A veces las mujeres podemos llegar a pensar que por el simple hecho de estar bonitas ya tenemos ganado el mundo. Tenemos las puertas abiertas para prácticamente que todo sea más fácil, pero también creemos que la belleza es lo único que necesitamos para tener bien enganchado a un hombre, para tenerlo a nuestros pies. Y en este caso yo creí lo mismo después que me casé con mi esposo Gerardo.
Nuestra relación cuando comenzó era como la de cualquier otra pareja. Trabajábamos en el mismo lugar y él me invitó a salir. Yo al principio no quería.
Sentía que Gerardo no era un hombre que tuviera buenas aspiraciones. [música] Era como cualquier otro. Eso sí, muy simpático.
Siempre me hacía reír. Me caía muy bien, pero yo lo veía muy distraído. No sentía que él tuviera [música] un plan de vida o una visión que a mí me conviniera.
Novio, no lo digo desde el punto de ser una mujer interesada, pero creo que cualquier mujer debe fijarse muy bien que el esposo tenga metas, [música] tenga muy claro el forjar un patrimonio que desee establecerse con una familia, con una mujer, que tenga buenos valores. Pero yo sentía que por ahí le temblaban las patas a este hombre y por ello es que no tenía yo interés en salir con él. Sin embargo, el tiempo pasó y de la noche a la mañana me di cuenta de que Gerardo ya no quería salir de fiesta con los amigos de la oficina.
Se había vuelto un hombre mucho más serio. Incluso su porte cambió. Se veía muy bien, se arreglaba y eso me empezaba a llamar la atención.
Yo sabía que un hombre como él de sentar cabeza, yo sí le haría caso. Y pues a final de cuentas Dios empezó a cruzar nuestros caminos porque nos mandaron juntos a una capacitación fuera de la ciudad. [música] En aquel lugar estábamos destinados a pasar un fin de semana juntos y ahí terminaríamos conociéndonos mucho mejor.
Trabajábamos para una empresa textil, teníamos puestos administrativos, teníamos que ir a capacitaciones para nuevas herramientas de administración y sobre todo para la gestión de materiales. Y pues bueno, estábamos ya en aquel hotel en la conferencia sentados uno al lado del otro, cada quien tomando notas en su computador portátil. Y ya cuando llegó la hora de salir, recuerdo que yo tenía muchas ganas y mucha curiosidad de saber qué tanto había cambiado Gerardo.
Por tanto, me dicté a tomar la iniciativa para invitarlo a tomar un trago. ¿No crees que esta ciudad es un poco aburrida? Gerardo te gustaría ir a tomar algo conmigo.
He sentido mucho calor. Necesito refrescarme. Además, ha sido muy pesada la jornada.
¿Qué dices? ¿Te gustaría acompañarme? Gerardo se mostró tímido a diferencia de lo que yo esperaba, como si le hubiera incomodado un poco mi invitación, pero a final de cuentas terminó aceptando.
No lo sé, Julieta. Fíjate que últimamente ya no me llama la atención el trago y las desveladas, pero solamente porque tú me lo pides y porque me caes bien, te voy a acompañar, pero solo me voy a tomar una o dos y después a descansar, porque recuerda que mañana tenemos más juntas. Nos fuimos al bar del hotel.
Nos sentamos en la barra. Yo pedí un martini. Gerardo pidió una cerveza.
Ahí ya en confianza nos pusimos a platicar. Empezamos a reír. Gerardo volvió a ser aquel hombre simpático por un momento y de verdad que me gustaba mucho verlo a los ojos.
Yo sentía que cuando lo miraba él me evadía un poco. Pero al final [música] entre trago y trago, yo empecé a hacerme la borracha. Yo tenía buen callo para poder tomar, es decir, que aguantaba mucho.
Pero eso Gerardo no lo sabía. Yo estaba decidida a llevármelo a la cama nada más para tantearlo, a ver si me seguía el juego o a ver si me respetaba. Evidentemente yo iba dispuesta a todo.
Hacía tiempo que no tenía un buen amante y quería saber si Gerardo cumplía todas las expectativas. Ya después de [música] eso, ya viendo si él podía cumplirme, ya podría decidir si me lo conquistaba o no. Oye, Gerardo, como que ya se me está subiendo un poquito.
¿Por qué no me llevas a mi habitación? Necesito acostarme. Creo que estos tragos me cayeron un poco de peso.
