Buenos [música] días. Bienvenido, bienvenida a este nuevo día en Pergamino Sagrado. Antes de que empiece el ruido, antes de los mensajes y las prisas, quiero invitarte a detenerte conmigo [música] unos minutos. No importa cómo amaneciste hoy, no importa si dormiste bien o si pasaste la noche dando vueltas en la cama, estás aquí. Y eso ya es un paso. Deja el teléfono a un lado si puedes. Este rato [música] es tuyo y es de Dios. Vamos a orar juntos con el salmo 20 y vamos a hacerlo sin apuro. Este salmo no suena a oración de templo
tranquilo. Todo en él tiene aire de víspera de batalla. habla de carros, de caballos y de banderas levantadas. Se lee como la oración que el pueblo de Dios hacía en voz alta por su rey antes De que el rey saliera a pelear. Nadie sabía todavía cómo iba a terminar ese día. Nadie tenía el resultado [música] en la mano y aún así oraban en voz alta. Ese [música] pueblo no oraba porque ya hubiera ganado, oraba porque sabía a quién le estaba pidiendo. [música] Eso es exactamente lo que vamos a hacer esta mañana con lo que tú
tienes por delante hoy. Quiero pedirte algo sencillo antes de [música] empezar. Escribe en los comentarios esta frase: "Declaro mi milagro. No la escribas como [música] una fórmula mágica. No es un truco para que algo pase. Escríbela [música] como quien pone su nombre en una lista de personas que hoy decidieron confiar. Tú sabes cuál [música] es tu batalla. Tal vez es una cuenta que no alcanzas a pagar. Tal vez un resultado médico que todavía no llega. [música] Tal vez un hijo que se alejó de la casa. Tal vez un trabajo que se termina este mes y
el siguiente no aparece. Escribe esa frase y sigamos juntos. Hay algo en este salmo que cambia la manera de orar. Dice que la victoria no viene de los carros ni de los caballos. En aquel tiempo, eso era lo más fuerte que un ejército podía tener. Era como Decir hoy, el dinero guardado, el contacto que conoce a alguien, el plan de respaldo. El salmo no dice que esas cosas no sirvan. dice que no son lo que sostiene. Lo que sostiene es el nombre de Dios y ese nombre está a tu alcance esta mañana. Piensa un momento
en qué estás apoyado hoy. Guarda esa respuesta porque la vamos a necesitar más adelante. No te voy a prometer que hoy se resuelve todo. No sé cómo va a terminar tu día y no voy a fingir que lo sé. Pero sí puedo decirte esto con calma. Dios escucha en el día difícil. No vamos a gritar para que nos oiga. No vamos a forzar ninguna emoción. Vamos a orar despacio con una esperanza tranquila como quien espera a alguien que ya [música] prometió venir. Dios no siempre responde [música] en el plazo que nosotros pusimos, pero nunca deja
de escuchar. Esa es la clase de fe que enseña este salmo. Antes de entrar en la oración, dale me gusta a este video. Suena [música] pequeño, pero tiene un efecto real. Cuando das me gusta, YouTube [música] le muestra esta oración a más personas. Alguien que hoy [música] se despertó sin fuerzas va a encontrar pergamino sagrado por ese gesto tuyo. A ti no te cuesta nada y a esa persona le puede cambiar la [música] mañana entera. también ayuda a que mañana vuelvas a encontrar esta oración sin [música] tener que buscarla mucho. Y quiero que entiendas bien
cuál es tu lugar en esto. Cuando compartes esta oración, no estás repartiendo un poder que sea tuyo. Ese poder no nos pertenece. Somos como el pueblo del salmo 20 que se paraba al lado de su rey y oraba por él. antes de la batalla. Ellos no ganaban la pelea. Ellos sostenían al que iba a pelearla. Hoy tú puedes sostener a alguien así con una oración y con un gesto sencillo. No sabes qué está cargando la persona que va sentada a tu lado en el bus. Si todavía no lo escribiste, hazlo ahora. Declaro mi milagro, que
no quede solo en tu cabeza. Cuando muchas personas escriben lo mismo, nos ponemos de acuerdo en un mismo espíritu de fe. Y te anuncio algo para el final, para que no te lo pierdas. Cuando terminemos de orar, te voy a compartir una práctica sencilla de tres pasos. Sacada del corazón mismo del salmo 20. Sirve para empezar cada mañana [música] con esta misma confianza. No es una fórmula para obligar a Dios a nada. Y te lo voy a explicar bien cuando lleguemos [música] ahí. Quédate hasta el final y lo vemos con calma. Ahora vamos a bajar
el ritmo. Si puedes, busca un [música] lugar tranquilo. Si estás en el bus o en la cocina, también sirve. Cierra los ojos un momento. [música] Toma aire despacio. Suéltalo. Deja los hombros abajo. No hay prisa. No tienes [música] que sentir nada especial. Solo quédate aquí. Vamos a hablar con Dios. Padre celestial, buenos días. Venimos a ti al comenzar este [música] día tal como estamos, sin arreglarnos por dentro, sin fingir que todo está bien. [música] Tú nos conoces mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos. ¿Sabes que nos quitó el sueño anoche? ¿Sabes qué conversación estamos
evitando? ¿Sabes lo que nos espera hoy? ¿Y a qué le tenemos miedo? Aquí estamos, Señor, y en ti ponemos nuestra confianza. Te reconocemos como el Dios que escucha en el día de la angustia. No eres alguien lejano que atiende solo a los que hablan bonito. Tú escuchas al que apenas puede armar una frase. Escuchas al que ora llorando en el baño para que nadie lo vea. Escuchas a quien ora manejando, con los ojos abiertos y el corazón cansado. Escuchas el suspiro que nunca llegó a ser palabra. Gracias, Señor, porque tu oído no depende de nuestro
buen ánimo ni de nuestras fuerzas. Quiero decirte algo a ti que estás escuchando. Antes de seguir orando, escucha lo que dice el salmo, porque estas palabras son para ti. Salmo 20, versículo 1. Jehová te oiga en el día de conflicto, [música] el nombre del Dios de Jacob te defienda. Fíjate bien en algo. Ese te eres tú. No es un deseo bonito que alguien escribió hace mucho [música] tiempo. Es la oración que un pueblo entero hacía en voz alta por alguien que [música] estaba por entrar en batalla. Hoy alguien la está haciendo por ti. Y no
la hacemos porque tú seas [música] fuerte, la hacemos porque el que escucha es fuerte. Padre, volvemos a hablar contigo. Te pedimos hoy exactamente eso, que tu nombre nos defienda. No pedimos que nos quites toda dificultad del camino. Pedimos que tu nombre esté [música] en medio entre nosotros y lo que viene. Que cuando entremos a esa reunión, tu nombre vaya adelante. Que cuando llegue la llamada que tememos, [música] tu nombre nos sostenga por dentro. Que cuando el día se ponga pesado a media tarde, tu nombre siga estando [música] ahí. Y sabemos que tu nombre no es
