El sonido rítmico del reloj de pared acompañaba el suave tic-tac de mi pluma mientras escribía en mi cuaderno de notas. La luz del sol se filtraba a través de las cortinas de mi consulta privada, creando un ambiente sereno y acogedor. Como profesor de psicología y psiquiatría, había dedicado mi vida a ayudar a otros a navegar los oscuros laberintos de la mente humana.
Aquella tarde no parecía diferente de las demás; había terminado mi última sesión del día y me preparaba para revisar algunos informes antes de marcharme a casa. Me ajusté las gafas y me recosté en mi silla de cuero, permitiéndome un momento de reflexión. Mi vida era tranquila, metódica y, en muchos aspectos, predecible.
Sin embargo, esa misma rutina estaba a punto de ser destrozada de una manera que jamás habría imaginado. Había pasado poco tiempo desde que cerré mi cuaderno y apagué mi computadora cuando escuché un ruido afuera de la consulta. Inicialmente lo ignoré, pensando que sería algún cliente despistado, pero el sonido se volvió insistente.
Me levanté y caminé hacia la puerta, abriéndola solo para encontrarme con dos hombres vestidos completamente de negro. No dijeron nada, simplemente me miraron con una expresión que enviaba escalofríos por mi columna vertebral. Antes de que pudiera reaccionar, uno de ellos me sujetó con fuerza del brazo.
—Doctor Marlow, necesitamos que nos acompañe —dijo con una voz que no admitía réplica. Iba a negarme, pero su agarre era firme y decidido. Sin previo aviso, me sacaron de mi consultorio y me subieron a un auto negro que esperaba en la acera.
El miedo comenzó a apoderarse de mí mientras el auto arrancaba y se alejaba rápidamente; sin embargo, no pude gritar al percatarme de que esos hombres estaban armados y no parecían tener mucha paciencia. El viaje fue corto, pero se sintió eterno. Llegamos a un edificio anodino, uno de esos lugares que no llamarían la atención de nadie.
Me llevaron a una sala de reuniones donde me encontré con un grupo de personas que jamás hubiera esperado ver: altos mandos militares y miembros de la NASA. La gravedad de la situación se hizo evidente al instante. —Dr Marlow —comenzó uno de los militares—, hemos requerido sus servicios debido a su experiencia en psicología y psiquiatría.
Tenemos un caso extremadamente delicado y de carácter ultra secreto. Mi mente iba a mil por hora, tratando de procesar lo que estaba ocurriendo. —¿De qué se trata esto?
—logré preguntar, mi voz apenas un susurro. El militar continuó: —Tenemos a un astronauta traumatizado, el único sobreviviente de nuestra última misión lunar en 1990. Necesitamos que lo trate y obtenga toda la información posible sobre lo que ocurrió durante esa misión.
Sin embargo, debe entender que todo lo que vea y oiga es clasificado y no debe salir de esta sala. No tenía muchas opciones. Acepté la tarea, mi curiosidad y mi sentido del deber superando al miedo.
Me preguntaba qué podía haber sucedido en esa misión para traumatizar tanto a un hombre entrenado para enfrentar lo desconocido. Mientras me llevaban a conocer a mi nuevo paciente, no podía evitar sentir que mi vida había tomado un giro irreversible. Algo oscuro y terrible aguardaba en los recovecos de la mente de ese astronauta, y yo estaba a punto de desenterrar lo.
Al día siguiente fui citado en un edificio secreto. Fui recibido y escoltado hacia un pasillo. La puerta de la sala se abrió con un chirrido metálico y me encontré cara a cara con Michael Collins.
La primera impresión fue impactante. Michael estaba sentado en una silla, con las manos temblorosas y los ojos hundidos, llenos de un terror que parecía haberse arraigado en lo más profundo de su ser. Era evidente que había pasado por un infierno inimaginable.
—Michael, soy el doctor Jonathan Marlow —dije suavemente, tratando de no sobresaltarlo—. Estoy aquí para ayudarte. Él me miró, pero sus ojos parecían vacíos, como si estuviera viendo a través de mí.
Me senté frente a él, observándolo con cuidado. Su rostro mostraba signos claros de estrés extremo y su cuerpo estaba tenso, como si en cualquier momento fuera a desmoronarse. Decidí que la hipnosis sería la mejor manera de acceder a sus recuerdos reprimidos.
Preparé todo el equipo necesario y me acerqué a Michael con cautela. —Michael, vamos a intentar algo que puede ayudarte a recordar y a aliviar parte del dolor que sientes. ¿Confías en mí?
