Hola, buenas tardes. ¿Cómo están? Mi nombre es Patricio Gómez Alavera, soy docente de la cátedra de sociedad y estado y en el texto de hoy vamos a charlar un poco sobre dos nociones que están juntas pero que no pueden ser mezcladas, que es la noción de nación y la noción de estado.
En la conversación cotidiana nosotros solemos mezclar ambos conceptos pensando que son cosas parecidas o similares, pero no lo son. Hay conceptos como nación, como nacionalidad, como argentinidad que siempre están y aparecen en eventos escolares, en eventos deportivos. Sin embargo, sus significados tienen mucha historia y no son obvios.
Nosotros vamos a abordar en este video qué es una nación, cómo se define históricamente una nación, qué diferencias guarda con estructura estatal, con lo que comúnmente llamamos el Estado, y cómo se construyó en el caso de la nación argentina esas esa noción de nacionalidad durante el siglo XIX en adelante. Como decíamos, Estado y nación no son sinónimos. Hablar de estado remite a instituciones políticas.
Hablamos instituciones políticas concretas. el Congreso, el poder ejecutivo, la justicia. Pero hablar de nación implica pensar en sociedad, pensar en ciudadanía y pensar en un pueblo.
Grupos que comparten una identidad, un sentido de pertenencia, unas ganas de estar juntos por algún motivo que trasciende a un grupo pequeño de personas. Hablamos de símbolos comunes, símbolos con los cuales todos nos podemos sentir identificados. Existen dos grandes enfoques sobre nación.
En primer lugar, la nación como una comunidad de rasgos y en segundo lugar, la nación como un fenómeno histórico que transcurre en el tiempo. Nosotros podemos definir la nación por criterios étnicos, culturales, lingüísticos e incluso territoriales. Asume esta definición que estos rasgos son objetivos, o sea, que nosotros podemos observarlos claramente al margen de nuestros sesgos y además son estables en el tiempo.
Pero esta noción tiene sus límites. El tiempo obviamente implica la posibilidad de cambio y ese cambio implica también que los territorios puedan cambiar, que las migraciones afecten a la población y que puede haber imperios multinacionales. Esto es, naciones compuestas, naciones que conviven bajo el amparo de un mismo territorio, bajo el amparo de un mismo estado e incluso la posibilidad de regiones en fractura, regiones en disputa entre países.
¿Por qué? Porque hay regiones que históricamente comparten muchas tradiciones culturales diversas y varias varios países pueden reclamarlas como propias. Y acá hay un punto importante, compartir lengua no constituye automáticamente una nación.
Que los ciudadanos hablen el mismo idioma no implica que sean parte de una misma nación. Obviamente, si hay distintas ideas de nación, es es muy difícil que haya una sola definición de nación. Nosotros vamos a ver en este caso tres definiciones de nación como fenómeno histórico.
Por un lado tenemos a Gelner que nos dice que las naciones se construyen, surgen de la combinación entre cultura, a lo que compartimos todos, y voluntad, la idea, la idea de pertenencia deseada por un colectivo, que deseamos pertenecer a algo mayor que nos trasciante. Eso transforma cuestiones incluso privadas, individuales como nuestras lealtades y como nuestras creencias y las alínea a esa voluntad general. Nosotros deseamos pertenecer a algo que nos trasciende y alineamos nuestras preferencias personales, nuestras lealtades, incluso nuestras nuestras creencias a ese deseo.
En segundo lugar, tenemos a Anderson. Anderson, ¿qué nos dice? Anderson nos dice que la nación es una comunidad imaginada, limitada, pero soberana.
Sus miembros nunca se van a conocer todos. No podemos juntar en un estadio de fútbol a todos los habitantes de un país, pero todos los habitantes de un país se sienten parte de un colectivo, se sienten parte de algo que los trasciende y que merece ser la pena defendido. En tercer lugar tenemos a Hswam, donde eh lo que se señala es que la nación es un invento reciente, se vincula a la creación de los estados nación modernos y a procesos de invención, organización e ingeniería social.
