La población de Japón está cayendo. Hace años que domina una tendencia: nacen pocos bebés, una población que envejece muy rápido y como consecuencia: la caída de su fuerza laboral. Para resolver este problema, en 1999, una analista de inversiones japonesa Kathy Matsui concibió un plan magistral, al que denominó “womenomics”.
La receta, simple: que más mujeres trabajen y participen en la economía. Pero ¿cuáles han sido desde entonces los efectos? Te lo explicamos.
A finales de los años 90 en Japón solo el 56% de la población femenina participaba en el mercado laboral. Como pueden ver en este gráfico, este porcentaje era muy inferior en comparación con el resto de países que forman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico como Estados Unidos y países de la Unión Europea. Según un informe publicado por Matsui, la creadora del Womenomics, para 2055 se proyectaba que la población activa de Japón disminuiría drásticamente en un 40%.
Así que cuando el entonces primer ministro de Japón, Shinzo Abe, dio su discurso en el Foro Económico de Davos en 2014 se comprometió con una meta ambiciosa: Y para llegar a esta meta, Abe, quien luego fue asesinado en un atentado en 2022, implementó varias medidas, inspiradas en la publicación de Matsui. Las principales fueron: aumento de la licencia de maternidad y paternidad, una mayor inversión en el cuidado de los niños, y una reducción de las horas de trabajo para facilitar la vida de las personas con hijos. Luego también ordenó que todas las empresas y organizaciones públicas con más de 300 empleados tenían que revelar el porcentaje de mujeres empleadas y establecer objetivos.
Según Matsui, esto fue clave, ya que se pasó de una situación en la que casi no había información a que haya una mayor transparencia con respecto a la diversidad de género. Y ¿qué pasó entonces? En algunos aspectos, las políticas dieron resultado.
Primero, el porcentaje de mujeres japonesas trabajando fuera del hogar subió a un máximo histórico justo antes del covid. Del 56% en 1999 se elevó a aproximadamente el 70,7% a principios de 2019. Como podemos ver en este gráfico, este número excedió el promedio de Estados Unidos, de 66,1%, y el de la Unión Europea, de 62,2%".
También se enfocó en mejorar la licencia parental. Japón hoy cuenta con uno de los sistemas más generosos del mundo desarrollado. Tanto el padre como la madre obtienen una licencia parental de un año, y durante ese período pueden recibir hasta el 80% de su sueldo.
Además, la transparencia en torno a la diversidad de género ha mejorado significativamente. Pero a pesar de estas numerosas conquistas hoy, a 10 años del discurso de Abe, hay datos que alertan que queda un largo camino por recorrer. Según el Foro Económico Mundial, Japón ocupa el último lugar entre los miembros del G7 en materia de paridad de género.
La brecha salarial de Japón es del 21,1%. Así que sigue siendo significativamente mayor que en el resto de los países de la OCDE. Esta desigualdad se explica por varios factores.
Uno de ellos es que hay pocas mujeres ocupando cargos de liderazgo, la cifra ronda el el 14%. Y de hecho, menos de un 1% de las empresas que cotizan actualmente en la bolsa de valores japonesa, es decir las más grandes del país, está liderada por mujeres. A veces incluso los temas relacionados con mujeres, también son liderados por hombres.
Esta foto es un buen ejemplo: en 2023, Japón fue el único país que envió un delegado masculino a la reunión del G7 sobre igualdad de género y empoderamiento femenino. Una reunión en la que Japón era el anfitrión. Aunque también ha habido progreso: Por ejemplo Tokio recientemente reeligió para un tercer mandato a Yuriko Koike, quien se convirtió en la primera mujer gobernadora en 2016 y hay más alcaldesas en los 23 distritos de Tokio.
Otro desafío es el de mantener a las mujeres dentro de la fuerza laboral luego de la maternidad. Pues a menudo regresan a un puesto peor remunerado o a un trabajo a tiempo parcial. Aunque hay que decir que esto no es algo que pasa solo en Japón, un reciente estudio de la premio Nobel de Economía, Claudia Goldin, en más de 130 países mostró el impacto negativo de la maternidad en el desarrollo laboral de las mujeres en la mayoría de países.
Además, otro gran desafío, según la experta Hiroko Costantini, es que hay estereotipos arraigados o prejuicios que impiden que las mujeres alcancen su máximo potencial. Entre ellos señala que la crianza de los hijos aún es considerada cosa de mujeres. Por ejemplo, a pesar de que Japón cuenta con una de los mejores sistemas de licencia de paternidad del mundo, en 2021 solo el 14 % de los hombres la solicitaron.
Un porcentaje muy bajo si se lo compara con Suecia, donde la tasa es del 80%. A esto se suma que los hombres japoneses también dedican la menor cantidad de tiempo en tareas domésticas no remuneradas entre los países de la OCDE. Y la división desigual del trabajo doméstico se traduce en un mayor número de mujeres que pierden ascensos, que terminan aceptando trabajos irregulares peor remunerados o consideran solo tener un hijo.
Pero a pesar de los desafíos que aún tiene el país por delante, muchos también son optimistas con los cambios que se han dado. Por ejemplo, Matsui, la creadora del Womenomics, asegura que ha podido constatar que en las nuevas generaciones hay un cambio positivo hacia el rol de las mujeres y también que entre los jóvenes existen menos estereotipos respecto a generaciones anteriores.