Le hemos hecho una pregunta al historiador y filósofo Yuval Noah Harari. Vamos a ver lo que dice. Una de las grandes preguntas en la historia es por qué los hombres dominan a las mujeres.
Para mucha gente es evidente: los hombres son más fuertes físicamente. Pero esa respuesta no tiene sentido porque en la sociedad humana el poder depende más de las habilidades sociales que de la fuerza física. Entender lo que piensan los demás y llegar a acuerdos con ellos o manipularlos es la auténtica clave de la dominación social.
¿Cómo se convierte uno en presidente o en papa? No a base de darle una paliza a los demás candidatos, sino construyendo una amplia coalición de simpatizantes. Incluso, en el crimen organizado, el pez gordo no es necesariamente el más fuerte.
Suele ser un anciano que rara vez se mancha las manos. Convence a los hombres más jóvenes y fuertes para hacer el trabajo sucio. Es decir, la fuerza muscular tampoco explica la dominación masculina.
Otra teoría muy común es la de que los hombres dominan a las mujeres porque las mujeres necesitan mucha ayuda durante el embarazo o para criar a los hijos, mientras que los hombres pueden dedicarse a competir por el liderazgo. Pero entre otros animales, como los elefantes, las dinámicas en las que las hembras necesitan ayuda y los machos se centran en competir, dan lugar a sociedades matriarcales. Las hembras de elefante necesitan ayuda para cuidar a las crías, por lo que desarrollan habilidades sociales y tejen redes de amigas.
Los machos, mientras, se centran en pelearse entre ellos. Las sociedades de elefantes acaban siendo dirigidas por sólidas redes cooperativas de hembras, mientras que a los machos, egoístas y poco colaboradores, se los deja al margen. Si es así con los elefantes, ¿por qué no sucede con los humanos?
No hay ninguna base científica para justificar la desigualdad entre hombres y mujeres. Quería preguntaros primero a vosotras si alguna vez os habéis sentido discriminadas como mujeres. Sí, yo creo que, desde siempre, desde las cosas más chiquitas a las cosas más grandes.
He sentido esto desde la parte en la que. . .
Yo me acuerdo que, de pequeña, mi papá me decía: "No puedes jugar a cosas que tengan que ver con balón, porque te vas a lastimar las piernas y las piernas de las mujeres han de estar sin moretones ni nada". O también la parte cuando tenía que elegir la carrera. Yo estudié Economía y Derecho.
"Hay carreras de hombres. Las matemáticas y las leyes son de hombres". En mi país la inseguridad es uno de los temas más fuertes que tenemos y el no poder salir a la calle.
. . Tienes que estar consciente, estar viendo todo porque en algún momento te pueden secuestrar, te pueden violar, te pueden tocar en las fiestas, sentir las miradas de todos, el no poder utilizar la ropa que tú quieres porque las miradas van a estar siempre.
Está la discriminación de que un hombre lo puede hacer y una mujer, no. Son cosas tan pequeñas que vives por el solo hecho de ser mujer, todos los días. Una vez fui a comprar una moto y me la pintaron desde el principio: "Sí, sí, esta es una moto de chica perfecta para ti, es una moto de chica".
Y llega mi novio para verla él también y el señor que había hablado todo el rato conmigo de un momento a otro empezó a ignorarme y a describir cómo funciona el motor, que la moto de chica es perfecta para mí, hablándole a él. Son cosas muy inconscientes y que suceden en el día a día y que, si no te deconstruís y no ayudás al otro, o al hombre, a ver que lo que está haciendo es un acto machista, tal vez no se dan cuenta, pero porque ya viene en los genes. Por ejemplo, en mi casa los domingos, en los asados familiares que se hacen en Argentina, las mujeres preparan las ensaladas, ponen la mesa, sacan la mesa, lavan los platos, secan los platos.
. . Y ves a mis tíos, a mis primos, que son chicos, que tienen nueve años, que se van y se sientan en el sofá a ver un partido de fútbol mientras estamos todas las chicas levantando.
Y yo eso lo empecé a notar desde chica y un día me harté y dije: "Tenemos que levantar la mesa entre todos. Porque si es un asado familiar, algo que se comparte con la familia, es la misma familia la que después tiene que ayudar a que esa casa en donde se hizo el encuentro familiar quede igual a cómo estaba". No es algo solamente de las mujeres.
Por ejemplo, en mi caso, mi mamá es el pilar no solo mío, sino de la familia en sí. Ella es médica clínica. Ella nació en la pobreza y logró recibirse en la UA, que es la universidad, digamos, la mejor, supuestamente, de Argentina.
Y yo a veces no entiendo cómo se llega a discriminar a la mujer, o sea, no entiendo. Perdón que lo diga así, pero es una mierda tener que pensar. .
. Tengo muchas amigas que tienen miedo de salir a la calle, no pueden ni salir a la esquina porque les puede llegar a pasar algo. Al hombre eso claramente no le pasa.
Existe un privilegio del hombre y al final creo que es porque, históricamente, siempre ha sido el protagonista de la historia humana. Hay una cultura que facilita que los hombres tengan mejores accesos y se les den más facilidades que a las mujeres. En algunas cosas, sí y en otras, no, porque.
. . Por ejemplo, en el trabajo, para migrantes, más que todo.
Hay mucho trabajo para chicas, para mujeres, en lo que es limpieza. . .
Y para los hombres es muy complicado. No creo que lo pueda generalizar a todos los hombres, pero sí creo que el ser hombre da un punto extra en esta carrera por conseguir ciertos derechos o ciertas oportunidades. Puede que lo tengan un poco más fácil.