Un grupo de amigos decididos a revelar los secretos del enigmático Área 51 planifica una arriesgada infiltración en la base más vigilada del mundo. Equipados con tecnología improvisada y trajes que ocultan su presencia se adentran en un territorio donde cada paso puede ser el último, lo que empieza como una búsqueda de respuestas se convierte en un descenso aterrador hacia lo prohibido y lo inexplicable. Todo comienza con una serie de entrevistas en las que distintas personas intentan explicar la desaparición de tres jóvenes, Red, Ben y Darring.
Nadie entiende cómo pudieron desvanecerse sin dejar rastro. Quienes los conocían aseguraban que llevaban vidas normales sin antecedentes de problemas mentales ni motivos aparentes para desaparecer. La familia de Raid describió a un muchacho amable, protector y con talento deportivo y académico.
Tocaba la guitarra y llevaba una vida estable hasta que comenzó a obsesionarse con los ovnis, los extraterrestres y especialmente con el Área 51. reunía mapas, documentos y material sobre el tema, mostrando un cambio de conducta cada vez más evidente. Se volvió distante, perdió su trabajo y sus familiares empezaron a preocuparse.
Su jefe, sorprendido por la desaparición, relató que Red había cambiado meses antes. Llegaba tarde, pasaba horas en internet y tras su partida, en su escritorio hallaron numerosas imágenes de objetos voladores no identificados. Su hermano aseguró que jamás se marcharía por decisión propia.
Algo desconocido debía haber ocurrido. Un experto entrevistado advirtió que cualquiera que intentara filmar dentro del Área 51 estaría en serios problemas. Tiempo atrás, los tres amigos viajaban en auto hacia una fiesta.
Rid, Ben y Darrin bromeaban mientras grababan con una cámara, intentando que Reed ensayara cómo comportarse con una chica con la que pronto tendría una cita. Entre risas y burlas por un suéter color durazno que Darrin insistía en llamar salmón, llegaron finalmente al lugar. Una casa apartada con ambiente festivo.
La música, las bebidas y los juegos animaban la noche. Reid intentó acercarse a varias chicas, aunque sus amigos, entre bromas, lo interrumpían constantemente. Más tarde subió al escenario con Darrin para cantar en el karaoke, pero un repentino apagón interrumpió la diversión.
Cuando volvió la luz, Reid había desaparecido. Afuera, el caos se extendía. Algunos invitados actuaban de forma extraña, quitándose la ropa o realizando retos absurdos.
Ben y Darrin lo vieron entre los árboles del patio y al pensar que estaba con alguien decidieron no molestarlo. Sin embargo, al notar que no regresaba, comenzaron a inquietarse. Lo buscaron sin éxito, creyendo que en su estado de ebriedad tal vez se había marchado solo o perdido en el bosque.
Cuando regresaban por la carretera, un frenazo lo sobresaltó. Red estaba de pie, inmóvil en medio del camino. Darrin bajó para ayudarlo y notó que su amigo parecía confundido, sin expresión alguna.
Al tocarlo, Reed reaccionó levemente y subió al auto. A cada pregunta que le hacían, respondía de forma automática y monótona. Sí, no mostraba emoción ni coherencia.
Pensaron que tal vez estaba drogado, pero no insistieron más y continuaron en silencio, perturbados por su extraño comportamiento. Tres meses después, los tres planificaban un viaje cuidadosamente preparado. Durante los días previos, veían videos de personas intentando infiltrarse en zonas prohibidas, todas interceptadas por la seguridad del lugar.
Ben se burlaba convencido de que ellos no correrían la misma suerte, pues tenían un plan detallado. Mientras hablaban, Ben recibió una llamada y se apartó. Reid aprovechó para probar un nuevo dispositivo, un bloqueador de señal capaz de interrumpir las comunicaciones telefónicas lo activó junto a Darrin desde las escaleras cortando de inmediato la llamada de su amigo.
Tras restablecer la conexión, Ben se disculpó sin saber lo que ocurría. Reid repitió la prueba y volvió a interrumpirla, lo que irritó a Ben mientras Reid celebraba el éxito del experimento. El aparato funcionaba perfectamente, marcando el inicio de algo que pronto los llevaría mucho más allá de lo que podían imaginar.
