¿Qué tal, comunidad del último huésped? Me llamo Camilo. Cuando conocí a Nay Yelli, hice todo lo posible por conquistarla. Al principio ella no parecía muy interesada. A veces aceptaba salir conmigo. Otras veces me decía que no tenía tiempo. Aún así, seguí insistiendo. Pasaron varios meses. Poco a poco comenzó a aceptarme más salidas. Caminábamos por el pueblo, íbamos a la plaza. A veces solamente nos sentábamos a platicar un rato. Con el tiempo nos hicimos novios. Nuestra relación avanzó rápido. Casi a los dos años de noviazgo decidimos casarnos. Para ese momento, Nayeli ya estaba embarazada de nuestro
primer bebé. Hasta entonces, ambos estábamos muy comprometidos. Yo sentía que formábamos una buena pareja. Los dos poníamos de nuestra parte. Siempre intentábamos ayudarnos para salir adelante. Éramos jóvenes. Cuando nos casamos, yo tenía 24 años. Nayeli tenía 22. Tal vez para muchas personas eso suene muy joven, pero en los pueblos esa edad es muy normal para formar una familia. Mi esposa siempre me decía que quería estudiar una carrera. Era algo que deseaba desde antes de conocerme. Yo le respondía lo mismo cada vez que hablábamos de ese tema. Solo debíamos esperar un poco. Le decía que cuando
nuestro primer bebé cumpliera un año, ella podría comenzar a estudiar. Nuestra situación en ese momento no era mala. A mí me iba bien en el trabajo. Además, mi padre me prestaba tierras para trabajar. También teníamos ganado. Eso nos ayudaba bastante para sostener la casa. Todo parecía acomodarse bien, pero cuando llevábamos dos años de casados, Nayeli salió embarazada otra vez. Nuestro primer bebé apenas estaba por cumplir dos años. Aún así, recibimos la noticia con mucha alegría. Los dos queríamos mucho a nuestros hijos, aunque también noté algo en Aeli. A veces se le veía un poco desanimada.
Me decía que tenía muchas ganas de retomar sus estudios. Yo intentaba animarla. Siempre trataba de estar a su lado. Procuraba que el embarazo saliera lo mejor posible. Mi madre también le tenía mucho aprecio. En varias ocasiones se ofrecía para cuidar al bebé. Así mi esposa podía descansar un poco y no sentirse tan presionada. Ese apoyo nos ayudó bastante. Después nació nuestro segundo bebé. Con dos niños tan pequeños se volvió complicado pensar en iniciar una carrera. Con el tiempo, Nayeli me dijo que ya no tenía prisa. Prefería disfrutar un poco más a sus bebés. Aún así,
yo sentía cierta tristeza. Sabía cuánto deseaba estudiar. Un día le propuse algo. Le dije que tal vez podía estudiar una carrera los fines de semana, algo que realmente le gustara. La idea le agradó. Comenzamos a hablar del tema con más calma, pero las inscripciones todavía no estaban abiertas, así que lo fuimos dejando para después. En ese tiempo yo podía decir con tranquilidad que mi matrimonio se sentía muy bien. Teníamos dos bebés. Nayeli se enfocaba en la casa y yo trabajaba. Era lo normal en mi familia. Así me había enseñado mi padre. Además, mi suegra siempre
me trató con mucho cariño y mi madre también quería mucho a Nayeli. La verdad me sentía muy afortunado. No era por compararme con nadie, pero sentía que había encontrado a una mujer que buscaba lo mismo que yo. Vivíamos en una casa rentada, nada lujoso, pero estábamos trabajando para mejorar. Mi padre incluso me dijo algo que recuerdo bien. Si le echaba ganas al trabajo, él podía apoyarme para comprar un terreno. Ese era uno de mis sueños, formar algo propio para mi familia. En ocasiones también trataba de hacerme cargo de los bebés. Además, veía a mi esposa
muy cansada algunos días. Pasaba todo el día cuidándolos. Por eso yo intentaba estar presente siempre que podía. Cuando llegaba del trabajo, Nayeli me recibía con comida caliente. Preparaba lo que más me gustaba. La casa siempre estaba limpia, pero más que eso, tenía pequeños detalles conmigo, cosas simples que me recordaban cuánto me quería. Yo también hacía lo posible por corresponderle. Sentía que nuestro cariño era recíproco. Todo en nuestra vida parecía marchar bien. Lo que yo no imaginaba es que las cosas iban a cambiar de una forma muy drástica cuando mi esposa comenzó a estudiar. Fui yo
quien llevó a Nayeli a inscribirse a la escuela. El plantel estaba en el municipio aproximadamente a 40 minutos en camioneta desde el pueblo. Mi esposa quería estudiar una carrera técnica en administración. Afortunadamente tenían esa opción para fines de semana. Las clases eran viernes y sábado, aunque prácticamente se quedaban todo el día en la universidad. La verdad sí lo pensé un poco antes de decidirme, no tanto por desconfianza, más bien por la responsabilidad de la casa y de los niños. Pero luego me dije algo sencillo. Solo serían dos años. No era algo tan largo. Además, sabía
que Nayeli se sentiría más tranquila si podía estudiar. Y mi madre incluso me dijo que ella podía ayudarme cuando fuera necesario. Así que un día fuimos a inscribirla, preguntamos todo lo que hacía falta, los horarios, los pagos. Después de eso, Nayeli comenzó sus clases en septiembre. Hasta ese momento, todo marchaba muy tranquilo. Yo mismo la llevaba los viernes y los sábados a la universidad. También pasaba por ella cuando terminaban las clases. A veces la veía algo cansada. No era fácil estudiar y al mismo tiempo atender a dos niños pequeños. En ocasiones se quedaba por las
