El día en que Dios envió un ejército de ángeles a proteger a su profeta, una mañana el siervo del profeta Eliseo salió de casa y se detuvo paralizado. Frente a él, toda la ciudad estaba rodeada. Carros, caballos, soldados por todas partes.
El ejército del rey de Siria había venido solo por ellos. Aterrorizado, corrió hacia Eliseo gritando, "Maestro, ¿qué haremos? Eran solo dos hombres frente a un ejército entero.
No había muros que los protegieran, ni refugio donde esconderse. Era una situación sin salida. Pero mientras el siervo temblaba, Eliseo permanecía tranquilo porque él veía algo que el otro no podía ver.
Con una voz firme dijo, "No tengas miedo. Los que están con nosotros son más que los que están con ellos. " Entonces Eliseo levantó sus ojos al cielo y oró, Señor, revela ante él la gloria de tus ángeles.
Y en ese instante el siervo vio, sus ojos fueron abiertos y descubrió que la montaña entera estaba llena de caballos y carros de fuego, un ejército celestial rodeando a Eliseo. Dios mismo había desplegado su poder invisible para proteger a su profeta. Esta historia nos enseña algo eterno.
Aunque tus ojos vean peligro, aunque el miedo te haga sentir solo, Dios ya tiene su ejército preparado para defenderte. Ah.