DISCIPULADO Y AUTORITARISMO ¡Aleluya! ¡Muy buenas noches mis amados! Ya vimos, en lecciones anteriores, que la coyuntura de discipulado no es una relación de autoridad,al contrario, es una relación de servicio y amor.
Hoy, veremos cuál es el modelo bíblico del discipulado: lo que el Nuevo Testamento presenta, lo que Jesús nos demuestra, lo que los apóstoles hicieron y hablaron en ese sentido. Y también, queremos aclarar algunos errores que existen en la mente de muchos hermanos en todo Brasil, personas vinculadas con nosotros o no. Esos errores, muchos de ellos están basados en una mala o equivocada interpretación de ejemplos del antiguo testamento.
Pues bien, pensamos que es tan importante este asunto, amados, que en el futuro, tendremos una live específica para hablar de autoridad y sumisión y autoridad delegada, donde ese tema será explicado de manera más amplia. Hoy nos detendremos de manera bien específica en la necesidad de no permitir, en el relacionamiento de discipulado, el uso de autoritarismo o de abuso de autoridad. Nada mejor que comprobar en las Escrituras, nuestro modelo perfecto que es Jesús.
Él que es Señor de todos ¿cómo se comportó en el trato con sus discípulos? ¿cuál es el modelo que nos dejó? ¿cuál fue Su práctica, que nosotros debemos imitar?
Tenemos una primera referencia en Juan capítulo 13, versículos del 1 al 5. Aquí Jesus en el capítulo 13 de Juan, en adelante, representa las últimas horas de Jesús antes de su prisión y crucifixión. Aquí Él está conversando con los discípulos y Juan relata así: “Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin.
” Primer marco en la enseñanza de Jesús: amar a los discípulos hasta el fin. “Y cuando cenaban, como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase, 3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido.
” Hermanos, quería destacar dos o tres cosas de este texto: primero, que Jesús amó los discípulos hasta el fin; y eso dejó una marca en esa relación de discipulado: amor a los discípulos como Cristo Jesús nos amó a nosotros. Segunda cosa, es que Jesús sabiendo que el Padre confiaría todo en sus manos (perciban la grandeza de esta tarea: el destino eterno de los cielos y de la Tierra estaban confiados en las manos de Jesús) y en esa hora, Jesús no invocó su condición de Verbo Eterno, Él no se recordó que Él era el Creador de todo, el Creador del mundo, el Creador del universo. Ese recuerdo no lo ayudaría a ir para la cruz por amor sus discípulos y por amor a nosotros.
Entonces, Jesús se hizo siervo. Él se vistió de humildad y de humillación. Jesús se comportó como aquel esclavo más incompetente.
Sabemos que los romanos tenían esclavos para todo, incluso los pedagogos, que eran los profesores, griegos, profesores de los romanos, de los hijos de los romanos; pero eran esclavos que cuidaban de sus rebaños, esclavos herreros, esclavos carpinteros, en fin, había esclavo para todo lo que era una tarea. Y estaba aquel esclavo incompetente, con pocas calificaciones, y que era usado para ponerse de rodillas y lavar los pies a los visitantes ilustres cuando entraban en las casas. Y Jesús se colocó en el lugar de esta persona: un siervo de poca capacitación.
Se colocó como el menor de los hombres, el más despreciado de los hombres. Este es el modelo que Él nos dejó: ponerse de rodillas y lavar los pies a sus discípulos, inclusive a aquel que lo traicionaría. Que esta sea una marca nuestra en el trato con los discípulos que el Señor nos confió, recordando siempre que los discípulos le pertenecen a Cristo y no a nosotros.
Siguiendo adelante, Juan capítulo 13, versos 14 al 17: “Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. 15 Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis. 16 De cierto, de cierto os digo: El siervo no es mayor que su señor, ni el enviado es mayor que el que le envió.