un amuleto, Señor. No es una palabra que se repite para que las cosas salgan como queremos. Tu nombre es quien tú eres. Es tu carácter, tu fidelidad, tu manera de tratarnos. Cuando decimos tu nombre, recordamos todo lo que ya has hecho antes. [carraspeo] Recordamos que no has fallado ni una sola vez con los que esperan [música] en ti. No te pedimos que actúes por lo bien que oramos esta mañana. Te lo pedimos porque tú eres bueno. Te pedimos que la ayuda venga de tu santuario, que venga de ti y no solo de lo que nosotros
podamos armar. Señor, hemos intentado resolver muchas cosas por nuestra cuenta. Hemos hecho cuentas de noche con la luz apagada. [música] Hemos pensado a quién llamar y a quién pedirle un favor. Nada de eso está mal, pero nada de eso nos sostiene. Que hoy la ayuda venga de arriba en el momento que tú elijas. Y si parte de esa ayuda llega por medio de una persona, danos humildad para recibirla. Sosténnos hoy. Sostén a [música] quien cuida a un enfermo y ya no sabe de dónde sacar ánimo. Sostén a la madre que cría sola y hoy no
[música] tiene con quién repartir el peso. Sostén al hombre que sale otra vez [música] a buscar trabajo después de muchas puertas cerradas. Sostén a la joven que estudia y trabaja y duerme [música] poco. Sostén a la persona mayor que pasa el día entero en silencio. Sostén a la familia que este mes no sabe cómo va a pagar una cuenta. Tú los conoces uno por uno, Señor, y sabes qué le falta hoy a cada quien. Creemos que nos oyes desde el cielo. No [música] decimos que ya nos diste aquello que estamos pidiendo. No queremos adelantarnos ni
poner palabras en tu boca. Decimos algo más sencillo y más firme que eso. Tú escuchas. [música] La petición ya llegó a tus manos y ahí queda. Eso no depende de cuánta fe sintamos esta mañana. Aunque hoy oremos con la voz apagada. Tu respuesta [música] no depende de nuestro estado de ánimo, depende de que tú eres fiel y lo eres siempre. Y aquí Te entregamos algo difícil, Padre. No sabemos cómo vas a responder. Tampoco sabemos cuándo. No te vamos a poner una fecha ni una forma determinada. Muchas veces hemos querido explicarte cómo hacer tu trabajo. Hoy
no. Hoy dejamos la petición delante de ti, abierta y confiamos en tu criterio. Tú ves el año entero. Nosotros apenas alcanzamos a ver la mañana. Enséñanos a esperar sin desesperarnos y a seguir viviendo mientras esperamos. Te pedimos por quien hoy no tiene fuerzas ni para orar. Hay personas que esta mañana solo se quedaron escuchando en silencio. [música] No pueden armar una oración completa. Están cansadas hasta de pedir. Señor, recibe ese silencio como oración. [música] Tú entiendes lo que no alcanza a decirse en voz alta. Que esa persona sepa que [música] estar aquí escuchando ya es
acercarse a ti. [carraspeo] Acompáñala en el trabajo, en la casa y en la noche cuando todo queda callado. Enséñanos a decir tu nombre antes que cualquier otra cosa hoy, antes del teléfono, [música] Antes de las noticias, antes de la primera preocupación del día. Que lo primero que salga de nuestra boca sea [música] tu nombre, aunque sea en voz muy baja, no para conseguir algo a cambio, [música] no como un pago por adelantado. Que tu nombre sea lo primero y no lo [música] último que recordamos cuando ya todo salió mal. Solo porque eres nuestro Dios y
queremos empezar el día contigo. Nos quedamos un momento delante de ti, Padre. sin apuro, sin pedir todavía nada más. Solo aquí, sabiendo [música] que estás, respiramos despacio y te dejamos hablar al corazón. Tú eres el Dios que escucha en el día de la angustia. En eso descansamos esta mañana [música] y con eso nos alcanza. Gracias por escucharnos hasta aquí, Señor. Seguimos orando contigo, Señor. El salmo dice que tú haces memoria de las ofrendas de tu pueblo y aceptas lo que se pone delante de ti. Nosotros no traemos animales ni holocaustos esta mañana. Traemos lo que
tenemos, que es la vida de cada día. Traemos el trabajo que hacemos con honradez cuando nadie está mirando. Traemos la paciencia que costó sostener. Traemos las horas de sueño que se perdieron cuidando a alguien. Traemos también la fe pequeña que quedó después de un año difícil. No es mucho, pero es lo que hay y [música] es tuyo. Y hay ofrendas que nadie vio nunca. La moneda que se dio sin contarle a nadie, el perdón que se dio a alguien que ni siquiera lo pidió, [música] la palabra dura que se guardó y no se dijo. [música]
La visita al enfermo un domingo cuando el cuerpo pedía descanso, quien se levantó temprano para dejar el desayuno hecho [música] antes de salir. Nada de eso apareció en ninguna parte y nadie lo aplaudió. Pero tú [música] lo viste, Señor, y tú llevas la cuenta que de verdad importa. También te traemos un sacrificio de alabanza. Le decimos sacrificio porque a veces cuesta. Es fácil dar gracias [música] cuando todo sale bien. Es distinto dar gracias con la cuenta sin pagar y el resultado [música] sin llegar. Hoy queremos alabarte igual, no porque nos sintamos animados, sino porque tú
Sigues siendo bueno cuando nosotros no estamos bien. Te alabamos por lo que ya hiciste, aunque hoy no veamos nada nuevo. Y si la voz se quiebra en el camino, así te la entregamos. Gracias porque no se te pierde nada de lo que se te entrega. Nosotros olvidamos hasta lo que hicimos ayer. Tú te acuerdas de todo y aún así, Señor, sabemos algo importante. Nada de esto te obliga. No te estamos comprando una respuesta. No traemos estas cosas para presionarte ni para ganarnos un favor. Si dependiera de nuestros méritos, ninguno tendría con qué pagar. Tu bondad.
No se compra con nada y por eso justamente podemos descansar. El salmo 20 en el versículo 4 pide que Dios nos dé conforme al deseo de nuestro corazón y cumpla todos nuestros propósitos. Con esas palabras oramos, [música] Padre. Conoces lo que cada uno está deseando esta mañana. sabes el nombre exacto de ese deseo, aunque no lo hayamos dicho nunca [música] en voz alta. Te pedimos que lo Concedas conforme a tu voluntad, que siempre es más sabia que la nuestra. No pedimos que se cumpla [música] nuestro plan a la fuerza. Pedimos que se cumpla tu propósito
en nosotros, que es más grande que [música] el resultado de esta semana. Y aquí somos sinceros contigo, Señor. Nuestros deseos vienen mezclados. A veces queremos algo bueno por una razón que no lo es tanto. A veces pedimos una puerta abierta y por [música] debajo estamos pidiendo que otro quede afuera. Limpia lo que haya que limpiar, [música] quédate con lo que sea bueno y corrígelo demás con cariño. Danos deseos [música] que podamos poner delante de ti sinvergüenza. Preferimos que nos corrijas antes que recibir algo que termine haciéndonos daño. Ponemos delante de ti nuestros sueños y proyectos.