noches haciendo tareas o revisando apuntes. Aún así, intentaba mantener la casa en orden. También procuraba seguir al pendiente de los niños. Al menos al principio parecía que estaba logrando equilibrar todo. Recuerdo muy bien una conversación que tuve por esos días con un compadre mío. Se llama Calixto. Cuando yo andaba muy estresado del trabajo, a veces pasaba por su casa, nos sentábamos a platicar un rato. A veces abríamos las puertas de mi camioneta, poníamos algo de música, luego sacábamos unas sillas de plástico y nos sentábamos en el patio. Ahí hablábamos de muchas cosas, del trabajo, de
la familia, de lo que estaba pasando en el pueblo. En una de esas pláticas, Calixto me dijo algo que se me quedó muy grabado. Me dijo que cuidara bien a mi esposa, que no fuera a pasar que algún otro sujeto se le acercara con otras intenciones. Lo dijo con una sonrisa en la cara. Claramente estaba medio bromeando. Yo también le respondí tranquilo. Le dije que Naeli estaba muy enfocada en sus estudios, que lo único que yo quería era que se sintiera bien, que no dejara de lado su sueño de tener una carrera. Entonces, mi compadre
me contó algo. Dijo que un amigo suyo de otro pueblo había descuidado a su esposa. Yo no conocía mucho a ese hombre, pero su nombre sí me sonaba. Según lo que me contó, ese hombre se había confiado demasiado y mientras él andaba ocupado en otras cosas, su esposa comenzó a salir con alguien más. Todo eso mientras todavía seguían casados. Yo seguí la conversación con calma. Le respondí que ese tipo de cosas también dependen mucho de los valores de cada persona. Le dije que yo conocía bien a mi mujer. Sabía que ella no me faltaría al
respeto de esa manera. Además, ya teníamos una familia juntos, dos niños, y siempre habíamos tratado de apoyarnos entre nosotros. Mi compadre me respondió que yo tenía razón. Luego me dijo algo más, que no quería generar ningún tipo de conflicto con lo que había dicho, que solo lo pensó en ese momento y lo comentó sin ninguna intención. Ese tipo de conversaciones entre nosotros eran muy normales. Yo nunca me tomaba nada personal. Sabía que Calixto no hablaba con mala intención, solo era la forma en la que platicábamos cuando nos sentábamos a pasar el rato. Fue hacia el
final del segundo cuatrimestre cuando comencé a notar algunos cambios en Aeli. Ella misma decía que estaba batallando con muchas cosas, tareas, pendientes, trabajos que tenían que entregar en equipo. A veces me comentaba que necesitaba ir al municipio entre semana. Decía que era para juntarse con sus compañeros y avanzar en trabajos de la escuela. En ese tiempo a mí se me complicaba llevarla. El trabajo no siempre me lo permitía. Entonces, su madre se hacía cargo de nuestros bebés mientras ella salía. No voy a negar algo. En ese momento había ciertas cosas que me hacían sentir un
poco inseguro. Me costaba trabajo dejarla ir sola al municipio o pensar que pasaba tanto tiempo con otras personas. Pero yo mismo trataba de tranquilizarme. Me decía que no debía ser celoso, que tenía que confiar en mi esposa. Hasta ese momento, Nayeli siempre me había mostrado que podía confiar en ella. Nunca me había dado un motivo claro para desconfiar. Aún así, hubo momentos que me incomodaron un poco. Por ejemplo, cuando me decía que quería salir con sus amigos del municipio. Según ella, algunos compañeros de clase habían organizado un convivio después de las clases. Decían que ya
estaban en el segundo cuatrimestre y querían convivir un poco más fuera de la escuela. Recuerdo que ese día le dije que sí podía ir, incluso le ofrecí llevarla, pero Nayeli me respondió que no era necesario. Me dijo que una compañera de su clase vivía en un pueblo no muy lejano al nuestro, que esa muchacha podía pasar por ella. Yo le comenté que me sentía más tranquilo si yo mismo la llevaba. Entonces Nayeli se rió un poco y me dijo que no tenía que ser celoso. Me explicó que solamente iban a estar sus compañeros de clase,
que todo estaría bien. Lo dijo en tono de burla, sin mala intención. Yo también lo tomé de buena manera. Le respondí que no había problema. Incluso le dije en tono de broma que si llegaba a enterarme de que me estaba engañando con alguien más, me las iba a pagar, que la iba a buscar hasta debajo de las piedras. Todo eso lo dijimos con tranquilidad. Las parejas que se llevan de esa forma tal vez podrán entender lo que quiero decir. No era una discusión, solo una conversación normal entre nosotros. Aún así, hubo otras cosas que comenzaron
a llamarme la atención. pequeños detalles que en ese momento decidí no mencionar, más que nada porque yo mismo pensaba que tal vez estaba exagerando. Por ejemplo, comencé a notar que Nayeli tenía que ir más al municipio por cosas de la escuela, mucho más de lo que lo hacía cuando recién había comenzado las clases. Al principio casi no salía fuera de los días de estudio, pero después empezó a hacerlo con más frecuencia. No había algo claramente malo en eso. Solo me llamó la atención que al principio no ocurría. Ese tipo de cambios comenzaron a notarse más
cuando Nayeli empezó su segundo año. Ahí fue cuando sentí que algo estaba cambiando y que ya no podía ignorarlo. Una de las primeras cosas que noté fue su carácter. Mi mujer comenzó a mostrarse más irritada, sobre todo con nuestros hijos. A veces parecía desesperarse cuando los escuchaba llorar. Otras veces se veía nerviosa. No era algo que pasara siempre, pero empezó a repetirse. También comenzó a poner algunas excusas. Por ejemplo, cuando le pedía que me acompañara a algún lugar. Antes aceptaba sin problema. Ahora muchas veces me decía que estaba cansada o que le dolía la cabeza.
