¿Sabes qué es lo más loco de nuestro cerebro? Que no se rompe de un día para otro. No es como una pierna que se rompe y te duele y te obliga a parar.
No, es que el cerebro es el maestro del aguante, el que no grita, el que simplemente se adapta, se acostumbra al ruido, se acostumbra al estrés, a las pocas horas de sueño, se adapta. se adapta tanto que cuando te das cuenta ya estás viviendo en peloto automático, estás cansado, estás ansiosa, procrastinas y de repente sientes que el [música] problema eres tú, que te falta fuerza de voluntad, que no eres una persona constante, pero déjame decirte algo así mirándote a los ojos [música] y es que no eres tú. El problema es que estamos viviendo con hábitos [música] que la sociedad aplaude, pero que biológicamente están matando nuestras neuronas poco a poco.
Después de estudiar neurociencia, después de [música] haber estudiado mucho sobre filosofía, neurociencia, me he dado cuenta de que realmente muchas de las cosas que yo hacía pensando que eran normales eran puro veneno para la salud mental. Por eso quiero contarte 13 cosas que he dejado de hacer, no por una moda, no por productividad, sino porque por fin he entendido cómo funciona nuestra máquina aquí dentro. El primer es el vicio del ruido constante.
El silencio es el alimento de tu inteligencia. Tu cerebro necesita el silencio tanto como tus pulmones necesitan el oxígeno. Consumir información sin parar de manera constante es igual, exactamente igual que sentarse aquí a la mesa y comer kilos y kilos y kilos de comida sin darle tiempo a tu estómago de hacer la digestión.
Te vas a sentir pesadísima, hinchada. Al final tu cuerpo no va a conseguir absorber los nutrientes de manera adecuada. Pues con la mente pasa lo mismo.
Escuchas el podcast, ves el vídeo, lees el el post, pero como no hay una pausa, no hay un silencio, esta información simplemente rebota y se va. No se integra en tu vida, no se queda guardada en tu memoria [música] de verdad. Y al final del día sientes que sabes mucho de todo, pero en realidad no sabes qué hacer con ese conocimiento.
Todo se queda en el ruido mental, en una sensación de aturdimiento constante. ¿Te suena? Es en el silencio donde se organizan tus ideas, donde de repente cuentas la solución a ese problema que te agobiaba, se crean los recuerdos, también lo que has aprendido durante el día, todo eso se va pegando a tus neuronas, ahí aparece la claridad, también dejas de sentirte aturdido, recuperas el control de tus decisiones.
Entonces, mi consejo para ti [música] y no hace falta que te vayas a vivir a a una montaña en soledad, simplemente empieza por algo pequeño. mañana cuando vayas en el coche, cuando laves los platos, intenta hacerlo en silencio. Al principio va a parecer un poco raro.
Puede que incluso te sientas incómodo, pero es solamente tu cerebro limpiando la casa. Dale ese regalo. Verás como tu ansiedad va a bajar y tu enfoque se va a disparar.
Y esto a mí me lleva también al mito de de la multitarea, la trampa en la que todos caemos siempre, ¿no? Creer que ser multitarea es lo mismo que ser eficiente. Yo siempre presumía de hacer 1000 cosas a la vez, pero también cambió todo cuando entendí que nuestro cerebro no puede enfocarse profundamente en dos cosas al mismo tiempo.
Lo que hace en realidad es saltar muy rápido de un foco a otro y cada uno de esos saltos nos cuesta una cantidad enorme de energía. Es por eso que terminas el día agotada, incluso cuando sientes que no hiciste nada realmente importante. La multitarea no es productividad, es una dispersión disfrazada que te drena la batería mental.
Recuérdalo. Yo cambié eso por trabajar en [música] bloques, haciendo una sola cosa a la vez. Paso de hacer más.
Si estoy hablando contigo, estoy 100% aquí hablando contigo. Si estoy trabajando, estoy 100% trabajando. Y yo te aseguro que esto no me hizo producir menos.
Al contrario, me ha hecho producir mucho mejor y llegar al final del día con ganas de vivir, porque dejé de desperdiciar combustible saltando de rama en rama. Al final se trata de entender que tu cerebro necesita enfoque para brillar y silencio para descansar. Tres, la trampa de la dopamina barata.
