En este apartado se van a presentar distintas formas de clasificar a las empresas de servicios. El problema con el que nos encontramos es que no existe una clasificación generalmente aceptada de este tipo de empresas. Existen, por tanto, multitud de clasificaciones, lo que nos obliga estudiar aquellas que creemos que son las más utilizadas.
En concreto, presentamos tres clasificaciones. La primera es la clasificación más tradicional, de Browing y Singelmann, en 1978, La segunda es una tipología clásica presentada por Gershunny y Miles. Y la tercera es la clasificación propuesta por la contabilidad nacional.
A continuación, podrás ver en más detalle cada una de ellas. La clasificación más tradicional, de Browing y Singelmann, clasifica las industrias de servicio en cuatro grupos conjuntamente con los sectores primario y secundario tradicionales, que en su esquema reciben los nombres de sectores de actividad extractiva y de transformación, a los que denominan, respectivamente, servicios de distribución, de producción, sociales y personales. Por tanto, en primer lugar nos encontramos con las actividades extractivas propias del sector primario, como por ejemplo, agricultura y pesca y minería.
En segundo lugar, las industrias de transformación que conforman el sector secundario, como por ejemplo construcción, alimentación, textil, metalurgia, mecánica, química y otras actividades fabriles. En tercer lugar, tendríamos los servicios de distribución, como por ejemplo transportes y almacenamiento, comunicaciones, comercio al por mayor, comercio al por menor (excepto establecimientos, comidas y bebidas). El cuarto, servicios de producción, donde nos encontramos servicios bancarios, crediticios y otros servicios financieros, seguros, agencias inmobiliarias, servicios de ingeniería y arquitectura, contabilidad, diversos servicios de explotación y servicios jurídicos.
En quinto lugar, tendríamos los servicios sociales, como por ejemplo, servicios médicos y sanitarios, hospitales, enseñanza, servicios de asistencia social y religiosa, organizaciones no lucrativas, servicios de correos, administración pública, servicios profesionales y sociales de diversa naturaleza. En sexto lugar, serían los servicios personales, donde se encuentra el servicio doméstico, centros hoteleros y hospedaje, establecimientos de comidas y bebidas, servicio de reparaciones, lavandería y tintorería, peluquería y salones de belleza, servicios de espectáculos y esparcimiento y otros servicios personales. Otra clasificación de empresas de servicios es la tipología clásica presentada por Gershunny y Miles.
Estos autores clasifican a las empresas de servicios en dos grandes grupos. Las que prestan servicios comercializables o de mercado y las que prestan servicios no comercializables. En el primer grupo nos encontraríamos los servicios comercializables o de mercado, que son aquellos que son objeto de transacción económica.
Su destino se dirige tanto a los particulares como a las empresas, y en algunos casos, a ambos de manera conjunta, como sucede, por ejemplo, con el correo privado o el transporte. Dentro de este tipo de servicios podemos distinguir los siguientes. Los servicios financieros, donde la actividad financiera abarca una serie de instituciones de diversa índole dedicadas todas ellas a la gestión de recursos monetarios.
La competencia ha aumentado también a escala nacional e internacional, el sector financiero es uno de los que mayor volumen de empleo en las actividades de servicios comercializables han generado. La cifra de negocio de este sector ha experimentado un incremento espectacular en los últimos años. También nos encontramos con los servicios profesionales.
Aquí se agrupa una amplia gama de servicios, entre ellos los de investigación y desarrollo, diseño, ingeniería de proyectos, consultoría, comercialización, publicidad, tratamiento de datos, contabilidad y asesoramiento jurídico. En muchos de ellos desarrollan su actividad un número considerable de pequeñas empresas integradas a menudo por algunos profesionales con el apoyo de un pequeño equipo de personal de oficina. Todas ellas utilizan inputs especializados que solo en parte son susceptibles de automatización.
Hay que tener en cuenta la posibilidad de que los servicios profesionales se orienten cada vez más al ámbito de las unidades familiares, adoptando la forma de servicios intermedios a los consumidores. En este grupo encontramos también los servicios de explotación, tales como los trabajos de mantenimiento, los de limpieza y seguridad, los servicios de suministro de comidas y bebidas y el mantenimiento de edificios, entre otros. Es frecuente que se realice la subcontratación de estas funciones a una empresa especializada en la prestación de servicios de esta naturaleza.
De hecho, uno de los principales incentivos que presenta la subcontratación con empresas externas es la capacidad de las empresas de servicios de explotación de reducir costes mediante el empleo de mano de obra marginal que percibe salarios bajos y que trabaja en condiciones que provocaría la resistencia de los trabajadores sindicados de las grandes empresas. Se trata, por lo general, de empresas relativamente pequeñas, cuyas posibilidades de realizar inversiones en gran escala son menores. En este grupo también nos encontraríamos servicios de transporte y almacenamiento.