En los días siguientes, el grupo reunió el equipo necesario para su expedición. Máscaras, botas, herramientas para forzar cerraduras, dispositivos de comunicación y numerosas cámaras para registrar cada detalle. Darren mencionó unas píldoras de amoníaco y Ben mostró unos inmovilizadores eléctricos.
Reid pidió seriedad, pero en un descuido Ben recibió una descarga y cayó al suelo comprobando involuntariamente que los aparatos funcionaban. Una vez listos, partieron rumbo al desierto repasando el plan. Ben bromeó diciendo que apenas cruzaran la frontera, un francotirador los abatiría.
Reed respondió que lo peor sería ser detenidos, aunque insistió en que nadie imaginaría que un grupo de jóvenes intentara infiltrarse en el Área 51. Extendió un mapa señalando una zona poco vigilada, un punto ciego que según sus cálculos sería su mejor oportunidad de entrada. Además, mencionó que un contacto llamado Norio había atravesado esa misma área durante el día sin ser detectado, confirmando su teoría.
La base, explicó, era tan vasta como el estado de Connecticot, lo que hacía imposible controlar cada acceso. Ben seguía escéptico y comentó que Red se estaba obsesionando con el tema. admitió que no comprendía cómo había terminado participando en aquella locura ni por qué ahora se dirigían al desierto para entrar en una de las instalaciones más vigiladas del país.
Darren intentó calmarlo, recordándole que su meta era solo grabar algunas imágenes inéditas, lo que nadie había logrado antes. Durante el viaje, Reed habló por teléfono con una mujer en la que, según sus amigos, confiaba demasiado. Darren comentó que su padre había trabajado en el Área 51, pero Ben lo contradijo.
aseguraba que aquel hombre solo afirmaba haberlo hecho sin pruebas reales. Según él, era un escritor con estudios y un pasado interesante, pero su supuesta experiencia en la base nunca fue verificada y terminó suicidándose. Reed, para evitar más tensiones, aseguró que aquella mujer era esencial para su plan, pues solo ella poseía la información necesaria para orientarlos una vez dentro del complejo.
Antes de continuar con la operación, hicieron una pausa en Las Vegas. Allí probaron sus equipos, cámaras térmicas y de visión nocturna y decidieron ponerlos a prueba infiltrándose en un bar nudista. Lograron grabar sin ser descubiertos, lo que les dio confianza.
Bebieron hasta tarde y a la mañana siguiente retomaron su viaje. Reid defendía la credibilidad de la mujer con la que estaban por reunirse, convencido de que su información era auténtica. Llegaron a una cafetería en la zona de Ray Baja, donde Reed se reunió con la mujer llamada Jelena.
conversaron brevemente, revisaron unos documentos y luego ella los invitó a seguirla hasta un complejo de bodegas. Ben se mostró inquieto sospechando que podía ser una trampa, pero los demás insistieron en continuar. En el interior, Yelena relató que su padre en los últimos años se había vuelto paranoico.
Creía que lo vigilaban y que sus llamadas eran intervenidas. Antes de morir, le pidió a su hija que escondiera todos sus documentos en un lugar seguro. Ella lo hizo esa misma noche y poco después, desconocidos, allanaron su casa en busca de algo que nunca encontraron, pues ya había trasladado todo a aquella bodega.
Jelena abrió una pequeña bodega donde en el centro había un baúl negro. con ayuda del grupo, levantó la tapa y reveló una gran cantidad de documentos y objetos personales. Mientras revisaba una carpeta, explicó que a su padre le habían disparado por hacer demasiadas preguntas sobre su trabajo.
Aunque el acta de defunción afirmaba que se había suicidado, ella aseguraba que eso era falso y que buena parte del informe aparecía censurada. confesó que fue quien encontró el cuerpo en el garaje aquella noche y mostró fotografías de él, recordándolo como un hombre afectuoso. Entre los documentos había historiales médicos de empleados del Área 51 y mapas detallados de las instalaciones.
Su padre había trazado niveles subterráneos a los que no tenía acceso señalando escaleras, salidas y entradas. Yena afirmó que las estructuras visibles eran solo una fachada. La verdadera base se extendía más de 1 km bajo tierra.
