendo esos insultos o violencia.
. . Pero… Si hay otras personas mirando… ¿Y si le damos la vuelta al efecto espectador?
Porque la parte positiva de conocer este efecto, es que ahora sabes que hay una presión grupal por quedarte quieto sin hacer nada… Y precisamente por conocerla, te va a ser más fácil superarla y contrarestarla. Y aquí sí aparece, por fin, una parte muy buena de la naturaleza humana. No todo iba a ser malo.
Si consigues romper esa influencia y te pones a ayudar a quien lo necesita. . .
Se romperá el efecto espectador no sólo para ti sino también para las demás personas que estén observando. Eso va a hacer que se invierta el efecto, obligando a los demás a interpretar que sí es una situación que requiere de ayuda. Y, por tanto, les estarás ayudando a superar ese pensamiento absurdo de: “si nadie hace nada, es porque no hace falta hacer nada”.
Como te decía antes, tenemos que pensar que esto no es algo raro que le pasa a los demás… Lo mejor que podemos hacer para superarlo es aceptar que forma parte de nuestra naturaleza social el sentirnos presionados por el grupo… Y es así como podremos vencer esa parálisis y convertirnos en el héroe o heroína que rompe este efecto, haciendo que todo el mundo se ponga a ayudar. Así que si te ha gustado este vídeo y te apetece ayudarme pulsando en “me gusta”, te lo agradezco muchísimo. También te invito a suscribirte, porque esta es sólo la primera parte de una serie de vídeos que analizan la presión social.
Si te apetece tener un debate en los comentarios sobre estos temas estaré encantado de leer tu opinión. Y te veo muy pronto en el próximo vídeo, ¡hasta pronto!