Se veía diferente, más sucio, más inhumano. Ahora entendí su aspecto. Era el de un cuerpo que habían desenterrado.
Buenas noches, Carlos y comunidad. Lo saluda Tomás. Tengo 32 años, originario de Costa Rica, más específicamente del pueblo de Tucurrique, aunque llevo viviendo en México alrededor de 10 años junto a mi esposa y mis dos hijas.
Lo que me trae esta noche con ustedes tuvo lugar en 2023. Y antes de contarles, debo darles un breve contexto. Provengo de una familia dedicada al oficio de trailero.
Desde que era niño, apenas con la estatura suficiente para alcanzar el volante, mi padre se encargó de enseñarme a manejar. Ya para mis 20 años con mis estudios terminados, empecé a trabajar en la empresa de mi padre y mi tío, cuyo giro radicaba en la venta y exportación de mutidos tanto en el pueblo como a otras partes del país. Aunque somos familia, la meritocracia aquí es regla.
Sabía que debía ganarme mi puesto, pues era consciente de lo mucho que habían trabajado, tanto mi padre como mi tío, para sacar adelante la empresa. Simplemente no podía decepcionarlos. Es así que trabajé muy duro durante dos años, tiempo por el que finalmente decidía casarme e irme a vivir a México con mi mujer, con quien ya llevaba una relación de 3 años.
Por suerte y gracias a que tenía un tiempo hablando de esto con nuestras familias, con gusto aceptaron nuestra decisión. Tras mudarme y estar un rato buscando trabajo, por fin pude encontrarme un lugar en una empresa dedicándome al transporte de verduras por varios años. Durante ese tiempo también viajé junto con mi esposa y ahora mis dos hijas a ver a nuestras familias.
Lamentablemente, toda esta prosperidad se vio interrumpida en 2023, cuando tuve que renunciar dado a ciertas diferencias con los jefes. La verdad es que fue un fuerte golpe, pues ahí logré aprender muchas cosas, así como hacer amigos con quienes aún hoy mantengo contacto. Pero así es el negocio.
Lo único que podía hacer era salir a buscar un nuevo empleo. Esto no fue difícil, pues gracias a mi experiencia, ese mismo año me coloqué en otra empresa, una dedicada a la distribución de refrescos. No diré su nombre por motivos de confidencialidad, pero sí diré que me ofrecieron una oportunidad que no dudé en aceptar de inmediato.
Pasaron los meses y la verdad es que me iba bastante bien, un poco ajustado con el salario, pero no me podía quejar, menos porque tras un breve periodo de tiempo llegó un aumento. Este también venía con viajes de 16 hasta 20 horas, si es que los viajes se volvían muy pesados. Era algo difícil, pues hasta ese momento estaba acostumbrado a viajes más cortos de 10 o 12 horas, pero no podía rechazar el sueldo, no si quería darle lo mejor a mi familia.
Y si hacerlo significaba tomar decisiones que bien podrían no ser las mejores si hablamos de mi salud. Pues honestamente no le veía tanto el problema. Quienes son jefe de familia me entenderán.
Debido a lo largo de los mismos viajes, tendría siempre un acompañante que se irá rotando cada semana, siendo un total de tres compañeros distintos. Aquí no hubo nada que destacar durante las primeras tres semanas. Era hasta rutinario.
Hacía mis viajes hablando con mis compañeros para matar el tiempo. En esas largas noches llegaron a hablarme de sus experiencias en carretera. Y ya fuera para bien o para mal, hasta ese momento jamás había pasado por algo que valiera la pena mencionar.
Mucho menos había visto algo paranormal. Hay un sinfín de historias aterradoras que me han contado sobre este trabajo, tanto en mi natal Costa Rica como en México. Incluso mis tres compañeros me llegaron a contar de fantasmas que se le subieron al tráiler.
Gente caminando en la madrugada en medio de la nada, hasta humanoides cruzando apenas en el límite de las luces. Uno me juró haber visto al pero estas son historias que no me tocó vivir y cuya veracidad daba mucho que pensar. Si estoy aquí, bueno, ya sabrán qué es porque me tocó comprobar en carne propia lo aterradora que puede llegar a ser la carretera por la noche.
[música] En aquella ocasión me tocó un viaje nocturno, así que me levanté faltando 15 para las 11 de la noche. Me alisté y preparé bien. Sería un camino bastante largo.
lo sabía, pues había tomado esa ruta varias veces, una especialmente larga. [música] De igual manera me asignaron a mi respectivo compañero. Le decían Johnny o simplemente John.