Al despertar, ¿qué es lo primero que haces al abrir los ojos por la mañana? Al despertar, tu mente está en un estado de apertura total. Es como una esponja.
Si tú le das el estímulo fácil de los likes, de las noticias, de los vídeos rápidos, del email, estás programando tu sistema de recompensa para que el resto del día rechace cualquier tarea que requiera el más mínimo esfuerzo. Entonces, no es que tengas pereza o te falte fuerza de voluntad, sino que simplemente le has dado el postre a tu cerebro antes del desayuno y ahora tu biología no quiere la comida nutritiva, que es el trabajo de verdad, es neurobiología pura. Si empiezas con dopamina barata, tu cerebro se va a volver adicto a lo fácil y te va a resultar imposible concentrarte en lo importante.
Cuatro, negociar con las necesidades básicas. Yo dejé de ver el sueño, el agua, el ejercicio como opciones o premios que me daba solamente si me sobraba el tiempo. A veces se nos olvida que el cerebro es un órgano físico, así como el corazón, el hígado.
Entonces, sin el combustible adecuado o sin esa limpieza profunda que ocurre mientras duermes, el cerebro no puede rendir. Y a veces ese cansancio crónico o esa falta de ganas o depresión es tu sistema nervioso gritando por auxilio porque tiene la batería en rojo. Cuidar de tu cuerpo, cuidar es lo que hace tener una mente fuerte.
Cinco, vivir en el pasado como si fuera el presente. Nuestro cerebro es una máquina increíble, pero también tiene un fallo de diseño y es que no distingue bien entre un peligro real que está ocurriendo ahora mismo y un imaginario que solamente está en nuestra cabeza. O sea, si pasas la tarde reviviendo una pelea de hace 3 años o rumeando un error que has cometido hace 3 días, tu cuerpo va a liberar exactamente el mismo cortisol, la misma adrenalina que si el conflicto estuviera pasando en este instante.
Te mantienes atrapada en un estado de estrés por algo que ya no existe. Entonces, yo he tenido que aprender a mirar esos recuerdos, a respirar, a decirles a mi mente, "Oye, esto ya ha pasado, hoy estoy a salvo. " Para dejar castigar a mi cuerpo con veneno químico por fantasmas del ayer.
Seis, pelear contra mis propios pensamientos. Antes me castigaba por tener ideas negativas o miedos absurdos intentando suprimirlos a la fuerza. Ahora sé que mi cerebro no me sabotea, en realidad intenta protegerme, aunque a veces sea un poco exagerado o un paranoico.
Los pensamientos son como nubes, ¿no? , que aparecen en el cielo. Ellas cruzan el cielo y se van y no te aferras a ellas.
El problema empieza cuando te enganchas a esa nube y crees que tú eres esa tormenta. Entonces ahora les pongo un nombre, los saludo como si fueran un vecino pesado. Mira, ahí viene otra vez el pensamiento de comparación y al nombrarlos creas una distancia, ya no estás dentro de ellos, es pierden el poder y puedes controlarlos.
Siete, consumir contenido por hambre, no por nutrición. Consumir mucho, pero aplicar poco crea una ilusión de progreso. Sientes que estás aprendiendo porque has visto tres consejitos de cocina y dos de finanzas, pero en realidad solamente estás distrayéndote y saturando tu memoria.
Y esto es como comer sin digerir. Ahora, antes de darle play a un vídeo y abrir una red social, yo me hago dos preguntas. ¿Para qué estoy viendo esto?
¿Y qué voy a hacer con lo que aprenda? Si no hay una intención clara, una acción posterior, solamente estoy generando ruido y estoy generando cansancio mental sin ningún beneficio real. Ocho, el estado de alerta máxima permanente.
Yo crecí creyendo que estar estresado, corriendo con la agenda llena era sinónimo de ser alguien responsable e importante, ¿no? Vaya error. Eso es vivir en modo superviviente.
Por eso he aprendido que pausar, que respirar profundamente durante un minuto o simplemente tomarme un vaso de agua no es perder el tiempo ni mucho menos, es simplemente permitir que mi córtex prefrontal recupere el miedo y deje de actuar por puro instinto de huida. ¿Se entiende hasta aquí? Nueve.
