La mentira domina el mundo y hoy tenemos en la presidencia de los Estados Unidos al campeón del mundo de los pesos pesados de la mentira. La batalla por la verdad hoy es más indispens más necesaria que nunca. El periodismo hoy es más necesario que nunca y la literatura juega en otra liga de algún modo.
El escritor español [música] Javier Cercas está en Buenos Aires. Vino a participar de la elección del premio Clarín Novela de que es [música] jurado de honor junto a Mariana Enríquez y el chileno Alberto Fuguet. [música] Un hábito que tenemos los adultos que es completar formularios con nuestra profesión, oficio, lo que uno hace.
¿En qué momento ese casillero empezó a decir escritor? Cuando dejé de ganarme la vida con la universidad y empecé a ganármela con la literatura. Así de fácil.
Es totalmente práctico. ¿Sabes lo que pasa? Es que yo pensé que me había ganado toda la vida la vida, toda la vida la vida en la universidad, pero en realidad fueron muy pocos años, muy poco tiempo.
Eso es el espejismo. En realidad estuve dos años en Estados Unidos y y luego en España fueron como 10, o sea, una parte relativamente pequeña de mi vida. ese adolescente de 18 [música] años, 17, 18 años, que elige una carrera, filología, en este caso, se apunta en la universidad y comienza sus clases.
¿Qué qué imaginaba del fútbol, es decir, era una carrera que hacía para ser escritor o no estaba tan claro en ese momento? Estaba clarísimo. Clarísimo.
En realidad, lo que yo imaginaba es que iba a tener un trabajo que me permitiera escribir. Eso es lo que yo [música] buscaba y me pareció razonable. veros símil, ganarme la vida dando clase [música] donde fuese y tener tiempo para escribir.
Yo nunca fui un ah profesor que de vez en cuando escribía novelas. Yo era un escritor que se ganaba la vida en la universidad, lo cual es muy distinto, ¿verdad? Total.
Ni siquiera la universidad lo fue algo que busqué yo. Yo buscaba tiempo para escribir, nada más. Así de fácil.
Pero nunca pensé que iba a ser un escritor profesional. [música] Eso nunca se me pasó por la cabeza, créeme, jamás. O sea, era la idea de tener lectores suficientes como para ganarte la vida con esto me parecía absurdo.
Hay otra cosa en Soldado de [música] San Lamina y de ahí en adelante y es que esta idea que mencionaba recién respecto de cierto prejuicio en [música] el momento de la formación de pensar que la buena literatura debe ser [música] inaccesible o muy sofisticada o muy y hay algo en su obra inmenso, poderosísimo, que es que lo complejo, lo que es muy complejo de comprender y de acercarse resulta ser muy simple de leer [música] y parece parece contradictorio. Lo es, no, no lo es. No lo es.
Hay una frase latina que Google me atribuye. Bueno, si Google me lo atribuye, yo estoy de acuerdo conmigo mismo por una vez sin que sirva de precedente. La frase dice, "Verars vat arem, el arte verdadero oculta el artificio.
" [música] Y yo estoy de acuerdo con eso. Si me la inventé, estoy de acuerdo y si no, también estoy de acuerdo, ¿no? Porque es una idea que en las poéticas clásicas, Horacio Quintiliano, está ahí.
Para [música] mí escribir consiste en trabajar abrazo partido para que no se note todo lo que he trabajado. Es decir, se trata de convertir en transparente lo complejo y en fácil lo difícil. Y para mí esa es la gran literatura.
Eso es lo que yo intento, obviamente. No sé, hablábamos de Cervantes, eso es [música] Cafka, eso es los grandes escritores, el propio Borges, ¿verdad? [música] Uno de los más grandes escritores que yo conozco, ¿no?
Eso esa ha sido mi ambición siempre. En realidad ese es el [música] prestigio de la oscuridad es [música] está injustificado. Yo soy un fanático peligroso de la claridad.