Era un chico dos años mayor que yo, bastante extrovertido, de gran humor, en general, una gran persona y amigo, alguien que llevaba más o menos el mismo tiempo que yo en la empresa, pero con menos experiencia al volante. Al llegar a la empresa me lo topé en la zona de empacado. Ahí tenían ya la unidad lista para partir.
Sí. Tras acordar quién sería el primero en tomar el volante, salimos faltando 10 para la medianoche. Las primeras dos horas transcurrieron según lo planeado.
Veíamos a otros vehículos pasar mientras hablaba con Johnny sobre problemas de la vida y demás. De vez en cuando, subiendo un poco el volumen para distraerme. Una vez mi compañero se dispuso a descansar.
Todo empezó a ponerse raro a las 2 de la mañana iba escuchando música ajeno lo que ocurría más allá del camino que tenía enfrente. Sin embargo, con el paso de los minutos comencé a notar algo. Y es que poco a poco comencé a ver menos autos ni siquiera de carga, que sería lo común al menos por aquellas horas.
Esto ya era muy extraño, pues si bien no era la carretera más transitada, lo normal sería al menos ver uno que otro auto pasar esporádicamente. Además, y no sé si mi percepción del tiempo se había atrofeado, pero puedo jurar que llevaba más de media hora sin toparme a nadie, ni una luz, ni una zona de descanso. llega al punto de sentir que estaba en una realidad completamente distinta.
El silencio se había apoderado casi por completo de la cabina. Lo único que escuchaba duras penas era el sonido del motor. "¡Qué raro, pero seguro cuando amanezca me topo con más autos", pensé intentando restar la importancia.
Pasados unos 5 minutos, alcancé a divisar finalmente algo en el camino, algo que sin duda no me esperaba, una persona caminando en el acotamiento. Aquí es importante entender que la ciudad más cercana estaba lo suficiente lejos como para llegar a pie o siquiera para que hubiera alguien por ahí. Simplemente careía de sentido y la verdad es que tampoco se veía un vehículo estacionado cerca que se supone que hacía alguien en medio de la nada oscura hacia la intemperia.
Conforme más cerca estaba, me percaté de que se trataba de una persona con ropa sucia y mirada fija en el suelo. Por su aspecto, puedo decir que se trataba de alguien mayor, pues caminaba encorbado y esto volvía aún más perturbador el hecho de que anduviera por ahí. Estando lo suficiente cerca para prácticamente darle de lleno con las luces, este hombre me devolvió la mirada.
No sé si se trataba de un efecto de la luz, pero puedo jurar que sus ojos eran completamente blancos. En mi vida había visto algo igual. Me quedé tan concentrado, tan absor o más bien ido en su mirada que hasta se me olvidó que estaba al volante.
Solo cuando lo sentí vibrar fue que reaccioné, reincorporándome de una forma tan violenta que terminé despertando a Johnny. Detuve la unidad más adelante, agitado y sudando frío en completo silencio. Johnny, por su parte, se levantó del camarote, tomó asiento y con sus ojos abiertos de par en par, me dijo, "¿Qué pasó, Tomás?
¿Estás bien? " Pero yo no le contesté. tenía mi pulso acelerado y estaba de más confundido.
"Tomás, gritó. Sí, perdón, estoy bien, le dije. Creo que es mejor parar en una gasolinera.
Necesito un café. Retomé el camino hasta finalmente dar con una gasolinera donde estuvimos por unos 15 minutos antes de reanudar el viaje. Para esto le pedí a Johnny que manejara él, pues yo no me sentía muy bien.
Él solo me dio una mirada y sin decir palabra aceptó. En verdad traté con todas mis fuerzas de convencerme de que no había sido algo sobrenatural. Tal vez era algún distractor para que nos asaltaran y pues al menos ya se acabó.
Gracias a Dios no pasó nada. Solo me quedaba esperar que el resto del viaje fuera tranquilo. Como no tenía sueño, tomé lugar como copiloto para hablar con mi compañero un rato y, sobre todo, intentar tranquilizarme.
Al cabo de 20 minutos todo seguía normal. Estábamos en una parte de la carretera específicamente solitaria. La tranquilidad y la sensación de que todo había pasado fue apaciguando mi ansiedad.