Gerardo me ayudó. Obviamente yo fingía no más para calarlo. Y ya cuando subimos el elevador y llegamos hacia la habitación, entramos y de inmediato recuerdo que él me llevaba del hombro y en cuanto me acercó a la cama, yo me dejé caer y lo jalé del brazo para que cayera justo arriba de mí.
Ya estando ahí le planté un beso. Gerardo se quedó todo tieso, muy nervioso, como si no supiera qué hacer. Yo creo que esto no está del todo bien, Julieta.
Estamos un poco ebrios. Mañana podríamos arrepentirnos de esto que pueda pasar. Yo te respeto mucho, por eso no quisiera que esto proceda.
Por favor, paremos esto. A mí aquello me sorprendía. ¿Cómo que me iba a rechazar?
Yo que era la más bonita de la oficina. Yo no iba a quedarme con ello, así que lo jalé del brazo nuevamente. No me digas que me vas a dejar así, Gerardo.
Yo ya te traigo ganas desde hace mucho. Y mira que Diosito nos puso en el mismo camino. Aquí a ti y a mí, solos en el mismo hotel, ya un poquito embriagados.
Por favor, hazme el amor. No me vayas a dejar con las ganas. ¿A poco vas a dejarme así o vas a negarme que te gusto?
Mira, toca. Soy toda tuya. Podrás hacerme todo lo que tú quieras esta noche.
Ante aquello que dije como que Gerardo se encendió, empezó a besarme, acariciarme. Me mordisqueaba el cuello, el pecho. Me arrancó una parte del vestido.
Lo sentí tan enérgico, tan fuerte. Aquello me llevó a un éxtasis que de inmediato yo sabía que tenía que entregarle lo mejor de mí a ese hombre. Y por ello es que esa noche le entregué mi alma, mi cuerpo desnudo, a sus caricias, a sus movimientos, a sus besos.
Dejé que sus manos me recorrieran completa, que sus labios también. Aquello fue tan maravilloso porque él era un buen amante, no se le veía que fuera alguien experimentado, porque yo no le conocía novias, hasta donde yo sabía, era un hombre solitario. Pero la verdad es que lo hizo bastante bien.
Ya cuando terminamos sentí ese rico vacío, esa sensación de amor, porque yo entendí que ese hombre era para mí. Tenía todo lo que ya necesitaba. era guapo, carismático y además estaba emprendiendo un proyecto fuera del trabajo, uno que seguramente le daría buen dinero y con el cual podríamos establecer una vida juntos, pero eso estaba solo en mi cabeza en ese momento.
Pero me dedicaría a conquistar a Gerardo por la buena para que llegáramos a compartir nuestras vidas. Aquella noche dormimos juntos. Al día siguiente yo notaba a Gerardo un poquito incómodo, pero pues la verdad era normal.
A lo mejor él se sentía como si hubiera abusado de que yo estaba alcoholizada. De hecho, ambos lo estábamos. Pero yo reconozco que yo fingía la ebriedad solo para conquistarlo, para ponerle el camino más fácil.
Días después de que regresamos a la oficina, yo notaba como que estaba muy distante Gerardo, como que no me quería hablar del todo, quizás se sentía apenado, pero pues yo tenía que acercarme de cualquier manera. Ella estando en la cafetería una ocasión, ahí los dos solos, le saqué un poco la plática del tema, pero él la negó completo. Me dijo que aquello había sido simplemente una aventura, que él no quería nada más conmigo.
Y eso, créanme, que me dolió en el ego, en el alma, porque la visión que tenía de vida con él es algo que no debía romperse así nada más, como si fuera un simple cristal delgado o que se tirara la basura como un papel desechable. No, yo no me iba a quedar con las manos vacías porque ese hombre iba a ser mío a como diera lugar. Créanme que busqué las estrategias básicas de cualquier mujer, acercarme a él con mis escotes pronunciados y luego, como yo era de buen busto, aquel era mi mejor atributo junto con mis caderas.
Pero pues yo se las bailaba en la cara a Gerardo y la verdad es que yo sentía como que no le gustaba. Aquello me detenía y me deprimía un poco. Me ponía a pensar que a lo mejor mi belleza no era lo suficiente como para que él se fijara en mí.
Lo que me ponía a pensar es que antes él ya me había pedido salir, pero yo lo había rechazado. Me sentía como una estúpida. Me arrepentía de aquello.
No entendía lo que pasaba. Fue de aquí de que una prima mía con la que mucho me frecuentaba para tomar el café me veía muy triste. Ella me preguntó qué me pasaba y cuando le conté ella se empezó a reír de mí.
