¡Hola, filoadictos! Hoy os voy a hablar un poco del famoso tratado "Acerca del alma", de Aristóteles. .
. "Acerca del alma", de Aristóteles, no acerca del alma de Aristóteles. Si no me equivoco, este tratado tan comentado en la Historia de la filosofía pertenece al último período de la producción intelectual de Aristóteles.
En él, el filósofo que fue llamado "EL Filósofo" indaga en la naturaleza de los seres vivos. Si hay un punto de partida en el "De anima" es su distinción entre los seres vivientes y los seres no vivientes o inertes . Los seres naturales que nos encontramos por el mundo pueden dividirse entre los seres vivientes y los seres no vivientes o inertes, y entre ambos existe una diferencia ontológica radical.
Es en este contexto que Aristóteles va a hablar del alma, que en griego se denomina "psyché". El alma va a ser para Aristóteles el principio explicativo del fenómeno de la vida, la raíz de las funciones de los seres vivos. P: El concepto de "alma" es un poco confuso.
. . Tendrías que dar algún aviso para navegantes, ¿no?
E: Sí, sí, a eso iba ahora. Si quieres, puedes dar tú el aviso para navegantes y yo continuó. P: Ah, vale: ¡aviso para navegantes!
¿Así? E: Perfecto. Si queréis estar en una buena posición para entender lo que Aristóteles tiene que decir sobre el alma, tenéis que libraros de dos prejuicios interpretativos: rimero, de la visión religiosa acerca del alma y, segundo, del cartesianismo.
Aristóteles no plantea el problema del alma desde un punto de vista religioso o escatológico. Platón, en algunos textos, sí que lo ha hecho, pero Aristóteles no lo va a hacer. Esto no quiere decir que no pueda tener continuaciones o implicaciones religiosas, pero es importante tener en mente que Aristóteles está estudiando el alma desde un punto de vista estrictamente filosófico.
Pero más importante aún es perder de vista totalmente el cartesianismo. Descartes inaugura en la modernidad un modo de entender las relaciones entre el alma y cuerpo que es completamente ajeno a lo que plantea Aristóteles y que, para bien o para mal, ha calado muy hondo en nuestra mentalidad. Si queréis entender a Aristóteles, no lo vais a poder hacer con las categorías cartesianas.
Descartes habló del alma y del cuerpo como dos sustancias independientes completas en sí mismas, incomunicables, autónomas. El alma queda desvinculada del cuerpo y lo vivo pasa entenderse de un modo mecanicista, que realmente ya no ofrece posibilidad de distinguirlo de lo inerte. Sólo hace falta ver cómo trata Descartes o cómo entiende a los animales, como puras máquinas.
Para Aristóteles, en cambio, ni el alma ni el cuerpo son sustancias, sino que la sustancia es el compuesto, el individuo que está formado por dos principios: un principio material, que es el cuerpo, y un principio formal, que es el alma. Aristóteles enmarca, pues, su teoría del alma y del cuerpo dentro de su teoría hilemórfica de la materia y la forma. Y si esto os suena a chino, me lo decís en los comentarios y le dedicaré otro vídeo.
Pero lo que os tiene que quedar aquí en la cabeza es que no se puede entender esta teoría desde el dualismo cartesiano. Descartes convierte en sustancias lo que para Aristóteles no es una sustancia. Otro problema que tenemos para entender este tratado de Aristóteles es que cuando hablamos de alma solemos entender solamente el alma humana.
Esto es, en parte, algo derivado tanto de la visión religiosa como del cartesianismo. Para Descartes, por ejemplo, como decía antes, los animales no tienen alma: el alma es algo exclusivamente humano. Cuando oímos "alma" nos vienen a la mente características como espiritualidad o inmortalidad, pero Aristóteles realmente enmarca el problema dentro de un contexto mucho más amplio: el fenómeno de la vida.
Entonces, Aristóteles extiende el alma a todos los seres vivos. Podemos decir, y así aparece en muchos fragmentos, que en Aristóteles "alma" es sinónimo de "vida". Para Aristóteles, por tanto, todo ser vivo (sea vegetal o sea animal) tiene alma porque tiene vida, sólo que en cada caso vamos a estar hablando de un tipo determinado de vida o de alma.