El sí automático. Este es uno de mis favoritos. Decir que sí a todo por miedo a quedar mal o por compromiso social.
Eso genera una deuda neurológica. Tu cerebro siente el exceso de demandas como una amenaza constante a tu energía. Ahora, cuando alguien me pide algo, yo me tomo un segundo.
Últimamente estoy diciendo a casi todo que no. Ser dueña de mi propio tiempo y mi energía mental. ¿Qué mejor que eso?
¿Qué mejor que eso? 10. Tratarme como si fuera una máquina.
Las máquinas son lineales y pueden trabajar igual bajo cualquier circunstancia, ¿verdad? Pero los seres humanos somos somos cíclicos. El cerebro humano funciona por ritmos.
Tú no puedes pretender estar al 100% de concentración a las 8 de la mañana como a las 8 de la noche. Entonces, forzarte a realizar una actividad o ser productivo constantemente solamente bloquea esa creatividad y al final te genera frustración. Ahora, por ejemplo, alterno momentos de mucho esfuerzo con momentos de descanso real.
El descanso de verdad es esa desconexión. Es mirar por la ventana, cerrar los ojos un momento, no seguir estimulando las neuronas con otra pantalla. 11.
Enterrar las emociones bajo la alfombra. Tenemos la idea de que ser profesionales o fuertes significa no sentir, pero lo que la mente calla, el cuerpo siempre termina gritándolo. Déjame decirte que una emoción que no expresas no desaparece, sino se transforma en un dolor de cabeza.
se transforma en un insomnio, se transforma en un nudo en la garganta, en el estómago y he aprendido a validarme. Es decir, hoy me siento triste y está bien o esto que me dijeron me ha dolido y al permitirme sentir el sistema se limpia, la tensión se libera. Tú puedes volver a seguir adelante con mucho menos peso en la espalda.
12. Esperar a tener ganas, es decir, motivación. Y esta es la primera mentira que nos venden cuando la realidad científica es que la motivación es la consecuencia del movimiento, no su causa.
Tu cerebro no te va a dar energía para algo que aún no ha empezado. La chispa, esa chispa se va a encender solamente cuando él detecta que tú ya estás en movimiento. El cerebro no se mueve por autoexigencia, por imposiciones, sino se mueve por progreso.
Entonces, haz algo pequeñito, haz algo mínimo, aunque sea solo 5 minutos. Vas a ver que cuando logres ese pequeño avance, tu cerebro va a liberar la dopamina necesaria para que quieras seguir. Entonces, empieza sin ganas.
Te prometo que ya te alcanzarán en el camino. Y finalmente, el 13 es creer que cambiar tiene que ser un drama. Y a veces pensamos que para mejorar, para mejorar nuestra vida, tenemos que dar un giro de 180º de la noche a la mañana, ¿no?
Pero eso suele asustar a nuestro cerebro y provocar justamente lo contrario, el autosabotaje. Nuestra mente cambia por repetición, no por intensidad. son los pequeños gestos diarios los que realmente reprograman quién eres.
Si tú haces cambios minúsculos cada día, tu cerebro ni siquiera los va a detectar como una amenaza y cuando menos lo esperas, vas a despertar siendo una persona completamente nueva. Así que si te resuena todo esto y sientes que es el momento de dejar de vivir en automático para retomar el mando de tu vida, liderarte a ti mismo, quiero invitarte justamente a mi método líder. es el camino que he diseñado para ayudarte a aplicar toda esta neurociencia de forma práctica, transformando tanto [música] tus hábitos como tu mentalidad desde la raíz, para que por fin seas tú mismo quien dirija tu destino y no el estrés ni otras personas.
Así que cuidar tu cerebro, te digo, es el acto, el mayor acto de amor propio, el más grande que puedes hacer. Elige hoy una sola cosa de estas 13 cosas y empieza por ahí. tu yo del futuro te lo va a agradecer profundamente.
Te dejo el link abajo en la descripción y nos vemos en el próximo vídeo o dentro del método líder. Un beso.