En otras ocasiones le pedí algún favor y me respondía que estaba muy estresada. Al principio no lo tomé como algo grave, pero poco a poco se volvió algo constante. También me decía que tenía demasiadas tareas. Los trabajos en equipo en el municipio comenzaron a aumentar. Algunas veces yo mismo la llevaba. Eso no me preocupaba tanto porque sabía dónde la dejaba, incluso me decía la dirección exacta donde iba a estar. En varias ocasiones yo me quedaba esperando en la plaza mientras ella terminaba sus trabajos. Pero otras veces no podía hacerlo. Por cuestiones de trabajo tenía que
regresarme al pueblo. Fue por esos días cuando mi mamá me comentó algo. Me dijo que le pusiera un poco más de atención a mi esposa. No me lo dijo con mala intención, tampoco con ganas de crear problemas. Recuerdo que también padre me dijo algo parecido. Me comentó que en ocasiones no siempre hay que confiar completamente en nuestra pareja. También me dijo algo que me incomodó escuchar. Dijo que muchas personas muestran una cara dentro de la casa y otra muy distinta cuando están en la calle. Cuando escuché eso, sí me molesté un poco. Le respondí que
mi mujer era una persona tranquila, que no tenía motivos para desconfiar de ella. Aunque si soy honesto, para ese momento yo ya comenzaba a sospechar que algo no estaba del todo bien. Entre lo que mis padres me decían y lo que meses atrás me había comentado mi compadre Calixto, todo eso empezó a darme vueltas en la cabeza. Lo que yo no sabía en ese momento es que mi familia tenía razón y que mi esposa estaba teniendo algo con uno de sus maestros de la universidad. Fue mi compadre Calixto quien volvió a tocar el tema. Un
día me dijo algo que al principio me pareció extraño. Me comentó que en alguna ocasión yo podía quedarme en el municipio después de dejar a mi esposa en la escuela, solo para ver qué pasaba. Me lo dijo como si fuera un consejo cualquiera. Me aseguró que no se trataba de espiar. Según él, solamente era observar cuál era su rutina o qué hacía en ese tiempo. Incluso me dijo algo más, que también podía pagarle algún otro alumno de la escuela para que me informara que era lo que mi mujer hacía. En un principio, sus consejos me
pusieron un poco incómodo. Se sentía mal pensar en algo así, pero la verdad es que esos comentarios se me quedaron en la cabeza. Pasaron algunos días. Recuerdo que en una ocasión, era viernes, yo tenía que ir a recoger a Nayeli alrededor de las 6 de la tarde, pero ese día me fui desde las 2 de la tarde y me estacioné cerca de su escuela. No voy a negarlo, me sentía culpable, pero también estaba nervioso por descubrir algo que no me gustara. Ese día recuerdo que la vi salir con un grupo de amigas para comprar algo
en una tienda que estaba cerca de la universidad y con ellas me di cuenta de que iba un hombre, tal vez unos 10 años mayor que ella. Lo primero que pensé fue que tal vez era algún profesor, más que nada porque se miraba con un porte más arriba que los alumnos. También porque simplemente parecían platicar con tranquilidad. Mientras las chicas se reían entre ellas y parecían llevarse más confianza, el hombre sí parecía guardar un poco más la distancia. Ese día no pasó nada más, pero tal vez yo ya estaba exagerando. Aún así, la imagen de
ese profesor se me quedó grabada. La segunda ocasión que fui no estuve solo. Fue mi compadre Calixto quien me acompañó. Él me dijo que a lo mejor sería mejor ir en una camioneta que no fuera la mía, más que nada para no levantar sospechas. Así que pidió una prestada, una camioneta que mi esposa tampoco conociera. Yo le conté lo que había visto la primera vez, pero él me respondió que para salir de dudas debíamos hacerlo de forma más discreta. Ese segundo día yo dejé a Nayeli en la escuela. Mi compadre Calixto llevó su camioneta aparte.
Yo dejé la mía estacionada en un supermercado y luego me subí a la camioneta de mi compadre. Eran alrededor de las 9 de la mañana cuando nos estacionamos cerca de la escuela. Nos quedamos cerca de la entrada principal. No tenía ni una hora desde que había dejado a mi esposa para que comenzaran sus clases. Y créanme que va a sonar muy sin sentido lo que voy a decir. Pero vi a mi mujer subirse a un carro con el hombre que yo creía que era su profesor. Primero vi salir a Nayeli. Caminó rodeando la universidad. Les
juro que en ese momento sentía que mi corazón latía con mucha fuerza. Sentía que íbamos a encontrar algo que no iba a gustarme, pero por dentro también algo me decía que tal vez yo estaba exagerando las cosas, que simplemente debía mantener la calma. Seguimos a mi esposa durante unos cuo o 5 minutos. Había una persona esperándola dentro de un coche. Era el mismo hombre que yo había visto la otra vez con las alumnas. Ella solamente le sonrió y se subió. Luego se fueron. Mi compadre me dijo que lo siguiéramos. Yo estaba muy nervioso. Le dije
que no estaba seguro de lo que estábamos haciendo, pero también sabía que quería averiguar la verdad. Y al mismo tiempo me daba mucha vergüenza pensar que mi mujer pudiera estar con alguien más. Atravesamos parte del municipio hasta que ellos estacionaron frente a una casa. Pocos segundos después, los dos bajaron del coche y se metieron. No sé si lo que hice fue muy cobarde de mi parte, pero en ese momento le dije a Calixto que nos regresáramos al pueblo. Le dije que me sentía extraño, que no quería pensar nada, pero en ese momento yo sentía que
ya sabía lo que iba a encontrar dentro de esa casa. Esa semana fue muy rara para mí. La idea de que mi esposa estaba con otro hombre me rebotaba por toda la cabeza. Intentaba disimularlo, pero incluso me sentía molesto con ella, aunque todavía no tenía nada confirmado. Pero estamos de acuerdo en algo. No tenía sentido que se fuera a encerrar con un hombre dentro de su casa. Esos días casi no podía concentrarme en el trabajo. A ratos trataba de convencerme de que tal vez todo era una confusión, pero luego volví a recordar lo que había
visto y todo regresaba otra vez a mi mente. Decidí hablar con mi hermana. Siempre le tuve mucha confianza. Además, ella le sabía más a eso de las redes sociales, sobre todo, a investigar personas en internet. Ni siquiera sé cómo le hizo, pero encontró un perfil que parecía ser de ese hombre. Por lo que mi hermana me dijo, el sujeto tenía 37 años, estaba casado. También tenía un hijo que parecía de unos 5 años y además un bebé. Incluso me mostró algunas fotos donde aparecía con su esposa. Según lo que alcanzamos a ver, parecía que ella
era de otro municipio, no del mismo lugar donde estaba la universidad. Entonces mi hermana llegó a una conclusión. Pensó que tal vez la casa a la que fue con mi esposa era rentada y que probablemente él vivía ahí solo por su trabajo en la universidad. También encontramos fotos donde el hombre aparecía dentro de la escuela. Mi hermana me dijo algo más. Por lo que pudo ver, parecía que él sí era profesor. Le pedí muy claro a mi hermana que no dijera nada a nadie. No quería que ese asunto se regara por el pueblo. Me dijo
que debía seguir investigando un poco más. Fue entonces cuando mi hermana se ofreció ayudarme. Ella misma se encargó de seguir a Nayeli. Algunas veces también estaba al pendiente de lo que hacía. Tuve que pagarle por todo eso, pero la verdad no me importaba. Tampoco quería que Nayeli sospechara que yo estaba investigando o que la estaba vigilando. Mi hermana incluso llegó a tomarle algunas fotos. Me comentaba que muchas veces mi esposa se quedaba todo el día fuera de la escuela, que ni siquiera entraba a clases. Ahí fue cuando las cosas empezaron a ponerse tensas entre nosotros.
