No te rindas. Aléjate de los que te lastiman. Acércate a mí para darte mi protección, hijo mío, hija mía.
He venido a ti este día para hablarte a través de estas palabras. Quiero que sepas que estoy escuchando tus oraciones; estoy atento a tu clamor. Ninguna de tus peticiones pasa desapercibida para mí.
No quiero que pienses que no te oigo o que soy ajeno a tu necesidad. Te amo y no permitiré que nada te haga daño; por eso te pido que te alejes de los malos deseos, que deseches la duda y todo lo malo que hay en ti. Sé que a veces es difícil.
Hay momentos en los que te sientes tentado a hacer cosas que sabes que no son correctas, pero quiero que sepas que estoy aquí para ayudarte. No permitas que sentimientos engañosos te desestabilicen. Mi Espíritu Santo está contigo; él te guiará y te protegerá de todo mal.
No te rindas ante la tentación del pecado; no cedas a la corriente de este mundo perverso. No dobles tu voluntad a los deseos carnales que solo buscan alejarte de mí, del camino de la bendición que escogí para ti. Sé que no es fácil permanecer en mi palabra, pero debes resistir al mal y aferrarte a mis promesas.
Enfócate en lo bueno y justo; no permitas que el mal te domine. Recuerda que eres un hijo de Dios, que eres una hija de Dios. Tienes el poder de hacer lo correcto y la autoridad para reprender toda obra de maldad.
No permitas que el pecado te destruya ni que se establezca en tus generaciones. Aléjate de todo lo vano y efímero; no consientas los deseos de la carne de tal forma que te hagan sentir mal, arrepentido o desesperado. Siempre hay una salida y una oportunidad de cambiar, hijo, hija.
Por favor, si en algún momento te has sentido así, no olvides que nunca es tarde para volver a empezar y dejar todo lo malo atrás. Puedes confiar en mí y pedir mi ayuda, mi perdón; yo te concederé ambas cosas. En mí siempre encontrarás un nuevo comienzo y una nueva oportunidad.
En mí, las cosas viejas quedan en el pasado y todas son hechas nuevas. Así que, por favor, créeme y déjame guiarte a través de mi Espíritu Santo. Deja que mi amor te llene; que la luz de mi presencia te ilumine.
No permitas que el pecado y la oscuridad te alejen de mí ni que te roben la bendición que, por fe, te pertenece. Con fe inquebrantable, declara que eres más que vencedor, más que vencedora. Permíteme guiarte hacia la luz, lejos de la oscuridad que intenta opacar tu camino.
Recuerda que tu fe es el escudo que te protege de las influencias negativas. Aférrate a ella, pues te brindará la fuerza para resistir las tentaciones y permanecer firme en mi amor. No dejes que el pasado o las dificultades del presente te alejen de tu destino.
Persevera hasta el final y serás gratamente recompensado. Te prometo que la bendición que he preparado para ti no se te arrebatará. Solo esfuérzate y sé valiente; no habrá dificultad que no pueda superar.
Deja que mi luz ilumine tu camino, mostrándote la senda hacia la plenitud y la paz que solo yo puedo ofrecerte. Hijo, hija, cuando atravieses momentos de debilidad, cuando sientas que ya no puedes más y estás a punto de caer, busca mi amor. Búscame de todo corazón; hallarás la fuerza que necesitas para superar cualquier adversidad.
No olvides que estoy cerca, esperando que te acerques a mí con el corazón abierto. No dejes que el pecado te robe la bendición que te he prometido. Levántate con valentía.
Confía en mi perdón; sigue adelante con la certeza de que mi amor nunca te abandonará. En esta hora, sostente de mi mano y caminemos. No le temas al mundo; enfréntalo y dale la espalda al pecado.
Déjame ser tu guía, tu protector y tu sostén en medio de las dificultades. Confía en que mi amor es más grande que cualquier error u oscuridad. Permíteme colmarte con mi gracia y bendición, restaurando tu camino y llevándote hacia la plenitud que solo mi amor puede brindarte.
Recuerda siempre que estoy contigo, incluso en los momentos más difíciles. No te desanimes si las cosas no salen como pensaste; recuerda que yo siempre estaré aquí para apoyarte, para ayudarte a escalar la montaña más alta y superar cualquier obstáculo que se pueda presentar. Solo te pido, hijo e hija, que seas fuerte y valiente, que confíes en mi amor y en mi poder.
Verás cómo tu vida comienza a cambiar. No te rindas, porque la victoria está asegurada si estás a mi lado. Jamás olvides que yo siempre estaré contigo.
Sigue mi camino y encontrarás bendición, paz y la felicidad que tanto anhelas. Amén.