En septiembre de 2014, 43 estudiantes desaparecieron mientras viajaban en autobuses de pasajeros en el pueblo mexicano de Iguala, en el estado de Guerrero. Guarden sus armas. No tenemos armas.
Miren no tenemos armas. El gobierno federal asumió la investigación. Desplegaron más de 10.
000 efectivos del gobierno federal. Apenas 3 meses después de la desaparición, el gobierno anunció que habían resuelto el caso. Los estudiantes normalistas fueron incinerados y arrojados al río San Juan.
En ese orden. Es la verdad histórica. El gobierno quería dejar esto en el ámbito local, en una banda que se llamaba Guerreros Unidos, que sólo operaba en Iguala.
Hubo protestas en todo el país. Un equipo independiente de expertos inició su propia investigación. Y el caso del gobierno comenzó a desmoronarse.
Desmontaba esta llamada versión histórica. La versión oficial no cuadra. Lo que oculta en realidad es otra cosa.
No tenemos armas. No tenemos armas. ¡Ayúdennos!
A lo largo de la investigación tú ves la participación del Ejército en distintos momentos a lo largo de la noche. Hay un claro entendimiento respecto del rol que los militares tienen en el desempeño de las actividades de seguridad. Pero, además tenemos información técnica que significa que el ejército seguía, monitoreaba comunicaciones en tiempo real, de personas que hacían parte de los grupos de Guerreros Unidos.
Bueno, yo lo que puedo ver es que se ha dado la orden de que se entregue todo y no se ha dado todo. Hemos llegado a poder definir qué información necesitamos. Sabemos que esa información existe.
Algunas informaciones que son tremendamente importantes para el esclarecimiento del caso y sin embargo, lo que hemos recibido es la negativa, falta de colaboración y una obstrucción a la búsqueda de la verdad. Solamente ellos saben hasta dónde está involucrado. Ellos son los únicos que están impidiendo la verdad por el caso, y ellos son los únicos que están es la distancia que está impidiendo saber qué pasó esa noche.
Nada pasa en Guerrero sin que el Ejército lo sepa. Todo lo sabe el Ejército. Y si las cosas pasan es porque ellos lo permiten.
Y si las cosas no pasan, también es porque ellos lo impiden. Adentro de la escuela, de Ayotzinapa, había gente haciéndose pasar por estudiantes cuando estaba en activo en el Ejército. Patolzin era un agente infiltrado de labor de información, era básicamente dar cuenta de todas las actividades de los estudiantes dentro de la normal y de las actividades de manifestaciones públicas que realizaban.
Y por supuesto, pasaba reportes regulares a los altos mandos. Julio César Patolzin también fue, pues uno de los desaparecidos. En su momento no sabíamos la infiltración o el trabajo que él tenía dentro del Ejército o la finalidad que él estuviera en Ayotzinapa.
Pero el Ejército lo iba a dejar al final a su suerte. Es terrible esa parte de que el Ejército a su mismo tropa, le haya, le haga eso. En el tiempo en el que llegamos a Chicago hacía todavía mucho frío.
Llegamos a un salón que tenía una serie de mesas y en las mesas existían como los documentos. Y lo que hacíamos al leer durante una semana fue leer esos documentos. Quedó claro de que había una conexión con el trasiego de drogas internacional entre México y Estados Unidos.
Esos mensajes, ahí es hablar sobre los esquemas de corrupción que existen entre un determinado, determinadas autoridades con un grupo de Guerreros Unidos o que hacen pagos, o que hacen fiestas, o que trabajan juntos. Y entonces lo que tú tienes es como una participación de autoridades de nivel federal, como el Ejército, trabajando de la mano con grupos delincuenciales. La prueba que teníamos era contundente, fuerte y sobre todo con elementos del ejército mexicano.
Lo que nos lleva a tomar una determinación para solicitarle a un juez que libere las órdenes de aprehensión. En agosto de 2022, es detenido el exfiscal general Murillo Karam, y la oficina de Omar López Trejo solicita otras 83 órdenes de aprehensión. 20 fueron para soldados que estaban de servicio en Iguala la noche de los ataques.
Integrantes del ejército mexicano. Se desistió de al menos 21 de 83 órdenes de aprehensión que había solicitado en agosto por este caso. 16 de estas órdenes de aprehensión corresponden a las de militares señalados por delincuencia organizada.
Tuve posibilidades de poder hablar con el Fiscal General y el fiscal me informa que yo no puedo realizar más acciones de investigación. Entonces es cuando yo decido presentar la renuncia y no trabajar más para la Fiscalía. Las reglas del juego, las reglas por las cuales yo llegué a la Fiscalía han cambiado.
No entiendo de que no lo dejaron trabajar. Pero me siento muy triste. ¿Entonces, cómo vamos a llegar a la verdad?
Sí, señor porque somos de la Ayotzinapa, sí, señor, porque somos reprimidos, y también explotados. Sí, señor. México es mi casa, es el lugar en que yo nací.