De alguna manera, Houson nos plantea la idea de que hay un diseño de la nación que obviamente trabaja con voluntades, con deseos y con creencias. No se puede diseñar o crear una nación de la nada, pero implica un orden, implica determinadas intervenciones sociales que le dan una orientación particular. El punto en común entre los autores es que la ide estas ideas surge en el contexto de finales del siglo XVII, durante todo el siglo XIX, cuando la nación comienza a legitimar al Estado.
Europa mostraba imperios multiétnicos, multinacionales y pueblos sin estado propio. Y en este caso hay eh dos ejemplos muy eh históricamente muy relevantes como son Italia y como es Alemania. naciones que fueron creadas a partir de un mosaico de educados, principados, pequeñas poblaciones que eh no representaban una unidad y que esa unidad entre esos pequeños ducados, naciones, condados, fue construyéndose paulatinamente por la paz y por la guerra, edificando una nacionalidad con lengua, con pasado comunes, con tradiciones, con símbolos como instrumentos para construir identidad.
hacer de ese todo heterogéneo algo homogéneo, macizo y comprensible. La disolución, además, de los de esos imperios coloniales llevó la idea de construcción nacional fuera de las fronteras europeas. Las Américas y los procesos independentistas, también los procesos independentistas africanos y de separación de la metró de metrópoli colonial en Asia implicaron también la idea de construir naciones donde antes había colonias.
La creación de esas naciones acompañó la organización estatal y la búsqueda de identidades propias en esos nuevos territorios. En el caso argentino, tras la revolución de 1810 y la independencia, Argentina o lo que más tarde sería Argentina, padeció 70 años de guerras civiles y peleas internas. El proceso de consolidación del Estado argentino va a iniciar en 1862, pero va a durar hasta bien entrada, incluso se podría decir el siglo XX, con mayor notoriedad luego de 1880, con la subordinación de las provincias y la federalización de Buenos Aires.
Se definen fronteras, se crean instituciones y se configura en Argentina, ahora sí, un estado moderno. Sin embargo, ese estado tenía un enorme desafío que era el desafío de la inmigración. Argentina recibió una cantidad de inmigrantes histórica comparando con parámetros internacionales que implicaba un desafío de integración.
¿Qué hacemos con un ciudadano polaco, italiano y español para que se sienta un ciudadano argentino? En 1895 el problema ya era de enormes dimensiones. Dos, de cada tres habitantes de la ciudad de Buenos Aires eran extranjeros.
La construcción de la identidad nacional debía completarse en un contexto de diálogo con procesos europeos de fabricación de naciones, personas que ya venían con un ideario nacional de otros países. Había que encastrarlos y de alguna manera disolver esa identidad que traían en la nueva identidad argentina. Y el estado asumió la responsabilidad de fortalecer culturalmente esa identidad nacional.
¿Con qué instrumentos podemos preguntarnos? El primero, la educación. Educación obligatoria, laica y gratuita.
Incorpora contenidos nacionales. ¿De qué de qué nos hablan esos contenidos? De historia, de geografía, de idioma y de una Constitución.
El trazado de un país que se está formando, pero le plantea a los inmigrantes que tiene una historia, una trayectoria, que viene de un lado y va hacia otro con una orientación definida, aunque esa orientación no exista. De esa manera se construyó la nacionalidad argentina sobre la nacionalidad de los inmigrantes. El Consejo Nacional de Educación, creado en esa época, en la década de 1880, estandarizó programas, combatió la deserción y usó la escuela para integrar a la población inmigrante.
Ante epidemias se crearon planes de vacunación, se creó el cuerpo médico escolar y mecanismos de control sanitario. La escuela pasaba a ser el epicentro de la eh homogeneización de nuestra sociedad, el centro donde los vecinos interactuaban, se conocían y edificaban a partir de esa convivencia valores comunes. Se la escuela se convierte en una institución integradora y además en promotora de ciudadanía.