Comenzamos a discutir en la casa. Ella me decía que durante la semana a veces tenía reuniones con sus amigos del municipio que querían salir un rato, pero yo le decía que no. Le pedí que por favor cuidara a sus hijos, que se hiciera cargo de ellos. Le decía que tenía que cumplir con sus obligaciones como madre, que ya no estaba para andar festejando, mucho menos para perder el tiempo y gastar dinero de forma innecesaria. La verdad yo hablaba así porque ya sabía lo que estaba pasando. Sabía que estaba viendo a otro hombre y por dentro
estaba muy molesto. Aún así, intentaba no hacerlo tan evidente porque todavía quería tener pruebas claras de lo que estaba ocurriendo. Mi esposa se molestaba cuando yo le hablaba de esa manera, pero a mí ya no me importaba mucho. Sabía que lo que me decía eran mentiras. Durante ese tiempo también empecé a hacerle preguntas. Le preguntaba qué veía en clases, qué materias tenía. Incluso en ocasiones insistía mucho en los temas de su carrera y sabía que muchas de las cosas que ella me respondía eran inventadas. Sabía que ella casi no entraba a clases, que la mayor
parte del tiempo se la pasaba con ese hombre. Durante ese tiempo también intenté revisar el teléfono de mi esposa, pero ella ya había cambiado la clave. Aún así, yo seguí aguantándome. Quería encontrar el momento adecuado para reclamarle. Todo el coraje se estaba acumulando dentro de mí. Había días en los que ni siquiera me daba hambre. Pasaba todo el tiempo pensando en lo que estaba pasando. Pero me repetía una cosa una y otra vez. Tenía que ser paciente, pero conforme me enteraba de más cosas, no podía entender cómo era posible que me estuviera viendo la cara
de tonto. La espera valió completamente la pena. Eso es algo que puedo decir ahora con total seguridad. Recuerdo muy bien el día en que todo terminó de explotar. Yo estaba trabajando cuando recibí una llamada de mi hermana. Su voz sonaba seria. me dijo que tenía algo que mostrarme. Me explicó que había logrado tomar fotos de Nayeli, fotos donde se veía claramente besándose con el profesor. En ese momento sentí algo muy fuerte dentro de mí, pero también sentí que por fin tenía lo que estaba esperando. No solo quería confirmar lo que ya sospechaba, también quería que
ese hombre no saliera ileso de todo lo que había hecho. Quería que lo corrieran de la universidad. Ese mismo sábado decidí hacer algo. Llevé a Nayeli a la escuela como cualquier otro día normal. Nada distinto, nada que la hiciera sospechar. Después de dejarla, me estacioné un poco lejos de la propiedad. Esperé a que saliera. Esperé a que hiciera exactamente lo que yo ya sabía que iba a hacer. No pasó mucho tiempo cuando la vi salir y poco después se encontró con el mismo profesor. Se subió con él a la camioneta. Lo seguí hasta la casa
donde ese hombre vivía. Cuando se detuvieron frente a la casa, yo ya no pude contenerme más. Antes de que los dos bajaran del vehículo, yo me acerqué, bajé de la camioneta y los encaré. Abrí la puerta del coche y saqué a ese hombre casi arrastrándolo fuera del vehículo. No voy a entrar en muchos detalles de lo que pasó después. Solo diré que en ese momento saqué toda la frustración y todo el coraje que llevaba acumulado. Ese hombre recibió todo el enojo que yo tenía guardado. Mi esposa intentó detenerme, intentó separarme de él, pero yo no
lo permití. Le grité a Nayeli, que no quería volver a verla nunca más, ni en mi casa, ni cerca de mis hijos. Le dije que me iba a encargar de hacerles la vida imposible a los dos. En ese momento yo estaba lleno de rabia. Comencé a gritarle a Nayel y todo lo que había hecho por ella. Le grité el cariño que le había dado, el amor, todo el dinero que había invertido en ella, todo lo que había hecho para apoyarla. Nayeli empezó a defenderse. Me dijo que cómo era posible que yo le echara en cara
todo lo que había hecho por ella. Pero para mí esas palabras solo salen de una persona cobarde, de alguien que se siente ofendido cuando le dicen sus verdades en la cara. Yo seguía gritándole. Había gente pasando por esa calle, personas que se quedaron viendo lo que estaba pasando. También le dije otras cosas más feas y más hirientes, pero la verdad no vale la pena repetirlas. Ese mismo día hice algo más. Fui directamente a hablar con el director de la universidad donde estudiaba Nayeli. Le mostré las fotos, las fotos donde aparecía ese profesor besándose con mi
esposa. Le dije que él sabría qué hacer con esa información. También le expliqué toda la situación. Mi cuerpo temblaba, mi voz también temblaba, pero aún así le dije algo muy claro. Le dije que quería que ese profesor saliera de la escuela, porque si no lo hacían, yo iba a ser un escándalo, un escándalo donde toda la gente se iba a enterar del tipo de profesionistas que estaban contratando. Pero eso no fue todo. Gracias a mi hermana también logré contactar a la esposa de ese profesor. A mí me dolió mucho hablar con ella. Sentí lástima por
esa mujer, pero también pensé que no era justo que siguiera soportando todo lo que su esposo le estaba haciendo. Dos personas que no pensaron ni en sus hijos ni en las familias que tenían. La espera valió completamente la pena porque en un solo día hice un desastre. Todo el mundo se enteró de lo que había pasado. No voy a negar que sentí vergüenza, pero también sentí algo más fuerte, una satisfacción muy grande, porque sabía que Nayeli también iba a tener que cargar con todo eso y sabía que por dentro también se iba a podrir con
las consecuencias de lo que había hecho. Cuando regresé a la casa, simplemente saqué toda la ropa de Nayeli. También sus cosas. Las aventé a la calle sin pensarlo mucho. Los vecinos comenzaron a asomarse. Estaban preocupados por lo que estaba pasando. Algunos incluso llamaron a mi madre para que viniera a ver qué ocurría. Cuando ella llegó, yo estaba casi llorando de coraje. Intenté explicarle cómo pude todo lo que había pasado. Le dije que fuera por los niños a la casa de mi suegra. Mi madre no preguntó mucho. Creo que en el fondo ella ya sospechaba que