Su padre había seguido a un colega con permisos especiales, pues carecía de autorización para ingresar en los sectores restringidos. Ella aconsejó al grupo conseguir tarjetas digitales o credenciales falsas para sortear los controles. Al notar que el hombre no poseía esos recursos, concluyeron que se infiltró por sus propios medios.
Y Elena confirmó que su padre había vigilado a un empleado con acceso total al área SS4, donde se guardaba la información más confidencial. les entregó varias fotografías de ese individuo. Ben expresó su preocupación.
Si el padre de Jelena fue asesinado por investigar demasiado, ellos corrían el mismo riesgo. Luego de despedirse, el grupo visitó a Norio, un hombre que les brindaría apoyo logístico. Extendió sobre la mesa un mapa del desierto y les indicó el punto donde debían detener el vehículo y continuar a pie.
Les advirtió sobre sensores térmicos y de movimiento y sobre la presencia de animales salvajes. Si deseaban sobrevivir, debían evitarlos a toda costa. Durante la charla, los jóvenes revelaron que habían rastreado los movimientos de un hombre clave y descubierto el vuelo que tomaba regularmente.
Reid explicó que despegaba desde una base llamada Janet, donde todos los empleados del Área 51 viajaban por vía aérea. Cuando Ben preguntó qué significaba el nombre, Red mencionó el rumor de que las siglas querían decir just another non existent terminal, solo otra, terminal inexistente. Una broma interna del gobierno para mantener el secretismo.
Usando cámaras de largo alcance, lograron identificar al hombre que buscaban. Cuando salió conduciendo, comenzaron a seguirlo a distancia por carreteras desiertas hasta llegar a un vecindario tranquilo. Observaron cómo estacionaba en una casa aparentemente normal y para no levantar sospechas, pasaron de largo.
Más adelante regresaron y se ocultaron cerca, esperando a que saliera nuevamente. Horas después, la puerta del garaje se abrió y el hombre volvió a salir. Red impulsivamente corrió hacia la vivienda y se deslizó bajo el portón justo antes de que se cerrara.
Ben quedó paralizado, consciente del riesgo, mientras Daren decidió ayudarlo, le entregó un comunicador y le pidió vigilar desde el auto. Luego corrió hacia la casa donde Red lo esperaba para abrirle. Dentro comenzaron a registrar habitaciones y archivos.
Todo parecía en orden hasta que un fuerte ruido los alertó. Darren fue a investigar y encendió la luz de la cocina encontrándose con un enorme pastor alemán que se abalanzó sobre él. Red le gritó que arrojara la carne seca que llevaban consigo.
Darren lo hizo y el animal distraído se calmó permitiendo que ambos recuperaran el control de la situación. Una vez controlado el incidente con el perro, Reed y Daren continuaron registrando la casa. Forzaron la cerradura de la oficina del propietario y revisaron cada rincón, pero el método resultó ineficaz, por lo que decidieron dividirse.
Uno exploraría la planta superior mientras el otro permanecía en el despacho. De pronto, el comunicador de Ben emitió una alerta. El dueño había regresado.
Presas del pánico, ambos se ocultaron. Reid se refugió en el baño de la planta baja y Darren en el de arriba. El hombre no venía solo, sino acompañado de su esposa y su hijo pequeño.
La mujer llevó al niño al baño donde Redit se escondía ajena a su presencia. Él contuvo la respiración y grabó en silencio la escena. Minutos después, el niño fue acostado y la casa quedó nuevamente en calma.
esperaron a que todos durmieran para salir de sus escondites. Darren quería marcharse, pero Rid insistió en revisar la habitación principal. Convencido de que allí habría algo útil, avanzó con sigilo junto a su compañero utilizando cámaras de visión nocturna.
En el dormitorio encontró un estuche con una tarjeta de acceso, exactamente lo que necesitaban. Salieron sin hacer ruido y abandonaron la casa. En el auto, Ben los esperaba alterado.
Aseguró que las cámaras habrían captado las placas del vehículo y exigió abandonar la misión. Reed lo tranquilizó asegurándole que nadie los había visto. Pese a la atención, decidieron continuar.