Él asintió lentamente y procedí a guiarlo hacia un estado de hipnosis. Su respiración se volvió más lenta y regular mientras caía en un trance profundo. Era el momento de empezar a desenterrar los horrores ocultos en su mente.
—Michael, quiero que te relajes y te transportes a esa misión lunar con tus compañeros. Cuéntame qué ocurrió desde el principio. En su estado hipnótico, Michael comenzó a relatar su experiencia.
Su voz era un susurro, pero cada palabra estaba cargada de emoción y terror. —Despegamos el 12 de junio de 1990 —comenzó—. Todo parecía normal al principio.
Aterrizamos en la luna según lo planeado y comenzamos a explorar la superficie. Teníamos órdenes de buscar algo, pero nunca nos dijeron exactamente qué, solo que cualquier anomalía debía ser reportada y cualquier objeto extraño, recuperado. La imagen de la luna comenzó a formarse en mi mente a través de sus palabras.
—Después de aterrizar, comenzamos nuestra exploración de la superficie —relató Michael—. Nos movíamos en formación, manteniéndonos en contacto constante. La superficie era desolada, pero había algo que no encajaba.
Encontramos estructuras extrañas, como si fueran restos de una civilización olvidada. Michael hizo una pausa; su respiración se volvió irregular. —Nos topamos con equipos de la NASA desperdigados, centenares de misiones anteriores.
Reconocí los logotipos y las insignias de las misiones Apolo que nunca regresaron. Había trajes espaciales rotos, herramientas abandonadas, y lo peor de todo, huesos humanos. —Fue entonces cuando me di cuenta —continuó Michael, su voz cargada de incredulidad y rabia contenida—.
El gobierno sabía que había algo peligroso en la luna. No nos enviaron allí. Para explorar, sino para descubrir qué había salido mal en las misiones anteriores, éramos sacrificios enviados a morir sin previo aviso.
Podía sentir su desesperación mientras continuaba hablando. Había informes, documentos clasificados que encontramos dentro de una de las. .
. describían encuentros con seres desconocidos, pero no había advertencias reales. Nos habían ocultado la verdad.
Michael comenzó a temblar más intensamente mientras llegaba a la parte más traumática de su relato. Estábamos registrando todo, tratando de recuperar algunos objetos, cuando sentimos un pequeño sismo. Al principio, pensamos que era una simple vibración, pero las grietas comenzaron a aparecer en la superficie lunar.
De esas grietas surgieron ellos, los Sauro, dijo su voz quebrada. Criaturas anfibias con cuerpos escamosos de color verde-marrón y un plumaje azul verdoso en el tórax. Sus ojos eran grandes, negros y siniestros, sus garras afiladas y quitina reflejaban la luz del sol lunar.
Nos atacaron sin piedad. Michael empezó a llorar, sus sollozos llenando la habitación. Los destrozaron.
Las garras de esas criaturas desgarraron a mis compañeros, arrancándoles miembros y cabezas. La sangre y las vísceras flotaban en la baja gravedad, creando una escena de pesadilla. Yo me escondí en una grieta profunda, escuchando los gritos de mis amigos mientras eran masacrados.
Mi estómago se revolvió al escuchar su relato. El ataque de los Sauro fue rápido y brutal. Comenzó.
Aparecieron de las grietas en el suelo lunar, moviéndose con una agilidad sorprendente. No tuvimos tiempo de reaccionar. Las criaturas se abalanzaron sobre nosotros con una violencia inhumana, usando sus garras para destrozar los trajes espaciales y la carne que había debajo.
Vi a mis compañeros caer uno por uno. La sangre flotaba en la baja gravedad, creando un espectáculo macabro de gotitas rojas suspendidas en el aire. Los gritos de mis amigos resonaban en mi casco, amplificados por el sistema de comunicación.
Era una carnicería; los Sauro no dejaban nada a su paso, solo cuerpos destrozados y sangre. Michael hizo una pausa, sus manos temblando visiblemente. Uno de los Sauro agarró a Jack, nuestro comandante, y con un solo movimiento le arrancó la cabeza.
La vi flotar aún dentro del casco, con una expresión de horror congelada en su rostro. Fue entonces cuando supe que no había esperanza de sobrevivir. Me arrojé a una grieta cercana, apenas lo suficientemente grande para ocultarme.
Continuó Michael, su voz quebrada. Pude sentir las vibraciones de las criaturas moviéndose sobre mí. Estaba aterrorizado.