Pero tú, Julieta, rogándole a un hombre. Mírate nada más. Podría ser una modelo para Victoria Secret si tú quisieras.
La verdad es que creo que te estás fijando en el prospecto equivocado. Tú podrías traer a cualquier empresario millonario a [música] tus pies. No sé que le andas viendo a ese pobretón, pero bueno, allá tú.
Pero aquí entrenos. Te voy a contar un secreto. Tú sabes que yo tengo una relación con Fernando desde hace 2 años, ¿verdad?
Pues fíjate que yo estaba en una situación muy parecida a la tuya, pero ¿cómo lo solucioné? Ahí te va. La verdad es que le hice brujería.
Me recomendaron a una mujer que hace unos tipos de amarres y créeme que me funcionó bastante bien hasta el día de hoy. Yo siento que Fernando me ama como lo hizo desde el primer día, con mucha intensidad. Si vieras cómo me hace el amor, de verdad que es un salvaje tierno y todo esto no lo cambio por nada.
Esa brujería me salvó de la tristeza porque me obsesioné con él. No te lo voy a negar. Y si quieres, pues te puedo ayudar con ello, te puedo llevar con esa mujer, ella te puede enseñar.
Sin embargo, aquí la cuestión es que estás segura de que él es el hombre que quieres, porque si no, la verdad no más la vas a regar. puedes hacerle mucho daño y también mucho daño a ti. Yo no tenía mucho que pensar, estaba decidida, obsesionada y era una cuestión con el ego que yo tenía.
Por ello es que acepté la ayuda de mi prima y el siguiente fin de semana ahí estábamos con aquella señora. Su nombre era Trinidad, una mujer que no era tan vieja, tendría unos cincuent y tantos, pero se veía de mucho carácter, así que tuvimos que ser muy francas y al grano porque aquella señora no se andaría con juegos. Mire, señora Trinidad, la verdad es que yo estoy enamorada de un hombre.
Quiero conquistarlo, pero yo sé que sí le atraigo porque incluso ya tuvimos intimidad, [música] pero creo que él tiene miedo al compromiso o no sé qué le pase. Por favor, ayúdeme. Necesito que me haga un amarre para que él se enamore de mí, para que nos casemos.
Yo ya me veo casada y con hijos. Quiero compartir mi vida con ese hombre. La señora Trinidad me miró con ojos muy profundos, muy secos.
Entonces fue que me lanzó un dictamen, una especie de amenaza quizá porque sonaba muy directa. Pues bueno, muchacha, yo no más te digo que con la brujería a veces está difícil. De mi parte te puedo asegurar que te va a funcionar.
Aquí a tu prima ya le sirvió. Mírala cómo la tienen. Bien feliz.
Y así puedes estar tú. Solamente lo que tienes que hacer es escoger bien al hombre, porque si no, créeme que la puedes regar. Te puedes echar tierra encima y de ello ya no te puedo sacar.
Pero bueno, pues vamos a darle si quieres. Me imagino que trajiste las fotos y las demás cosas. Ponlas ahí en la mesa.
Aquella mujer empezó a hacer un amarre. Le llevé una fotografía mía y también una de Gerardo. Le llevé canela, miel y algunos otros accesorios.
Con esto, la señora hizo un amarre, los metió en una bolsita, les puso miel, canela y no sé qué tantas cosas más. cosas que yo no sé de brujería, pero que ella ella sí las conocía muy bien. Y al final la mujer me entregó aquello y me dijo muy seriamente, [música] "Pues bueno, muchacha, esto ya está.
Llévatelo a tu casa, entiérralo en tu jardín. Este trabajito es poderoso y créeme que ese muchacho se va a enamorar de ti y ya no va a tener ojos para otra mujer. Así que cuídalo bien y trátalo bien, porque si lo haces al revés, si al final te arrepientes, créeme que lo vas a pagar muy caro, porque hay energías de por medio en todo esto y siempre estarán vigilándote, esperando a que cometas un error para restregártelo y hacer que te arrepientas toda la vida.
Por ahora, por mi parte es todo, así que anda, ve y disfruta tu nueva felicidad. Me fui muy contenta a casa junto con mi prima. En cuanto llegamos enterré a aquello y ya posteriormente me tomé un cafecito junto con mi prima.
Platicamos al respecto. Después ella se quedó a dormir conmigo y al día siguiente regresé al trabajo. Estaba emocionada viendo cuándo es que podían haber los primeros resultados.
