AMA Audiolibros Presenta: EL SERMÓN DE LA MONTAÑA (Según el Evangelio del Apóstol Mateo) Narración: Artur Mas MATEO 5 1. Y viendo la muchedumbre, subió a un monte; y sentándose, se acercaron a él sus discípulos. 2.
Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo: 3. Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos. 4.
Bienaventurados los que lloran: porque ellos serán consolados. 5. Bienaventurados los mansos: porque ellos heredarán la tierra.
6. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán saciados. 7.
Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia. 8. Bienaventurados los limpios de corazón: porque ellos verán a Dios.
9. Bienaventurados los pacíficos: porque ellos serán llamados hijos de Dios. 10.
Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos. 11. Bienaventurados seréis cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.
12. Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos; que así persiguieron a los profetas que fueron antes que vosotros. 13.
Vosotros sois la sal de la Tierra; pero si la sal se desvirtúa, ¿con qué se la salará? Para nada aprovecha ya, sino para tirarla y que la pisen los hombres. 14.
Vosotros sois la luz del mundo. No puede ocultarse una ciudad asentada sobre un monte. 15.
Ni se enciende una lámpara y se la pone debajo de un celemín, sino sobre la candelera, para que alumbre a todos cuantos están en la casa. 16. Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que, viendo vuestras obras buenas, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.
17. No penséis que he venido a abrogar la ley o los profetas: no he venido para abrogar, sino a consumarla. 18.
Porque en verdad os digo, que antes pasarán el cielo y la tierra, que falte una jota o una tilde de la ley, hasta que todo se cumpla. 19. Sí, pues, alguno infringiere alguno de estos preceptos menores, y así enseñare a los hombres, será tenido por muy pequeño en el reino de los cielos; pero el que practicare y enseñare, éste será tenido por grande en el reino de los cielos.
20. Porque os digo, que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. 21.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás; cualquiera que matare, será reo de juicio. 22. Más yo os digo, que quien se irrita contra su hermano, será reo de juicio; y cualquiera que dijere, a su hermano "raca", será reo ante el Sanedrín y el que dijere "loco" será reo de la Gehena del fuego.
23. Si vas, pues, a presentar una ofrenda ante el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti: 24. Deja allí tu ofrenda ante el altar, ve primero a reconciliarte con tu hermano, y luego vuelve a presentar tu ofrenda.
25. Muéstrate conciliador con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, y el juez al alguacil, y seas puesto en prisión. 26.
Que en verdad te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último centavo. 27. Habéis oído que fue dicho: No adulterarás.
28. Mas yo os digo, que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón. 29.
Si, pues, tu ojo derecho te escandaliza, sácatelo, y arrójalo de ti, porque mejor te es que perezca uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehena. 30. Y si tu mano derecha te escandaliza, córtatela y arrójala de ti, porque mejor te es que uno de tus miembros perezca, que no que todo el cuerpo sea arrojado a la gehena.
31. También se ha dicho: El que repudiare a su mujer, dele libelo de repudio. 32.
Pero yo os digo que quien repudie a su mujer —excepto el caso de fornicación— la expone al adulterio, y el que se casa con la repudiada comete adulterio. 33. También habéis oído que se dijo a los antiguos: No perjurarás; antes cumplirás al Señor tus juramentos.
34. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35. Ni por la tierra, pues es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, pues es la ciudad del gran Rey.
36. Ni por tu cabeza jurarás tampoco, porque no está en ti volver uno de tus cabellos blanco o negro. 37.
Sea vuestra palabra: Sí, sí; no, no; todo lo que pasa de esto, de mal procede. 38. Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, y diente por diente.
39. Pero yo os digo: No resistáis al mal, y si alguno te abofetea en la mejilla derecha, dale también la otra; 40. Y al que quiera litigar contigo y quitarte la túnica, déjale también en manto, 41.
y si alguno te requisara para una milla, vete con él dos. 42. Da a quien te pida y no vuelvas la espalda a quien desea de ti algo prestado.
43. Habéis oído que fue dicho: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo. 44.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos y orad por los que os persiguen 45. para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos. Él hace salir el sol sobre malos y buenos y llueve sobre justos e injustos.
46. Pues, si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen esto también los publicanos?
47. Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen esto también los gentiles?
48. Sed, pues, perfectos, como perfecto es vuestro Padre celestial. MATEO 6 1.
Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2. Cuando hagas, pues, limosna, no vayas tocando la trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados de los hombres: en verdad os digo que ya recibieron su recompensa.
3. Cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace la derecha, 4. para que tu limosna sea oculta, y el Padre que ve en lo oculto te premiará.
5. Y cuando oréis no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en pie en las sinagogas, y en los ángulos de las plazas, para ser vistos de los hombres; en verdad os digo, que ya recibieron su recompensa. 6.
Tú, cuando ores, entra en tu cámara, y, cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre que ve en lo escondido te recompensará. 7. Y orando, no seáis habladores como los gentiles, que piensan ser escuchados por su mucho hablar.