Sabía que si me descubrían, mi destino sería el mismo que el de mis compañeros. Desde mi escondite, podía ver fragmentos de la masacre. Las criaturas seguían cazando, destrozando los cuerpos de mis amigos, asegurándose de que no hubiera sobrevivientes.
Era un espectáculo infernal. Cerré los ojos y traté de mantenerme en silencio, esperando que pasaran de largo. Después de lo que pareció una eternidad, las criaturas se retiraron, volviendo a las profundidades de la luna.
Salí de la grieta. Mis piernas temblaban y mi mente estaba al borde del colapso. Sabía que tenía que encontrar una manera de escapar antes de que volvieran.
Me dirigí hacia los túneles subterráneos que habíamos descubierto durante nuestra exploración. Eran estrechos y oscuros, pero eran mi única esperanza. Avancé lo más rápido que pude, mis movimientos torpes en la baja gravedad.
Podía sentir la presencia de las criaturas a mi alrededor, pero seguían sin descubrirme. Finalmente, después de lo que parecieron horas, vi la luz del sol lunar filtrándose por una abertura. Era mi nave.
Corrí hacia ella, mi corazón latiendo con fuerza. Sabía que era mi última oportunidad de escapar. Subí a la nave y me aseguré de que todo estuviera listo para el despegue.
Mientras los motores se encendían, pude ver a las criaturas acercándose a lo lejos. Logré cerrar la escotilla justo a tiempo y, con un último esfuerzo, despegue. Pero sabía que el horror de lo que había vivido me seguiría por el resto de mi vida.
Michael abrió los ojos, mirada perdida y llena de dolor. Sabía que había más por descubrir, pero por ahora había revivido suficiente horror para una sola sesión. Yo también necesitaba procesar lo que había escuchado.
La historia de Michael era solo el comienzo de algo mucho más grande y aterrador. Con eso, salí del edificio secreto y entregué mi informe a uno de los directivos, quien miró incrédulo todo lo que había anotado de mi entrevista con Michael. Aún así, me pidió que regresara al día siguiente para continuar.
La sesión hipnótica del día siguiente comenzó como la anterior. Michael seguía en un estado mental errático. Después de escapar de la superficie lunar, pensé que el horror había terminado.
Comenzó Michael, su voz apenas un susurro, pero estaba equivocado. Fue entonces cuando comenzaron las visiones. Al principio, eran solo sombras en el borde de mi visión, susurros que no podía entender, pero con el tiempo se hicieron más claros, más definidos.
Esa noche, mientras intentaba dormir en la nave, sentí una presencia invadiendo mi mente. No era solo un sueño, era real. El líder de los Sauro se comunicaba conmigo telepáticamente.
Michael cerró los ojos, su rostro contrayéndose mientras revivía la experiencia. El líder se presentó como Sareth, y lo que me mostró fue aterrador. Me dijo que era un mensaje para los reyes de la Tierra.
Las visiones eran intensas, gráficas. Viajé en el tiempo, viendo la historia de su raza desde sus inicios. Me mostró cómo, hace 160 millones de años, durante la era secundaria, los Sauro desarrollaron la primera civilización terrestre.
Eran una raza avanzada con tecnología y conocimientos que superaban cualquier cosa que pudiéramos imaginar. Pero su mundo cambió cuando un cataclismo devastador golpeó la Tierra hace 65 millones de años. Una parte de la raza se refugió bajo tierra, mientras que otros migraron a la luna, estableciendo una colonia en las profundidades lunares.
Durante millones de años, los Sauro se prepararon, esperando el momento adecuado para recuperar su dominio sobre la Tierra. Sareth me mostró sus ciudades subterráneas, vastas y complejas, donde. .
. habían estado viviendo y evolucionando; su tecnología había avanzado aún más y ahora estaban listos para volver. La visión final fue la más aterradora: vi su plan para invadir la Tierra, utilizando su capacidad telepática para controlar a los humanos, convirtiéndonos en sus esclavos.
Estaban decididos a restaurar su antiguo dominio y no se detendrían ante nada. Me quedé sin palabras mientras Michael relataba su experiencia. Cada detalle que compartía hacía que la situación pareciera más desesperada y fuera de control.
Sabía que lo que estaba escuchando no eran solo delirios de un hombre traumatizado; había una verdad aterradora en sus palabras. —Michael, lo que estás describiendo es inimaginable —dije finalmente, tratando de procesar toda la información—. ¿Estás seguro de que estas visiones son reales?