El negocio pequeño que apenas empieza y todavía no da ganancia. Los estudios que alguien retomó de noche después del trabajo. La joven que quiere estudiar y aún no sabe cómo pagar el [música] semestre, la casa propia que se ve tan lejos, el viaje para volver a abrazar a la familia, la reconciliación con alguien que hoy no contesta el teléfono. [música] Ahí quedan, Padre, sobre tu altar y no sobre el nuestro. No te ponemos fecha, Señor. No te decimos que tiene que ser este mes ni antes de fin de año. Tampoco te decimos la forma. Si
la provisión llega por un camino que no imaginamos, la vamos a reconocer igual. Si la puerta se abre en otro lugar, entraremos por ahí. Ayúdanos a no confundir tu silencio con tu ausencia. Muchas veces estabas trabajando justo donde nosotros no estábamos [música] mirando. Y si alguno de estos deseos no es bueno para nosotros, tienes toda la libertad de [música] decir que no. Cuesta orar así. Lo decimos igual con la voz un poco [música] temblorosa. Sabemos que un padre bueno no le da al hijo todo lo que el hijo pide. Preferimos un no tuyo antes que
un sí que nos deje [música] solos. Confiamos en que tú ves el final de esta historia y nosotros apenas alcanzamos a ver la página de hoy. Aquí quedamos con las manos abiertas delante [música] de ti, no cerradas, agarrando lo que tenemos, abiertas para entregar y también para recibir. Toma lo que te trajimos esta mañana. [música] Haz con nuestros planes lo que sea mejor. Y si [música] algo tiene que cambiar, cámbialo tú, que sabes hacerlo sin rompernos. [música] Danos paz mientras esperamos para que la Espera no nos amargue por dentro. Padre, hay algo llamativo en este
salmo. El pueblo se alegra antes de que la batalla termine. No espera el resultado para cantar. Canta primero con el asunto todavía abierto. No es que supieran cómo iba a salir todo, es que sabían a quién le estaban pidiendo. Cantaban con la puerta abierta y el camino sin recorrer. Cantaban con algo de miedo adentro y con más confianza todavía. Enséñanos esa manera de esperar, Señor, porque no nos sale sola. Escúchame un momento. Tú que estás orando conmigo. Esto es lo que dice el salmo 20, versículo 5. Nosotros nos alegraremos en tu salvación y alzaremos [música]
pendón en el nombre de nuestro Dios. Conceda a Jehová todas tus peticiones. Cuando dice tu salvación, está hablando de la salvación que Dios da. Fíjate también en el orden de las cosas. Primero la alegría, después el pedido. [música] No dice que nos alegraremos cuando llegue la respuesta. Dice que nos alegramos en la salvación que ya está. Y esas peticiones del final son las tuyas, las que traes hoy. Un pendón es una bandera. [música] En aquel tiempo, cada grupo levantaba la suya para que se supiera de quién [música] era. No era un objeto mágico. No servía
para asustar a nadie. Servía para decir con claridad [música] a quién pertenecían los que estaban debajo. Hoy no levantamos una tela en un campo de batalla. Levantamos tu nombre en una casa, en una oficina, en una parada de bus. Eso es lo que hacemos esta mañana. Cuando decimos [música] tu nombre, Señor, queremos alegrarnos en tu salvación desde ahora, Padre, [música] no dentro de un mes, cuando se sepa el resultado. Hoy con [música] el asunto sin resolver, nos alegramos porque ya nos salvaste y eso ninguna mala noticia lo cambia. Lo que pase hoy es importante, pero
no es lo más importante que nos ha pasado. Lo de hoy puede doler, pero no puede quitarnos lo que ya nos diste. Esa es la alegría que te pedimos, la que no depende del día. Y no te pedimos una alegría fingida. No queremos poner una sonrisa encima del miedo. Se puede llorar y confiar al Mismo tiempo. Se puede tener el estómago apretado y aún así decir tu nombre. Tú no nos pides que finjamos estar bien. Nos pides que sigamos hablando contigo. Hay personas orando esta mañana con los ojos hinchados de tanto llorar. Recíbelas así, Señor,
sin exigirles buen ánimo. Levantamos bandera en tu nombre, no como conjuro, no como una frase que se repite para que las cosas salgan bien. La levantamos para decir de quién somos. Somos tuyos en el buen día y también [música] en el día malo. Si mañana la noticia es buena, seguimos siendo tuyos. Si la noticia [música] es dura, seguimos siendo tuyos igual. Y que se note de quién somos, por [música] cómo tratamos hoy a la gente y no solo por lo que decimos. Perdónanos cuando hemos usado tu nombre como una contraseña, como si [música] repetirlo muchas
veces obligara cielo a moverse. Tú no eres una máquina que responde con la palabra correcta. Eres un padre que escucha a sus [música] hijos. Enséñanos a orar como hijos que confían y no como quien negocia con un desconocido. Tu nombre no es una herramienta para conseguir cosas. Es una puerta que quedó abierta para nosotros. Ahora te entregamos las batallas concretas [música] una por una. Te entregamos la batalla del cuerpo, los dolores [música] que ya se hicieron costumbre, el examen médico que hay que repetir, la cita médica que da miedo, el resultado que tarda demasiado en
llegar, la familia que cuida en casa, a alguien que ya no se levanta. Sostén a cada persona en su tratamiento y danos ánimo para no abandonar el cuidado que necesitamos. Te entregamos la batalla del dinero, la deuda que crece más rápido que el sueldo, el mes que empieza y ya está comprometido. La vergüenza de tener que pedir prestado otra vez, el trabajo que no alcanza mientras el precio de todo sube. Señor, danos provisión y también sabiduría para administrar lo que llegue. Guarda nuestra dignidad en medio de la necesidad. Y que no nos gane la angustia
mientras esperamos. Te entregamos la batalla de la familia, la casa donde ya casi no se hablan, el hijo que se fue lejos y no llama, la madre que mira el teléfono esperando que suene, el matrimonio que está cansado y no sabe cómo empezar de nuevo. El hermano que quedó dolido hace años. Tú conoces cada nombre, Padre. danos Palabras nuevas para conversaciones viejas y trabaja también en nosotros. Te entregamos la batalla de adentro, la que nadie ve. El miedo que aparece de madrugada, el pensamiento [música] que da vueltas y no deja dormir, la tristeza que llega
sin motivo claro, el cansancio que no se arregla durmiendo, la lucha por dejar algo que hace daño. Gracias. Porque a veces tu ayuda llega por medio de un médico, de alguien que [música] acompaña o de una persona que sabe escuchar. Danos humildad para buscar esa ayuda [música] y que nadie se quede callado creyendo que tiene que poder solo. Creemos que respondes desde tus santos cielos con la fuerza salvadora de tu mano derecha. Así lo dice el versículo 6 de este salmo. No respondes [música] desde lejos, [resoplido] con desinterés, respondes con poder y con cuidado a