Y estos, créanme, que no tardarían mucho en ocurrir. La cosa es que las circunstancias estaban de nuestro lado. Si había una capacitación que tomar, siempre me mandaban junto con Gerardo.
Si había que salir alguna junta y mismo en la ciudad, siempre iba junto con Gerardo. Pero [música] aquí fue donde la cosa empezó a cuajar, porque entre cafecitos, tecitos y algún trago, terminamos nuevamente enredados en una habitación haciendo el amor como locos. Pero aquella ocasión toda la iniciativa la tuvo Gerardo y mientras me hacía el amor, él me decía al oído, "Últimamente no he dejado de pensar en ti, Julieta.
Te tengo bien enterrada aquí en mi alma, en mi corazón. Necesito abrazarte, sentirte cerca. Eres una fuerte adicción.
No sé qué me está pasando, pero siento que ya no puedo vivir sin ti. Incluso hasta me atrevería a pedirte a que te casaras conmigo ahora mismo. Parece una locura, pero te lo digo en serio.
Para mí esto no es un juego. Por favor, Julieta, si esto va en serio, concédeme el placer de que seas mi esposa. Yo estaba muy emocionada y le dije que sí mientras me entregaba a él, a su cuerpo y a su alma.
Aquello fue tan rápido. Dos semanas después preparamos todo y nos casamos a lo civil. Dos meses después nos casamos por la iglesia en una boda bastante sencilla.
Gerardo en ese momento todavía no le iba tan bien y por ello es que fuimos modestos. Pero de que yo lo amaba, ya lo amaba y lo quería para mí, solo para mí. La cuestión aquí es que ya estando casados, Gerardo empezó a tener mejor percepción en su negocio.
Por tanto, dejó el trabajo en la oficina. Por esta razón es que yo le pregunté si mejor yo podía quedarme en la casa, dedicarme por completo a las labores domésticas para poder atenderlo bien, para que cuando llegara a tenerle su cena, su casita limpia, todo como Dios manda. Gerardo me dijo que sí, que si eso me hacía feliz, entonces yo podía quedarme en casa sin trabajar.
Pero eso no significa que estaría de floja, porque yo sí le entraba al queha hacer. Con gusto le lavaba los trastes, la ropa, lo atendía, le hacía de comer a como yo sabía y fui aprendiendo recetas. Créanme que me esforcé por ser una buena ama de casa, pero lo mejor es cuando él llegaba.
nos poníamos a cenar, a ver la tele, a tomarnos un trago en el jardín, pero sobre todo cuando hacíamos el amor. Teníamos intimidad tres o cuatro veces a la semana. Aquello era fantástico.
Me encantaba mi marido. Yo estaba orgullosa de él. Yo era una mujer completamente fiel y leal.
Y yo sabía que él también. Para mí era como vivir un sueño, porque de verdad lo amaba. Yo sentía que él era el hombre de mi vida y aunque sé que lo atraje mí a la mala, en aquellos momentos yo no sentía culpa, solo cabía la emoción de la felicidad en mi mente y en mi [música] corazón y por eso quizá es que me cegué un poco de la realidad, pero poco a poco con el tiempo, como era normal en cualquier pareja.
La cantidad de veces que hacíamos el amor a la semana fue disminuyendo poco a poco y no fue por mí. Yo me di cuenta de que Gerardo como que empezaba a bajarle su deseo o su atracción hacia mí. Me venía a la mente la canción esa de José José, donde dice que hasta la belleza cansa.
Y yo que era tan bonita, me empezaba a sentir frustrada de pensar que mi marido ya se había aburrido de mí y que con el pasar de los años él me cambiaría por otra mujer, por alguna otra que fuera más joven, más fresca de corazón, más bonita. Al principio esta idea como que no me gustaba mucho, me daba miedo de hecho, porque también ya pasados casi 2 años yo quería tener hijos, pero Gerardo me decía que debíamos esperar. Aún estábamos lejos de cumplir 30 años y él quería esperarse hasta que los cumpliéramos.
decía que debíamos disfrutarnos, viajar un poco, echar a andar su negocio para tener lo suficiente en el patrimonio para no andar batallando. Yo consideraba esa como una decisión muy madura, así que seguí por aquel camino junto a él. Pero ahí, mientras iba disminuyendo su deseo hacia mí, de repente entró una tercera a la jugada, una que no me caía nada bien y su nombre era Fátima.