17 Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis. ” Jesús les está recordando a los discípulos que Él es el Señor, y Él es el Maestro, y así los discípulos lo trataban, lo llamaban; y hacían correctamente, porque de hecho Él es. Ahora, si siendo el Señor y el Maestro, se dispuso a lavar los pies de los discípulos, ¿por qué nosotros que somos consiervos, codiscipulos, no podemos hacer lo mismo con aquellos siervos, aquellos discípulos de Cristo que son confiados a nuestro cuidado?
Aquí está, hermanos, no sólo un ejemplo, no sólo un modelo a ser seguido, sino que hay una orden de Jesús, hay una instrucción de Él: Él dijo que, así como Él hizo a los discípulos, que eso debían hacerse unos a otros. Entonces, todo aquel a quien Jesús confió uno de sus discípulos, para que le enseñase a guardar todas las cosas que Jesús ordenó, ese discipulador, esa discipuladora, se debe portar así, como siervo en disposición, para cuidarlo, para lavarle los pies, para instruir en toda la Verdad. Jesús es el Señor y Maestro y Él se dispuso a lavar los pies de los discípulos.
Nosotros somos siervos y nosotros somos discípulos y debemos lavar los pies de aquellos consiervos y de aquellos condiscípulos que el Señor nos ha confiado. Esa debe ser la marca en nuestro relacionamiento de discipulado. Juan 15, verso 15 ,sólo la segunda parte del versículo.
Jesús aquí se está dirigiendo a sus discípulos y Él dice: “ pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. ” Hermanos, el “enseñar a guardar” pasa también por el “enseñar a saber”. Jesús no privó a sus discípulos de nada de lo que Él sabía de la Voluntad del Padre.
Él dio a conocer a los discípulos todo cuanto oyó del Padre. Y nosotros nos debemos esmerar, esforzarnos, para enseñar y comunicar a los discípulos que nos son confiados todo aquello que hemos recibido del Señor. Los discipuladores se deben esforzar para construir en si mismos un depósito, ser llenos de la Palabra, para poder equipar la mente de los discípulos, enseñarles primero a saber.
No privándolos de nada que Dios te ha revelado. Y después, con su ejemplo, enseñarles a guardar todo aquello que Jesús ordenó. Por último, yo quería leer este trecho: Marcos 10:43-35 43 a 45, disculpen “ Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos.
45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos. ” Hermanos, muchas veces las personas quieren ejercer algún servicio en la Iglesia como una forma de status. Quieren pasar para “el grupo de los discipuladores” como si eso pudiera otorgar mas “moral”, dándole un status mayor.
Esa es la mente del mundo. Entre nosotros, dijo Jesús, no debe ser así. “ el que quiera ser mayor, sea aquel que los sirva.
” entonces, cada discipulador este embebido de esa convicción. Permita que el Espíritu Santo marque tu conciencia con esta convicción. ¿Usted es un discipulador?
¿usted es una discipuladora? Entonces usted esta puesto/a para servir, para instruir, para enseñar a guardar, siendo modelo para ellos. Usted nunca podrá enseñarle a su discípulo a ser humilde, si usted no es humilde.
Si usted es tomado de arrogancia y de orgullo por ser un discipulador, ¿cómo le enseñará a su discípulo a ser humilde y a despojarse de si mismo como Cristo hizo? Pues bien, amados. Hay un aspecto en la enseñanza de Jesús, o mejor, hay un aspecto en el modelo de discipulado de Jesús que nosotros no podemos imitar.
Jesús es nuestro modelo para todo, pero hay un aspecto en el trato de Él con los discípulos que no podemos imitar. ¿Qué aspecto es ese? Jesús fue discipulador de los discípulos y Él fue Señor de los discípulos, y Él sigue siendo nuestro Señor, y el Señor de los discípulos que nos están confiados.
Es Jesús quien gobierna y no nosotros. Jesús es nuestro Señor y Señor de los discípulos que nos están confiados. Juan 13, verso 13: “Vosotros me llamáis Maestro, y Señor; y decís bien, porque lo soy.