algo no estaba bien, así que simplemente me hizo caso y fue por sus nietos. Afortunadamente, llegó con ellos alrededor de una hora después. Pero con lo que yo no contaba es que después de todo ese desastre, las cosas se pondrían mucho más difíciles para mí y para mis niños, porque alguien empezó a trabajarnos con magia oscura. Algo estaba haciendo que mis pequeños sufrieran y también estaba provocando que yo comenzara a perder la cabeza. Poco a poco empecé a ver cosas donde no las sabía. El primer mes después de todo lo que pasó, mi esposa intentó
arreglar las cosas, me llamaba, también me mandaba mensajes, pero yo simplemente ya no quería saber nada de ella. Claro que me dolía, pero intentaba convencerme de que ya no me importaba. Lo único que quería era seguir adelante por mis hijos. Me repetía que en algún momento una mujer que de verdad me quisiera iba a llegar a mi vida. Mientras tanto, le pedí a mi madre que se viniera unos días a quedarse conmigo. Ella se encargaba de los niños mientras yo trataba de acomodar mi vida otra vez. En ese tiempo el mayor tenía alrededor de 4
años. El menor había cumplido recién los dos. Mis hijos preguntaban por su mamá, pero yo les decía que ella se había ido de viaje, que estaba resolviendo unas cosas de su escuela. Durante ese tiempo casi no sacaba a los niños de la casa. No quería que Nayeli pudiera verlos. Hasta cierto punto también lo hacía como una forma de castigarla por todo lo que me había hecho. Fue entonces cuando comenzaron a pasar cosas extrañas. La primera cosa rara que notamos en la casa fue la cantidad de cucarachas. De repente empezaron a aparecer por todos lados. Eso
jamás había pasado antes, mucho menos ahora que mi madre estaba viviendo conmigo. Ella siempre fue una mujer muy limpia, pero me decía que ya no podía ni siquiera dejar la comida destapada por unos minutos porque las cucarachas se metían. Recuerdo que tuvimos que llamar a alguien para fumigar. Una vez mi madre abrió la parte de abajo del lavadero para sacar unas ollas y en ese momento salieron muchas cucarachas. Eso sí me pareció extraño, pero con todo lo que estaba pasando en mi vida no le di tanta importancia. Pensé que solo era una plaga. Pero las
cucarachas no fueron lo único que empezó a aparecer en la casa. También comenzaron a llegar muchas moscas. Eso me lo dijo primero mi madre, pero yo también lo notaba por las noches. A veces, cuando estaba acostado en mi cuarto, sentía cómo se me posaban en la cara. En ocasiones encendía la luz y veía varias moscas dentro de mi habitación. Eso no solo pasaba conmigo, también había moscas en el cuarto de mis hijos, incluso en el baño. Lo más extraño de todo es que en la casa teníamos mosquiteros y nunca habíamos tenido problemas de moscas. o
al menos nunca algo tan exagerado como lo que empezó a pasar en esos días. Otra cosa que comenzó a llamarme mucho la atención fue una sensación muy rara en mi cuello. De repente sentía como si unos dedos me rozaran la nuca. Al principio era apenas un cosquilleo muy leve, como si algo muy suave me tocara. Se sentía como si al comienzo fuera una pluma rozándome la piel, pero conforme fueron pasando los días, la sensación cambió. Ya no era tan ligera. Empecé a sentir como si fueran las yemas de unos dedos, como si alguien me tocara
los vellos del cuello desde atrás. En varias ocasiones reaccionaba de inmediato, me sacudía, me daba pequeños golpes en el cuello, incluso me rascaba, pero no había nada. Aún así, lo sentía muchas veces. En ocasiones sucedía cuando estaba despierto, pero otras veces pasaba justo cuando me estaba quedando dormido. Sentía claramente como si algo me tocara la parte de atrás del cuello, a pesar de que yo estaba acostado con la cabeza sobre la almohada, pero no era lo único raro que estaba pasando en la casa. Otra cosa que también me llamó mucho la atención fue lo que
comenzó a pasarle a mi hijo menor. De repente empezaron a salirle unas bolas en el cuerpo. Con esto me refiero a pequeñas inflamaciones que se levantaban en su piel. Cuando uno las tocaba, se sentían extrañas, tenían una forma parecida a la de una canica. Me asusté mucho al ver eso, así que lo llevé rápidamente con el doctor. El médico revisó a mi hijo, pero la verdad es que no supo decirme exactamente qué era lo que tenía. Aún así, le recetó algunos medicamentos. Me dijo que podían ayudar a disminuir las inflamaciones. También me comentó que quizás
se trataba de una reacción alérgica por algo que había comido. Pero poco tiempo después ocurrió algo más. Mi hijo mayor también comenzó a enfermarse, solo que lo que le apareció fue completamente distinto. A él comenzaron a salirle unas manchas como verdes dentro de la boca. Yo no me había dado cuenta de eso al principio, pero un día el niño empezó a quejarse. Decía que le dolía la boca cuando intentaba comer. En una ocasión incluso casi lloraba. Decía que no podía mascar nada. Mi madre me ayudó a revisarlo. El pequeño decía que le ardía mucho cuando
abría la boca demasiado. Cuando logramos mirar bien, vimos esas marcas. Eran manchas verdes de forma irregular, pero al mismo tiempo se veían inflamadas. Era algo muy extraño. La verdad me daba escalofrío solo verlas. Además de eso, también le revisamos la nariz ese mismo día y nos dimos cuenta de que también tenía esas marcas dentro de la nariz. Todo esto ocurrió en muy poco tiempo. Los dos casos de mis hijos se presentaron en menos de 4 días y además eran cosas completamente distintas. No parecía algo que pudiera provocarse por la misma alergia. El pediatra intentó tranquilizarme.
