El interior de nuestro cuerpo está repleto de millones de microorganismos que conviven con nosotros: los encontramos en el tracto gastrointestinal, en la cavidad oral, en la piel, en la vagina y hasta en los pulmones. El conjunto de estos microorganismos se conoce como “microbiota”, y no están ahí de casualidad: realizan todo tipo de funciones sin las cuales no estaríamos vivos. De hecho, son tan importantes para nosotros que la alteración de la microbiota puede contribuir al desarrollo de todo tipo de enfermedades: el cáncer, la diabetes o el asma son algunas de las más conocidas.
Ante este problema, hace tiempo que la comunidad científica viene estudiando algo que te va a sonar un poco extraño de primeras: los trasplantes de heces. Sí, lo que oyes: el objetivo es trasplantar la microbiota de las heces de una persona sana a otra persona con el objetivo de tratarle alguna enfermedad. La pregunta es: ¿Sirve realmente de algo trasplantar microbiota?
¿Qué beneficios y efectos secundarios tiene esto? ¿Serán los trasplantes fecales el futuro? Hoy en la Hiperactina, hablamos de los trasplantes de microbiota fecal.
Trasplantes, de caca, vamos. Antes que nada, este vídeo está patrocinado por la UOC. Todos los detalles sobre esta universidad 100% online y por qué me parece interesante los tendréis hacia el final del vídeo.
La microbiota está formada por muchos microorganismos distintos, como los virus, arqueas, hongos o protozoos; aunque no cabe duda que las más comunes y populares son las bacterias. Hasta no hace mucho, se solía decir que tenemos 10 veces más bacterias que células humanas, pero en los últimos años se ha demostrado que esto no es así: lo cierto es que la proporción es aproximadamente de 1:1; es decir, tenemos el mismo número de células humanas que de bacterias, lo cual sigue siendo bastante impresionante. Aunque tenemos microbiota por muchas zonas de nuestro cuerpo, la gran mayoría se encuentra en nuestro tracto gastrointestinal.
Desde el momento que nacemos, el intestino se va colonizando de más y más microorganismos, que irán evolucionando y modulándose en función del estilo de vida que tengamos. Es por eso que, a medida que crecemos, adquirimos una microbiota característica y única para cada persona. Y si estás pensando qué narices hacen millones de bichos viviendo en tu intestino sin pagar el alquiler, te diré que la microbiota realiza por ti muchas funciones esenciales: sintetizan vitaminas que el cuerpo no es capaz de producir (como la vitamina K), ayudan a la digestión (ya que digieren la fibra que nosotros no podemos digerir), contribuyen al desarrollo y buen funcionamiento del sistema inmunitario, y te defienden de agentes infecciosos que día tras día intentan colarse en tus intestinos.
La microbiota tiene incluso un papel esencial en la salud mental, pero esto va a tocar hablarlo en otro vídeo. Cuando la microbiota está en equilibrio, realiza estas funciones sin problema. Pero por desgracia, la composición de nuestra microbiota puede alterarse por muchos factores, como por ejemplo, los antibióticos.
Solemos tomar antibióticos cuando tenemos una infección bacteriana y queremos cargarnos a la bacteria que está causando la infección. El problema es que los antibióticos están pensados para cargarse bacterias en general, no para ir preguntando una a una si son buenas o malas. En otras palabras, los antibióticos se cargan tanto a las bacterias malas como a las bacterias buenas.
Esta es la forma en la que los antibióticos rompen el equilibrio de nuestra microbiota, y aunque esto tiene muchas consecuencias, una de las más evidentes es que se vuelve más fácil que nos infecte un microorganismo (de los malos). Al final, las bacterias de nuestra microbiota ejercen de barrera de protección contra los patógenos que quieran colonizar nuestro intestino, ya que recubren su superficie, pero si empezamos a cargarnos la microbiota, vamos a dejar más espacio y por tanto más oportunidad a los “bichos malos” para instalarse ahí. Paradójicamente, el uso de antibióticos puede dar lugar a otras infecciones.
Y las infecciones son solo un ejemplo, pero la alteración de nuestra microbiota puede contribuir a la aparición de muchas enfermedades; la microbiota tendría un papel en la enfermedad inflamatoria intestinal, la diabetes, las alergias, el cáncer colorrectal e incluso el autismo. Es por eso que, sabiendo que una microbiota alterada puede dar lugar a tantos problemas, en los últimos años se ha venido estudiando un método para reemplazar la microbiota alterada de una persona por microbiota sana: te hablo de los trasplantes de microbiota fecal. El nombre es bastante descriptivo: consisten en trasplantar materia fecal de una persona sana a un paciente, con el objetivo de tratar una enfermedad.