” Él es el Señor. Y nosotros no podemos nunca olvidarnos de eso amados. No podemos imitar a Jesús en eso en particular.
Y algunos discipuladores se comportan como si fueran señores de los discípulos y dominan sobre la vida de los discípulos y ejercen una autoridad que Dios no les atribuyó, que Dios no les delegó. Entonces es un ejercicio ilegítimo, peligroso, que contraría la voluntad del Señor, que contraría el modelo del Señor y que agrede a la Iglesia de Dios. Ese ejercicio equivocado de la autoridad ha causado muchos daños en los relacionamientos entre los santos de la casa de Dios.
Muchos daños en ese trabajo noble y bendito de enseñar a guardar todas las cosas que Jesús ordenó. Esa autoridad equivocada ha manchado ese servicio tan glorioso y también ha comprometido el ejercicio del pastoreo por parte de muchos presbíteros que también ejercen una autoridad indebida dominando el rebaño. Es necesario volver nuestros ojos y nuestro corazón para nuestro modelo supremo, que es Cristo Jesús.
Recordando que entre nosotros, como dijo Él, no es así. El mayor sea como el menor, sea como aquel que sirve. Si esta marca nos caracteriza, hermanos, habrá mucha gloria para Dios y mucha salud en los relacionamientos.
Veremos ahora, un modelo apostólico. Vamos a tomar a Pablo como referencia en esto. En 1°Tesalonicenses, capítulo 2, versos 6 a 8, tenemos una referencia muy interesante de cómo Pablo se comportaba: “ ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo.
7 Antes fuimos tiernos entre vosotros(hay una versión que dice dulces entre vosotros), como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. 8 Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no solo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos. ” Hermanos, es interesante esta palabra de Pablo porque él se compara con una nodriza.
Las nodrizas también eran esclavas de los romanos. Había un tipo de esclavo, (dijimos que los romanos tenían eslcavos para todo) y había un tipo de esclava, de sierva de los romanos, que era llamada de “nodriza”; era un tipo de niñera. Eran mujeres que cuidaban de los hijos, de los bebés de los señores e las señoras romanas.
Esa niñera, esa nodriza, no tenía la opción de no servir; no tenía vacaciones, si ella está con su período o sin el período, sintiéndose bien o sintiéndose mal, ella tenía la obligación de cuidar de los hijos de sus señores. Hermanos, lo que Pablo esta diciendo aquí es esto, él está diciendo así: “yo no tengo opción de no servirlos a ustedes. ” La mente de Pablo era de una nodriza; hecho esclavo de aquellos que el Señor le confío.
Por amor de Cristo, se hacía esclavo de todos. El tenía una mente de siervo, pero tenía un corazón de madre. El no servía murmurando, reclamando, sintiéndose disminuido por ser siervo.
El trataba a aquellos hermanos, trataba a aquellos discípulos como una nodriza que acaricia los hijos propios. Es mente de siervo, corazón materno, ternura materna, cuidado materno, celo materno, sacrificio materno. Hermanos, piensen en la grandeza y en la gloria que sería esto: un grupo, un equipo de discipuladores y discipuladoras cuidando de los discípulos y discípulas que les son confiados, con esta mente de sierva (de nodriza) y con ese corazón de madre.
Cuánta gloria Dios produciría en medio de su pueblo, en medio de su Iglesia! ¡cuánta grandeza, cuánta edificación, cuánto consuelo, cuánta bendición, cuánta cura se produciría en el corazón de tantos! Cuántas marcas celestiales habría si todos los discipuladores y discipuladoras tuvieran ese corazón de Pablo, dispuesto a dar la propia vida y tratar a sus discípulos como la nodriza que acaricia a los hijos propios.
Bendito sea el Señor, que Él nos conceda ese corazón amados. Todavía en 2° Corintios 4, verso 5, Pablo declara ser siervo de los santos por amor a Jesús, diciendo así: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. ” ¿Ustedes perciben?