La tarjeta obtenida era su pase al Área 51. De inmediato, emprendieron rumbo al desierto. Durante el trayecto, Red contactó a Jelena para contarle su hallazgo y confirmar que iban en camino a Rachel, el punto de encuentro.
Al amanecer, Ben y Drn despertaron dentro del automóvil y notaron que Rid había desaparecido. Lo hallaron de pie junto a la carretera hablando por teléfono mientras discutían si seguir adelante. Ben confesó que nunca creyó que llegarían tan lejos.
Pensó que todo era una broma. Darren lo reprendió recordándole los meses de preparación, aunque temerosos sabían que ya no podían retroceder. Poco después llegaron al hotel Alien In, un modesto establecimiento decorado con motivos extraterrestres donde se alojaron en una vieja furgoneta adaptada.
A pesar del mal estado del lugar, lo aceptaron como base de operaciones. Rid propuso entrevistar a los habitantes locales sobre el Área 51. El grupo comenzó a hablar con personas del pueblo.
Un hombre vigilaba con binoculares la zona restringida. Otros compartieron sus teorías. El dueño de una tienda afirmó que todos llegaban allí buscando pruebas de vida extraterrestre y que aunque muchos lo negaban, él creía que las evidencias eran claras.
mencionó pasajes bíblicos del libro de Ezequiel que describían carrozas en el cielo. Otro visitante sostuvo que el gobierno estadounidense ocultaba la verdad, mientras que otros países admitían los avistamientos. Un mexicano relató la existencia de una escultura antigua que mostraba a un hombre sobre un cohete con controles y un respirador como testimonio de contactos antiguos.
Varios coincidieron en que el gobierno reconstruía fragmentos de una nave en la zona y que los mapas oficiales no mostraban las instalaciones subterráneas. Una mujer aseguró que existían hangares ocultos donde se realizaban experimentos secretos. El dependiente de la tienda concluyó con un tono sombrío.
Los alienígenas no eran seres verdes ni caricaturescos, sino criaturas aterradoras, con ojos negros, piel que se desprendía como la de una serpiente y sangre blanca que helaba la sangre de quien los veía. Los lugareños aseguraban que las criaturas no solo dominaban cuerpos, sino también mentes infiltrándose sin ser detectadas. Incluso las experiencias cercanas a la muerte eran, según ellos, encuentros con seres extraterrestres.
Tras escuchar esas teorías, los tres amigos continuaron su camino hasta reunirse con el guía que los llevaría al límite del Área 51. Al llegar, el hombre les mostró un sensor oculto bajo tierra, apenas visible, con una placa que decía propiedad del gobierno de los Estados Unidos. Explicó que la vigilancia era constante con guardias apostados en una camioneta blanca las 24 horas y que debían avanzar a pie para evitar ser detectados.
Mientras hablaban, una camioneta sin placas se acercó. De ella descendió un supuesto turista que, tras advertirles que tuvieran cuidado, se marchó. Sospecharon que era un agente encubierto.
Cuando regresaron a su furgoneta, hallaron la puerta entreabierta. Aunque nada faltaba, temieron que alguien hubiera instalado micrófonos o rastreadores. De pronto apareció Yelena decidida a unirse al grupo.
Dijo que había hablado con George y obtenido permiso y que no pensaba quedarse atrás. Reed la aceptó pese a la oposición de Ben, quien temía que su presencia aumentara el riesgo. El grupo repasó las rutas de acceso y mencionó los sensores de amoníaco que detectaban la presencia humana.
Habían estado tomando píldoras para reducir sus niveles corporales y ofrecieron algunas a Jelena. Darren señaló que ella no tendría tiempo suficiente para adaptarse, pero Red prometió hacerle una prueba antes de partir. Yena defendió su derecho a participar, recordando que el equipo y los mapas eran de su padre.
Finalmente convenció a todos y aseguró estar lista para recorrer los 17 km hasta la base. Luego probaron uno de los sensores de movimiento que habían conseguido. Este detectó actividad al instante, pero lograron bloquear la señal.