Y es posible que te estés preguntando: De entre todas las cosas que hay en este mundo, ¿por qué caca? Pues es una pregunta muy lícita, y la respuesta es que, para empezar, las heces son una manera muy sencilla de recolectar la microbiota que se encuentra en nuestro tracto gastrointestinal, ya que el colon es la zona del cuerpo que concentra una mayor cantidad de microbiota. Además, los trasplantes de heces aportan una cantidad y una diversidad de cepas bacterianas mucho mayor que cualquier probiótico conocido, con lo que serían como una especie de súper-probiótico.
Sea como sea, la caca es una buena aliada. Y aunque todo esto te pueda sonar muy “novedoso”, y hayas vivido hasta el día de hoy sin saber que hay zonas del mundo trasplantando caca ahora mismo, lo cierto es que esto es algo que lleva haciéndose siglos. Los primeros indicios de trasplante de heces se remontan a la China del siglo IV, hace unos 1700 años, cuando un conocido médico de la época consiguió curar a pacientes con diarrea severa al hacerles tomar una suspensión de heces humanas conocida como “sopa amarilla”.
Por supuesto, sobra decir que las cosas han cambiado mucho desde entonces, y a día de hoy se trata de un proceso más sofisticado que tomarse una sopa de heces. De hecho, solo seleccionar el donante de las heces ya es un proceso muy exhaustivo y cuidadoso, no es que vayas a la primera persona que veas y le pidas si le importa donar sus heces. Seleccionar al donante correcto es importante, entre otras cosas, para evitar que se transmitan infecciones o enfermedades al receptor, o que se trasplante una microbiota que pueda dar problemas.
Por ejemplo, ¿Quiénes de los que estáis viendo este vídeo podríais ser donantes de caca? ¿A que no te lo habías preguntado nunca? Pues para eso está La Hiperactina, pa' servir.
Lo más importante para ser donante es no tener ningún tipo de infección que se transmita por sangre o heces, obviamente; tampoco puedes tener ningún trastorno gastrointestinal ni enfermedades del sistema inmunitario (por ejemplo yo, siendo celíaca, pues no podría donar heces; eso que me pierdo); no puedes estar por encima ni por debajo de tu peso saludable y por supuesto tampoco puedes haber tomado antibióticos en los tres meses anteriores. Vale, y una vez encontrado el donante, ¿Qué es lo que hay que hacer? Pues preparar el material a trasplantar; agárrate porque se viene una explicación de mierda, literalmente.
Una vez tenemos las heces, ya sean frescas o congeladas, generalmente se mezclan en una licuadora con una solución salina para obtener… una batida de mierda. Cuando ya tenemos el material preparado, hay muchas formas de administrarlo, aunque la más común es la colonoscopia, es decir, introduciendo el material fecal a través de un tubo hacia el interior del colon. Este es el método que más se ha estudiado y ha demostrado buenos resultados, pero como podrás entender, es un método bastante invasivo; por eso se están planteando otros métodos como por ejemplo tomar cápsulas orales que contengan el material fecal liofilizado o deshidratado, lo cual sería mucho más cómodo, aunque también bastante caro, así que nada es perfecto.
Vale, y todo esto suena muy fácil en la teoría, ¿no? Se altera la microbiota - cogemos la microbiota sana de otra persona - reemplazamos la microbiota alterada - problema resuelto. Pero realmente, ¿esto es algo que se esté usando a día de hoy?
¿Qué beneficios actuales se conocen de estos trasplantes? Pues lo cierto es que, al menos por ahora, el trasplante de microbiota fecal se utiliza para una cosa: el tratamiento de infección recurrente por la Clostridium difficile, una bacteria que causa una infección del colon (y que no sé cómo se pronuncia, así que la voy a llamar así). ¿Recuerdas cuando te comentaba que, si alteramos la microbiota, damos pie a que otros microorganismos infecciosos se aprovechen y colonicen nuestro intestino?
Pues esto ocurre a menudo con la Clostridium difficile: cuando tomamos antibióticos, estos no solo eliminan los gérmenes dañinos, sino que también matan a la microbiota. Si en ese momento entramos en contacto con la Clostridium difficile, es posible que nos infectemos y desarrollemos los síntomas típicos de esta infección: o sea, que tengamos diarrea, fiebre, dolor abdominal, e incluso úlceras en el tracto digestivo. El problema es que esta infección también es peligrosa porque tiende a volverse recurrente el tiempo: en muchos casos, la infección vuelve a aparecer incluso después de haberse tratado con antibióticos; y no una, sino otra, y otra, y otra vez.
En estos casos en los que los antibióticos ya no nos ofrecen una solución, ¿Qué podemos hacer? Pues efectivamente, aquí es donde entran en juego los trasplantes fecales. Un solo trasplante de microbiota fecal cura alrededor del 90% de las infecciones recurrentes por Clostridium difficile, un número muy superior al que se consigue utilizando antibióticos.