Él no se predicaba a sí mismo! Predicaba a Cristo Jesús como Señor, y a él mismo como siervo de los hermanos por amor a Jesús. De nuevo quiero insistir, sea esta nuestra marca: presentemos a Jesús como Señor y nos presentemos como siervos de los hermanos por amor a Jesús Cristo, nuestro Bendito Señor.
Todavía en 2° Corintios, capítulo 12, verso 15, Pablo está expresando su disposición para con la Iglesia diciendo: “Y yo con el mayor placer gastaré lo mío, y aun yo mismo me dejaré gastar (versión portugués) del todo por amor de vuestras almas, aunque amándoos más, sea amado menos. ” Esa expresión es muy interesante, él dice que se gastará y se dejará gastar. Mario, hace un tiempo atrás, explicó eso demostrando que el “gastarse” es aquello que tenemos para ofrecer, y el “dejarse gastar” es aquello que los hermanos demandan además de aquello que estamos listos para ofrecer.
Pablo se gastaba, se aplicaba, se dedicaba con celo, pero él no se escatimaba. Cuando la demanda era mayor a aquello que él tenía proyectado, él se dejaba gastar. Sea esa nuestra marca amados, siempre por causa de Cristo, siempre por amor a Cristo.
Recordémonos que Cristo espera que tratemos a sus ovejas como Él mismo las trataría. Recordémonos que aquellas vidas que nos están confiadas pertenecen a Cristo y fueron ganadas en la cruz, por su vida, por Su sangre derramado en la cruz, le pertenecen a Él y nosotros daremos cuenta a Él de cada vida que Él nos confió. Entonces, tengamos temor de Dios al tratar con los discípulos, para que no seamos sus dominadores, sino sus modelos, que los inspiren y los desafíen a imitarnos.
Al vernos guardar todo aquello que Jesús ordenó, sean ellos desafiados a guardarlo también. Aleluya! Por último, viendo ahí en el modelo de Pablo, 2° Corintios 13, versos 7 al 9: “7 Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.
8 Porque nada podemos contra la verdad, sino por la verdad. 9 Por lo cual nos gozamos de que seamos nosotros débiles, y que vosotros estéis fuertes; y aun oramos por vuestra perfección. ” Hermanos, este texto es emblemático.
Este texto tiene que ser memorizado por todo y cualquiera que ejerce cualquier servicio en la casa de Dios, sea presbítero, sea un líder, un diácono, un discipulador, debe tener esa actitud que Pablo tenía. Hermanos, Pablo no está preocupado con su imagen, con aquello que pudieran pensar respecto de él. Él no está preocupado con su reputación.
Perciban que el dijo: importa que ellos hagan el bien. Él estaba orando para que ellos hicieran el bien. Y no importaba lo que ellos pensaran de Pablo, o lo que Pablo pudiera ser a los ojos de ellos.
Pablo estaría bien, si ellos estuvieran haciendo el bien. Pablo no estaba preocupado con parecer aprobado a los ojos de los corintos. Pablo quería ser aprobado a los ojos de Dios y el buscaba siempre el perfeccionamiento, aunque sea en detrimento de su propia reputación, aunque fuese mal visto, pero que el fruto de su esfuerzo redundase en el perfeccionamiento de los santos y que los santos hicieran el bien.
Que seamos movidos así, cualquiera de nosotros que este cuidando a algún discípulo de Cristo que nos haya sido confiado. Cuando miramos a Pablo, percibimos que él nunca evocó su autoridad, o su paternidad para sacar alguna ventaja. Al contrario, siempre que Pablo mencionó su autoridad, siempre que elevó su paternidad fue para proteger el rebaño, fue para librar al rebaño de engaños, librar al rebaño de falsos maestros, de falsos apóstoles.
