A veces sentimos que las cosas no fluyen en la vida. Vemos un video de taoísmo o budismo como algunos de este canal y aunque nos inspiran, también nos recuerdan lo que sentimos que no está fluyendo. Y entonces escuchas fluye como el agua y piensas, ¿cómo?
El propio fluir se vuelve un problema más, una ansiedad más. En el Tao el agua es la maestra definitiva, buscando siempre el camino de menor resistencia y el agua siempre encuentra su camino. A veces aprendemos a construir represas, quizás en la infancia o quizás después de un trauma.
No con cemento, sino con sonrisas cuando queremos llorar, con estoy bien cuando nos estamos rompiendo o con ocuparnos de otros cuando necesitamos ser sostenidos. Aprendemos a funcionar, hacer lo que otros necesitan para sentirnos seguros, para ser aceptados, para sobrevivir. Y estas represas fuerzan al agua a detenerse.
El agua quiere fluir, el cuerpo quiere sentir, nuestra tristeza quiere moverse, pero aprendimos que llorar es debilidad. En Occidente nos lo dijeron directo. Los hombres no lloran.
Las mujeres son demasiado emocionales. En Oriente lo envolvieron en filosofía. Practica el desapego, la euanimidad.
trasciende el sufrimiento como si sentir fuera un problema, como si las lágrimas no fueran también agua, buscando su curso natural, a veces incluso desbordando la represa. Y cuando eso pasa, aunque duela, hay un alivio. El cuerpo sabe que algo que no podía seguir contenido finalmente se mueve.
Y cuando el agua parece estancada, también hay fluir. El agua se evapora, sube, se convierte en niebla, en bruma, en nubes que viajan lentas por el cielo de la vida, flotando ahí, cargando esa humedad, moviéndose sin prisa. Son los días nublados del alma y la tierra también necesita días nublados.
Los inviernos son tan necesarios como los veranos. En esos días nublados hay una cierta quietud, una pausa. El cuerpo está procesando, preparándose para algo.
Las nubes viajan cargando lo que necesitan cargar hasta que encuentran el lugar donde finalmente pueden caer. Quizás al ver escuchar una canción o una palabra amable en el momento indicado, las nubes ya no pueden sostener más. Es una tormenta, lluvia torrencial, truenos en el pecho, el cuerpo entero sacudiéndose y la tormenta hace lo que las tormentas hacen.
Renueva, reverdece el manto de la tierra. Las semillas viajan de un lugar a otro. Los ríos se bifurcan.
haciendo surgir nuevas comunidades. La tierra seca finalmente bebe y florece. Algo en ti descansa de una manera que no descansa con nada más.
Una tensión que ni sabías que cargabas finalmente se suelta. El aire entra diferente a los pulmones. El cuerpo se siente más liviano, como si hubieses puesto en el suelo una carga que llevabas años sosteniendo.
El mundo vuelve a tener textura, los colores regresan. Puedes volver a sentir ternura por ti mismo, por otros. Por la vida.
La tormenta no es resistencia, es ternura. El agua acumulada encuentra su camino de regreso a la tierra. El Tao no te pide que no sientas, te pide que no te aferres.
Aferrarse es también construir represas. Negarte a sentir por miedo a lo que pasará sientes. Pero ya sientes la renovación.
Ya sabes que llorar no es lo mismo que quejarse. Ya sabes la diferencia entre revisar la misma herida sin dejarla sanar y permitir que tus lágrimas te limpien por dentro. Ya sabes la diferencia entre el llanto que fluye y riega y la queja que te estanca.
La filosofía oriental, el budismo, el taoísmo no te hacen menos humano, te hacen capaz de estar con todo lo que eres, incluyendo el llanto, porque el agua que fluye no juzga su propio fluir. El río no siente vergüenza de correr hacia el mar. La lluvia no se disculpa por caer.
Tus lágrimas son el Tao recuperando su curso después de años conteniendo. Son el fluir del cuerpo reconociendo lo que necesita ser procesado. Y sí, a veces duele y mucho.
A veces es inconveniente, a veces te rompe en el supermercado o frente a personas que no sabrán qué hacer contigo. Pero el Tao sigue haciendo su trabajo. La represa que construiste para sobrevivir quizás ya no te sirve.
El agua ha estado esperando y cuando llegue la tormenta no la detengas. El tao de llorar no es una técnica, no es un nuevo método. Eres tú permitiendo que el agua vuelva a moverse, finalmente fluyendo de regreso a casa.