Michael me miró con una intensidad que me heló la sangre. —Dr Marlow, sé lo que vi. Sareth estaba en mi mente mostrándome todo esto.
No eran solo sueños o alucinaciones, era la verdad y si no hacemos algo, ellos vendrán por nosotros. Sentí un nudo en el estómago mientras las palabras de Michael resonaban en mi mente. Me levanté de mi silla y di por terminada la sesión hipnótica.
Al día siguiente, apenas había tenido tiempo para procesar lo que Michael me había revelado cuando fui convocado nuevamente a la sala de reuniones. Esta vez, la atmósfera era aún más tensa; los altos mandos militares y los miembros de la NASA me esperaban con expresiones serias y ojos llenos de expectativas. —Dr Marlow —comenzó el general a cargo—, necesitamos que obtenga más información de Michael Collins y sobre sus cuentos de hadas y alienígenas.
Sentí un escalofrío recorriendo mi columna vertebral. La manera en que el general hablaba, con una frialdad que bordeaba la indiferencia, me dejó claro que estaban dispuestos a hacer lo que fuera necesario para obtener lo que querían. No les importaba el bienestar de Michael ni el mío; solo querían respuestas.
Después de la reunión, comencé a notar cosas que antes había pasado por alto. Había un aire de secreto y paranoia que impregnaba las instalaciones; los guardias parecían más alertas y sentía que siempre había alguien observándome. Decidí investigar por mi cuenta.
Empecé a hacer preguntas discretas a los trabajadores del sitio y a revisar documentos a los que tenía acceso limitado, con la excusa de intentar entender el caso de Michael. Poco a poco, una inquietante verdad comenzó a emerger. Encontré referencias a misiones anteriores que habían sido encubiertas, con detalles cuidadosamente borrados o clasificados.
Era evidente que el gobierno sabía mucho más de lo que estaba admitiendo. Una noche, mientras revisaba unos archivos en mi oficina, encontré un informe que afirmaba mis peores temores. El documento detallaba la misión lunar a la que Michael fue enviado; según el informe, la nave se perdió en el espacio y aún no han logrado restablecer contacto con los tripulantes.
Considerarían muertos a los tripulantes si no volvían a comunicarse con la NASA. Comprendí entonces que, una vez que obtuvieran toda la información, tanto Michael como yo seríamos descartados para proteger el secreto. Nos matarían.
La urgencia de la situación me impulsó a actuar. Necesitaba hablar con Michael una vez más y advertirle del peligro. Sin embargo, cuando llegué a las instalaciones donde estaba internado, me encontré con una sorpresa devastadora.
—Lo siento, Dr Marlow —dijo uno de los directivos con una voz plana y sin emoción—. Michael Collins ya ha sido dado de alta. Está en su hogar, descansando con su familia.
Sabía que era mentira. Sentí una mezcla de rabia y desesperación mientras salía de las instalaciones. Decidí ir directamente a la casa de Michael para verificar por mí mismo.
Cuando llegué, encontré una escena que confirmó mis peores temores. El vecindario estaba en silencio, excepto por los murmullos de las personas vestidas de negro. Había una ceremonia memorial en la casa de Michael, su familia llorando desconsoladamente.
Vi a su esposa y a sus hijos, todos con los ojos rojos e hinchados por las lágrimas. —Lo mataron —susurré para mí mismo, sintiendo una ola de impotencia y furia—. No solo quieren encubrir lo que pasó en la luna, están dispuestos a matar para asegurarse de que nadie descubra la verdad.
En ese momento supe que mi vida también estaba en peligro. Comencé a notar los autos negros que parecían seguirme adondequiera que fuera. Los hombres de traje estaban siempre cerca; era solo cuestión de tiempo antes de que vinieran por mí también.
La paranoia y el miedo se convirtieron en mis compañeros constantes mientras planeaba mi próximo movimiento. Sabía que no podía confiar en nadie del gobierno o del ejército. Una noche, mientras revisaba foros de ufología y abducciones extraterrestres, recibí un mensaje privado de un usuario anónimo.
El mensaje era breve pero directo: —Sé lo que descubriste, estás en peligro, puedo ayudarte. Al principio dudé. ¿Podía confiar en un desconocido en internet?
Pero la desesperación me llevó a responder. Comenzamos a intercambiar mensajes y pronto quedó claro que esta persona tenía información detallada sobre los Sauro y la misión lunar. Más importante aún, sabía que el gobierno estaba detrás de todo.
—Necesitas salir de ahí —escribió el usuario anónimo—. Ellos no se detendrán hasta que te silencien. Te daré instrucciones para escapar.