Es muy triste cuando aquellos que están cuidando del rebaño de Dios evocan su paternidad, y evocan su autoridad para protegerse a sí mismos. Y muchas veces esos hermanos hacen esto, usando equivocadamente ejemplos del viejo testamento. Yo quería aquí hermanos, destacar dos ejemplos que son comúnmente usados para respaldar esos abusos de autoridad.
Inclusive para amenazar a los discípulos, trayéndoles un tipo de miedo y de temor indebido no basado en las Escrituras, no basados en la voluntad del Dios, no basado en el consejo de Dios, no basado en el modelo de Cristo, ni en el modelo de los Apóstoles ni siquiera en el modelo de los profetas. ¿Cuáles son esos ejemplos que son comúnmente utilizados? Moisés y David.
Vamos a explorar primeramente a Moisés. Citan con mucha frecuencia la situación en que Miriam resistió a Moisés y quedó leprosa. Y muchos usan eso con tono de amenaza como quien dice así: No toques a un ungido del Señor.
Cuidado que Dios puede traer juicio sobre usted. Hay dos cosas importantes para ser destacadas aquí hermanos: primero: Moisés no le sacó en cara a Miriam su autoridad. Moisés no evocó su autoridad.
Moisés no dijo que él era un profeta, el ungido de Dios, y que ella tuviera cuidado al hablar de él. Al contrario, Moisés intercedió por Miriam. ¿Es ese su corazón cuando es afrontado?
¿Usted intercede por aquel que te afronta? ¿O usted amenaza con su supuesta autoridad? Segunda cosa hermanos, es una locura querer compararnos con Moisés.
No tomemos esta situación como una referencia y patrón para todo ejercicio de autoridad. Moisés fue un hombre único, fue singular. Nadie en la tierra recibió la autoridad que Moisés recibió.
Soy loco si me comparo con Moisés. Soy loco al querer pensar que tengo sobre mí la misma autoridad que Moisés tenía. Hermanos, recordémonos que Dios le dijo a Moisés: Yo te pongo como Dios sobre Faraón, como Dios sobre Egipto, y Aarón será tu profeta.
Amados, Aarón no era profeta de Dios, Aarón era profeta de Moisés. Dios le concedió a Moisés esa cosa tan singular de ser como Dios sobre Egipto y sobre Faraón. Y yo soy loco de compararme con este hombre?
Hermanos, Dios hablaba cara a cara con Moisés. Allá en el Sinaí, Dios escondió a Moisés en la hendidura de la peña. Que cosa tan maravillosa y tan singular.
Dios protegió a Moisés con Su mano. Dios puso la mano, escondió a Moisés y dijo: mi rostro Moisés no lo vas a poder ver. Y Dios pasó, y Dios sacó las manos y Moisés vio a Dios por las espaldas.
Este es el Moisés que Dios salió a defender delante de Miriam. Este es el hombre que Dios defendió. Y ¿yo voy a compararme con este hombre?
Recuerde lo que Dios le dijo a Miriam: Miriam, con usted yo hablo como hablo para cualquier otro profeta, por sueños y visiones, pero con Moisés, mi siervo Moisés, yo hablo cara a cara, como cualquiera habla con su amigo. Hermanos, si alguno de nosotros tiene esa experiencia de hablar cara a cara con Dios cotidianamente como habla con su amigo, de ser escondido en la hendidura de una roca y que Dios lo proteja con sus manos y Dios pase y lo vea de espaldas. Y si alguno de nosotros alguna vez recibió de Dios esa delegación de ser como Dios sobre alguien, entonces usted puede evocar el ejemplo de Moisés.
Si no, no lo haga. Es imprudente. Moisés fue único, y no es bueno compararnos con él.
Otra cosa que quiero abordar sobre Moisés es que aun cuando el fue enfrentado y resistido por rebeldes como Datán, Abiram y Coré, que querían ser sacerdotes en lugar de Aarón, perciban que Moisés de nuevo no evocó su condición de profeta de Dios. Aun sabiendo que aquellos hombres eran rebeldes, aun sabiendo que Dios traería juicio sobre ellos, la forma como Moisés se expresó públicamente fue diciendo así: “vamos a orar para saber a quien Dios va a escoger. Hermanos, no nombremos allá lo que Dios hizo con Miriam dejándola leprosa porque evocó a Moisés.