Me dijo que a veces los niños se meten cosas a la boca o se exponen a lugares que no deberían. Pero la verdad esa explicación no me calmó tampoco a mi madre. Ella también intentaba ayudar a mis hijos. Usaba algunos remedios que ella misma utilizaba cuando nosotros éramos pequeños. Me dijo que jamás había visto infecciones tan fuertes como las que tenían mis niños. Durante ese mismo periodo también comenzamos a notar algo más en la casa. Tanto mi madre como yo empezamos a percibir un olor muy extraño. Parecía una mezcla entre algo echado a perder. como
algo que hubiera pasado mucho tiempo debajo del sol, pero al mismo tiempo tenía un olor húmedo. Revisamos varios lugares, pero no encontramos nada y toda la brujería que me estaban haciendo, desafortunadamente se estaba yendo contra mis hijos. Recuerdo que llegó un punto en el que tuve que dormir con ellos en el cuarto. Mi hijo menor se despertaba llorando en la madrugada. Gritaba con una desesperación que me lava el cuerpo. Lloraba gritos como si algo le estuviera lastimando desde adentro. Mi niño gritaba y en ocasiones se iba a la esquina de la cama. Se pegaba contra
la pared como si estuviera tratando de esconderse de algo. Pero no me decía nada. Solo se me quedaba viendo con lágrimas en los ojos y el cuerpo temblando. Recuerdo perfectamente su carita roja del miedo. Había momentos en los que yo mismo sentía pánico, porque de tanto llorar parecía que no podía respirar. Su cara comenzaba a ponerse azul. Eso empezó a pasar varias veces a la semana y claro que nos preocupó muchísimo porque además de las enfermedades que ya tenían ahora, parecía que algo también los estaba asustando. Mi hijo mayor también comenzó a mostrarse inquieto. Un
día se me acercó y me preguntó si podía dormir conmigo. Le pregunté por qué. Me dijo que había una mujer que lo llamaba. Al principio pensé que hablaba de su mamá, pero él me dijo que no. me explicó que era una mujer de piel oscura, que lo único que brillaba en su cara eran los ojos. Decía que lo llamaba cuando él estaba solo en la casa. En ocasiones esa mujer solo lo llamaba con la mano como si lo invitara a acercarse o a jugar. Pero también me decía que su cara era muy sombría y que
los ojos parecían completamente blancos como si le brillaran. Él me lo describía con miedo. Siempre hablaba en voz baja cuando mencionaba a esa mujer. En algunas ocasiones me preguntaba si podía irse conmigo al trabajo. Decía que le daba miedo quedarse solo en la casa. Mi madre también llegó a contarme algo parecido. Me dijo que el niño a veces corría hacia ella muy asustado. Decía que veía esa mujer escondida dentro de la casa. Según él se metía detrás de las puertas o incluso se pegaba en las paredes, decía que se movía como una araña. Era algo
muy aterrador porque era un niño muy pequeño y aún así describía cosas muy incómodas, incluso para un adulto. También trataba de no saber nada de lo que estaba pasando con mi esposa. La verdad me incomodaba mucho escuchar cualquier cosa relacionada con ella. Lo único que quería era que desapareciera de mi vida. Pero eso no era fácil. Vivíamos en el mismo pueblo y ya saben cómo es la gente. Siempre hay alguien dispuesto a contarte cosas de personas de las que uno ya no quiere saber nada. Fue así como me enteré de algo. Me dijeron que Nayeli
estaba muy enferma, que tenía dolores muy fuertes. Según lo que contaban, prácticamente se retorcía de la desesperación porque no encontraba alivio. No voy a mentir, al principio me alegré un poco al escuchar eso. Sentía que se merecía todo lo malo que le estaba pasando. Pero cuando hablé de eso con mi madre, ella me dijo algo que me dejó pensando. Le dijo que sentía que algo no cuadraba, porque siayeli estaba enferma y los niños también. Ella pensaba que tal vez no era una simple casualidad. Por alguna razón, mi madre creía que todo estaba relacionado. Las cosas
se salieron completamente de control cuando mi suegra vino a buscarme. Llegó a mi casa muy alterada. me dijo que fuera sincero con ella, que le confesara si yo le estaba provocando algo a su hija. Al principio no entendía que se refería. Entonces ella misma me lo explicó. Me preguntó si yo le estaba haciendo brujería a Nayeli. Decía que estaba segura de que lo que le pasaba a su hija no era normal. La señora comenzó a llorar frente a mí. Me dijo que sabía que Nayeli se había equivocado, que lo que había hecho estaba mal, pero
también decía que no se merecía todo lo que estaba sufriendo. Fue gracias a ella que me enteré de muchas cosas. Me dijo que Nayeli tenía ataques muy fuertes de ansiedad, ataques donde comenzaba a arrancarse el cabello ella misma. Me juraba que su hija estaba muy mal. En ocasiones ni siquiera dejaba de vomitar en el baño. Varias veces la había encontrado tirada junto al excusado, temblando del dolor. También me dijo que Nayeli casi no podía dormir, que muchas veces empezaba a comerse las uñas hasta lastimarse los dedos. Me contó que a veces comenzaba a gritar sin