Tan importante como eso fue la resignificación de las fiestas patrias. Se pasó del entretenimiento popular organizado espontáneamente a ceremonias con reconocimiento oficial y ritos particulares, mayor presencia de las fuerzas armadas en territorios con bajo poblamiento y con él mayor presencia del ceremonial estatal con el objetivo de que la argentinidad como definición cultural llegue desde Usuay hasta la Quiaca. El Estado buscó contrarrestar celebraciones de colectividades inmigrantes que nosotros podemos ver en muchas películas y reforzar símbolos nacionales, diluir los particularismos de esas comunidades, de esas colectividades, en un paraguas mucho más grande que era la identidad nacional argentina.
Y la historia, en ese sentido, se transforma en una disciplina clave para la construcción de memoria. Personajes como el expresidente Bartolomeo Memitre y el historiador Vicente Fidel López produjeron narrativas nacionales que dieron cadencia, consistencia, temporalidad a la argentinidad, a la construcción de la Argentinidad, que se volvieron textos escolares y además tradición oficial. Se recopilan historias provinciales, se reconocen y recuerdan batallas, se veneran héroes, se conmemoran poblamientos y se construyen símbolos para construir esa comunidad, para construir ese deseo de pertenencia común que llamábamos la argentinidad.
Por supuesto, esto no es un proceso lineal, no es un proceso homogéneo, no es un proceso parsimonioso, necesariamente tiene tensiones y contradicciones. Lleva a revalorizaciones contradictorias. Argentina se reivindica como crisol de razas, una identidad como una mezcla de identidades, una y una visión culturalista, lo nacional como criollo hispano previo a la inmigración, o sea, la idea de trazar un continuado de que la Argentina no se creó a finales del siglo XIX, no es un invento reciente, es un una narrativa de una larga antecedencia que incluso nos lleva a las colonias.
Esto es importante para que las personas se sientan en ese momento parte de un continuado histórico que les dé trascendencia, que les dé importancia, que les dé sentido ser argentinos. Ambos, la narrativa de las identidades locales, incluso de inmigrantes y la identidad nacional conviven. Pero para el primer centenario 1910 la narrativa nacional se consolida y domina a las demás.
Sin embargo, no es el final del camino. La narrativa nacional, la identidad nacional como construcción continúa en debate en el siglo XX y continúa en el siglo XXI. Los debates trascienden a la época del peronismo, a las dictaduras militares sucesivas, bicentenarios, nuevos feriados y debates sobre el pasado muestran la variabilidad del concepto.
Pero, ¿por qué es variable? Porque es inestable. Una parte sí, pero es variable porque nosotros ya lo podemos internalizar, hacer lo nuestro y colocar sobre ese significado, sobre ese recipiente, nuestra propia interpretación.
Eso lo volatiliza, lo inestabiliza, pero lo hace más rico y hace posibilidad de que cada persona lo pueda hacer propio, lo pueda sentir como propio. La nación, por tanto, es histórica, es artificial, es cambiante, pero también lo es. Es todo eso porque es nuestra y nosotros la hacemos nuestra.
Finalmente podemos decir que la nación argentina es el resultado de procesos históricos, sociales, políticos entrelazados. El el estado es un actor central, no es un actor exclusivo. La escuela, los rituales, los símbolos patrios, la historia común, los monumentos que nosotros vemos en plazas y avenidas integran a una comunidad deseada, a una comunidad imaginada que nos une y construye sentido todos los días.
La identidad nacional sigue siendo porque nos la apropiamos cada uno desde nuestra individualidad un recipiente que nos da vida, que da vida a nuestra convivencia y por tanto objeto de disputa y de reinterpretación. Nos vemos próximamente en el foro de UA21. Muchas gracias.