Creo que el conocimiento [música] es claro, no solo el conocimiento literario, también el científico. Esto lo decía muy bien Stephen Hawkin, decía que no es capaz de explicarles a unos adolescentes, [música] no sé si decía de 15 años, de 17 años, la teoría de la relatividad, los fundamentos de la teoría de la relatividad en 50 minutos y que lo entiendan todos es que no sabe la teoría de la relatividad. Eso en la literatura también [música] sirve, ¿verdad?
Eh, claro, hay excepciones, ¿no? El polifemo de Góngora, el incómodo polifemo llamaba Borges, el Ulises, ¿no? Son libros herméticos y colosales, pero esa no es mi estética y son siempre excepciones, ¿verdad?
Entonces, mi ambición siempre ha consistido en escribir novelas, libros fáciles de leer y difíciles de entender. Fáciles de leer porque se leen como [música] como thrillers, ah, apasionadamente y difíciles de entender porque nunca acabas, nunca terminas de leerlos, ¿no? Porque siempre los lees una y otra vez y una y otra vez y son insondablemente profundos, ¿no?
[música] Eso es Cafca, esos esos Cervantes, eso es son los grandes escritores que yo he admirado, esos Borges, ¿no? Eh, también esos cercas porque son muy fáciles de leer y luego cuando uno vuelve al libro se vuelve a leer, es otro libro. Te lo agradezco mucho.
Entonces, pero es verdad, es eh cada vez que hay ahí algo, pero yo creo que eso no es eh no es casualidad, hay ahí una búsqueda. Sí. el trabajo de la escritura [música] que no es esta cosa de borrar el artificio, ¿no?
Obviamente que está ahí, pero es invisible, no es tan uno es fácil de decir, pero no es tan fácil de hacer. Es lo más difícil de hacer. Eso es lo más difícil de hacer.
Cada vez la idea de verdad es un poco más inasible, ¿no? Sobre todo para el periodismo y para la historia. Sí, la literatura cumple un rol o o asiste a esto de manera diferente o también se ve puesta en cuestión o o mira este fenómeno de alguna manera particular.
Bueno, la literatura, la literatura es otra cosa. Eso para empezar, la literatura no se puede dejar chantajear por hechos que tú tú has descrito muy bien. Hoy tenemos la impresión de que se dicen más mentiras que nunca.
Yo no creo que eso sea verdad. Mentiras se han dicho siempre por un motivo muy sencillo, porque la mentira es el primer instrumento de dominación del poder. O sea, las mentiras tienen mayor capacidad, tienen mayor poder que los tanques.
Esto es un hecho. Y se han dicho siempre, lo que ocurre hoy es que las mentiras tienen mayor capacidad de difusión que nunca. gracias a las redes sociales, gracias a internet, etcétera, etcétera.
O sea, gracias a un campo que les hemos dejado libres, porque la culpa es nuestra. Las redes sociales no son malas en sí mismas, son malas porque hemos permitido que se usen para mal. Lo mismo puede ocurrir con la inteligencia artificial si no está ocurriendo ya, etcétera, etcétera.
Los responsables somos nosotros, no la inteligencia artificial ni las redes ni las redes sociales. Entonces, eso sí que es un hecho. O sea, el descrédito de la verdad es un hecho y eso lo estamos viviendo en los últimos años.
Bill Clinton estuvo a punto de dimitir por una mentira, no por unos escarceos sexuales con una chica, una con una becaria, sino por una mentira. Y hoy tenemos en la presidencia de los Estados Unidos al campeón del mundo de los pesos pesados de la mentira y ha sido reelegido. La mentira domina el mundo.
Esto es un hecho y eso es letal. Eso es letal porque, bueno, basta pensar en el evangelio. La verdad os hará libres, lo cual quiere decir que las mentiras hacen esclavos.
Entonces, eso es un hecho. La literatura puede trabajar en eso, pero no como el periodismo ni como la historia. El periodismo tiene que atenderse a rajatabla a la verdad.
Esa es su regla. La historia lo mismo, aunque de manera distinta, por supuesto, son cosas distintas, ¿no? El periodismo cuenta la batalla mientras sucede y eso es dificilísimo.