la vez. Tu mano es fuerte para sostener un mundo entero y suave, para levantar a una persona cansada. Gracias porque no tienes que venir de lejos para ayudarnos, porque ya estás cerca. Tu respuesta no llega tarde solo porque todavía no la vemos y respondes en tu tiempo y a tu manera. Eso a veces nos cuesta [música] aceptarlo. Hemos aprendido que tus respuestas casi nunca tienen la forma que dibujamos en la cabeza. A veces cambias la situación, Otras veces cambias a la persona que está dentro de la situación. Cuando el camino no cambia, tú caminas con
nosotros dentro de él. Enséñanos a reconocer tu obra, aunque no llegue con el envoltorio que pedimos. [música] Nos quedamos otra vez en silencio delante de ti, sin pedir, sin explicarte nada más, solo confiando. Respira despacio conmigo y sigamos. Tú escuchaste todo lo que trajimos hasta aquí y nada se quedó afuera. [música] Todavía queda oración por delante y no vamos solos. Seguimos, [música] Padre, tranquilos, porque estamos hablando con alguien que nos ama. Padre, llegamos ahora al corazón de este salmo. [música] Es una sola frase y es de las que se quedan grabadas. Así lo dice tu
palabra en el salmo [música] 20, versículo 7. Estos confían [música] en carros y aquellos en caballos. Mas nosotros del [música] nombre de Jehová nuestro Dios, tendremos memoria. Es una frase corta para una decisión enorme. No habla de gente sin fe. Habla de dónde se apoya cada [música] quien cuando llega el momento difícil. Queremos que Sea nuestra esta mañana, Señor, y no solo una línea bonita que escuchamos. Los carros y los [música] caballos eran lo mejor que un ejército podía tener en aquel tiempo. Eran la tecnología más avanzada del momento. Costaban caro, se veían impresionantes y
daban ventaja real en el campo. Era como hablar hoy [música] de un vehículo blindado o de una cuenta con buen respaldo. Nadie iba a la batalla despreciando un caballo. El que tenía carros dormía más tranquilo la noche anterior. Por eso la frase del salmo tiene tanto peso, porque no está hablando de cosas inútiles. Y fíjate lo que el salmo no dice, Señor. No dice que los carros sean malos. No dice que haya que quemarlos ni abandonarlos en el camino. No manda salir a pelear sin nada en las manos. Lo que hace es ponerlos en su
lugar. Un carro puede ayudarte en el camino, pero no puede prometerte [música] nada. Eso solamente lo haces tú. [carraspeo] Enséñanos esa diferencia, Padre, porque es más fina de lo que parece. Hoy nuestros carros y caballos tienen otros nombres. El primero suele ser el dinero guardado, ese poquito que hay en la cuenta [música] y que nos deja respirar. Sabemos exactamente cuánto es y hasta qué día alcanza. No [música] está mal tenerlo, Señor, y gracias por cada moneda que llegó con esfuerzo. Pero tú [música] sabes cuántas veces ese número decide si dormimos tranquilos o no. Y cuando
ese número baja, baja también el ánimo de toda la casa. Otro caballo se llama el contacto, la persona que conoce a alguien, el amigo que trabaja adentro [música] y puede mover el papel más rápido. El familiar que tiene un puesto y podría dar una mano. Tú sabes cuántas [música] veces hemos repasado esa lista en la cabeza. Gracias por la gente que nos ayuda, Padre, [música] porque nos hiciste para vivir acompañados, pero cuídanos de poner en una persona lo que solamente [música] tú puedes dar. Otro se llama el plan de respaldo. El plan que guardamos por
si acaso. Lo tenemos armado con todo detalle, aunque nunca lo digamos en voz alta. A veces es lo primero que revisamos al abrir los ojos. Es sensato tenerlo y no venimos a pedir perdón por ser previsores, pero muchas veces confiamos más en ese plan que en ti. Que sea una Herramienta y no un refugio. Señor, ordena eso en nosotros sin quitarnos la prudencia. Y hay un caballo más silencioso todavía. Es nuestra propia resistencia, la costumbre de aguantar, ser el fuerte de la casa, el que no se quiebra, el que resuelve todo. Nadie le pregunta cómo
está, porque todos dan por hecho que puede. Hemos sostenido tanto tiempo que ya nos parece normal cargar solos. Padre, tú sabes lo cansado que está ese caballo. Recuérdanos que también necesitamos que [música] alguien nos sostenga a nosotros. Queremos ser sinceros contigo esta mañana. Hemos estado buscando apoyo silencioso en esas [música] cosas. No lo dijimos en voz alta, ni siquiera lo pensamos con claridad. [música] Simplemente al despertar [música] el primer pensamiento fue el saldo, el contacto o el plan. Y tú [música] quedaste después, cuando ya habíamos hecho todos los cálculos. No venimos a castigarnos [música] por
eso. Venimos a ordenarlo contigo y gracias porque no te ofendes como se ofendería una persona. Se nota En cosas pequeñas, Señor. La paz sube y baja con el saldo de la cuenta. Cuando el [música] mensaje llega, respiramos. Cuando no llega, se cierra el pecho. Con el plan firme oramos [música] tranquilos y hasta con elegancia. Cuando el plan se cae, oramos con desesperación. Ahí se ve dónde estaba puesto el peso de verdad. Danos una paz que no dependa de la pantalla del teléfono. No te pedimos que nos quites [música] los recursos, Padre. Sería una oración deshonesta
y además equivocada. Trabajar es bueno, ahorrar es prudente, planificar es responsable, buscar a quien pueda ayudarnos no tiene nada de malo. Tú mismo pones personas en el camino y das inteligencia para administrar. Gracias por el trabajo que tenemos y por las manos que sirven para ganarlo. Bendice cada esfuerzo honesto y no permitas que le llamemos fe a la irresponsabilidad. Lo que te pedimos es discernimiento, [música] que sepamos dónde está apoyado el peso de nuestra vida, que podamos usar el carro sin subir el corazón entero en él. Que tengamos el plan escrito y la confianza puesta
[música] en otro lugar. Que las herramientas sirvan y no manden. Que ninguna de ellas ocupe el sitio que solamente [música] tú tienes. Es una distinción sencilla de decir y difícil de vivir. Enséñanosla poco a poco, [música] Señor, con paciencia. Que el orden sea el correcto. Primero tu nombre, después los recursos, no al revés. Que la mañana empiece contigo y no con la calculadora. Que la decisión se converse [música] contigo antes que con nadie más. No para que las cosas salgan bien de manera automática, sino [música] porque ese es el orden que da paz. Y cuando
nos equivoquemos en el orden, tráenos de vuelta sin gritarnos. Sabemos que [música] corriges como corrige un padre que quiere lo mejor. Y sabemos que a veces esos carros [música] se rompen. El dinero no alcanza, la persona no contesta, el plan no funciona, el cuerpo no aguanta. Cuando eso pase, Señor, que no se caiga nuestra fe junto con el recurso, que quede algo firme debajo cuando lo de arriba se venga abajo. Que podamos decir tu nombre con la misma voz que teníamos cuando todo se veía seguro. [música] Tú has sostenido a mucha gente en esa hora