Fátima se convirtió en la secretaria de Gerardo en aquella empresa que él había montado. Le empezaba a ir bien y ya empezaba a ganar mejor. Ya estábamos a punto de cambiarnos de casa.
Pero lo malo es que a donde quiera que tenía que viajar Gerardo tenía que llevarse a la tal Fátima. Pero esto, esto yo no me lo iba a quedar así. Yo tenía que investigar qué estaba pasando, saber si me estaba engañando, porque la mujer era muy guapa.
Gerardo no me platicaba mucho de ella, solo me platicó cuando la contrató. Me dijo que era muy eficiente, que esa mujer Fátima estaba comprometida y se iba a casar con un muchacho, pero yo sabía que si la tal Fátima conocía bien a mi Gerardo, seguro se iba a obsesionar, me lo iba a querer arrebatar, no importando que él estuviera casado y ella comprometida. Me di la tarea de investigarla en las redes sociales.
Quería saber quién era, dónde vivía y quién era su prometido. Honestamente, cuando descubrí aquello, la mujer sí era muy guapa, no tanto como yo lo reconozco, pero su marido sí era feo. Era un afortunado que se había quedado con el corazón de una bella mujer.
Y por esto es que mi marido tenía el perfil perfecto para reemplazar a aquel tipo. Por ello es que empecé a ponerme manos a la obra para buscar que aquella mujer fuera despedida y para esto iba a recurrir a la brujería. Lo estuve pensando durante semanas y también un par de meses.
Yo no sabía si era la decisión correcta buscar hacerle daño a alguien con brujería solo por celos. Pero también es que me daba coraje que cada vez más noches mi marido llegaba tarde, tenía esas dichosas juntas con su secretaria. A veces salían de viaje una o dos noches y me acordé exactamente de que mi marido y yo nos enamoramos en un viaje de esos, [música] que hacíamos el amor y yo me imaginaba que él se acostaba con la tal Fátima, que le hacía el amor como a mí, que le dedicaba palabras al oído y sobre todo que le provocaba un gran placer.
Yo sentía que esa mujer en cualquier momento me lo podría arrebatar, pero solo faltaba la gota que derramara el vaso para que así yo tomara la decisión. Fue para una temporada navideña. Mi esposo andaba muy raro, como muy deprimido.
Se le veía con la mirada perdida, como si anduviera pensando en mil cosas o quizá en otra mujer, menos en mí. Y por ello es que yo ya no sabía qué hacer, qué decir. Me dolía en el alma la distancia, porque él siempre quería estar solo, se encerraba en la habitación y prácticamente durante un mes no hicimos el amor.
Para mí nuestro matrimonio ya estaba acabado. Mi marido me cerraba casi la puerta en la cara, no me quería dar explicaciones y yo no sabía qué hacer, cómo resolverlo. Por más que intenté [música] revisarle el celular, él tenía sus contraseñas.
Por más que traté de indagar en la vida de aquella mujer, no obtuve mucha información, así que tenía que hacer las [música] cosas a mi modo. Y por ello es que volví con la señora Trinidad para que me ayudara con la brujería. Le llevé una fotografía de Fátima y con la cara agachada fui a pedirle ayuda.
Aquella vez la señora Trinidad como que no le alegró mucho verme, pero llevaba yo un buen dinero. Se lo puse en la mesa. Señora Trinidad, le voy a pedir otro favor.
Por favor, no me juzgue y no me haga preguntas. Lo único que quiero [música] es que a la mujer de esta foto le haga daño, que la saque del camino. Está queriendo enamorar a mi esposo y eso yo no lo puedo permitir.
Yo sé que usted le hizo brujería a mi marido para que solo tuviera ojos para mí y no para ninguna otra mujer. Por ello es que quiero asegurarme de que así sea. Quiero sacar a esta tipa del camino.
La señora Trinidad como que no le gustaba mucho la idea, pero vio el fajo de billetes [música] y entonces, muy decidida, me dijo, "Yo no sé a qué juego estás jugando, muchacha, pero bueno, al final tú eres la que pagas, pero si algo sale mal, también pagarás las consecuencias. [música] Ya te había dicho que la brujería no es para jugar, pero si ya has tomado la decisión, pues entonces vamos ahí, déjame la fotografía y lo demás. De esto yo me encargo.
No quiero que veas el procedimiento. No se te vaya a ocurrir hacerlo por tu cuenta y entonces ahí sí me iría mal a mí también. Así que dime, ¿qué es precisamente lo que quieres que le pase a esa mujer.