Dificilísimo. Sí, muy difícil. Mientras que la historia cuenta la batalla cuando la batalla acabó y entonces interpreta el sentido de la batalla.
Ya no hay polvo, no hay gritos, no hay ya, ¿verdad? las cosas se ha caído el polvo, todo se ve, se pueden contar los cadáveres, los los heridos, los No, pero ambas se atienen rigurosamente a los hechos. La literatura no y no puede dejarse chantajear.
Por eso, en algunos de mis libros lo que he descubierto es un territorio eh para mí virgen, que es lo que busca siempre la literatura, cada uno a su manera, ¿no? Eh, ese territorio virgen es el de la novela sin ficción que nada tiene que ver con el [música] con la non fiction novel de capote y compañía, que en realidad contenía ficción. Claro, que es una cosa completamente distinta.
Pero ahí he llegado por necesidades literarias. No por necesidades [música] extraliterarias. Ahí llegué a partir de un determinado momento con con anatomía un instante [música] porque mis libros lo exigían de algún modo.
Es decir, te lo dio de otra manera, ¿es posible? Claro, en teoría la novela es ficción. En teoría vaines en aquel de la de la librería, ¿no?
Claro, eso es Sí, exactamente, ¿no? Y definimos la novela como una ficción en prosa de x número de x número de páginas en la que tal. Eso es la la definición convencional.
[música] Pero yo solo obedezco cuando escribo novelas a un tipo que se llamaba Cervantes, [música] que extrañamente era español, casi increíblemente era español. Y y este hombre lo primero que decía, lo primero que dijo es, "Hagan ustedes lo que les dé la gana. Aquí no hay reglas.
" O la única regla es que no existen reglas en este nuevo género que se inventó sin saber que se lo inventaba. Y entonces yo hago lo que me da la gana. Y como hago lo que me da la gana, llegó un momento exactamente anatomía de un instante en el que sentí que lo que estaba escribiendo solo podía escribirse si prescindía de la ficción.
Esto podría explicarlo con más detalle, pero no lo voy a explicar con más detalle, pero solo podía decirse si prescindía de la Esto lo descubrí después de 3 años trabajando en un libro, eh, que necesitaba prescindir de la ficción, que la estructura, la todo debía construirse como una novela, pero la ficción debía quedar fuera de ese de de de ese libro. Eh, es decir, que en este caso sí sería un relato real, no como Soldados de Salamina que fingía ser un relato real. ¿Por qué el libro lo exigía?
Y a partir de ese momento descubrí un territorio muy extraño en el cual algunos de mis libros posteriores se han movido, El impostor, el loco de Dios en el fin del mundo, etcétera, etcétera, que son novelas, pero son novelas porque están construidas como novelas, porque etcétera, porque los personajes están creados como personajes, aunque sean personajes reales, pero construidos como personajes literal, eh, de ficción, etcétera, pero todo es real o casi todo es real, no porque me invente nada, sino porque cuando te pones a escribir inmediatamente, ah, bueno, a eso le llamo yo la novela sin ficción, pero eso no es resultado de la batalla contra la mentira que hay que dar. esa batalla contra la mentira que hay que dar y que es realmente la batalla de nuestro tiempo. Nosotros no vivimos el fascismo.
Nosotros vivimos una cosa llamada nacional populismo, que no es fascismo, es otra cosa, pero que se sirve de la mentira como el principal instrumento de trabajo y es indisociable de la aparición y la explosión más bien de las redes sociales y medios sin control democrático, sin control que han crecido de manera monstruosa, que han creado las mayores fortunas de la historia de la humanidad, que tienen el poder y de los cuales hay que defenderse porque su principal instrumento es la mentira y que tienen, ¿verdad? , eh, políticos que no solamente políticos populistas que están utilizando eso como herramienta esencial, sino hay algo peor todavía. Los políticos tradicionales están contaminándose en eso.
Exacto. Con lo cual toda la realidad [música] se impregna de ese descrédito de la verdad que es aterrador y que yo no sé cómo va a acabar. No lo sé.