Descubrieron, sin embargo, que el sistema cambiaba de frecuencia cada 30 segundos, lo que significaba que tendrían una breve ventana para desactivarlo antes de que enviara una alerta. Reid mostró entonces una tarjeta de acceso sustraída al empleado que su padre había vigilado y una colonia del baño de ese hombre usó cinta adhesiva para obtener sus huellas dactilares y tras varios intentos consiguió una impresión clara y funcional. Justo entonces, Ben observó a alguien merodeando fuera del vehículo.
La tensión aumentó y Elena preguntó si había algo importante afuera, pero Red insistió en ignorarlo y seguir trabajando. Minutos después, la figura desapareció y un fuerte golpe resonó en la puerta de la furgoneta. Rid abrió, pero no había nadie.
Aunque el miedo era evidente, pidió mantener la calma y concentrarse en el plan. Explicó que la base contaba con sensores térmicos capaces de detectar cualquier variación de temperatura corporal. Para ocultar su temperatura corporal ante los sensores térmicos del Área 51, el grupo había diseñado trajes especiales que al llenarse con gas Freón anulaban por completo su firma de calor.
Y Elena se ofreció para probarlos. Al observarla con una cámara infrarroja, su cuerpo se volvió casi invisible, salvo por el calor en la cabeza. Le colocaron una máscara térmica y la señal desapareció del todo.
El experimento confirmaba que su plan funcionaba, pero también que cada paso los acercaba más a un punto sin retorno. Avanzaron bajo el silencio opresivo del desierto con el viento levantando nubes de arena y las luces del perímetro militar brillando a lo lejos. Reed guiaba al grupo con un detector en mano mientras cada pitido advertía del peligro inminente.
Darren, agotado, apenas podía seguir el ritmo y Reed se detuvo a esperarlo, temeroso de que el ruido alertara a los vigilantes. Desde la camioneta, Ben mantenía contacto por radio suplicándoles que regresaran, pero el grupo ya había tomado su decisión. En medio del terreno irregular, Reed localizó un sensor oculto.
Con precisión manipuló su frecuencia para bloquear la señal justo antes de que migrara al siguiente canal, evitando que se activara la alarma. El silencio que siguió fue tan tenso que podían oír sus propios latidos. Reanudaron la marcha, pero de pronto un helicóptero militar surcó el cielo.
Su potente reflector barrió el desierto y todos se arrojaron al suelo. Inmóviles. El rugido de las hélices hizo vibrar la tierra.
Pero tras unos minutos que parecieron eternos, el aparato se alejó y la calma regresó, dejando solo un silencio cargado de adrenalina. Sabían que no había vuelta atrás. Frente a ellos se extendía el desierto y más allá el secreto que habían perseguido durante meses.
Al llegar al complejo subterráneo, un pasillo angosto y luminoso los recibió con un olor a metal y desinfectante. Reid avanzó primero guiándose por el mapa en la tableta que señalaba la ubicación del nivel subterráneo 3, donde según los archivos del padre de Yelena se guardaban los proyectos más confidenciales. Antes de llegar cruzaron una sección administrativa llena de cubículos y pantallas encendidas.
Allí vieron a un hombre trabajando frente a varios monitores. Se ocultaron tras un archivador esperando que se moviera. Cuando se asomaron de nuevo, la silla giraba lentamente, vacía.
Nadie estaba allí. Sin tiempo para dudar, avanzaron hacia las escaleras de emergencia. La tensión era insoportable.
Los zumbidos eléctricos se mezclaban con la sensación de ser observados. Frente a la puerta metálica que conducía al siguiente nivel. Red pasó la tarjeta.
La luz cambió de rojo a verde y el acceso se abrió con un chasquido. Una escalera descendía hacia una oscuridad espesa, húmeda y fría. Las paredes, ahora metálicas y pulidas, reflejaban las luces intermitentes, dando al lugar un aspecto antinatural.
A medida que bajaban, el aire se volvía más pesado, casi vivo. Al llegar al fondo, una puerta doble sin identificación les reveló una sala inmensa, iluminada por un resplandor a su lado. En el centro, varias cápsulas translúcidas se alineaban con precisión quirúrgica y dentro de ellas, algo se movía lentamente.
El aire olía metal y químico y las tuberías de las paredes exhalaban vapor como si el propio lugar respirara. Reid, con la nariz sangrando, se limpió mientras Yelena intentaba grabar. El zumbido de fondo aumentó profundo, vibrante, como si algo enorme despertara bajo la superficie.