Pero no me siento seguro en México. Mejor es tomar distancia. Entonces como que la primera opción que brincó es vamos a Washington.
Creo que ahorita no hay condiciones para regresar a México. En junio de 2023 el Gobierno mexicano vuelve a emitir 16 de las órdenes de aprehensión contra los militares. Sus familiares y los propios miembros del GIEI insistieron demasiado frente a las autoridades para que estas órdenes de aprehensión fueran reactivadas.
Y yo creo que esa es la presión que logró que las autoridades actuaran. Pero Omar Gómez Trejo ahora también está bajo investigación por su manejo del caso. A mí me lo dijeron.
Oye, te excediste en el número de militares. ¿No? Lo que sí creo que tienen ese ánimo de investigar incluso penalmente a mi persona.
Pues tiene ese tufo a criminalizar, a menoscabar, a matar al mensajero. En julio de 2023 el Grupo de Expertos Independientes abandonó México. En su informe final acusaron al Ejército de obstrucción por no proporcionar todas las pruebas y documentos relacionados con el caso.
El Estado debe estar al servicio de investigar realmente lo que pasó. Todas estas formas de ocultar información, de no permitir acceder lo que te están quitando en últimas, es la posibilidad de saber qué pasó con los estudiantes y mantenerlos desaparecidos. No sabemos realmente el porqué nos atacaron, el porqué de lo que pasó.
Hay muchas más incógnitas que respuestas. No puedo decir que mi vida es normal porque no lo es. Lo que paso en Iguala es parte de mi vida.
El caso Ayotzinapa significa descubrir, destapar toda la pudrición que se vivía en Iguala, en Guerrero y en México. La corrupción en México es un tema muy difícil. Los malos salarios, los malos pagos que te dan por el trabajo que tú haces, es donde la corrupción encuentra una puerta muy, muy grande.
El caso Ayotzinapa no se cierra, sino que sigue abierto. Cuando yo dejé el cargo de fiscal, lo que teníamos eran líneas de investigación pendientes para aclarar, para profundizar. Sabíamos cómo había funcionarios públicos tipo bomberos, primeros respondientes jueces que tenían un rol que jugar dentro de la coordinación de las actividades que realizaba el propio cártel.
El esquema de corrupción funciona como una maquinaria. El médico legista tenía un vínculo con el grupo criminal de Guerreros Unidos. Conocimos que familiares o los operadores en el crematorio posiblemente formaban parte del grupo criminal.
Conforme se fue dando la investigación, algunos miembros que habían declarado en la investigación decían que una forma de borrar toda evidencia era a través de los hornos crematorios. Ya no sólo hablábamos de fosas, sino también la utilización de hornos crematorios con tal de desaparecer a las personas. ¿Cómo corroboras que se utilizó un horno crematorio seis, siete años después y que ahí puedes encontrar evidencia de los estudiantes?
Es imposible. Hay una serie de factores ahí que te pueden llevar a entender qué es lo que ocurrió en la noche de los hechos en Iguala, Guerrero. Un monitoreo constante sobre las actividades de los estudiantes y del quinto autobús que posiblemente, ese autobús iba cargado con heroína.
Pero también distintos testigos te van hablando de eventos violentos previos a la desaparición de los estudiantes. Otro grupo que supuestamente quería tomar el control de Iguala, en donde decían que había una lucha entre un grupo que era Guerreros Unidos y otro que le denominaban los Rojos. En la mañana del 26 hubo un choque entre Guerreros Unidos y Rojos.
Entonces se esperaba una revancha, una venganza. Se esperaba otro ataque. Al ir en caravana de autobuses, pues levantó sospechas.
No tenemos armas. No tenemos armas. No tenemos armas.
Y eso, creo yo, atiende a la lógica por la cual la violencia específicamente en ese día, fue completamente brutal. De las investigaciones y de lo que ha sido dado a conocer públicamente, lo que se desprende de ahí es que, pues no importaba qué era lo que tenía que pasar. Salvo garantizar que las cosas ocurrieran y que la droga pudiese llegar a Estados Unidos.
Por eso sirve la corrupción, para que las cosas transiten. Y entonces todo mundo, o sea, como toda la orquesta, pues iban a hacer todo lo posible con tal de que las cosas ocurrieran. ¿No?
Hay muchos desaparecidos, muchos, muchos desaparecidos, y que también como nosotros, buscan a sus familias, buscan a su ser querido. ¿Desde dónde vamos a arrancar para cambiar al país? Pero a los meros cabecillas no los agarran, son intocables.
O sea, no se puede cambiar este sistema, no se puede. Y si te metes más allá te matan. No tenemos armas.
No tenemos armas. No tenemos armas. ¿Señor, está mal del cuco?
¿Por qué está apuntando? Pues, ¿por qué apunta? Hoy es su cumpleaños.
Siempre te recordamos Benjamín. Y te seguiré buscando hasta el último latido de mi corazón.