exacta y hay alguien orando esta mañana que no tiene ningún carro ni ningún caballo, sin ahorros. sin contacto, sin plan de respaldo. Padre, que esa persona sepa que no está en desventaja delante de ti. El salmo no dice que gane el que tiene más recursos. Dice que la confianza está en tu nombre y tu nombre no le cuesta dinero a nadie. Nadie compra tu atención y nadie llega primero por tener más. Delante de ti se llega con las manos vacías y así está bien. Nos enseñas a hacer memoria de tu nombre. Hacer memoria es una
decisión y no un sentimiento. Es recordar a propósito lo que ya hiciste [música] antes, aquella vez que la ayuda llegó y todavía no sabemos bien de dónde. Aquel trabajo que apareció cuando ya no quedaba [música] tiempo. Aquella persona que llegó justo el día que hacía [música] falta. Aquella noche en que pensamos que no íbamos a poder y amanecimos de pie. Nada de eso fue casualidad, Señor, y hoy lo traemos otra vez a la memoria. Que hacer memoria se vuelva costumbre y no Emergencia. [música] Que no te busquemos solamente cuando algo se nos rompe. Que tu
nombre esté en la mañana normal, en el día en que no pasa nada. Que esté en la cocina, en el trabajo y en el camino de vuelta a casa. Ahí se construye la confianza de verdad. en lo pequeño y repetido. Después, cuando llegue el día difícil, no [carraspeo] vamos a tener que buscarte con apuro. Ya vamos a saber el camino de memoria. Enséñanos algo más, Padre. Y con esto casi cerramos esta parte. Enséñanos a decir en voz alta el nombre de aquello en lo que nos estamos apoyando, no para negarlo, no para fingir que no
existe, para ponerlo delante de ti y decirte con sinceridad, esto no es lo que me sostiene. Muchas veces preferimos callarlo para no admitir el miedo que hay debajo. Danos valor y honestidad para hablarte con la verdad. Aunque cueste decirla en la propia casa, hoy elegimos tu nombre, Señor, no porque despreciemos lo demás, sino porque lo demás no alcanza. Los carros se rompen, los caballos se cansan, los planes cambian, tu nombre queda y de tu nombre Queremos tener memoria cada día, en la mañana buena y en la mañana difícil. Que este día empiece con esa memoria
y termine con esa misma memoria contigo [música] y no con lo que tenemos guardado. Señor Jesús, tu palabra dice en Filipenses, capítulo 2, [música] versículos 9 y 10, que Dios te levantó por encima de todo y dice que te dio un nombre que está sobre [música] todo nombre. En ese nombre toda rodilla se dobla. [música] En el cielo y en la tierra no hay ningún poder que esté por encima. No hay diagnóstico, ni deuda, [música] ni conflicto familiar que esté a tu altura. Nos cuesta creerlo cuando el problema se ve tan grande [música] y sabemos
que esto no es solo una idea bonita. Es la razón por la que hoy nos atrevemos a pedir. Y tu nombre no es un sonido bonito. Un nombre en la Biblia [música] dice quién es la persona y qué autoridad tiene. Cuando decimos tu nombre, no estamos [música] repitiendo una palabra. Estamos reconociendo a quién le estamos hablando. Estamos diciendo que hay alguien más grande que nuestra situación. Eso cambia el tamaño del problema, aunque el problema todavía siga ahí. Por eso queremos decirlo despacio y no de corrido, [música] para que no se nos vuelva una muletilla. En
Hechos, capítulo 4, versículo 12, se dice algo muy fuerte. No hay [música] otro nombre debajo del cielo en el cual podamos ser salvos. No dice que sea el mejor entre varios, dice que es el único. Eso hoy suena atrevido, Señor. Y aún así es lo que creemos. No lo decimos para pelear con nadie. Lo decimos porque encontramos vida donde antes no la encontrábamos. No venimos a ti porque nos convenga, sino porque no hay otro lugar a donde ir. Gracias porque ese nombre no está guardado para unos pocos. No hay que ser pastor para decirlo. [música]
No hay que tener estudios ni una buena semana. Lo puede decir la señora que vende en el mercado. [música] Lo puede decir el muchacho que va a camino al trabajo. Lo puede decir alguien acostado en una cama de hospital casi sin voz. Lo puede decir quien apenas volvió a orar después [música] de mucho tiempo. Tu nombre está al alcance de cualquiera que lo llame con sinceridad. Padre, [música] en Proverbios, capítulo 18, versículo 10, tu nombre se [música] compara con una torre fuerte. Dice que la persona justa corre a [música] ella y queda a salvo. Nos
gusta esa imagen, padre. Porque es [música] muy concreta. En aquel tiempo, cuando venía un ataque, la [música] gente de los campos corría hacia la torre de la ciudad. Adentro estaban seguros, [música] aunque afuera todo siguiera revuelto. La torre ya existe antes de que llegue el peligro. No hay que construirla en el momento de la angustia. ya está levantada y lo único que hay que hacer es correr hacia ella. Y correr en la vida real muchas veces es simplemente orar, es decir, tu nombre en voz baja antes de contestar el teléfono. Es respirar y pedir ayuda
antes de responder un mensaje ofensivo. Es levantar los ojos un instante en medio de una reunión difícil. es apoyarse en la pared un segundo y decir, "Señor, necesito ayuda." Eso es correr a la torre. No hace falta un lugar especial ni una hora determinada. Tú escuchas esas oraciones cortas, igual que las largas. Y esa torre no siempre hace desaparecer la tormenta. A veces la tormenta sigue afuera y nosotros seguimos adentro. Lo que cambia [música] es dónde estamos parados. No prometemos que el problema se termine hoy. Decimos [música] que hay un lugar seguro mientras el problema
dura. danos paciencia [música] para quedarnos ahí cuando la espera se hace larga y danos compañía para que nadie tenga que esperar solo. Gracias, Señor, porque ese lugar nunca está cerrado. Te pedimos [música] revelación esta mañana, que entendamos qué significa de verdad invocar tu nombre [música] con fe. Muchos lo hemos dicho toda la vida sin pensarlo. [música] Se volvió costumbre, casi un adorno al final de la Oración. Queremos recuperar el peso de esa palabra. Que no sea una palabra gastada [música] por el uso. Devuélvele su peso en nuestra boca, Señor. Que cuando digamos tu nombre, sepamos
bien a quién estamos [música] llamando. Y enséñanos también lo que no es. No es cuestión de volumen, no es repetirlo muchas veces para que funcione. No es una frase con poder [música] propio, separada de ti. Invocar tu nombre es acudir a una persona, no activar un mecanismo. Es como cuando un hijo llama a su padre desde la otra pieza, sabe quién va a venir y por eso llama. No tenemos que convencerte de [música] nada. porque ya quieres escucharnos. Gracias por el acceso que nos diste al trono de la gracia. No lo compramos, no lo merecimos,