Asimismo, Johnny, con su plática y chistes esporádicos, amenizaba de alguna manera el ambiente. "¿Y qué tal tu familia? ", me dijo, "Están bien, fíjate que fui hace unos meses", comencé a decir, pero antes de soltarme contándole más, me interrumpió con un, "Oye, ¿qué es eso?
" apuntando hacia el frente. Era como una luz que conforme nos fuimos acercando nos percatamos de que se trataba de un auto estacionado en el acotamiento. También logramos divisar a una persona levantando su mano pidiendo ayuda.
Pobre tipo, seguro se quedó tirado. Hay que detenernos dijo Johnny. Yo la verdad es que no estaba muy convencido.
No era ajeno a los asaltos en plena carretera y aquel escenario era algo que ya había visto. Eso, sumado a lo que había sucedido atrás, me hizo tener aún más desconfianza. Por otro lado, mi compañero insistió diciendo que iba a detenerse porque según le había dado lástima a esta persona.
Al final la insistencia fue tanta que a regañadientes terminé aceptando. Nos detuvimos apenas unos metros adelante del auto y bajamos para ver cuál era el problema. El hombre, alguien de aspecto mayor, casi en cuanto se nos acercó, me dio muy mala espina.
No sé cómo explicarlo. Era como si lo hubiera visto antes, pero era alguien muy extraño. Vestía una camisa azul, muy sucia, llena de tierra y creocal, pantalón de mezclilla y botas negras.
Además de esto, tenía la mirada perdida. Juro que me era imposible sostenerle la mirada por más de 3 segundos. Tenía algo muy raro, pero no sabía qué.
Disculpen la molestia, pero llevo tirado como media hora. Les agradezco dijo el señor con una voz muy ronca. Ambos lo miramos con la misma expresión, pues su simple apariencia ya causaba incomodidad.
Ahora su forma de hablar prácticamente disparó una alerta en ambos. Y es que hablaba de forma extraña, como si solo estuviera leyendo un guion sin siquiera saber su significado, sin mencionar que de su boca salía saliva de forma constante, dándole un aspecto tan tétrico como desagradable. Oye, este tipo no me da buena espina.
Mejor terminemos rápido y vámonos le dije a Johnny. Él asintió y nos dispusimos a revisar el motor intentando encontrar el problema, mas no pudimos dar con ninguna falla. Todo parecía estar bien.
Johnny, en serio, vámonos. No tiene nada y además está haciendo un frío de los diablos. Él asintió levantando la voz para decirle al tipo que no habíamos encontrado nada, pero ni siquiera pudo comenzar la oración cuando se quedó paralizado al percatarse de que el hombre parecía no estar por ningún lado.
Miramos en el interior de su vehículo y los alrededores, pero todo parecía apuntar a que solo estábamos mi compañero y yo. Esto me hizo sentir un escalofrío que no puedo poner en palabras. En ningún momento habíamos escuchado pasos.
El pensamiento de que seguramente y de alguna manera se había colado en el tráiler rápido hizo ruido en mi cabeza, que todo había sido una trampa en la que habíamos caído. Ya estaba sacando mi navaja para ir a sacar ese viejo de la unidad, pero inadvertidamente surgió algo que nos detuvo, una voz entre los matorrales. Por favor, no se vayan.
Llévenme con ustedes. Era la voz del viejo, solo que ahora más ronca, más rota, como si tuviera su garganta desgarrada. Johnny y yo nos quedamos quietos en silencio y estoy seguro de que ambos con el mismo miedo.
Antes de poder reaccionar o pensar en hacer algo, la voz nuevamente resonó. Por favor, no me dejen aquí. Tenía mi corazón latiendo con fuerza, con el cuerpo gritándome que corriera directo al tráiler, pero mis piernas no respondían y creo que ni siquiera podría haber tenido tiempo de que lo hicieran, porque en cuestión de nada ambos vimos al hombre salir de entre la oscuridad de la maleza.
Ahora se veía diferente, más sucio, más inhumano. Ahora entendí su aspecto. No era como el de alguien que estuviera volviendo del trabajo en el campo.
Su aspecto más bien era el de un cuerpo que habían desenterrado. Y no sé si fue por el miedo, pero podré jurar que era más alto y que sus ojos eran blancos. con su piel igual de pálida y saliva escurriendo de su boca mientras nos llamaba.
La impresión del momento fue tanta como para creer que me desmayaría. Johnny, por su parte, me tomó del brazo sacándome del trance y sin necesidad de decirlo, echamos a correr como alma que lleve el hasta el tráiler. Cerramos con fuerza y desesperado, mi compañero pisó el acelerador para alargarnos.