8. No os asemejéis, pues, a ellos; porque vuestro Padre conoce las cosas de las que tenéis necesidad, antes que se las pidáis. 9.
Así, pues, habéis de orar: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. 10. Venga tu reino, hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
11. Danos hoy nuestro pan de cada día. 12.
Y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. 13. Y no nos dejes caer en la tentación, más líbranos del mal: porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos.
Amén. 14. Porque si vosotros perdonáis a otros sus ofensas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial.
15. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras faltas. 16.
Y cuando ayunéis, no aparezcáis tristes, como los hipócritas, que demudan su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya tienen su recompensa. 17. Tú, cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tú cara, 18.
para que no vean los hombres que ayunas, sino tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 19. No alleguéis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín los corroen y donde los ladrones horadan y roban.
20. Atesorad tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín los corroen, y donde los ladrones no horadan ni roban. 21.
Donde está tu tesoro, allí estará tu corazón. 22. La lámpara del cuerpo es el ojo: sí, pues, tu ojo estuviere sano, todo tu cuerpo estará luminoso; 23.
pero si tu ojo estuviese enfermo, todo tu cuerpo será tenebroso, pues si la luz que hay en ti es tinieblas ¡qué tales serán las tinieblas! 24. Nadie puede servir a dos señores; pues, o bien aborreciendo al uno amará al otro, o bien adhiriéndose al uno menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas. 25. Por eso os digo: No os inquietéis por vuestra vida, por lo que habéis de comer o de beber, ni por vuestro cuerpo, por lo que habéis de vestir.
¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? 26. Mirad como las aves del cielo no siembran, ni siegan ni encierran en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta.
¿No valéis vosotros más que ellas? 27. ¿Quién de vosotros con sus preocupaciones puede añadir a su estatura un solo codo?
28. Y del vestido ¿por qué preocuparos? Aprended de los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan ni hilan.
29. Pues yo os digo, que ni Salomón en toda su gloria vistió como uno de ellos. 30.
Pues si la hierba del campo que hoy es, y mañana es arrojada al horno. Dios la viste así, ¿no hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? 31.
No os preocupéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos? 32. Los gentiles se afanan por todo eso; pero bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso tenéis necesidad.
33. Buscad, pues primero el Reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura. 34.
No os inquietéis, pues, por el mañana; porque el día de mañana ya tendrá sus propias inquietudes; bástale a cada día su afán. MATEO 7 1. No juzguéis, y no seréis juzgados, 2.
porque con el juicio con que juzgareis, seréis juzgados, y con la medida con que midiereis se os medirá. 3. ¿Cómo ves la paja en el ojo de tu hermano, y no ves la viga en el tuyo?
4. ¿O cómo osas decir a tu hermano: Deja que te quite la paja del ojo, teniendo tú una viga en el tuyo? 5.
Hipócrita: quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás de quitar la paja del ojo de tu hermano. 6. No deis las cosas santas a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a puercos, no sea que las pisoteen con sus pies y revolviéndose, os destrocen.
7. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. 8.
Porque quien pide, recibe, quien busca, halla y a quien llama, se le abre. 9. Pues, ¿quién de vosotros es el que, si su hijo le pide pan, le da una piedra?
10. ¿O si le pide un pez, le da una serpiente? 11.
Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos, dará cosas buenas a quien se las pide! 12. Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselos vosotros a ellos, porque ésta es la Ley y los Profetas.
13. Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta, y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y muchos los que por ella entran. 14.
¡Qué estrecha es la puerta, y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuán pocos los que dan con ella! 15. Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, mas de dentro son lobos rapaces.
16. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se recogen racimos de los espinos, o higos de los abrojos?
17. Todo árbol bueno da buenos frutos y todo árbol malo da frutos malos. 18.
No puede árbol bueno dar malos frutos, ni árbol malo buenos frutos. 19. El árbol que no da buenos frutos es cortado y arrojado al fuego.
20. Por los frutos, pues, los conoceréis. 21.
No todo el que dice: ¡Señor, Señor! entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. 22.
Muchos me dirán en aquel día: ¡Señor, Señor! , ¿no profetizamos en tu nombre, y en nombre tuyo lanzamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? 23.
Yo entonces les diré: Nunca os conocí; apartaos de mí, obradores de iniquidad. 24. Aquel, pues, que escucha mis palabras y las pone por obra, será como el varón prudente que edifica su casa sobre roca.
25. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, pero no cayó, porque estaba fundada sobre roca. 26.
Pero el que me escucha estas palabras y no las pone por obra, será semejante al necio que edificó su casa sobre arena. 27. Cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos y dieron sobre la casa, que se derrumbó estrepitosamente.
28. Cuando acabó Jesús estos discursos, se maravillaban las muchedumbres de su doctrina, 29. porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus doctores.