Imitemos la actitud de Moisés, y deseemos ser tan cercanos a Dios como él fue. Pero tengamos el corazón de Moisés. La biblia habla sobre esto.
Y era el varón Moisés muy manso, más manso que todos los hombres de la tierra. Todo aquel hermano que recibió la verdadera autoridad de Dios, teme a Dios. Y no usa esa autoridad para oprimir o desmerecer al pueblo de Dios, para traer temor sobre el pueblo de Dios.
Al contrario, es manso. Porque sabe que la autoridad no está en él, no emana de él. La autoridad emana del Señor, y el Señor nos delegó esa autoridad para servir y proteger.
Nunca para oprimir. Nunca para sacar ventaja. Pues bien, el segundo modelo: el de David y Saul.
Es muy común que las personas para defender su propia autoridad, digan que Saul no se atrevió a cortar. . .
disculpen, que David no se atrevió a cortar el manto de Saul, porque Saul era Ungido del Señor. Y que por lo tanto la iglesia hoy no debe tocar a los Ungidos del Señor. Hermanos, la primera cosa a entender es que la biblia no llama a los presbíteros de ungidos.
No hay ningún lugar del Nuevo Testamento llamando a un presbítero de el Ungido del Señor. Eso era una terminología usada allá en el Antiguo Testamento para reyes, para profetas. Entonces se comienza con un error.
Se creó una mística en medio de la iglesia en que el presbítero es ungido, eso no tiene respaldo en el Nuevo Testamento. No hay nada en el Nuevo Testamento que apunte en esa dirección. Pablo una única vez refiriéndose así dijo que: Dios lo consideró fiel y lo ungió para el ministerio, en el sentido de capacitarlo para el ministerio.
Ese es el primer punto a ser aclarado. El segundo, si queremos tomar a Saul como referencia de autoridad y que porque era autoridad David no podía tocarlo, vamos a considerar quien era Saul y que aun así permaneció siendo el ungido del Señor y una autoridad sobre el Reino de Israel. Primero, Saul era asediado por un espíritu que lo atormentaba regularmente.
Antes que David enfrentase a Goliat, David todavía era muy joven, no tenía edad para ir a la guerra, él fue llamado para espantar, exorcizar los demonios que perturbaban a Saul. Y David iba tocando su arpa para hacer esto. ¿Ustedes se imaginan un presbítero así endemoniado, que continúe siendo presbítero, unido del Señor?
Pues Saul era. Incluso siendo ese hombre. Segundo, Saul intentó matar a David varias veces, intentó matar a su propio hijo.
¿Ustedes se imaginan que algún presbítero, cualquier autoridad de la iglesia permanecería siendo autoridad, incluso haciendo esas cosas? Cuando David evitó cortar el manto de Saul hermanos, Saul había intentado matar a David varias veces. Ya había intentado matar a Jonatan, su propio hijo.
Pero aun siendo ese hombre perverso, continúa siendo Ungido del Señor. Y siendo rey de Israel, nadie podía tocarlo, sacarlo de ahí. Sólo Dios podría hacerlo, y Dios lo hizo a su tiempo.
Pero hermanos, esto era una vieja alianza, no sirve para la iglesia. No es un modelo para la iglesia. Después de eso, Saul mató ochenta sacerdotes y a sus familias, esposas, hijos y los rebaños.
Y continuó siendo Ungido del Señor. ¿Ustedes se imaginan a un autoridad de la iglesia haciendo semejante desgracia y permanecer siendo ungido o autoridad? Hermanos, tengamos cuidado cuando usamos el Antiguo Testamento como referencia.