Los aspectos políticos tienen especial importancia en el desarrollo de los servicios de transporte, lo que no resulta demasiado sorprendente habida cuenta del carácter predominantemente público de los sistemas de transporte aéreo, por ferrocarril y de viajeros por carretera. El transporte de mercancías por carretera, a pesar de ser realizado por empresas privadas, está sometido a una estricta reglamentación. Esa situación responde tanto a las características de monopolio natural de gran parte del transporte como su importancia estratégica para el conjunto de la economía, e implica que ese sector tiene bastantes rasgos en común con los servicios no comercializados, cuya evolución ha dependido, tradicionalmente, de opciones políticas.
Otro servicio dentro de los servicios comercializables es el relativo a las comunicaciones; los servicios de correos, teléfonos y telégrafos de Europa comprenden tanto el transporte físico de información (es decir, el correo) y paquetes (como las telecomunicaciones o transmisión electrónica de información). Una gran proporción de los servicios de correo está destinado a comunicaciones comerciales. Se han realizado notables progresos en la mecanización de las operaciones de clasificación de la correspondencia.
Se ha estimado que este proceso de mecanización permitirá prescindir en gran medida del personal dedicado a clasificar la correspondencia. En muchos casos, las telecomunicaciones pueden competir directamente con servicios de comunicación física existentes, como por ejemplo el correo electrónico. Otro tipo de servicios dentro de los servicios comercializables o de mercado es la venta al por mayor y al por menor.
El número de puntos de venta y el grado de concentración de la actividad comercial del sector en grandes almacenes y cadenas de establecimientos comerciales difieren sensiblemente según los países. En las últimas décadas ha disminuido el número de puntos de venta al por menor, sobre todo en la rama de la alimentación, aunque se ha producido un aumento de la venta al por menor de productos especiales no alimenticios. Es probable que este fenómeno esté relacionado con el auge de la venta al por menor en régimen de autoservicio en establecimientos de todos los tamaños y con las sustanciales economías de escala de los grandes almacenes.
El comercio al por mayor ha sufrido también un proceso de concentración en los últimos años. Las empresas de venta al por mayor han tendido a establecerse en zonas especiales situadas en las afueras de las ciudades. La presión de la competencia y de los gastos de instalación provocará, probablemente, un aumento del grado de concentración de las actividades de venta al por mayor; concentración que puede ir acompañada de una integración vertical basada en fusiones de empresas al por mayor y al por menor.
También nos encontramos dentro de los servicios comercializables o de mercado con los servicios personales. Este grupo comprende servicios de muy diversa índole, tales como los servicios domésticos, servicios de espectáculos y servicios de esparcimiento, servicios de reparaciones y mantenimiento, que comprenden servicios intermedios de producción y servicios intermedios a los consumidores. También comprende servicios dentro del sector de hostelería y suministro de comidas.
El segundo grupo de servicios de esta clasificación serían los servicios no comercializables; serían todos aquellos prestados, fundamentalmente por la administración pública, donde se encuentra la defensa, enseñanza y sanidad pública, transportes y comunicaciones públicas y los servicios sociales en general. La tercera tipología de empresas de servicios es la propuesta por la contabilidad nacional. Una clasificación de los servicios relativa al caso concreto de España se centra en la contabilidad nacional y los servicios aparecen distribuidos en dos grandes grupos: servicios destinados a la venta y servicios no destinados a la venta.
Entre los servicios destinados a la venta encontramos recuperación y reparación, comercio, restaurantes y alojamientos, ferrocarriles, transporte por carretera, oleoductos y gaseoductos, transporte marítimo y cabotaje, navegación, transporte aéreo, servicios anexos a los transportes, comunicaciones, créditos y seguros, producción, servicios prestados a las empresas, alquiler, inmobiliario, investigación y enseñanza destinada a la venta, sanidad destinada a la venta y otros servicios destinados a la venta. Entre los servicios no destinados a la venta encontramos los servicios generales de las administraciones públicas, investigación y enseñanza no destinada a la venta, sanidad no destinada a la venta y otros servicios no destinados a la venta. Destacar que los servicios que se ofrecen y se destinan a las empresas presentan como característica básica el hecho de ser objeto de consumo intermedio entre el proceso de producción de bienes o servicios finales.
Es decir, el cliente al que se dirigen es un cliente interno, como otro departamento, sección o persona dentro de la empresa. Este tipo de actividades ha experimentado en los últimos años un crecimiento notable. La clasificación según la Comisión Nacional de Actividades Económicas es la siguiente: investigación y desarrollo, asesoría jurídica y económica, estudios de mercado, servicios técnicos, publicidad, selección de personal, investigación y seguridad, limpieza industrial y actividades empresariales diversas.