El libro de Números. Este cuarto libro de la Biblia, continúa la historia de Israel después de su éxodo de la esclavitud en Egipto. Dios los había llevado al Monte Sinaí y ahí había hecho un pacto con ellos.
Y a pesar de la rebelión de Israel, Dios, en su gracia, proveyó en el tabernáculo una manera en que Israel pudiera vivir cerca de su santa presencia. Así que el libro de Números comienza cuando Israel termina su estadía de un año en el Monte Sinaí y ellos se dirigen al desierto en camino a la tierra que Dios le prometió a Abraham. La narrativa del libro está diseñada de acuerdo a las etapas de su viaje.
Así que la primera sección empieza en el Monte Sinaí. Pero luego ellos salen y viajan al desierto de Parán. Y luego, después de ahí, viajan a las llanuras de Moab, que están justo frente a la tierra prometida.
Ahora, la primera parte inicia con un censo donde el pueblo es contado, y de ahí viene el nombre del libro. Y luego, hay leyes sobre cómo las tribus de Israel debían ser acomodadas en el campamento. Así que el tabernáculo debía ir en el centro, y luego, alrededor de él, los sacerdotes y levitas, y alrededor de ellos las doce tribus cuidadosamente ordenadas con Judá a la cabeza.
Todo esto era un símbolo elaborado sobre cómo la presencia santa de Dios estaba en el centro de su existencia como pueblo. Esto es seguido por toda una serie de leyes que comunicaban las leyes de pureza del libro de Levítico. Si la presencia de Dios iba a estar en medio de ellos, debía hacerse todo el esfuerzo para que el campamento fuera un lugar puro, un lugar que reciba la santidad de Dios.
En el capítulo 10, la presencia de Dios se levanta del tabernáculo y guía a Israel lejos del Sinaí hacia el desierto. E inmediatamente las cosas comienzan a marchar terriblemente mal. En el capítulo 11, el pueblo empieza a quejarse de hambre y sed y empiezan a decir que quieren regresar a Egipto.
Luego, en el capítulo 12, incluso el hermano y la hermana de Moisés empiezan a oponerse y hablar mal de él delante de todo el pueblo. Este viaje no tuvo un buen comienzo. La siguiente sección comienza cuando los israelitas llegan al desierto de Parán, más o menos a la mitad del camino a la tierra prometida.
Y Dios le dice a Moisés que envía a los doce espías, uno por cada tribu, para que puedan reconocer la tierra prometida. Y cuando todos los espías regresan, 10 de ellos dicen que no hay posibilidad de que Israel pueda sobrevivir allí, porque los cananeos los destruirán. Pero hay dos espías, Caleb y Josué, que dicen que Dios puede salvarlos.
Pero los 10 provocan al pueblo a una ira temerosa y empiezan a planear un motín. Van a nombrar un nuevo líder y regresar a Egipto. Así que Dios está comprensiblemente molesto y Moisés intercede en favor del pueblo.
Él le pide a Dios que sea fiel a sus promesas a Abraham. Así que Dios lo hace, pero no a expensas de su justicia. Él le da a estos israelitas lo que ellos desean: no entrar a la tierra.
Y Dios sentencia a esa generación a vagar en el desierto durante 40 años hasta que mueran. Solo sus hijos entrarán a la tierra prometida. Ahora, tú pensarías que esta severa consecuencia los haría despertar, pero las cosas se ponen peor.
En la siguiente historia aparece todo un grupo de levitas que empezaron una rebelión y retan el liderazgo de Moisés y de Aarón diciendo que han ido demasiado lejos. De manera que Dios lidia severamente con estos levitas y renueva su compromiso con Moisés y Aarón como los líderes de Israel. Ahora, mientras dejan la región de Parán y vuelven a viajar, las cosas empeoran de nuevo.
Los israelitas empiezan a quejarse otra vez, sobre su sed, y le preguntan a Moisés: "¿Por qué los sacó de Egipto? ". Así que Dios le dice a Moisés que le hable a una roca para sacar agua para todo el pueblo.
Pero Moisés no hace eso, sino que excede los límites. Golpea la roca dos veces y luego dice: "Rebeldes, ¿tenemos nosotros que sacarles agua de esta roca? ".
Así que Moisés deshonra a Dios al ponerse en el lugar de Dios como el que provee agua. De manera que Moisés hace que caiga sobre sí mismo, el mismo destino que el de la generación en el desierto. Él también morirá en el desierto y no podrá entrar en la tierra prometida.
Después de esto, los israelitas se rebelan una vez más, y Dios trae un juicio muy extraño sobre ellos. Serpientes venenosas vienen y muerden al pueblo. Así que Moisés intercede una vez más a favor del pueblo, y Dios le dice a Moisés que haga una serpiente de bronce y la levante en un asta.
Y todo el que vea a esa serpiente sería sanado de la mordida venenosa. Es un símbolo muy extraño, pero habla del reto que representa para Dios el permanecer fiel a su pacto. El está en lo correcto al traer justicia sobre el pecado y la maldad de Israel.
Pero incluso la justicia de Dios se transforma en una fuente de vida para aquellos que miran a Dios para ser sanados. A partir de aquí, el pueblo se dirige a las llanuras de Moab. La primera parte principal de esta sección se enfoca en la extraña figura de Balaam.
El rey de Moab está asustado por este enorme grupo de gente viajando a través de su territorio. Así que contrata a un hechicero pagano, Balaam, para maldecir a Israel. Y en tres ocasiones distintas, Balaam descubre que no puede maldecirlos.
El solo puede hablar bendición sobre Israel. Recuerda la promesa de Dios a Abraham en Génesis 12. Así que no solo Balaam no puede maldecir a Israel, sino que Dios le da una visión sobre un futuro rey israelita que un día traerá la justicia de Dios a todas las naciones.
Esta visión recuerda la promesa de Jacob a Judá en Génesis, capítulo 49. Ahora, vale la pena detenernos a reflexionar en el flujo del libro hasta ahora. Las historias de rebelión en el desierto se amontonan una sobre otra, poniéndose cada vez peor.
Y aunque Dios trae actos parciales de juicio sobre Israel, también continúa mostrándoles misericordia proveyendo comida y agua en el camino. Y la historia de Balaam muestra la gracia de Dios de manera resplandeciente. Porque allí está Israel, en el campamento, murmurando y rebelándose.
Pero en lo alto de las montañas, sin que ellos lo sepan, Dios los está protegiendo y hasta bendiciendo. Y es este contraste entre la rebelión de Israel en el desierto y la fidelidad de Dios, lo que hizo estas historias tan importantes para las postreras generaciones de Israel. Y las historias del desierto son recontadas una y otra vez por los profetas y los poetas bíblicos, e incluso por los apóstoles en el Nuevo Testamento.
Y estas historias, siempre sirven como advertencia. Que aunque Dios permanecerá fiel a sus promesas del pacto, Él también permitirá que su pueblo se aparte de él en rebelión y que enfrente las consecuencias. Después de esto, el resto del libro se enfoca en los hijos de la generación que pereció en el desierto, y ellos empiezan a prepararse para heredar la tierra prometida.
Ellos hacen otro censo de la nueva generación y luego ganan muchas batallas a los pueblos de alrededor, y luego, algunas de las tribus empiezan a asentarse en la tierra prometida. Así que el libro termina con la nueva generación lista para entrar en la tierra prometida. Y Moisés está a punto de darle sus últimas palabras de sabiduría y advertencia.
Pero por ahora, de eso trata el libro de Números.