Apenas ganamos velocidad, aún sin asimilar lo sucedido. Escuchamos un grito detrás y estúpidamente dirigí mi vista rápido hacia el retrovisor, encontrándome con aquel hombre, dándonos persecución entre un maldito desquiciado. Lo que más desesperación me causó fue que por más que acelerábamos no lográbamos dejarlo del todo atrás.
Ese hombre o lo que fuera parecía siempre mantenerse al margen de las luces de la unidad, sin alcanzarnos, pero sin darnos momento a siquiera bajar un poco la velocidad. Oye, ¿qué pasa? Acelera, cabrón.
nos va a alcanzar esa cosa", le dije Johnny, pero a causa del miedo no me había dado cuenta de que no era que no pudiera ganar velocidad. Por la expresión de terror en cara de mi compañero, pude caer en cuenta de que la unidad había dejado de acelerar. "No, no soy yo.
No quiere avanzar", me respondió golpeando el volante mientras intentaba una y otra vez pisar más. En un instante ya nos encontrábamos varados en medio de aquella oscura carretera. Hubo solo una breve brecha de segundos en los que Johnny y yo nos miramos esperando lo peor cuando el primer golpe llegó.
Suave, lento y rítmico desde el exterior del camarote, justo del lado del copiloto. Solo atinamos agachar la cabeza cubriéndonos los oídos y durante los siguientes minutos solo pude escuchar a mi compañero soyar respirando con dificultad mientras rezaba. Y es que en todo ese tiempo el tipo estuvo golpeando las ventanas, caja incluso subiéndose al techo mientras nos llamaba con ese remedo de voz humana.
hacía de todo para llamar nuestra atención y sin duda quería hacernos salir. [música] Cuando los golpes se fueron directamente a la ventana de mi compañero, grité, "¡No! ¡No lo mires!
Al percatarme con el rabillo del ojo, ¿cómo quería levantar la mirada? No sé. Algo me dijo que mirarlo sería un error, que en cuanto lo hiciéramos aquello nos llevaría.
Sabía que afuera nos esperaba una figura, incluso peor que lo que habíamos visto kilómetros atrás. Desconozco cuánto tiempo pasó, pero estoy seguro que fueron los peores minutos de mi vida. Gracias a Dios, poco a poco todo fue disminuyendo hasta que solo quedamos mi compañero y yo sumidos en un silencio que nos calaba los huesos.
Con cuidado y duda levantamos la mirada. Todo parecía tranquilo. Oye, mejor maneja tú, por favor.
Yo no creo que pueda me dijo Johnny alegando que tenía náuseas y que no creía poder manejar así. Sin bajarnos cambiamos asientos y en cuanto tomé el volante intenté encender el tráiler. Uno, dos, tres intentos y no lograba conseguirlo.
¿A qué hora va a encender este gajo? Vamos, por favor. Tras el cuarto intento, un fuerte golpe desde la ventana del copiloto me hizo saltar del susto, llevándome instintivamente a mirar al suelo.
"No mires", le grita Johnny, pero él en su lugar respondió. No, espera. Tal vez a un compañero.
Eso ni siquiera tenía sentido. Pero como fuera el caso, me limité a rezar en mi mente pidiéndole a Dios que mi compañero tuviera la razón. Oye, ¿qué viste?
Pero Johnny no respondía. Aquí comencé a realmente preocuparme y cuando escuché su puerta abrirse me puse aún peor. Comencé a soylozar temblando como nunca en la vida.
Con impotencia solo pude ver con el rabillo del ojo cómo bajaba de la unidad con una tranquilidad para nada normal en esa situación. "Ey, ¿qué haces? Regresa!
", le grité. Pero él ya no me escuchaba. Solo me quedó escucharlo cerrar la puerta y dar unos pasos para detenerse, creo, al frente de la unidad.
Acto seguido, la maleza un costado se sacudió con violencia, de la cual emergió algo que en cuestión de un segundo cruzó al otro lado. Eso fue lo último que escuché. Todo fue tan rápido que no me dio tiempo ni de ver, aunque tampoco es como si en primer lugar quisiera hacerlo.
Un mareo y náuseas, a tal punto que lo último que recuerdo es como todo mi alrededor se oscureció. Lo siguiente fue despertar y darme cuenta de que estaba rodeado por paredes blancas en una habitación de hospital que solo Dios sabe cómo llegué. No tardó en presentarse un empleado que al notar que ella estaba despierto se acercó a revisarme.