razón. Su papá tenía que sujetarla con fuerza porque si no empezaba a golpear las paredes y tirar cosas dentro de la casa. me dijo que su hija se estaba volviendo loca y que ya no sabía qué hacer. Me dijo que si yo estaba haciendo algo a su hija, que por favor dejara de hacerlo, que simplemente la dejara seguir con su vida. Yo no entendía nada de lo que me estaba diciendo, así que le pedí que se retirara. Le dije que dejara de venir a mi casa a darme lástima con el caso de su hija, pero
fue mi madre quien después me habló con más calma. me dijo que sentía que lo mejor sería consultar con un brujo. Decía que algo no estaba bien. Ella también pensaba lo mismo que mi suegra, que Anayeli le estaban haciendo brujería y que por esa razón mis hijos también estaban siendo afectados. Yo le juré a mi madre que yo no le estaba haciendo nada a nadie, ni siquiera creía en esas cosas. Pero ella me dijo que lo mejor era ir con alguien que pudiera orientarnos, aunque fuera solo para salir de dudas. Lo primero que pensé fue
en ese profesor. Pensé que tal vez estaba obsesionado con mi exesposa y que tal vez ella ya no quiso verlo otra vez. Tal vez por eso él estaba haciendo algo. Pero cuando fuimos con el curandero, la respuesta que nos dio me dejó completamente desconcertado. Nos dijo que la persona que estaba detrás de toda esa brujería era la esposa del profesor, la misma mujer a la que yo le había contado que su marido se estaba metiendo con mi esposa. Créame, eso fue algo que jamás me habría imaginado. Durante varias sesiones, el curandero comenzó a darnos más
información de lo que estaba pasando. Él mismo nos dijo desde el principio que lo que estaban haciendo no era algo fácil de identificar. Había cosas que no se miraban claras al comienzo. Para poder entender mejor la situación, tuvo que hacer varias lecturas de cartas. También pidió ver a mis hijos. Quería observar bien las infecciones que tenían. Incluso nos pidió que lleváramos a Nayeli para poder revisarla también. Yo honestamente entré en conflicto cuando escuché eso. No quería tener nada que ver con ella, pero al final acepté. La primera vez que la volví a ver después de
tantas semanas sentí algo extraño. Nayeli se miraba muy desgastada. Su piel estaba muy pálida. Parecía que no había comido bien en varios días. No voy a mentir, me dio mucha tristeza verla así. Ese día fuimos también con los niños. Ellos tenían tiempo sin ver a su mamá. Cuando la vieron, reaccionaron de una forma que me dolió mucho. Parecían asustados de acercarse, más que nada porque Nayeli sí se miraba muy mal. El curandero empezó a trabajar con ella en varias sesiones. Mi suegra también nos acompañó. Mi madre estaba presente en muchas de esas visitas. Entre ellas
dos la situación era incómoda, se notaba cierta tensión, pero creo que ambas trataron de llevar las cosas con más calma. Las dos sabían que lo importante era mejorar la situación. Después de varias lecturas de cartas, el curandero nos explicó que el maestro de Nayeli había manipulado a su propia esposa. Le había hecho creer que Nayeli fue quien provocó todo, que fue ella quien se acercó a él. Según lo que el curandero pudo ver en las cartas, ese hombre se había presentado ante su esposa como la víctima. Incluso había dicho que ni siquiera sabía que Nayeli
estaba casada. Se pintó como el bueno de la historia frente a su mujer. El curandero nos explicó que esa información no salía igual en todas las lecturas. En algunas ocasiones las cartas se contradecían. Él mismo decía que había cosas que no se veían completamente claras, pero la mayoría de las veces llegaba a la misma conclusión. La esposa del profesor había sido completamente manipulada por su propio marido y por esa razón ella era quien estaba ocasionando todo este desastre. A pesar de que yo mismo le había mandado fotos donde se veía claramente que mi mujer estaba
teniendo una aventura con su esposo, aún así, ella prefirió creerle a su marido. Recuerdo que en una ocasión el curandero me pidió que tuviéramos una sesión a solas, solamente él y yo. En esa conversación me dijo algo que me dejó pensando mucho. Me dijo que Nayeli no era completamente inocente de lo que había pasado. También era una mujer adulta. también tenía responsabilidad en lo que ocurrió. Con eso se refería que ella le había dado entrada a su profesor. Por lo que él pudo ver en las cartas, el hombre tenía más responsabilidad de lo que yo
imaginaba, porque era él quien buscaba más a mi esposa. Según el curandero, si había existido cierto tipo de manipulación por parte del profesor. Me dijo que Nayeli necesitaba apoyo en ese momento, que estaba sufriendo mucho. Me dijo que lo que ella había hecho era grave. pero que no merecía todo lo que estaba pasando. Fue ahí donde yo entré en conflicto conmigo mismo, porque a pesar de todo todavía le tenía cariño. Era la madre de mis hijos. Pero también era cierto algo. No quería estar muy cerca de ella. Todavía sentía que había destruido completamente mi confianza.