¿Cómo va a acabar esto? ¿Vamos a controlar los esos instrumentos de la mentira? No parece.
¿Cómo va a acabar esto? Yo no lo sé. Lo que sí sé [música] es que la batalla por la verdad hoy hoy es más indispens más necesaria que nunca.
Que el periodismo hoy es más necesario que nunca. Esto lo sé [música] seguro, también más difícil que nunca, ¿eh? Y la literatura juega en otra liga de algún modo incide en eso, claro, pero de modos quizá haciéndonos más haciéndonos más conscientes de eso, de que vivimos en un mundo de simulacros, [música] del triunfo, de la mentira, de curiosamente, qué curioso, ahora estoy pensando algo que nunca había pensado, pero qué curioso que en ese en medio [música] de ese triunfo de la mentira, yo estoy escribiendo novelas sin ficción, es decir, novelas cosidas a la realidad.
Qué curioso esto. No sé qué significa. Su [música] obra en general, salvo la ficción de Terralta, está situada en un periodo histórico en España, en unos años entre la guerra civil y uno podría pensar, bueno, ya pasó mucho tiempo.
Y sin embargo son libros que hablan del presente, es muy eh perturbador. Quería preguntarle si eso usted puede verlo cuando los está escribiendo, si cuando está escribiendo Soldados de Salaminas y cuando está escribiendo anatomía de un instante, si eso se ve o es algo que aparece, aparece en los lectores y no en usted. Mira, rápidamente, porque [música] esto es un asunto complejo, yo en Soldados de Salamina descubro algo que luego es fundamental, que es la historia.
En mis libros previos a Soldados Salamilla, que son tres tres novelas, la historia apenas aparece. Yo siempre [música] digo que son los libros de un escritor casi ortodoxamente postmoderno, ¿no? En muchos sentidos.
Ahí aparece otro escritor, Partido de Soldados en la mina y aparece la historia y aparece la política, aparece el pasado. ¿Porque el pasado? Porque lo que descubre en ese libro es que el pasado no ha pasado todavía.
que el pasado es una dimensión del presente sin la cual el presente está motilado. Es decir, soldados a la min el 75% del libro, no sé si es el 75, pero bueno, claro, tres cuartas partes del libro transcurren en el presente y todo el mundo dice que es una novela sobre la guerra civil, pero no, porque es ese libro trata de qué es lo que queda de la Guerra Civil, como la guerra civil española todavía forma parte de nuestro presente, como la dictadura en Argentina, eso no ha pasado todavía, eso está aquí, forma parte del presente. como la Segunda Guerra Mundial en Europa, lo que descubro ahí es que hay una cosa que es muy importante para mí.
Una de las cosas que crean los el poder omnímodo, enorme, aplastante de los medios de comunicación es la ilusión de un presente. Yo le llamo la dictadura del presente, la idea de que la verdad llegamos, inventamos el mundo. Claro, llegamos, inventamos el mundo y además que esa idea que el presente es solo ahora y que el pasado, lo que pasó ayer ya no tiene importancia y que lo que pasó hace 2 años, eso sí ya es irrelevante por completo para el presente, ya no lo necesitamos para nada.
Eso está lo que pasó hace, imagínate 50 años, pues está en los archivos y en la tal y pero es irrelevante, eso es falso. Eso crea una ilusión, crea una visión falsificada del presente, simplificada hasta la falsificación del presente. El pasado y sobre todo el pasado del que hay memoria y del que hay testigos, que es el que a mí me interesa.
Ese pasado no ha pasado todavía. Hay una frase de FNER muy famosa en Rick for a Nan, en en Requin por una monja que dice exactamente eso. Dice past is not dead.
is not even past. El pasado no ha muerto, ni siquiera es pasado. Claro, es una dimensión del presente en la cual el presente está mutilado, forma parte del presente.