no hicimos méritos suficientes para [música] estar aquí esta mañana. Jesús abrió esa puerta y nadie la ha podido cerrar desde entonces. Por eso podemos hablar contigo sin miedo y sin trámites. Gracias porque no hay horario ni turno para hablar contigo y no hay que esperar al domingo. Eso es un regalo enorme y muchas [música] veces lo tratamos como algo común. Y hay alguien orando hoy que no se siente digno de acercarse, piensa que hizo demasiado o que se alejó demasiado tiempo. Hay quien lleva años sintiéndose [música] lejos y esta mañana volvió a orar por primera
vez. Padre, que esa persona entienda [música] que aquí nadie entra por sus credenciales. Todos entramos por lo que Jesús hizo. Nadie está más adelante en la fila [música] por haber sido más bueno. Recíbelo como recibe un padre al hijo que vuelve a casa. [música] La puerta es la misma para todos y hoy [música] está abierta. Por eso nos acercamos con confianza, Señor, no con arrogancia y tampoco con miedo, como [música] hijos que saben que su padre los recibe con las manos vacías y el corazón [música] abierto, sabiendo que el nombre en el que confiamos es
más fuerte que todo lo que hoy [música] nos preocupa. este día lo enfrentemos apoyados en ese nombre y no en el ánimo con el que nos levantamos. En ese nombre seguimos orando esta mañana. Padre, queremos recordar Delante de ti a personas que confiaron en tu nombre cuando los números estaban en contra. No eran superhéroes, eran gente común, con miedo [música] y con dudas, igual que nosotros. La Biblia no esconde sus errores ni sus temblores, y aún así tú actuaste. Nos hace bien recordar que siempre trabajaste con gente frágil, porque eso deja lugar para nosotros. Recordar
estas historias no es nostalgia, es hacer memoria, tal como enseña el salmo que hoy oramos. Recordamos [música] a David frente a Goliat, un muchacho que cuidaba ovejas delante de un guerrero enorme y con años de experiencia. Le ofrecieron una armadura y no supo caminar con ella. salió con su onda y unas piedras del arroyo. El resto del ejército miraba desde [música] lejos sin animarse. Nadie apostaba por él esa mañana y aún así dijo que iba en el nombre del Señor de los ejércitos. Lo que lo sostuvo no fue la onda, sino a quién pertenecía. Recordamos
a Josué [música] frente a Jericó, una ciudad amurallada y una orden que no tenía ninguna [música] lógica militar. Caminar alrededor de la muralla en silencio Durante 6 [música] días. Al séptimo día dar siete vueltas y gritar. Seguramente hubo gente adentro riéndose de esa procesión. Los que caminaban deben haberse sentido ridículos más de una vez. Cualquiera [música] diría que era perder el tiempo, pero el muro cayó y no cayó [música] por la fuerza de los que caminaban. Recordamos a Gedeón. Tampoco era un hombre seguro de sí mismo. [música] Cuando lo llamaste, estaba escondido trabajando el trigo
con miedo del enemigo. Empezó con miles de hombres y tú le pediste que redujera el número una y otra vez. se quedó con 300. Nadie reduce su ejército antes de una batalla. Salieron de noche con trompetas, [música] cántaros y antorchas, sin espadas en las manos. La victoria no dependió de la cantidad y quedó claro de quién había [música] sido. Recordamos a Eliseo, rodeado de un ejército que vino de noche a buscarlo. [música] Su ayudante despertó, vio los caballos y los carros alrededor de la ciudad y se llenó de miedo. [música] Eliseo oró para que le
abrieras los ojos y el joven vio la montaña llena de caballos y carros de fuego alrededor de ellos. A veces el problema no es que falte ayuda, sino que no alcanzamos a verla. Abre también nuestros ojos esta mañana. Aquel día no hubo una gran batalla. Ese ejército quedó desorientado, [música] fue llevado hasta Samaria y lo dejaron volver con comida y bebida. Recordamos a Daniel en el foso de los leones. No lo libraste de entrar. Lo bajaron ahí con los leones adentro [música] y una piedra sobre la boca del foso. Tú cerraste la boca de los
leones y él pasó la noche [música] completa entre ellos. El rey no pudo dormir esperando el amanecer y Daniel salió sin una sola herida. A veces la salida no es evitar el foso, sino ser sostenido dentro. Eso también es un milagro, Señor. [música] Recordamos a los tres jóvenes frente al horno. Antes de que los echaran, dijeron algo que todavía no sacude. Dijeron que Dios podía librarlos y que si no lo hacía, tampoco iban a adorar la estatua. Esa fe no dependía del resultado. El horno se había calentado más de lo normal por la furia del
rey. Tú los libraste y se vio a alguien más caminando con ellos en medio del fuego. Salieron sin olor a humo en la ropa. Danos una fe así que no cambie según lo que pase. Y fíjate en algo, Señor, porque nos ayuda mucho. En cada caso, la salida fue distinta. Una piedra, una muralla que cae, unas trompetas de noche, unos ojos abiertos, unos leones callados, un horno que no quema. Ninguna se repitió y ninguna fue la que la gente estaba esperando. Eso nos enseña a no dictarte el método. Cuando te exigimos una forma determinada, casi
siempre estamos [música] pidiendo menos de lo que tú quieres dar. También vemos que ninguno de ellos era perfecto. Gedeón pidió señales dos veces porque tenía miedo. David falló de maneras muy graves más adelante. El ayudante de Eliseo entró en pánico apenas se [música] despertó. Los tres jóvenes tuvieron que mirar de frente la posibilidad de morir. [música] La fe no les quitó el peligro, los acompañó adentro. Tú no buscaste [música] gente valiente, buscaste gente disponible. Eso nos da esperanza, porque nosotros tampoco somos valientes [música] todos los días. Tu palabra dice algo en Isaías, capítulo 59, versículo
1. Dice que tu mano no se ha vuelto corta para salvar y que tu oído no está sordo para oír. No te has debilitado [música] con el paso del tiempo. No se te acabaron las ideas ni las fuerzas. El mismo Dios de esas historias [música] es el que escucha esta oración. No estamos hablando con un recuerdo, sino con alguien vivo. Y no tenemos que conformarnos con recordar, porque hoy también podemos pedir. Por eso te pedimos que actúes hoy, Padre, en la situación concreta que cada persona trae esta mañana. No te decimos cómo hacerlo. No te
pedimos una muralla ni un horno. Te pedimos que hagas lo que sea mejor y que nos des ojos para reconocerlo cuando ocurra. Y seguimos pidiendo con confianza porque eres [música] bueno. Y si la respuesta tarda, que nos encuentres esperando y no dando media vuelta. Que estas historias no queden como cuentos antiguos. que sean memoria viva dentro de nuestra casa. Cuando el miedo aparezca esta semana, que recordemos que ya te hemos visto trabajar en la Biblia y también en nuestra propia vida. [música] Que nuestros hijos escuchen en la mesa lo que tú hiciste por esta familia.