¿Qué pasó? , le pregunté. Él me dijo que me habían encontrado dentro de mi tráiler por la mañana.
que un conductor de la zona reportó un chóer dormido que se había salido del camino. Preguntaron la empresa en la que trabajaba y ahí fue donde se enteraron de que no iba solo en ese viaje. Pero de mi compañero no encontraron rastro, incluso se dio parte a las autoridades.
Llegué a pensar que me meteré en problemas, pero al no haber evidencia de nada, solo me quedó atender un par de citatorios para dar mi declaración, pues lo habían catalogado como un asalto. Las siguientes semanas fueron una completa tortura. No podía dormir.
Ni siquiera podía estar un momento en paz sin traer a mi mente lo que había ocurrido. Lloraba casi todas las noches pensando en lo que le había pasado a mi compañero por la impotencia de lo que me dijeron en la empresa cuando se les informó de todo esto. Pues son gajes del oficio, muchacho.
Nosotros nos vamos a hacer cargo. Tú puedes volver a tu puesto. Así.
Sin más, sin explicación y casi como si estuvieran haciendo de lado a mi compañero o minimizando la situación. Honestamente, era algo que me hace hervir. Fue una carga mental y un evidente desgaste físico por lo que pasé.
No les dije que algo nos había seguido. Saqué otro pretexto que la verdad ya ni recuerdo cuál fue. De cualquier manera, no me creerían.
Ni siquiera yo antes de vivir esto habría creído semejante historia. La realidad es que a 3 años de lo sucedido, solo yo sabemos lo que pasó. Confieso que a raíz de esta experiencia comencé a temer estar tras el volante, por lo que terminé renunciando al poco tiempo.
Preferí dedicarme algo más tranquilo, a tener que volver a pasar por esa carretera. Y no quiero que me crean. Si se los cuento es más porque simplemente quise soltar este peso.
No es algo que quiera llevarme a la tumba, sobre todo por la memoria. de Johnny. [música] Nunca pensé que terminaría contando esto.
Durante casi 10 años hice trabajos para gente que paga bien y pregunta poco. Cometía asesinato, no por gusto, pero tampoco me hacía el inocente. Con el tiempo hasta dejé de sentir lástima.
Dejé de contar las pobres almas que me llevaba por razones que nunca quise conocer. Había escuchado muchas historias mientras recorría prechas entre Sonora, Chihuahua y Durango. Los viejos hablaban de brujas, de bolas de fuego y hombres que desaparecían siguiendo las luces en el monte.
Historias que entretenían y hasta para reírnos usábamos. Una noche me tocó hacer un encargo sencillo. Tenía que recoger un paquete en un rancho abandonado de esos que parecen perdidos entre la sierra.
El contacto nos dijo que no enviaría a nadie más allá porque después de las 11 ya nadie quería subir. Pensamos que era miedo. Babosos que se la juegan y no duran mucho aquí.
Éramos cuatro. el gero al volante, el cholo de copiloto y atrás íbamos el flaco y yo armados hasta los tientes. Después de 2 horas de terracería empezó la neblina, una que no parecía normal, pues era tan espesa que las luces apenas alcanzaban unos metros.
De la mano a eso, el tablero del carro repentinamente comenzó a parpadear y nuestras radios a fallar. llenándose de una estática extraña. En medio de esta situación escuchamos un silvido en la distancia, largo, como si alguien estuviera llamándonos desde el monte.
¿Escucharon? dijo Cholo bajando el volumen del estéreo. Nadie respondió, pero el silvido se guía, repitiéndose cada ciertos segundos.
parecía venir del lado derecho del camino, así que pensando que alguien nos quería emboscar, el gerero frenó y rápido nos bajamos con armas en mano, pero afuera solo había pinos y piedras, hasta donde la neblina permitía ver. El silencio y el frío eran algo que jamás había experimentado. Solo nos quedó volver.
reanudar el camino. Ya adentro, el flaco comenzó a platicarnos que su abuelo le había contado algo sobre una entidad que silvaba en el monte. "No importa de dónde venga, nunca lo sigan", dijo con una seriedad de la que nos reímos.
agregó que en la sierra habita el que silva y no se trata de un fantasma o del sino de algo más viejo, algo que prendía la voz de las personas y lo usaba en su contra. Parecían disparates mezclados con creencias de pueblo. Aún así, nadie dijo nada durante kilómetros y llegamos en un Santiamén al lugar.