Estoy a tus órdenes y quiero saber de qué forma te quieres manchar la conciencia. Anda, dime si solo quieres darle un susto o quieres que se muera. Con mi sola mirada, la señora Trinidad supo lo que yo quería.
Y en el fondo yo quería que esa tal Fátima incluso hasta se muriera. Yo le tenía mucho coraje. Me sentía como una perra rabiosa defendiendo mi territorio, a mi hombre y mi patrimonio.
Me marché de ahí sin expectativas. Ya una vez había funcionado la brujería de la señora Trinidad y sabía que otra vez funcionaría, pero no tenía la idea de qué tan fuerte sería el impacto de lo que pudiera venir. Por ello es que todos los días tenía que tomarme algún tipo de pastilla para dormir porque por las noches yo estaba con la ansiedad, con la tristeza, tenía miedo, incluso no sabía qué iba a pasar.
Pero cuando finalmente aquello pasó, créanme que fue peor de lo que me imaginé. Fue una noche que llegó mi marido muy asustado. Él estaba temblando.
Cuando le pregunté qué había pasado, él llorando me dijo, "Acaba de pasar algo terrible, Julieta. Ni siquiera lo puedo creer. Resulta de que Fátima, [música] mi secretaria, venía de un viaje junto con su prometido y lamentablemente el tipo perdió el control del vehículo.
como si le hubiera fallado algo, pero al final se salieron de la carretera. Iban muy rápido y terminaron estampándose entre unos árboles dentro de una zanja. Aquello fue muy fuerte cuando me llamaron sus familiares para avisarme.
Tuve que ir rápido a ver qué pasaba y créeme que jamás había visto algo tan horrible, algo tan espantoso. No sé qué hacer. Regálame uno de tus calmantes.
Necesito tranquilizarme [música] y descansar un poco. Le di una pastilla a Gerardo. De inmediato se fue a acostar y se quedó muy dormido.
Se le veía mal, pero yo por dentro sabía que estaba mal porque estaba enamorado de esa mujer y ya muerta. Estaba sufriendo por su pérdida. Sabía que se le había roto el corazón al miserable y por ello es que no me dolía que esa mujer hubiera muerto de esa forma.
tan trágica. Me daba un poco de pena por el hombre. Él no tenía culpa de nada, pero al final la brujería había tenido efecto y yo sabía que había triunfado, que la cosa ya estaba controlada y que yo seguiría mandando en el corazón de Gerardo.
Fueron pasando los días y mi marido le guardaba un luto a esa mujer. Me daba rabia porque seguramente me ocultaron ese amor. Yo sabía perfectamente a través de mi intuición.
que algo hubo entre ellos y que seguramente en caso de contratar otra secretaria sería el mismo cuento. Por ello es que tenía que ponerme muy inteligente, [música] estar muy al tanto de todo, porque yo no iba a permitir que nadie se interpusiera en mi camino. Créanme que en esos días mi marido y yo ni nos tocábamos.
Apenas nos dábamos un beso de [música] buenos días y buenas noches, yo me miraba el espejo. Lucía completamente espectacular. No entendía cómo un hombre como Gerardo podría rechazarme.
Podría hacerme a un lado como si fuera un mueble viejo. La verdad es que se me salían las lágrimas. [música] Yo extrañaba sus caricias, sus besos, que me hiciera el amor hasta reventar en placer, pero eso ya no existía.
Y los siguientes meses prácticamente era raro si lo hacíamos o no, hasta que llegó un [música] punto, un punto crítico en el cual yo ya no pude más y se lo tuve que expresar. Aquella mañana, antes de que se fuera a trabajar, yo comencé a llorar mientras le servía el desayuno. Gerardo me preguntó qué me pasaba.
¿Que qué me pasa, Gerardo? ¿Que acaso no te das cuenta? Hace meses que ya no me tocas.
Ya no me dices que me amas y apenas si me besas con desprecio. Dime qué está pasando. Mejor dicho, ¿por qué no te asinceras conmigo y me confiesas que tenías un romance con esa tal Fátima, porque no es casualidad que desde que ella [música] murió, mírate cómo estás, estás destruido.
Siento que la amabas y que a ella le hacías el amor, ese amor que a mí ya no me hacías. Ya, por favor, dime la verdad, Gerardo, ¿qué te está pasando? Gerardo también comenzó a llorar.