Avanzaron con cautela por los pasillos metálicos, observando las puertas numeradas y marcadas con códigos de seguridad. Algunas mostraban abolladuras, como si algo hubiera intentado salir desde adentro. De una de ellas emanaba un resplandor rojizo y un calor sofocante, acompañado de un sonido débil, semejante a un gemido distorsionado que le celó la sangre.
Reid retrocedió y ordenó en voz baja que nadie tocara nada. Las paredes estaban cubiertas de advertencias. Nivel de contención máxima, material biológico activo, riesgo térmico extremo.
Era evidente que allí se guardaba algo mucho más peligroso que simples archivos o maquinaria. En una bifurcación encontraron un ventanal blindado que daba a una sala de observación. El pitido de un monitor rompió el silencio seguido por el encendido de alarmas y luces rojas que inundaron el pasillo.
El sonido ensordecedor los obligó a correr. Red gritó que debían huir. A medida que avanzaban, las compuertas se cerraban tras ellos con estrépitos metálicos.
Desde el fondo del corredor surgió un rugido profundo, inhumano, que reverberó en las paredes. En su huida, alcanzaron a mirar por una ventanilla y vieron una cámara llena de agua caliente en ebullición, fuente del calor que sentían. Sin detenerse continuaron hasta esconderse tras unas estructuras.
Cuando oyeron pasos, un militar empujaba un carrito, se detuvo frente a una puerta e introdujo un código para abrirla. Al verla cerrarse detrás de él, comprendieron que estaban atrapados a menos que lograran replicar el acceso. Reid tuvo entonces una idea.
Utilizó la cámara infrarroja para detectar las huellas térmicas que el soldado había dejado sobre el panel. El calor de sus dedos aún permanecía visible y siguiendo la secuencia de intensidad logró reproducir el código. Reid pasó la tarjeta y la puerta se abrió.
Ingresaron con sigilo en una serie de laboratorios repletos de máquinas, tubos de ensayo y muestras biológicas. Y Elena reconoció el lugar por los planos de su padre. Allí se desarrollaban los experimentos más secretos.
Entre los dispositivos se encontraron cámaras de gravedad cero que mantenían objetos suspendidos en el aire y frascos con una sustancia identificada como sangre blanca. En una jaula pequeña, un fluido se movía como si tuviera voluntad propia. De repente, una de las máquinas antigravedad expulsó un objeto con violencia, haciendo que varios materiales se estrellaran contra el suelo.
Reid se agachó para protegerse del impacto. Comprendieron que el ruido los había delatado y que debían salir cuanto antes. En su intento por escapar, hallaron una enorme sala donde descansaba un objeto volador de forma desconocida.
Su superficie metálica parecía viva. Reid, impulsado por la curiosidad, lo tocó y la nave reaccionó con un leve movimiento como si repeliera su contacto. Cuando Yelena hizo lo mismo, no hubo reacción alguna, lo que aumentó su desconcierto.
Reed decidió entrar. La compuerta se cerró automáticamente, aislándolo del grupo. Dentro encontró cápsulas que parecían diseñadas para la hibernación y un asiento de control que al ser ocupado volvió transparente toda la estructura, haciéndolo invisible ante los demás.
Cuando salió alterado, aseguró que la nave lo había vuelto imperceptible. Pese a su fascinación, Darren insistió en que debían irse. Finalmente, Red se dió y el grupo continuó descendiendo hacia el nivel S2, conscientes de que lo que estaban a punto de encontrar superaría todo lo que habían imaginado.
Avanzaron por un pasadizo estrecho hasta llegar a una zona que parecía vestidores. Una barrera bloqueaba el acceso, por lo que usaron la huella dactilar del científico que habían conservado. La puerta se abrió solo unos segundos.
Darren se ofreció para mantenerla abierta mientras Rid yena cruzaban. La compuerta se cerró tras ellos y una cámara activó la alarma general. Guardias se movilizaron al sector S4 y Darren tuvo que escapar por un corredor lateral corriendo entre compuertas que se cerraban tras él.