Ese modelo no se aplica a la iglesia. Existen calificaciones para presbíteros, para autoridades de la iglesia. Y si estas calificaciones no son cumplidas, presbíteros o cualquier otra autoridad pueden ser destituidos.
Por lo tanto no son el Ungido del Señor. Eso es una terminología y era una realidad dentro de aquella dispensación del Antiguo Testamento. Bien, eso aquí fue un paréntesis, cerramos los paréntesis y volvamos entonces para nuestro modelo: el discipulado.
Después de haber visto a Jesús como nuestro modelo, y los apóstoles, especialmente Pablo, usé varias citas de Pablo aquí, concluyamos hermanos diciendo lo siguiente: algunos de entre nosotros en la iglesia se comportan como si Jesús hubiera dicho así: Mandándoles a guardar todas las cosas que les he mandado. No, no hermanos, no fue así que Jesús dijo. Él dijo: enseñándoles a guardar todas las cosas que les he mandado.
Las órdenes son de Jesús, es él que dió las órdenes, no somos nosotros. Discipulador no da orden, discipulador da ejemplo. Discipulador da vida, discipulador da la Palabra.
No da órdenes, la orden es de Jesús. El discipulador guarda la orden de Jesús, y se vuelve un modelo de referencia para el discípulo. Entonces el discípulo es inspirado y desafiado en el modelo que ve delante de sí, y desea imitar ese modelo.
Queremos repetir aquí lo que fue dicho en lecciones anteriores: hay una autoridad que el discipulador puede desarrollar, legítima. No es una autoridad delegada, es una autoridad del ejemplo. Autoridad del modelo.
Aquella autoridad que estaba sobre Jesús cuando él era apenas un hombre en Israel. Apenas para la sociedad judía, no? Él no era un escriba, no formaba parte del sanedrín.
No era una autoridad constituida entre los judíos. Aunque era el Señor de todos. Pero ahí está escrito: cuando Jesús enseñaba, enseñaba como quien tiene autoridad.
Y las multitudes se admiraban. Esa autoridad de Jesús, hermanos, estaba en el hecho de que Él hacía todas las cosas que Él enseñaba. Y Él enseñaba todas las cosas que hacía.
Esa autoridad podemos conquistarla en la convivencia con los discípulos. Que los discípulos nos miren y podamos decirles hagan como yo hago. Vengan y vean.
Sean mis imitadores como yo soy de Cristo. Esta frase tiene que estar en el corazón y la boca de todo discipulador y discipuladora, sean mis imitadores como yo soy de Cristo. Nuestro papel es oír a Jesús, guardar las cosas que Él nos ordenó, y guardar esas cosas delante de los discípulos para que nos imiten.
Para la Gloria de Dios cumpliremos así la bendita orden de Jesús. Id por todo el mundo, haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Y enseñándoles a guardar todas las cosas que les he ordenado.
Enseñándoles a guardar. Amén. En nombre de Jesús.
Amigo Manoel, estamos con vos ahora. Exiten, preguntas que quedan cuando escuchamos una palabra como esta de Vanjo, que es: ¿donde está la línea? ¿cuando es que pasamos la línea?
¿qué es autoridad? ¿ qué es abuso? ¿qué no es?
¿qué se puede? ¿qué no se puede? Y yo me acuerdo que cuando conocí a Marcos y Mario por primera vez, allá en los años 90, esa era una pregunta que yo tenía, una duda que yo tenía.
Y ahí ellos me presentaron un cuadro que me trajo mucho descanso, mucha seguridad, y viene norteando el discipulado en la iglesia todos estos años. Que son los tres niveles de autoridad. Entonces, establecemos que existen tres niveles de autoridad.
El primer nivel de autoridad es la autoridad de la Palabra. Y autoridad de la Palabra ella tiene autoridad absoluta. Por ejemplo allí en Mateo 28:18-20 Jesús dijo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.
Y ahí Él da la orden: Id y haced discípulos, no? Y al final Él dice así: enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. En aquello que somos respaldados por la Palabra de Dios, tenemos autoridad absoluta.