Se notaba que se estaba guardando algo y cuando empezó a hablar realmente, créanme que terminé impactada. Si me está pasando algo, Julieta, algo muy delicado. Y sí, si tiene que ver con mi amor hacia ti.
Honestamente debo confesarte que siento que te amo, pero no sé, es algo que no me cuadra. Me gusta estar mucho contigo. Disfruto hacerte el amor, pero aún así siento un vacío.
Y es que hay cosas que tú no sabías de mí, Julieta. Cosas que mucho tiempo oculté a ti, a mi familia, al mundo. Y respecto a Fátima, estás muy equivocada.
Yo nunca te engañé con ella, nunca estuve enamorado entre ella y yo. Nunca hicimos el amor, siempre fue una relación muy respetuosa. Pero sí debo confesarte que te fui infiel.
Eso es una realidad. Pero aquí la cuestión es que no fue con Fátima. En realidad te fui infiel con mi socio Jacobo.
Aquello que estaba escuchando me paralizó el corazón. No podía creer lo que Gerardo me decía. ¿Cómo que me había sido infiel con un hombre y no con una mujer?
No con la tal Fátima. Yo necesitaba una explicación y Gerardo me la dio. De hecho, ¿recuerdas la primera vez que lo hicimos en aquel viaje, Julieta?
Yo aún en ese tiempo estaba un poco confundido. Ya había tenido relaciones con alguno que otro hombre, pero esa vez sí, la verdad es que me dejé llevar. Por eso después me alejé.
Por ello, después ya no quería nada contigo, porque en el fondo yo sabía que tú como [música] mujer no me gustabas y no me gustaba ninguna otra mujer. Ya después que nos casamos creí que estaba equivocado, pero enseguida, [música] cuando se integró Jacobo como socio a la empresa, la verdad es que él también es como yo y ahí se fueron dando las cosas. No te puedo decir más.
Lamento que hayas pensado otra cosa con Fátima. Pero ella, créeme que es completamente inocente. Ella ahora [música] descansa en paz.
Y no me gusta hablar mal de la gente que no se puede defender, de la gente que ya trascendió. [música] Creo que es buen momento para que nos divorciemos, ¿no crees, Julieta? No tenemos hijos, no tenemos nada que nos ate.
De mi parte te voy a dar una buena indemnización. Siento que es lo justo, pero de alguien más no puedo ofrecerte más cosa. Comencé a llorar.
Gerardo se acercó a mí, pero le quité la mano y le dije que no se acercara. Por favor, aléjate, Gerardo. Me das asco porque me engañaste de esta forma.
Mira nada más en lo que me has convertido. En una mujer triste y aplastada. Me has destrozado el corazón.
No quiero tu dinero, no quiero nada. Lo único que quiero es no volver a verte nunca más. Créanme que en ese momento lo que más me dolía era que había matado injustamente a una mujer con brujería, todo porque había sido cegada por los celos.
Por mi experiencia, creí que todas las mujeres eran como yo, que engatuzaban a un hombre en los viajes de negocio, pero la tal Fátima resultó ser una inocente. Y la [música] verdad es que hasta la fecha me pesa la culpa de su muerte. Al final terminé perdonando también a Gerardo.
[música] Respeté lo que él quería de la vida y le firmé el divorcio sin pedirle un centavo. Aún así, él insistió en darme algo y terminé aceptándolo. Con eso reinicié mi vida.
Pero créanme, el karma es duro y siempre se paga. Y en mi caso no iba a ser la excepción. Ya había pasado tiempo de Gerardo ya no sabía nada.
Lo último que supe es que le estaba yendo muy bien en su empresa y sobre todo en su relación con aquel tipo. Eso ya no [música] lo quería yo saber. Yo estaba tratando de olvidar todo aquello, de hacer como que no había pasado nada, de que aquella muerte que cobré con brujería simplemente no existió.
Esto era la forma en la que yo trataba de vivir pacíficamente, pero Dios, la vida y el karma al final terminan poniendo todo justo en el lugar que debería estar. Un par de años después conocí a Rubén, un hombre que me parecía bastante carismático, todo un galán. Yo sentía que no quería comprometerme con alguien hasta conocerlo bien.
Sin embargo, con Rubén salía mucho a los bares, salía mucho a pasear, nos poníamos unas buenas borracheras y hacíamos el amor desenfrenadamente. Yo quería disfrutar y en aquellos momentos en sus brazos, mientras lo hacíamos, yo trataba de sacar la culpa y el rencor, el miedo y todas aquellas emociones tan horribles que llevaba en mi pecho. El único problema que tenía con Rubén es que él tenía una adicción al polvo.