Las luces de emergencia parpadeaban mientras las sirenas resonaban por todo el complejo. Reid yena continuaron avanzando entre puertas metálicas hacia lo profundo de la instalación. Finalmente llegaron a una compuerta que se abrió revelando figuras humanoides que al acercarse resultaron ser trajes de material gomoso diseñados para que ciertas criaturas sobrevivieran en la superficie.
Otra puerta los condujo a una extensa red de túneles subterráneos, donde un sonido profundo resonaba desde la oscuridad. El aire se volvió pesado y un olor desagradable impregnaba el ambiente. En el suelo hallaron objetos personales abandonados, gafas, relojes, ropa y juguetes, incluyendo un pequeño zapato de niño y una muñeca idéntica a la que Jelena tuvo en su infancia, generando un profundo desconcierto.
La tensión se disparó cuando Rit y Jelena encontraron recipientes con sangre fresca y fragmentos de órganos humanos. Yelena suplicó marcharse de inmediato, pero antes de avanzar descubrieron cápsulas idénticas a las que habían visto en la nave. Una de ellas abierta.
Un bramido ensordecedor reveló la presencia de una criatura desconocida acercándose a gran velocidad. Presos del pánico corrieron por los pasillos estrechos y oscuros. Raid ordenó a Jelena buscar un escondite.
Apagaron las linternas y se agazaparon, conteniendo la respiración mientras los gruñidos se acercaban. La proximidad de la entidad los obligó a continuar su huida. Al llegar a la plataforma inicial, vieron una figura deforme moviéndose de manera antinatural.
Lograron cerrar la puerta justo antes de que la alcanzara y descubrieron una escotilla hacia los conductos de ventilación. Recubiertos por una sustancia viscosa. Sin alternativas, se introdujeron y comenzaron a arrastrarse mientras ruidos extraños reverberaban desde lo profundo.
Mientras tanto, Darren seguía corriendo por los pasillos en busca de la salida. regresó a las oficinas donde el caos era total, sirenas, luces rojas y empleados huyendo. Entre la confusión se encontró con una criatura aberrante.
Intentó retroceder, pero un guardia lo bloqueó. La entidad atacó al hombre permitiendo a Darren escapar hacia una sala de descanso donde se ocultó bajo una mesa. La criatura intentó descubrirlo y en un último esfuerzo por documentar lo sucedido, Darren encendió la cámara enfureciendo a la entidad.
Dominado por el miedo, corrió hacia la salida, siendo perseguido hasta que logró refugiarse en un elevador. Los golpes del ser contra la puerta metálica hacían temblar el ascensor mientras descendía, hasta que finalmente encontró una salida de emergencia y se mezcló entre la multitud que evacuaba el complejo, buscando desesperadamente a Ben y el vehículo. En los conductos de ventilación, Rid y Jelena continuaban arrastrándose.
Elena perdió el equilibrio al llegar a un desnivel y ambos cayeron en una estancia completamente blanca donde las paredes, techo y suelo se confundían en un solo plano. Allí hallaron objetos viscosos y translúcidos, aparentemente mudas de piel recientes y símbolos extraños idénticos a los que el padre de Jelena había documentado. De repente, Yelena fue arrastrada violentamente por una fuerza invisible.
Red corrió a su rescate y ambos fueron suspendidos en el aire mientras los objetos flotaban a su alrededor. La cámara fue eyectada fuera del recinto cayendo en el desierto mientras el sol asomaba en el horizonte. Darren finalmente divisó el vehículo y corrió hacia él, despertando a Ben y ordenándole marcharse.
Le explicó que sus compañeros seguían dentro y que la alarma los había obligado a dispersarse. Al huir, el vehículo comenzó a comportarse de manera extraña. Las luces parpadearon, la radio emitió un zumbido y una intensa luz descendió del cielo.
En un instante aterrador, Darren fue absorbido hacia arriba por la luminiscencia y Ben, intentando resistir también fue elevado. La cámara abandonada en el asiento continuó grabando en silencio, capturando los últimos destellos de aquella luz antes de que todo se desvaneciera. Así concluye la historia, lo que ocurrió con quienes quedaron atrapados y el destino final del complejo permanece desconocido.
[Música] [Música] [Música] Ah.