O lo que quedaba de este, pues estaba prácticamente en ruinas. Las bardas estaban derrumbadas. Las ventanas solo eran agujeros y la gran puerta de madera, lo único en pie al parecer, yacía abierta de par en par.
En su interior todo estaba cubierto de polvo, excepto unas partes donde parecía haber huellas de manos humanas, pero extremadamente largas. Continuamos hasta llegar al fondo donde estaba el paquete que había que recoger. El herero lo levantó y en ese instante escuchamos golpes arriba de nosotros.
Pasos lentos, pesados, como los de alguien caminando descalso sobre matera húmeda. No se supone que alguien estuviera ahí, así que rápido subimos apuntando con nuestras armas, purgando cada rincón sin encontrar nada. Pero el sonido seguía justo encima de nosotros, en el techo.
El flaco prácticamente tiró su arma y empezó a rezar con una desesperación que jamás había visto. No sé qué estaba pasando, pero nuestras linternas comenzaron a fallar hasta apagarse. No porque se quedaron sin batería, simplemente dejaron de funcionar al mismo tiempo dejándonos en completa oscuridad.
El silvido volvió con más fuerza y más claro, como si estuviera justo en la casa con nosotros. Sentí un aire frío recorrer cada rincón como un susurro diciéndonos que nos largáramos. Desesperado, tomé mi teléfono para iluminar lo poco que pudiera.
Gracias a ello pude ver que al final del pasillo había alguien de pie y no sé quién era. No podía distinguir su rostro o algo más que arapos sucios y piel curtida, muy sucia y oscura. Aún con esta aterradora visión enfrente de nosotros, nadie fue capaz de moverse, mucho menos de disparar.
Solo en medio de nuestras miradas atónitas, aquello levantó la cabeza y el mismo silvido hizo eco en el lugar. "¿Qué haces? No lo mires, córrele", me dijo el gerero golpeándome el pecho.
Mientras corríamos a la camioneta, puedo jurar que escuché la voz de mi madre llamándome desde el pasillo, diciendo que no la dejará sola, maldiciéndome por dejarla ahí con esa cosa. Estaba claro que no era ella. [música] Como pudimos, tropezando, cayendo una y otra vez, nos abrimos paso hasta aventarnos hacia la camioneta.
El cuero intentó arrancar una y otra vez sin lograrlo. Mientras tanto, yo estaba muy mal. Me tapaba los oídos mirando hacia el suelo.
No sé si todos escuchamos lo mismo, pero hasta casi llorando andaba. Apenas el motor arrancó, salimos de ahí a toda velocidad, levantando piedras y polvo detrás. Durante media hora casi nadie habló, casi nadie se miró hasta que el cholo soltó una pregunta que casi me hace vomitar.
Oigan, ¿y el flaco? [música] No sé cómo no nos dimos cuenta de que no había subido con nosotros, pero para nuestra mala fortuna no estaba por ningún lado. Lo buscamos incluso durante tres días, pero ni rastro de él, tampoco sangre ni su ropa.
Los jefes llegaron a decir que seguramente se había escapado con dinero, pero nosotros sabíamos que no. Y me habría gustado que esto hubiera terminado en ese lugar, pero como una maldición no siguió al resto. Ya fuera, en forma de pesadillas, sustos, los hombres que veíamos en nuestras casas, todos estábamos mal.
El cholo desapareció. Según encontraron su camioneta en su casa encendida y puertas aseguradas, pero de él ni sus luces. El gerero decidió dejarnos por mano propia.
Oh, eso fue lo que se dijo. Mira, aquí uno no es un santo y estamos de acuerdo en que desaparecer de un día para otro es algo rutinario. Al final nadie te busca porque ¿quién se preocuparía por gente así?
Pero puedo dar fe en que sus desapariciones y muertes fueron por algo completamente ajeno, algo que estoy seguro ahora está detrás de mí. Después de todo, soy el único que queda en pie y por algo será. La última noche, mientras andaba en carretera, escuché nuevamente ese silvido.
Juro que la piel se mezó porque lo había escuchado justo en los asientos detrás. Por supuesto, no me atrevé a voltear. Solo mantuve la mirada fija al frente hasta que amaneció.
Solo entonces tomé el valor para estacionarme en la primera zona de descanso que viera y revisar. En uno de los asientos había una bota completamente cubierta de tierra roja, una de las botas que el flaco llevaba esa noche. Gracias por llegar hasta el final del episodio.
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Espero tengan una excelente noche. Yeah.