Dios te dice: "Hoy te prometo, hijo mío, hija mía, que esta prueba, por más difícil que parezca, pronto llegará a su fin. Sé lo que llevas en tu corazón; conozco la angustia que te oprime, el temor que, como sombra, te sigue día tras día. Veo cómo el tiempo transcurre y sientes que, en vez de avanzar, las circunstancias parecen empeorar.
Es comprensible que en tu mente surjan dudas y te preguntes si alguna vez llegará la paz. Pero quiero que recuerdes algo muy importante, algo que siempre he querido que guardes en lo más profundo de tu ser: no estás solo. No hay ni un solo instante en el que me olvide de ti.
Te entiendo; veo tu cansancio, tus lágrimas, no me son ajenas. Y aunque a veces parece que todo está quieto, que nada se mueve, te aseguro que cada oración que has levantado hasta mí no ha caído en vano. Cada palabra, cada susurro, incluso aquellos que pensaste que no llegaron a mi oído, todos son escuchados con amor y compasión.
Mi querido hijo, mi amada hija, lo que te he dicho es verdad. Quédate firme en la oración. Es en esos momentos de dolor, cuando todo parece estar en su peor punto, cuando más te invito a venir a mí, a buscar refugio en mi abrazo eterno.
Ora, y cuando sientas que nada pasa, sigue orando. No permitas que las dudas se conviertan en cadenas que te aprisionan. No escuches la voz que te susurra al oído que todo está perdido.
Te digo con todo mi corazón: tus oraciones están siendo respondidas. Yo estoy obrando en tu vida, aunque a veces no lo veas con tus ojos. En este tiempo de dificultad, el enemigo quiere que te rindas, que dejes que el miedo y la falta de fe te desvíen de mi amor.
Pero, hijo mío, no te dejes engañar. Yo te he llamado desde antes de que nacieras, y mi amor por ti nunca se apagará. Hoy vengo a recordarte que tus oraciones están siendo oídas.
Mi mano se extiende sobre ti y mi paz, aunque quizás aún no la sientas, está volviéndote en todo momento. La tormenta que enfrentas, aunque intensa, no es más grande que el poder de mi amor. Yo soy quien calma las tormentas naturales y, mucho más, calmaré las tormentas en tu corazón.
Te prometo que esta dificultad no durará para siempre. La calma que buscas, la paz que parece tan lejana, pronto será una realidad. Porque eres justo ante mis ojos, y no hay ningún justo que sea dejado de lado, ni uno solo que no sea bendecido.
Te invito a recibir estas palabras como un bálsamo para tu alma. Guárdalas en tu corazón y medita en ellas. No dejes que la duda se cuele en tu vida; la duda es como una semilla pequeña que, cuando se siembra en tu interior, crece y arrastra consigo tus esperanzas y tus sueños.
Tú has sido llamado a vivir en fe, y la fe es más poderosa que cualquier sombra de incertidumbre. Te digo hoy, con ternura y amor, que debes ponerme siempre en primer lugar. Si todo parece desmoronarse a tu alrededor, si los caminos parecen cerrarse, no te olvides de orar.
Ora con el corazón abierto, sin reservas, sin miedo, porque yo escucho cada palabra que sale de tu boca. Y cuando cometas un error, cuando sientas que has fallado, ora, porque yo soy tu Dios y nunca me he alejado de ti. A veces, hijo mío, es necesario que enfrentes dificultades para que tu fe crezca, para que se haga más fuerte, más firme.
No te preocupes; lo que hoy parece un obstáculo será el testimonio de mi fidelidad en tu vida. Así como calmé las tormentas del mar con una sola palabra, mucho más calmaré las tormentas que hoy sacuden tu vida. Te aseguro que no me he olvidado de ti; estoy contigo en cada paso, en cada momento.
Te he llamado por tu nombre y tu vida está en mis manos como un tesoro preciado. Yo soy amor, soy paz, soy justicia, soy bondad, y en todo esto te cubro y te cuido. Mis ojos están siempre atentos a tus necesidades y nada se escapa de mi mirada.
Ya todo pasará, hijo mío; la paz que hoy te parece lejana pronto llegará a ti. Volverás a sonreír; la calma reinará nuevamente en tu hogar y en tu corazón. Y entonces sabrás con certeza que fue mi mano la que te levantó, la que te sustentó, la que obró en tu vida.
Recibe estas palabras como una promesa viva. Deja que mi paz inunde tu ser y recuerda siempre: te amo con un amor que no conoce fronteras, que no conoce tiempos, que no conoce límites. Yo soy tu Dios y nada ni nadie podrá separarte de mi amor eterno.
Confía, hijo mío; la calma llegará, la luz de mi amor te guiará. Siempre te amo. Escribe "Amén" en los comentarios para recibir las bendiciones que Dios tiene preparadas para ti.
Que Dios te bendiga, suscríbete y hasta la próxima.