Por eso, a día de hoy, el trasplante fecal se utiliza con este fin. Y te preguntarás, con la de enfermedades en las que está involucrada la microbiota, ¿es que nadie ha pensado en usar los trasplantes para otras cosas? Pues lo cierto es que sí, pero son cosas para las que todavía hacen falta más estudios y más investigación.
Por ejemplo, se está investigando bastante el posible uso del trasplante fecal para tratar la enfermedad inflamatoria intestinal, que provoca una inflamación crónica del intestino y dan lugar a muchos problemas digestivos, o incluso enfermedades que no tienen nada que ver, como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson e incluso el autismo. Es cierto que todavía falta más investigación para ver qué beneficios puede aportar el trasplante fecal a estas enfermedades y no sabemos qué es lo que vendrá en las próximas décadas, pero desde luego las aplicaciones potenciales que podría tener esto no son pocas. No obstante, no todo en el monte es orégano: los trasplantes de microbiota fecal, como cualquier otro tratamiento, también tienen sus limitaciones.
Pero antes de ver esto, dejadme agradecer a la UOC haber patrocinado este vídeo, que además no es el primero que nos patrocina, así que de verdad gracias por apoyar de esta forma la divulgación que hago. Ya sabéis que tanto por mi trabajo como porque me gusta seguir aprendiendo y seguir formándome siento que me encantaría en algún momento poder estudiar algún otro grado o máster, o incluso algún curso o especialización concreta, ya sea relacionado con ciencia o incluso con comunicación, que al final es a lo que me dedico. Pero por supuesto, entre que ya estoy trabajando y además tengo un trabajo que requiere viajar un montón y tener horarios un poco locos, pues actualmente no me puedo permitir cursar una carrera presencial.
Es por eso que, si estás en una situación parecida y te apetece seguir formándote, una universidad 100% online y con más de 25 años de experiencia en e-learning como es la UOC me parece una muy buena opción. Como es totalmente online, tienes flexibilidad para organizarte el tiempo como mejor te venga para estudiar; además, puedes acceder a los estudios desde cualquier lugar del mundo, estudiar mientras estás de viaje, o fuera de casa; y las titulaciones son oficiales, esto es importante, ya decidas cursar un grado, un máster o posgrado, o incluso cursos de idiomas, cursos profesionalizadores o FP. Además tienen también formación extraoficial, que permite formarte en poquito tiempo.
Queda muy poco tiempo para que empiecen los cursos, así que voy a dejaros en la descripción el link a la UOC para que podáis leer más información. Y por supuesto, si decidís cursar algo, hacédmelo saber que estas cosas siempre me gustan. Ahora sí, sigamos con el vídeo.
Como te decía, hemos visto cuál podría ser el potencial de los trasplantes fecales, pero ¿Cuáles son las limitaciones? Pues, para empezar, los trasplantes de microbiota fecal no son algo que esté libre de efectos secundarios: los más comunes son la diarrea, el dolor abdominal, febrícula, flatulencias y estreñimiento. Por suerte, la mayoría de estos efectos a corto plazo son leves y se resuelven en una semana, pero ¿Qué hay de los efectos a largo plazo?
Pues aquí tenemos un problema. Debido a que estamos hablando de método relativamente nuevo (más que nada porque la mayoría de los estudios que se han hecho sobre este tema son de la última década), todavía se desconoce qué efectos podría tener a largo plazo. No solo eso, sino que también hay que tener en cuenta que se trata de una vía muy fácil para transmitir infecciones de una persona a otra, y esta es una de sus mayores limitaciones: hay tantas cosas que podrían trasmitirse que es fácil que se nos escape alguna, y de hecho, esto es algo que ha ocurrido en algunos casos y es el motivo por el que tuvieron que suspenderse algunos estudios, lo que nos demuestra que es un peligro que no podemos pasar por alto.
Nuestra microbiota es cambiante y dinámica: factores como el estilo de vida, la dieta o la toma de antibióticos pueden alterarla y fomentar el desarrollo de las enfermedades que ya hemos visto. Los trasplantes de microbiota fecal podrían darnos una segunda oportunidad de recuperar ese equilibrio perdido, pero las limitaciones que te he comentado dejan claro que todavía nos queda muchísimo camino por recorrer. Bueno, espero que te haya gustado este vídeo, que hayas aprendido cosas y te haya parecido interesante.
Dejadme en comentarios si conocíais que existían este tipo de trasplantes, me da muchísima curiosidad saber hasta qué punto sabéis de los temas que trato en el canal u os pilla completamente de nuevas. Si queréis más contenido, recordad que estoy subiendo vídeos cortos en el resto de redes de todo tipo de temas sobre biomedicina y el cuerpo humano. De nuevo, gracias a la UOC por patrocinar este vídeo y gracias a ti, una vez, por estar ahí.
¡Nos vemos a la próxima!