En aquello que no tenemos respaldo de la Palabra de Dios, no podemos colocarlo como algo absoluto que el discípulo tiene que obedecer. Entonces, autoridad absoluta esta cuando tenemos el respaldo de la Palabra de Dios. Si no tenemos el respaldo de la Palabra de Dios, no podemos imponer, o colocar algo como absoluto para el discípulo.
Segundo nivel de autoridad, es el nivel del consejo. Que es una autoridad relativa. Yo quería leer dos Proverbios con ustedes que están ahí en pantalla, que es Proverbios 12:15 que dice así: “El camino del necio es derecho en su opinión; Mas el que obedece al consejo es sabio.
” y también Proverbios 19:20, dice así: “Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez. ” Hay personas que nunca buscan consejos; hay personas que buscan consejos y no escuchan, no, no dan oído, no siguen consejos. Pero el consejo tiene una autoridad relativa.
La persona no es obligada a seguir el consejo que es dado, no? Es por ejemplo: ¿con quién me voy a casar? Entonces, ¿pretendo casarme con alguien?
Debo buscar consejo. Pero no soy obligado a obedecer el consejo. Ahora, hay personas que nunca buscan consejo.
Y hay personas que buscan y nunca oyen el consejo. Entonces es muy importante para quien va a dar el consejo, orar bastante para no decir cualquier cosa. Para intentar dar el consejo según Dios para la persona.
Pero es más importante, que la persona que esta escuchando el consejo, ore mucho más. Para saber si el consejo que la otra persona esta dándole es una dirección de Dios para su vida. Porque Dios va a usar de la experiencia, de la madurez, del conocimiento de la Palabra de nuestros consejeros para direccionar nuestra vida.
Muchas veces el consejo que alguien nos va a dar es una dirección clara que Dios tiene para nosotros. Y ahí necesitamos tener sensibilidad espiritual, buscar al Señor, para saber si ese consejo viene del Señor. Y si viene del Señor, necesita ser seguido.
Entonces quien recibe el consejo, necesita buscar ese discernimiento en el Señor ahí para decidir. Si no escucha el consejo, no es rebelde por eso, como sería en el primer caso, donde hay autoridad absoluta de la Palabra. Y ahí si no escucha la Palabra el sí va a estar rebelándose contra la Palabra de Dios.
Y el tercer nivel es opinión. Sin autoridad alguna. En 1° Corintios 7:40, hay un ejemplo así, donde Pablo está dando la opinión de él.
Él dice así: “ Pero a mi juicio, más dichosa será si se quedare así; y pienso que también yo tengo el Espíritu de Dios. ” Entonces porque las personas tienen el Espíritu de Dios, nosotros en la iglesia buscamos consejo con quien tiene el Espíritu de Dios. Entonces, es importante respetar.
Es importante que sepamos que no necesitamos despreciar la opinión del otro. Alguien puede decir que él ora bien temprano por la mañana, es cuando tiene un tiempo. Hay otros que no, que le gusta orar a la noche.
Entonces, lo importante es orar. Cada uno va a tener una opinión de cúal es el mejor horario de orar. Y uno debe respetar la opinión del otro.
Entonces esos tres niveles, regulan ese relacionamiento de discipulado, de discípulo-discipulador. Adonde hay autoridad de la Palabra, que es autoridad absoluta; consejo, que es autoridad relativa; y opinión que es sin autoridad alguna. Las preguntas, quería dejar entonces las preguntas para ser trabajadas ahí en las coyunturas y concertaciones.
Primera pregunta: ¿cómo he ejercido mi servicio? ¿servicio amigo, o servicio dominador? Segunda pregunta: ¿usted a imitado a Jesús y a los Apóstoles en el trato con los discípulos?
Tercera : ¿en qué no podemos imitar a Jesús en el discipulado? Cuarta: ¿cuáles son los tres niveles de autoridad? Amén.