Lo que hacen todos mis libros, muchos de esos libros, intentar abarcar, mostrar como ese pasado forma parte del presente, mostrar como el presente es mucho más amplio que es el mero hoy, que la mera actualidad, ¿no? siempre me genera como un poco de curiosidad por qué es tan importante que usted diga, que usted se manifieste [música] políticamente en el sentido de decir, "Yo soy de izquierdas, o sea, lo he leído muchas veces y siempre que dice yo soy de izquierdas o yo me identifico", siempre hay alguien que lo corrige [música] y dice, "No, Cercas no es de izquierdas como como si fuera una cosa que los demás podemos. " ¿Por qué es tan importante [música] que usted diga si es de izquierda de derechas o derecha?
No es importante. No es importante. Eso forma parte forma parte del argumento.
No, a mí me importa el argumento. Pero, ¿por qué se lo reclaman? Quiero decir, ¿por qué le le cuesta?
Ah, por por mi culpa, [risas] por meterme en líos. [música] Bueno, eso ya lo ya vengo que tiene una tendencia, ¿no? Eso un poco los temas, la Sí, no no es no es que yo lo busque.
¿Sabes lo que pasa? Es que es muy sencillo. Es que los escritores somos escritores, pero también somos [música] ciudadanos.
Somos gente normal y corriente. Es así de fácil. Entonces, tenemos la misma responsabilidad que los demás.
Y la diferencia en mi caso es que yo escribo en un periódico. Ya, cada dos semanas escribo en un periódico. En España es bastante común, muy común.
A mí al principio me parecía raro, luego me encanta, me lo paso muy bien y digo lo que pienso. Entonces, eso crea problemas cuando cuando sobre todo cuando las situaciones se tensan mucho, eh, y claro, y todo el mundo opina sobre ti y te insulta. A mí, salvo que practico la zoofilia, me han dicho de todo.
A lo mejor también lo de la zoofilia me lo han dicho, es posible. Me extrañaría de hecho que no lo hubiesen dicho, pero en fin, no soy consciente. Es normal, es normal porque todo el mundo opina y a mí no me parece mal que todo el mundo opine.
O sea, hace 50 años, 100 años, quienes tenían la posibilidad de expresar su opinión en público eran poquísimos, poquísimos. Personas que tenían un nombre y que escribían un periódico tal. Hoy día todo el mundo lo hace.
Y a mí eso en principio me parece muy bien. ¿Sabes por qué? Porque la democracia es cosa de todos.
Porque política viene de polilis. Yo siempre lo recuerdo, que significa ciudad y la ciudad es de todos, ¿eh? Y democracia significa poder del pueblo y el pueblo somos todos.
Por lo tanto, todos somos responsables, pero también los escritores. Repulsivo es la idea del escritor semidivino, del escritor que está por encima del bien y del mal y que tal. Yo cuando era joven, feliz e indocumentado, o sea, tonto, creía que que mis grandes ídolos, yo detestaba la idea del escritor comprometido, me parecía la cosa más horrible.
[música] La literatura comprometida me parecía literatura pedagógica, pedestre, horrible y el escritor comprometido horrible, todo eso era horrible. Y mis [música] ídolos eran eso, Borges, Cafcar, tal, que nada, gente más allá del bien y del mal, más allá de bien mar, fuera del mundo, que tal Borges extraviado en su biblioteca, eh, Cafca en sus pesadillas, pero era yo lo pensaba porque era tonto y no conocía bien ni a Borges ni a Cafca, porque ni Borges estaba extravíado en sus en la biblioteca, ni Cafca en sus pesadillas. Es mentira.
Nosotros nos hemos enterado más tarde, pero Borges no es un señor que se cayó. Jamás se cayó y firmaba manifiestos y se metía unos líos tremendos y etcétera, etcétera, etcétera. Lo que pasa es que nosotros no lo conocíamos y nos creíamos que sus cuentos eran exactamente un calco de su de su vida como persona y él nunca se cayó jamás.
[música] Seguramente por eso no le dieron el Nobel cuando se debían haber dado 50 años. Gracias Javier por su tiempo y por esta entrevista. Muchas gracias a ti, a vosotros.