Ya saben, él de pronto se metía al baño, se metía aquello también en la nariz y después salía convertido en otro. A veces salía convertido en alguien muy alegre que quería divertirse. Esa faceta me gustaba, pero a veces había facetas de él que eran todo lo contrario.
Después de que salía del baño, él salía convertido en algo más, en un monstruo, uno dispuesto a destruir. Y lamentablemente, muchas veces lo único que había cerca yo. Por eso es que un par de ocasiones él me había golpeado, me había dejado la cara completamente amoratada y yo por tonta sentía que aquello era el pago que debía cubrir por la muerte que había provocado.
Yo sentía que mientras más me golpeara Rubén, yo saldaba aquella cuenta con Dios con la vida. Pero un día a Rubén se le pasó la mano y aquella noche, en un ataque de celos el después de haberse metido aquel polvo, recuerdo que cuando llegamos a su departamento empezó a golpearme de una forma brutal y al final él sacó una navaja y yo estando casi inconsciente [música] y muy borracha empezó a cortarme la cara. Sabes que te quiero mucho, Julieta, pero también esta belleza que posees es una maldición.
Todos los hombres te voltean a ver. Todos quieren acostarse contigo y yo no estoy seguro si no les has hecho caso. Me pregunto cuántos hombres habrás llevado a tu cama por tener esta cara.
Pero eso ya se acabó. Ahora vas a ser mía, solo mía. Me aseguraré de que nadie te voltee a ver y quien lo haga te mirará con asco, con repudio y entonces solo te quedará venir a mis brazos, porque yo aquí siempre te recibiré.
Porque estas marcas serán mi prueba de amor y también lo serán, la prueba de tu lealtad. Yo seré el único hombre con el que podrás estar. Y así será por hoy y por siempre.
Aquel día después de hacerme los cortes, yo casi inconsciente no más recuerdo que después, al ver cómo brotaba la sangre es que Rubén se arrepintió, llamó a una ambulancia y él escapó. Cuando me llevaron, me intervinieron y me metieron una gran cantidad de puntos para suturar. Aquella fue una noche triste y trágica, porque toda la belleza que yo poseía se esfumó.
Hasta hoy mi cara está llena de marcas, de cicatrices. Aquellas me recuerdan la culpa y todo el pecado que he cometido en la vida. Al final, esos maltratos que Rubén hizo hacia mí jamás curaron mi dolor.
Jamás curaron aquella falta de conciencia, tal y como me lo había advertido la señora Trinidad. Tuve que dejar a Rubén. Hice conciencia de que no me convenía y que si yo tenía que pagar tenía que hacerlo de otra forma.
Empecé a trabajar en un orfanato, ayudando niños, también en asilos, apoyando ancianos, recolectando víveres y demás cosas. Creo que haciendo el bien, aunque sé que eso no me garantiza el cielo o el perdón de Dios, pero al menos puedo hacer feliz la vida de otra gente. Estoy arrepentida de haber utilizado la brujería.
Yo creí que era el camino correcto con el cual mi exmarido no se fijaría en otra mujer, pero al final él era de otros gustos. Por ello es que otro hombre le llenó el ojo. Pero ni qué decir.
La vida nos pone muchas trabas, nos da sorpresas y miren, cada quien está donde debe de estar. Después supe que a Rubén lo metieron a la cárcel porque golpeó a otra mujer. Lo hizo en la vía pública y de ahí no se pudo salvar.
No sé cuántos años le dieron, pero ahí se va a pudrir un buen rato. Yo sigo aquí viviendo triste, pero tratando de resarcir el daño. Mientras tanto, de Gerardo no sé mucho.
Debe estar feliz y siendo exitoso. Ese era su destino. Y ya no puedo decir más.
Esta historia me pesa contarla. Es un dolor constante que llevaré hasta el día de mi muerte. No sé en qué momento fui tan débil, fui tan insegura para poder utilizar la brujería para poder facilitarme la vida.
Ya la belleza me lo había facilitado y quizá por eso no aprendí a entender el valor de esforzarse por cada cosa, por tener a una persona, por cuidar una amistad, un amor. Pero en fin, lo hecho hecho está y aunque me arrepienta, ya nada podrá cambiar porque al final todo en mi vida, todo lo que he querido, ha sido destruido por usar brujería.