Estados Unidos y China, las dos principales potencias del mundo, se disputan la supremacía económica mundial. Y así como la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética se disputó en distintos escenarios, uno de los terrenos de esta batalla es Latinoamérica. Pero es una costienda que Estados Unidos parece no querer o no poder librar, ya que la región que durante el siglo XX fuera considerada su patio trasero desafía los límites de la geografía y se acerca mucho más a China que al vecino del norte.
Hemos decidido dar un paso al frente profundo entre China y América Latina. La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca parece haber acelerado el proceso que lleva décadas gestándose. Mientras que desde Washington llegan amenazas, aranceles y sanciones.
Pekin se acerca con inversiones y préstamos a todos los países que lo necesiten. Para muchos analistas, sin embargo, la mano tendida de China trae condicionamientos que podrían ser peligrosos a largo plazo. Por eso, en esta edición de Plaza Frankfurt nos preguntamos, ¿qué consecuencias pueden tener en las economías latinoamericanas que la batalla de dos gigantes se libre en nuestros territorios?
Comenzamos. [Música] Estados Unidos y China son con gran diferencia las dos principales economías del planeta. Según datos del Banco Mundial, el producto bruto interior medido a precios constantes es de 22,7 billones de dólares en los Estados Unidos y de 18,5 billones en China.
Pero el gigante asiático también se denomina gigante porque tiene 100 millones de habitantes. En términos de población, China representa más de cuatro veces el tamaño de los Estados Unidos. Y haciendo una simple cuenta, podemos notar que el ingreso promedio de cada estadounidense más que quintuplica al del ciudadano chino medio.
El gráfico que recién te mostrábamos habría que completarlo con este para tener la película completa. A esto podemos agregarle otro dato contundente. El superáit comercial de China fue en 2024 equivalente a 2,8 puntos de su producto bruto interno.
En ese mismo periodo, Estados Unidos tuvo un déficit de 3,1 puntos del PIB. ¿Y qué nos dice esto? que mientras Estados Unidos vive consumiendo más de lo que produce y que necesita comprarle al mundo, China produce mucho más de lo que necesita y basa su prosperidad en venderle al mundo.
Estados Unidos es un mercado muy apetecible porque es un mercado con amplia capacidad de pago, que no compite incómodamente con bajos costos como si los chinos. Bueno, hasta este punto, Estados Unidos suena como el cliente perfecto. Sin embargo, la evidencia muestra que el supuesto cliente perfecto fustiga a sus proveedores.
En este contexto apareció un nuevo cliente. Bueno, en realidad no es tan nuevo porque China lleva siglos siendo cliente de países como México, pero desde la distancia y avanzando por la exruta de la Seda se transformó en un cliente sin el cual las economías de la región hoy no serían viables. Lo que ha irrumpido es la influencia de China, tanto convirtiéndose en un gran mercado para exportaciones de países latinoamericanos, como en algunos países como proveedor de inversiones o de asistencia financiera.
Un informe de la Comisión Económica para América Latina, la CELAC, muestra que desde comienzo de este siglo, la gran mayoría de los países de la región enviaban a China menos del 5% de sus exportaciones. 15 años más tarde, las exportaciones al gigante asiático representan más del 20% de las ventas en países como Chile o Perú. Según cifra del gobierno chino, en 2024, el comercio entre China y la región alcanzó un récord de 518,000 millones de dólares.
Una cifra que muchos analistas esperan que siga creciendo en la próxima década. China es el principal socio comercial de América del Sur. Brasil, Chile o Perú logran importantes superhábit comerciales con su socio asiático.
Una situación diferente a la que vive México, que es comprador neto de productos chinos que forman parte de la cadena de producción de muchos bienes que luego son exportados a los Estados Unidos. Por eso la Casa Blanca afirma que los productos chinos utilizan el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, conocido como Temec, para exportar aluminio a Estados Unidos. vía México.
Una especie de triangulación como la que suele hacer China usando también a países de la región Asia Pacífico. Y obviamente la presidenta de México, Claudia Shainbound, elige privilegiar la relación con ese socio que le compre el 80% de sus exportaciones. Siempre vamos a buscar pues lo mejor para México en este momento.
Entonces, esta es la respuesta que queremos dar y que sepan que está abierta la puerta de las pláticas con el gobierno de los Estados Unidos. Estados Unidos tiene mayor o menor influencia en la región según el país del que se trate. Tiene una enorme influencia en México, más influencia en el Caribe y en Centroamérica.
El presidente Donald Trump amenazó a Panamá con retomar el control del canal por la creciente influencia de las empresas chinas en el país. Hace décadas le cedimos el canal a Panamá, no a China, argumentan. Hay una problemática por el acceso de China en sectores estratégicos como los puertos.
Y lo último ejemplo que vimos fue con el canal de Panamá. El gobierno de José Raúl Mulino se apresuró a retirar a su país de la nueva ruta de la seda. No pasó nada con esa bendita iniciativa de la, ¿cómo es?
De la franja y la ruta. Así que no, no de la seda, perdón. No, no hay no hay nada ahí sobre eso.
