Cuando uno dice: "Estoy mal", por ejemplo, no está diciendo la verdad. Y tampoco está diciendo la verdad cuando uno dice: "Estoy bien". Porque, en el fondo, lo que hacemos los seres humanos es que, de un pastel gigante que somos, donde tenemos trozos.
. . Está mi trozo familiar, el profesional, el sexual, el social, el físico.
. . Hay como un <i> zoom</i> de una cámara en la cual yo me coloco en alguno de esos trozos de ese pastel, y eso me hace definir que estoy bien.
Por ejemplo, si estoy en una buena relación de pareja y hoy día eso es lo más importante para mí, yo voy a decir que estoy bien, pero a lo mejor tengo deudas, a lo mejor tengo una mamá enferma, pero mi <i> zoom</i> para decir que estoy bien está puesto en una sola área, y lo mismo pasa. . .
Y esto es muy bueno decirlo para la gente que puede sentir que tiene depresión o algo por el estilo: nadie está mal en todo. Entonces, yo puedo decir que estoy mal, porque, en realidad, mi mamá se está muriendo, pero, si empiezo a revisar las otras áreas de mi vida, no están mal. Entonces, el "estoy bien" o el "estoy mal" ya es medio relativo.
Nos polarizamos tanto y tenemos tanto pensamiento binario. . .
Es bien o mal, plena o no plena, angustiada o no angustiada. Pero es mucho más complejo responder esa pregunta. ¿Ustedes sienten que se conocen?
No, uno no se conoce al 100 %, porque a medida que pasa el tiempo vas cambiando y tienes más cosas que descubrir de ti mismo. Vas dándote cuenta de que te gustaba una cosa y ya te ha dejado de gustar. No es que te des cuenta al instante o te pares a pensarlo, es que, a medida que pasa el tiempo, tú vas descubriendo.
. . -Es un proceso.
-Sí, es un proceso. Es como una evolución, por así decirlo. Yo creo que hoy en día, en esta vida tan rápida que llevamos, tenemos que darnos cinco minutos.
. . Con la misma pregunta: "¿Cómo estoy, qué ha pasado?
¿Me sigue gustando esto o no? Qué raro que reaccioné de esta manera, cuando normalmente no me hubiera molestado". Es un poco responsabilidad nuestra, si la quieres ver así, para ser tu mejor versión.
Qué importante es, en esa posibilidad de autoconocimiento, el hablarse lindo, ¿no? Y yo creo que nos hablamos horrorosamente. ¿Ustedes se hablan bien, son cariñosos con ustedes mismos?
Creo que he pasado una etapa muy larga de hablarme muy mal y ahora apenas es cuando estoy empezando a transitar cómo debo hablarme, cómo debo mirarme al espejo, y hasta inconscientemente todo lo que hago, cómo me comunico con los demás. Creo que a veces es más fácil hablarte mal que hablarte bien o presentarte como: "Ah, sí, yo soy supertorpe. Siempre se me caen las cosas".
-Es más fácil. -Da pudor decir lo bueno. Siempre como desvalorizando el elogio.
Claramente, estamos sobreentrenados para hablarnos mal, y yo creo que el hablarse bonito es una forma de autoconocimiento. Es un lindo desafío. ¿A qué le tienen miedo?
Pues yo le tengo miedo al futuro, a no tener un futuro que yo desee actualmente, y eso es a lo que temo. ¿Y tú sabes que el 80 % de los miedos que tenemos todos nunca van a ocurrir? Piensa que el miedo es la no aceptación de la incertidumbre.
Cada vez que no aceptas que algo es incierto, y no hay nada más incierto que el futuro, vas a tener miedo. Si aprendes a navegar en lo incierto, trabajando desde el presente, el miedo desaparece. Yo diría que es no poder explotar todo el potencial que puedo tener.
Ese miedo a quedarme callada cuando sé que puedo hablar y puedo decir algo está muy presente. Por el hecho de: "Jo, eres Eli, eres valiosa y tienes que decir lo que tú sientes". Yo le tengo miedo al olvido.
O sea, sí que tengo otros miedos, pero ese es como que. . .
-¿Olvidarte de qué? -Olvidarme de dónde vengo. No sé, de la gente a la que quiero, de qué es lo que me hace ser yo.
Qué lindo. Hay una frase que me encanta, que dice que el secreto de la vida no está en recordar, sino en decidir qué quiero olvidar. Porque muchas veces nos esforzamos por recordarlo todo y de repente hay que decidir ir dejando cositas.
Yo creo que es a la conformidad. Que te sientas bien, pleno, pero siempre sentir, a mí me pasa mucho, que no estoy dando lo suficiente. Tengo miedo porque nunca siento que he llegado a ese máximo.
Les quiero mostrar, para que lo hagan como ejercicio, un ejercicio de autoconocimiento. Si yo les dijera ahora. .
. Si estuviéramos acá con papel y lápiz y pudiéramos trabajar y les dijera que describan cómo son, lo más probable es que ustedes me hicieran en una hoja una línea en el medio y me colocaran a un lado todas las cosas que consideran que son positivas y, al otro, las que son negativas. Esa forma de autoconocimiento es absolutamente antigua.
De hecho, en mi última investigación diseñé una forma de autoconocimiento que es que, en la misma hoja, coloquen en el centro todas las características que ustedes sienten que tienen. De ahí, tienen que descubrir lo que yo llamo <i> habilidades tronco</i> , que son las habilidades que, si ustedes miran al niño que eran ustedes a los siete años y miran hoy al joven, todavía tienen esa característica. Pero ¿qué hay que hacer con esas características?
Cuando ya las tengo todas, no solo las tronco, sino todas, yo empiezo a trabajar en encontrar la parte luminosa de esa característica y la parte oscura de esa característica o la sombra, y eso les va a permitir un conocimiento mucho más profundo de ustedes y mucho más compasivo también. Porque no es que yo esto lo haga mal, sino que simplemente tengo que girar esta característica para que sea más luminosa, ¿se entiende?