El plan era arriesgado, pero no tenía otra opción. El usuario anónimo me indicó que debía huir a cierta hora y en un lugar específico, hacia la bahía, donde harían lo posible para crear una distracción y ayudarme a escapar de los hombres de negro. Las horas antes de mi huida fueron las más largas de mi vida.
Recogí algunas pertenencias esenciales y me preparé para dejar todo atrás. Cuando llegó la hora señalada, salí de mi casa por la puerta trasera, moviéndome con la mayor cautela posible. Al llegar al punto de encuentro, vi un coche esperándome con las luces apagadas.
Una figura encapuchada salió del coche y se acercó. —¿Eres el doctor Marlow? —preguntó en un susurro.
Asentí y. . .
La figura me hizo señas para que entrara al coche. “No tenemos mucho tiempo”, dijo mientras arrancaba el vehículo. “Hay una lancha esperándote en la bahía.
Debes salir del país antes de que te encuentren. ” El viaje a la bahía fue tenso; a través del retrovisor pude ver los coches negros persiguiéndonos, pero la figura encapuchada parecía conocer cada callejón y atajo. Finalmente, llegamos al puerto, donde una lancha estaba lista para partir.
“Buena suerte, Dr Marlow”, dijo la figura mientras me ayudaba a subir a la lancha. “La verdad debe salir a la luz. ” La lancha se alejó rápidamente, llevándome lejos del alcance del gobierno.
Mientras las luces de la ciudad se desvanecían en la distancia, me di cuenta de que mi vida había cambiado para siempre. Había dejado atrás todo lo que conocía, pero al menos tenía la oportunidad de sobrevivir y revelar la verdad al mundo. Con el viento golpeando mi rostro y el mar extendiéndose ante mí, me preparé para la siguiente etapa de mi vida.
El conductor de la lancha, una figura enmascarada, habló con un tono urgente: “Nos están siguiendo. Mantén la cabeza baja y prepárate para lo peor. ” Mi mente iba a mil por hora, pero me obligué a concentrarme; sabía que cualquier error podría costarme la vida.
Mientras la lancha zigzagueaba entre las boyas y los muelles, podía escuchar los motores de las otras embarcaciones acercándose. La figura enmascarada hizo una señal a otro bote cercano, que rápidamente se colocó en nuestro camino, creando una distracción. “Ahora, salta al agua y nada hacia el bote pequeño”, me ordenó.
Sin pensarlo dos veces, me lancé al agua helada y nadé con todas mis fuerzas. El frío me cortaba la respiración, pero la adrenalina me impulsaba hacia adelante. Alcancé el bote pequeño y fui ayudado a bordo por otros miembros del grupo misterioso.
“Estamos lejos de estar a salvo”, dijo uno de ellos mientras arrancaba el motor del bote pequeño. “Debemos llegar a aguas internacionales lo más rápido posible. ” El viaje hacia el Caribe fue largo y agotador, pero finalmente llegamos a una pequeña isla, lejos de las rutas turísticas habituales.
El grupo misterioso me llevó a una casa segura, oculta entre la densa vegetación. Era un refugio improvisado, pero suficiente para mantenerme a salvo por el momento. “Este lugar será tu nuevo hogar”, dijo uno de mis salvadores, una mujer con una mirada decidida.
“Aquí estarás lejos del alcance del gobierno, pero debes mantener un perfil bajo. No podemos permitirnos ningún error. ” Desde mi refugio en el Caribe, comencé a redactar mis experiencias y descubrimientos en un blog anónimo.
Utilicé cada recurso a mi disposición para enviar mensajes codificados a grupos de resistencia en todo el mundo: organizaciones de ufología, científicos y ciudadanos comunes comenzaron a unirse, preparados para enfrentar la amenaza. Sentía que, a pesar de todo, había esperanza. “La verdad debe ser revelada para protegernos”, reflexioné.
“No importa cuán oscuro sea el camino, la luz de la verdad siempre encontrará su camino. La humanidad merece saber y estar preparada. ” Con esta última reflexión, cerré mi computadora y me preparé para lo que viniera.
Sabía que mi vida seguiría en peligro, pero también sabía que había hecho lo correcto. Había luchado por la verdad, y eso era lo que realmente importaba. El futuro era incierto, pero estaba listo para enfrentar cualquier cosa.
La verdad nos había unido, y juntos seríamos capaces de enfrentar la amenaza de los Auro y proteger nuestro hogar.