No es la misma alma el alma de una planta que la de un caballo, porque no es la misma vida la vida de una planta que la vida de un caballo. Del mismo modo, no es la misma alma el alma de un caballo que el alma de un ser humano, porque no es la misma vida la vida caballo que la vida de un hombre. Por eso el tema de la inmortalidad, que se vuelve absolutamente central cuando entendemos por alma sólo el alma humana, en Aristóteles, en cambio, ocupa un lugar muy concreto.
En Descartes, el problema de la inmortalidad es casi todo lo que se puede decir sobre el alma, pero no es así en Aristóteles. Para Aristóteles, la inmortalidad es sólo una pregunta, un problema, cuando nos centramos en un tipo específico de alma que es el alma humana. Y en todo caso el alma humana no será inmortal por ser alma, sino por ser humana.
P: Bueno, pero Aristóteles es un poco ambiguo en ese punto, ¿eh? E: Sí, sí, ahora iba a eso. Aristóteles es un poco ambiguo en este punto.
. . P: ¡Eh, no me robes mis frases, hombre!
E: Hay muchos autores que discuten si la identificación que Aristóteles hace del alma con la vida deja espacio para que pueda haber algo así como un alma inmortal. Si el alma es la vida, cuando se termina la vida, desaparece el alma. Realmente Aristóteles deja esta cuestión bastante abierta, parece casi indeciso, se limita a decir por lo que respecta al alma humana, que es el alma intelectual o racional, que hay algo en ella que hace que no sea descartable que sobreviva a la muerte, ya sea sobreviviendo toda ella entera o sólo una parte.
Y ahí queda eso, para la discusión de los siglos. Este tratado contiene, además, uno de los textos más oscuros y más controvertidos de toda la producción aristotélica. Es el pasaje donde Aristóteles distingue entre un intelecto agente y un intelecto paciente.
Otro día le dedicaré un solo vídeo a este pasaje porque, la verdad, no tiene desperdicio. Verdaderas guerras de tintas se han librado sobre la interpretación de este fragmento, y a día de hoy no hay nadie que se puede declarar claro vencedor. P: Eso es porque no me he puesto yo todavía a interpretarlo.
E: Puede ser, puede ser. Otra cosa curiosísima de este libro es cómo se mezclan hipótesis científicas que a día de hoy nos parecen descabelladas con reflexiones filosóficas que tienen una profundidad que, vamos, que asusta. Por ejemplo, mira lee tú.
P: Trae, trae. "Si no percibimos ni con los huesos ni con los cabellos y con otras partes similares es precisamente porque. .
. porque son de tierra". ¿En serio dice eso?
E: Sí, sí, a ver, tiene su sentido dentro de la discusión antigua de los cuatro elementos (del fuego, de la tierra, el agua y el aire), pero claro, nos suena súper raro a día de hoy. Pero esto, que ha caducado a día de hoy, se mezcla con reflexiones filosóficas que son inmortales. Destaco sobre todo el capítulo décimo del libro III, que trata sobre el intelecto práctico, que, como sabéis, es un tema que me interesa especialmente.
Contiene una reflexión súper lúcida de la relación y dinámica entre razón y apetito. El intelecto no es capaz de mover sin el deseo, de modo que se muestran como causa del movimiento los dos: el deseo y el pensamiento. El ser humano no es un ser puramente intelectual ni es un ser puramente pasional, sino que es, como dice en la Ética a Nicómaco, "inteligencia deseosa o deseo inteligente".
¡Es las dos cosas! P: "Y esa clase de principio es el hombre". Eso dice, ¿no?
¡Que me lo sé de memoria! E: Exacto. En fin, que es un muy buen libro para leer incluso si sabéis poco de Aristóteles porque, bueno, va bien para familiarizarse un poco con el lenguaje y la filosofía de este autor.
No tengáis miedo de leer un libro que vais a tener que leer y releer cien veces, E: Si hay un punto de partida en el "De anima" es su distinción entre los seres vivientes y los seres no. . .
P: ¡Ah! Pedazo de imbécil, me cago en todos tus muertos, recógeme, venga, anda. E: Los seres naturales que nos encontramos por el mundo se pueden dividir.
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