Así se pasa la fe de una generación a otra. Tú has sido fiel antes, Señor, y no cambias. En eso nos apoyamos mientras sigue [música] esta oración. Padre, ahora vamos a pedirte cosas concretas, una por una y sin adornos. No queremos quedarnos en palabras generales. [música] Tú conoces el detalle de cada vida que está escuchando esta mañana. Vamos a nombrar las áreas en voz alta y a dejarlas contigo. Y en cada una vamos A decir lo mismo al final, que se haga tu voluntad, no porque nos resignemos, sino porque confiamos en tu criterio más que
en el nuestro. [música] Nada de lo que digamos aquí te va a sorprender, Señor. Solo lo estamos ordenando delante de ti [música] para poder soltarlo. Te pedimos por el cuerpo, Señor, por la persona [música] que espera una cirugía y cuenta los días, por quien convive con un dolor que ya se hizo [música] parte de la rutina, por el tratamiento que cansa y por el ánimo que hace falta para seguirlo. Trae sanidad donde quieras traerla. y trae descanso donde la sanidad demore. Da sabiduría a los médicos y a quienes cuidan [música] en casa. Acompaña también a
quien tiene un examen médico pendiente y le da miedo hacérselo. Ponemos cada cuerpo en tus manos conforme a tu voluntad. Te pedimos por la familia, por la reconciliación que parece imposible después de tantos años. por la mesa donde falta alguien y nadie se anima a decirlo. Por la pareja que quiere volver a empezar y no sabe por dónde. Danos humildad para dar el primer paso, aunque no nos toque darlo. [música] Ablanda los corazones duros, incluido el nuestro. Sostén a quien viene perdonando en silencio desde hace años sin que nadie lo note. Restaura lo que se
[música] Pueda restaurar, Señor, y hazlo a tu manera. Te pedimos [música] por la provisión, por el mes que hay que estirar y no alcanza, por quien está decidiendo hoy qué cuenta paga y cuál deja para después. danos lo necesario y también orden para administrarlo. [música] Que no falte el pan en la mesa ni el pasaje para ir a trabajar. Y si viene abundancia, danos corazón generoso para compartirla. Cuida a quien trabaja todo el día [música] y aún así no llega a fin de mes. Dejamos esta área contigo, esperando en tu provisión y no en la
suerte. Te pedimos por el trabajo, por quien manda su currículum y otra vez y no recibe respuesta por quien está en un lugar [música] donde lo tratan mal y todavía no puede irse por el negocio pequeño que necesita clientes esta semana. Abre las puertas que tengan que abrirse y cierra las que nos harían daño. Danos ánimo para insistir cuando la búsqueda se hace larga. Acompaña a quien empieza mañana en un lugar nuevo y llega con nervios. Y que no perdamos la dignidad mientras esperamos la puerta correcta. Te pedimos por los hijos, Señor, los que están
en casa y los que ya se fueron. Los que están estudiando y los que dejaron de estudiar, cuídalos en el camino, en la escuela [música] y en las amistades que eligen. Danos sabiduría para acompañarlos sin ahogarlos y firmeza para poner límites con cariño. [música] No pedimos que nunca tropiecen porque eso no lo prometiste. Guarda también a quienes crían solos, sin nadie con quien consultar las decisiones. Pedimos que ninguna caída tenga la última palabra sobre su vida. Te pedimos sabiduría para decidir. Hay personas orando esta mañana con una decisión difícil encima. Cambiar de ciudad, terminar una
relación o intentar salvarla. Aceptar un trabajo que asusta, poner un límite en la familia. Danos claridad para ver lo que hay que ver y calma para no decidir desde el miedo. Rodéanos de gente sabia que se anime a decirnos la verdad. Y si nos equivocamos, [música] acompáñanos igual dentro de esa decisión. Te pedimos favor delante de [música] quienes tienen autoridad. delante del jefe que decide un ascenso, delante [música] del empleado que atiende un trámite que ya lleva meses, Delante del [música] banco, del juez, del profesor que revisa un examen. No pedimos que nadie sea perjudicado
para que nosotros avancemos. Pedimos [música] justicia y buen trato y que se nos escuche con respeto. Danos [música] paciencia con los trámites lentos. y buen trato hacia quien nos atiende. Lo demás lo dejamos en tus manos. El Salmo 20 en el versículo 4 pide que Dios [música] nos dé conforme al deseo del corazón y cumpla todos nuestros propósitos. Con esa misma confianza cerramos estas peticiones. Tú conoces el deseo que nadie más conoce. ese que ni siquiera sabemos explicar bien. Cúmplelo si es bueno para nosotros y si tienes un propósito [música] distinto, danos corazón para recibirlo.