Aún así, seguí llevándola junto con mi suegra a las sesiones con el curandero. Mi madre también insistía mucho en eso. Ella me decía que intentara pensar con el corazón, no solamente con la cabeza. Me decía que tal vez mi esposa había actuado mal, pero que tampoco podíamos dejarla completamente sola. Al final del día, el profesor había provocado muchas cosas y aún así, él seguía tranquilo con su esposa. Mientras tanto, esa mujer que prefería creerle a su marido, nos estaba haciendo brujería. Y no solo Anayeli, también estaba perjudicando a mis hijos. Cómo aquella mujer podía poner
a su esposo por encima de todo y llegar al punto de dañar a personas que realmente no tenían nada que ver. También me dijo que el profesor había influenciado mucho a su esposa. Le había contado una historia completamente diferente, una historia que no era verdad y que había provocado en aquella mujer un rechazo muy fuerte hacia Nayeli. Aún así, yo no podía entender algo. ¿Cómo alguien podía ser tan mal agradecido como esa mujer? Ella también tenía hijos. Me parecía algo muy desagradable pensar que prefería seguir engañada por su marido en lugar de enfrentarlo, en lugar
de dejarlo y comenzar una vida nueva. Pensar el poco amor propio que tenía hacia ella misma y también hacia sus propios hijos, porque aún sabiendo lo que su marido había hecho, seguía con él. Para mí era algo muy patético continuar con una persona tan desagradable como ese hombre. Su esposa parecía ser de esas mujeres que prefieren hacerse de la vista gorda solo para no quedarse solas. Fue muy triste exponer a mis hijos a todo ese proceso de curaciones y visitas con el curandero, más que nada porque eran muy pequeños y se sentía incómodo verlos pasar
por todo eso. Tenían que estar ahí mientras los revisaban. También les daban bebidas especiales para que sacaran todo lo malo que estaban absorbiendo. La verdad, a mí me partía el corazón verlos así. Pero también tengo que decir algo, si funcionó. Todos los procesos que el curandero nos ayudó a hacer parecían mejorar la salud física de mis niños. Poco a poco comenzaron a dormir más tranquilos. También dejaron de despertarse con esos llantos tan desesperados. La que sí tuvo un proceso más complicado fue Naayeli. Con ella las sesiones eran más fuertes. En algunas ocasiones mi madre la
acompañaba. Decía que sentía lástima por la muchacha. También iba junto con mi suegra. El curandero pasaba mucho tiempo trabajando con ella. Había ocasiones en que le rezaba durante casi 3 horas. También le pasaba ramas secas por todo el cuerpo. Además, Nayeli tenía que tomar remedios especiales. Eran líquidos que olían muy fuerte. En ocasiones esos remedios la debilitaban mucho. Fue un proceso muy complicado, sobre todo porque yo mismo pude ver cuánto estaba sufriendo Nayeli. Había días en los que realmente se miraba muy mal, muy débil, muy cansada. En varias ocasiones incluso se quedó con nosotros en
la casa. Más que nada porque mi suegra tenía mucho miedo de que le pasara algo si se quedaba sola. Parecía que estar cerca de los niños le hacía bien. Cuando Nayeli miraba a los niños, se le veía un poco más tranquila. Cuando pasaba tiempo con ellos, parecía relajarse un poco. A veces solo se sentaba cerca de ellos, pero se notaba que eso le daba algo de paz. En algunas ocasiones intentó hablar conmigo a solas, pero yo le pedí algo muy sencillo. Le decía que no apresurara nada, que intentáramos llevar las cosas poco a poco. No
quería que nada se volviera más complicado. La verdad es que el curandero sí nos ayudó en muchas cosas. Mis hijos sanaron completamente, las infecciones desaparecieron. También dejaron de tener esos episodios de miedo por las noches. Además, el curandero nos dio algunas protecciones. Nos dijo que servían para cuidarnos de envidias o de personas que quisieran hacernos daño. También nos explicó algo más. dijo que el trabajo de brujería que estaba haciendo aquella mujer era fuerte, pero que en realidad lo hacía más para complacer a su esposo, porque el maestro sabía perfectamente lo que suba haciendo. Eso fue
algo que me dio mucho coraje. Aún así, traté de enfocarme en otras cosas. Intenté concentrarme en mis hijos. También traté de asegurarme de que Nayeli estuviera bien. Aunque nuestra relación ya había terminado, no quería que ella se sintiera sola. A veces una parte de mí quería que todo volviera a ser como antes, pero yo me conocía. Sabía que no podría soportar lo que había pasado. Sabía que si volvíamos a estar juntos, tarde o temprano, empezaríamos a discutir por lo mismo. Y no quería amargarnos la vida a ninguno de los dos. Yo tenía claro algo. Mi
esposa no era culpable de todo lo que había ocurrido, pero sí tenía responsabilidad. Ella misma había elegido estar con alguien más durante varios meses. Durante ese tiempo no pensó en sus hijos. Tampoco pensó en las personas que realmente la querían y se preocupaban por ella. Han pasado casi 8 años desde todo lo que les acabo de contar. La relación con Ayi nunca volvió a ser como antes. De vez en cuando seguimos coincidiendo más que nada por los niños. A veces ella se quedaba en la casa para hacerse cargo de ellos, para ayudar un poco con
lo que necesitaban. Pero no pasó de ahí. Nunca volvimos a intentar nada más. Cada quien siguió con su vida. Con el paso del tiempo aprendimos a respetarnos. Hubo un momento en que simplemente acepté las cosas como fueron. Me repetí a mí mismo que Nayeli me dio lo que pudo darme en su momento y lo que pasó es algo que ya no se puede cambiar. Aunque siendo sincero, creo que quien más aprendió fue ella, porque fue quien más sufrió con todo lo de la brujería. Y eso es algo que a mí siempre me pareció injusto, porque
el maestro sí logró salirse con la suya. La verdad, yo nunca supe que fue de ese hombre. No sé qué pasó después con su vida, pero algo sí me quedó claro. El simple hecho de haber manipulado a su esposa, de haberla influenciado para hacerle creer que él era una inocente palomita. Eso me mostró algo muy duro de aceptar. A veces la vida puede ser muy injusta. Hay personas que saben aprovechar el poder que tienen. Personas que se sienten intocables, que creen que por ser mayores o por tener cierta posición pueden jugar con los demás. El
curandero me dijo algo que nunca se me olvidó. me dijo que no me preocupara demasiado por ese tipo de personas, porque casi siempre la vida termina cobrándoles lo que hacen. Me dijo que diera gracias a Dios, que lo importante fue que buscamos ayuda a tiempo, que mis hijos están bien y que Nayeli también logró salir adelante. Porque muchas veces hay personas que no creen en la brujería o que prefieren ignorar esas cosas y cuando quieren reaccionar ya es demasiado tarde. Pero hay algo que sí puedo decir con toda sinceridad. Si alguna vez alguien vuelve a
intentar desequilibrar mi vida, no me voy a quedar con los brazos cruzados. Voy a actuar y lo voy a hacer de la peor manera que sea necesaria. Saludos, mis queridos huéspedes. Quiero agradecerles de verdad por formar parte de esta comunidad. Sobre todo, gracias por la confianza al enviarnos sus experiencias. Cada historia mantiene vivo este espacio. Si el relato les gustó, no duden en suscribirse. Ya casi somos 200000 y me encantaría poder celebrar esta meta con ustedes. Cuídense mucho. Recuerden que tenemos una cita en la próxima experiencia paranormal. Que la vida me los bendiga, mis queridos
huéspedes. Son la mejor comunidad que uno puede tener. Aquí siempre serán bienvenidos. Nos vemos hasta la próxima. el último huésped.