Simplemente nos salimos del problema y ya. Estados Unidos parece no querer que China pise fuerte en su vecindario y China es un socio clave para Sudamérica y en especial para el Merco Sur. Por eso no es de extrañar que el presidente de la Argentina, Javier Miley, cuando estaba en campaña dijera esto en una entrevista con la agencia Blomberg.
Yo no promovería la relación con comunista, ni con Cuba, ni con Venezuela, ni con Corea del Norte, ni con Nicaragua, ni con China. Pocos meses después, ya como presidente aseguró que se había sorprendido gratamente con China porque era un socio comercial que no ponía exigencias. China de alguna manera mantiene también una política aparentemente es más pragmática que le sirve a a sus intereses y no necesariamente hay una distinción entre países de izquierda o derecha por parte de China.
La ventaja que tiene China para países como la Argentina es la complementariedad. Argentina es un país agroexportador. El 60% de las exportaciones argentinas son de origen agropecuario, sea como producto primario o sea como producto manufacturado.
Y Estados Unidos es un competidor en materia agropecuaria. Colombia, por su parte, pasó de ser un aliado estratégico de Estados Unidos a chocar con la Casa Blanca, como lo expresaba Gustavo Petro en sus redes sociales. Colombia, en un cambio de rumbo histórico se aleja de Estados Unidos, pero decidí meter a Colombia en la ruta de la seda porque no nos insultaban allá ni nos amenazaban.
Y China ya tiene su propia puerta de entrada a Latinoamérica. La construcción del puerto de Chancay en Perú fue financiada a través de la empresa Costco Shipping Ports. El puerto es el nuevo ingreso que permitirá incrementar el comercio con la región, acortando la ruta comercial entre Asia y Sudamérica, algo que redunda en una importante reducción de costos logísticos.
El puerto puede recibir y almacenar hasta 1 millón de contenedores cada año. La conocida como ruta de la seda ya está entre nosotros. También está en cuanto al uso de las tecnologías, de cómo Huawei va entrando en la red de internet de 5G.
Y mientras el comercio entre China y América Latina crece a un ritmo vertiginoso, ¿qué hace Estados Unidos? Un informe presentado por Standar and Purs en agosto muestra que en la última década las inversiones de Estados Unidos en el llamado sur global, que además de Latinoamérica incluye al sudeste asiático y a Medio Oriente aumentaron un 28% en una década. ¿Te parece mucho?
Y si te dijera que en el mismo periodo las inversiones europeas en el sur global aumentaron 58% y las inversiones chinas se duplicaron, ya no parece mucho, ¿verdad? Si pudiéramos detener el video en este punto, a diferencia de nuestra primera conclusión, ahora llegaríamos a una radicalmente opuesta. China parecería ser el socio perfecto y Estados Unidos uno que se está perdiendo una gran oportunidad.
Pero espera, no nos apresuremos, démosle play nuevamente al video y analicemos la relación con China desde otro punto de vista. Y si te dijera que China tampoco es un socio tan amigable como parece, como un capitalismo tutelado por el estado que es, tiene en la economía la influencia de la política. Estados Unidos advierte a los países de la región sobre la creciente dependencia de los principales países con la segunda economía del mundo.
América Latina en algunos sectores empieza a sufrir también un problema que desde hace un tiempo aqueja Europa. China tiene importantes excedentes de producción, dado que su demanda interna crece a un ritmo mucho más moderado que el de la fabricación de bienes, impulsada por subsidios y ayudas estatales. Los intereses de China Latinoamérica se concentran en los recursos naturales y en productos primarios.
Aunque las estimaciones varían, algunas indican que hasta el 90% de las inversiones chinas se destinan a la extracción de recursos naturales con escasa o nula transferencia de tecnología y conocimientos técnicos. Esto lo muestra un informe de la fundación Friedrich Ebert que señala que además de la retórica de cooperación la relación entre ambos es bastante desigual. En los acuerdos se suele imponer la contratación de empresas chinas como proveedores de bienes estratégicos en los proyectos.
Estas terminan vendiendo su socio latinoamericano maquinaria e insumos claves sobre los que China había verificado previamente que tenía un exceso de producción y es un prestamista que asiste a gobiernos en problemas. Pero, ¿qué puede significar deberle mucho dinero a China? es con el tema, por ejemplo, que hace con el uso que hace China o que podría hacer China de los créditos y aún y hay un caso icónico es el el de Venezuela, que Venezuela durante todos estos años ha recibido más de 60,000 millones eh de dólares en préstamo.
Es decir, que podríamos concluir que ni Estados Unidos ni China son en sí mismo el socio perfecto para la región. Más bien, Latinoamérica corre el riesgo de ser un medio con el que cada uno de estos gigantes busque ganarle terreno al otro. En este contexto, la decisión más inteligente parece ser la de tener ambas puertas abiertas.
Pero, ¿tú cómo lo ves? ¿Podrán los principales países de la región hacer valer su soberanía y mantenerse equistantes de ambos contendientes aprovechando lo mejor que cada uno ofrece? Amén.