Ordena nuestros deseos antes de concederlos, Señor. Preferimos [música] tu propósito antes que nuestro plan y queremos ser claros al hablar contigo, [música] Señor. No estamos declarando estas cosas. como si ya estuvieran hechas. No mandamos sobre tu voluntad, ni te ponemos condiciones. Te las estamos [música] pidiendo. ¿Qué es lo que hacen los hijos? Sabemos que puedes responder que sí y que no o que todavía no. Las tres respuestas vienen de un padre bueno. En las tres seguimos confiando. Enséñanos a esperar tu respuesta. sin ponerle plazo ni condiciones. Te pedimos [música] también por quien no supo qué
pedir esta mañana, por quien tiene tantas cosas encima que no [música] sabe por dónde empezar y por quien sostiene a otros todo el día y nunca pide nada para sí mismo. Señor, atiende a esa persona que siempre [música] está atendiendo. Que alguien le pregunte hoy cómo está y que se anime a responder con la verdad. Danos ojos para anotar a esa persona y manos [música] para ayudarla de manera concreta. Tú conoces esa necesidad [música] silenciosa y ahora confiamos este día entero a tu mano, Padre. [música] Las horas que vienen, las conversaciones, el trabajo, el camino
de ida y de vuelta. lo que ya está planificado [música] y lo que aparezca sin aviso. Sosténnos [música] en cada una de esas horas. No Sabemos qué trae este día, pero sabemos con quién vamos a caminarlo y que al final del día podamos volver [música] a ti para darte gracias. Eso nos alcanza para empezar. Te alabamos, Señor, porque tú eres el que da la victoria y no la fuerza que nosotros podamos juntar. Te alabamos porque respondes cuando tu [música] pueblo clama y no porque te obliguemos, sino porque nos amas. Gracias por escuchar esta oración desde
el primer suspiro hasta esta última palabra. Dejamos aquí lo que trajimos sin recogerlo de vuelta. Al levantarnos confiamos en tu nombre hoy y todos [música] los días que nos des. Amén. Al comenzar te prometí algo y ahora lo cumplo. Antes de pedirte cualquier otra cosa. Te dije que al final de la oración te iba a compartir una práctica sencilla sacada del corazón mismo del salmo 20. Aquí está en tres pasos. para mañana temprano. No lleva más de 2 minutos y no necesitas nada especial para hacerla. Solo hace [música] falta sinceridad y un poco de silencio
antes de que arranque el día. Si quieres, anótala en el celular para no olvidarla. [música] Primer paso, antes de salir de la cama, di en voz alta el nombre de aquello en lo [música] que te estás apoyando hoy. Puede ser el dinero que tienes guardado, [música] puede ser una persona que te prometió ayuda. Puede ser el plan de Respaldo [música] que tienes armado en la cabeza. Puede ser tu propia capacidad de aguantar. Dilo con todas las letras [música] tal como es, sin adornarlo. Ponerle nombre en voz alta [música] ya cambia el tamaño que tiene en
la cabeza. Segundo paso, entrégalo por su nombre delante de Dios sin fingir [música] que no existe. No se trata de despreciar ese recurso ni de tirarlo por la ventana. Se trata de decirle a Dios algo sencillo. [música] Esto lo tengo, pero esto no es lo que me sostiene. Nombrarlo delante de él es lo que ordena la confianza por dentro. Tercer paso, pronuncia el nombre de Dios sobre ese mismo asunto antes de salir de casa. En voz baja está bien. Nadie más tiene que escucharlo. Puede ser mientras te vistes o mientras esperas que hierva el agua.
Y quiero ser claro contigo para que no quede ninguna confusión. Esto no es una fórmula para obligar a Dios a nada. No es un método para conseguir resultados ni tres pasos para el éxito. Es simplemente la manera en que el pueblo del salmo ordenaba su confianza antes de la batalla. Ellos nombraban los carros, nombraban los caballos y después nombraban a su Dios. Hazlo mañana temprano antes de mirar el teléfono y fíjate cómo empieza el día. Y si un día se te olvida, no pasa nada. Lo retomas a la mañana siguiente sin [música] culpa. Oraste hasta
el final y eso no es poca cosa. Muchos empiezan una oración y se van a los 2 minutos porque el [música] día empuja. Tú te quedaste. Le [carraspeo] diste a Dios el primer rato de esta mañana antes que a cualquier [música] otra cosa. No sé qué te costó llegar hasta aquí. [carraspeo] Tal vez te levantaste sin fuerzas, [música] tal vez con la cabeza llena de preocupaciones. Igual te quedaste y quiero reconocerlo. [música] Ahora sostén esa confianza durante el día. No te voy a decir que [música] la respuesta llega hoy, ni esta semana, ni antes de
fin de mes. No lo sé y no te lo voy a prometer. Lo que sí sé es que [música] Dios escuchó. Cuando a media tarde vuelva el miedo, acuérdate de lo que oramos aquí. Si quieres dejarlo escrito, escribe en los comentarios. Mi milagro [música] está activado. Que sea tu declaración de fe en tus propias palabras y con tu propio nombre. Y si esta oración te hizo bien, compártela con alguien. Piensa en una persona concreta que hoy está enfrentando una batalla, alguien que espera un resultado, alguien que perdió el trabajo, alguien que está cuidando a un
enfermo. Mándale el video de pergamino sagrado con un mensaje corto, aunque sea una sola línea. A veces esa es la única oración que esa persona va a escuchar hoy. no cuesta nada y puede llegar justo a tiempo. Muchas personas usan estas oraciones como su primer momento del día. Antes del café, antes de que empiecen los mensajes y las llamadas, Ponen la oración mientras se preparan y arrancan el día acompañadas. No es que la mañana se vuelva perfecta por eso, es que se enfrenta el día desde otro lugar. Si quieres que sea tu costumbre, es una
buena manera de empezar. Si quieres orar así cada mañana, suscríbete a Pergamino Sagrado y activa la campana. Así te llega el aviso cuando sale la oración del día siguiente. No tienes que [música] buscarla ni acordarte de entrar. Simplemente aparece y tú decides [música] si te quedas o no. Es una invitación sencilla, sin compromiso de ninguna clase. Si un día [música] no puedes, no pasa nada. Y antes de irte, quédate unos minutos más, no para escuchar nada más, sino para [música] estar en silencio. Baja el volumen si quieres y quédate así un rato. La adoración silenciosa
también [música] es oración. A veces ahí, sin palabras, se acomodan cosas por dentro [música] que no se acomodan hablando. Dale a Dios ese ratito extra. sin apuro y sin pedirle nada. Y quiero dejar algo bien claro antes de terminar. Nada de lo que te acabo de pedir cambia lo que Dios va a hacer. Dar me gusta, comentar o compartir no es un acto espiritual ni una condición para que la oración funcione. Dios te escuchó desde el primer minuto. Hayas hecho todo eso o nada. Te lo pido porque ayuda a que la oración llegue a más
gente y por ninguna otra razón. Tu fe no se mide por lo que hagas con este video. Ahora sal a vivir tu día con lo que pediste ya entregado [música] y con las manos libres. Los carros y los caballos van a seguir ahí y está bien que estén. Solo recuerda dónde está apoyado el peso. Cuando algo se ponga difícil hoy, di el nombre del Señor en voz baja y sigue caminando. No hace falta nada más complicado que eso. Y antes de [música] despedirme, recibe esta bendición de parte de todos los que hacemos pergamino sagrado. Que
el Señor te bendiga y te guarde [música] a ti y a tu casa. Que su rostro te alumbre en las horas difíciles y en las [música] tranquilas. Que sostenga a los que viven contigo [música] y a los que están lejos. Y que lo que pediste esta mañana quede en las manos de Dios que sabe qué hacer con [música] eso mejor que nosotros. Ve en paz. Una última [música] cosa breve y te dejo seguir con tu día. Tenemos el canal de WhatsApp de Pergamino Sagrado y ahí llega cada mañana la oración del día junto con una
palabra corta de aliento. Es para quien quiere empezar [música] el día con algo bueno antes que con las noticias. El enlace está en la descripción del video y también [música] en el primer comentario fijado. Es gratuito y nadie ve tu número, ni yo ni las demás personas del canal. Nadie [música] puede escribir ahí ni llenarte de mensajes. Llega una publicación por la mañana y nada más. Y si un día ya no quieres recibirla, sales cuando quieras y sin dar explicaciones. Está pensado para acompañar, no para molestar. Gracias por esta mañana y por el rato que
oramos juntos. Que tengas un buen día con la confianza puesta donde corresponde. Nos encontramos mañana temprano, si Dios quiere. Cuídate mucho. [música]