[música] Hola, soy Natalia Huacar, docente titular de Introducción al Pensamiento Científico Cátedra A. Y en esta clase vamos a empezar con la evaluación de argumentos. Ya en la primera clase estuvimos trabajando con argumentos, ya sabemos que son, ya sabemos que cuentan con premisas y conclusión, los podemos reconocer.
Estuvimos trabajando con los enunciados que componen esos argumentos. horas sí podemos evaluarlos. Y para evaluarlos, para determinar si son buenos o malos, fuertes o débiles, lo que vamos a tener que hacer en primer lugar es distinguir dos grandes clases de argumentos.
Por un lado, los argumentos deductivos y por otro lado, los argumentos inductivos. Pero hay criterios generales que vamos a aplicar cualquiera sean estos argumentos y esos criterios son dos. Por un lado, cuando evaluamos argumentos, nos vamos a preguntar, ¿qué tan buenas son las premisas?
¿Son verdaderas? ¿Son aceptables? ¿Son creíbles?
Ese es un primer criterio importante a tener en cuenta cuando evaluamos qué tan bueno es un argumento. El segundo criterio va a tener que ver con si esas premisas que ofrecemos, si esas razones son suficientes, si la inferencia, si el paso de premisas a conclusión es un paso razonable o si es un salto demasiado apresurado. Así que estos van a ser los dos criterios que vamos a aplicar tanto para el caso de los argumentos deductivos como en el caso de los argumentos inductivos.
Y nos vamos a centrar a lo largo de la materia en este segundo criterio, porque que las premisas de un argumento sean verdaderas, bueno, dependerá de qué trate el argumento, pero sí vamos a poder eh analizar más en profundidad cuándo una inferencia es buena, cuándo las razones que ofrecemos son suficientes. Y acá sí es pertinente entonces la distinción entre argumentos deductivos y argumentos inductivos. Les ofrezco dos ejemplos.
Leamos estos ejemplos. Como ejemplo, argumento deductivo, tenemos todos los porteños son argentinos, Virginia es porteña, por lo tanto, Virginia es argentina. Se las presento, está ahí abajo.
Es nuestra una de nuestras JTP. La característica de los argumentos deductivos es que las razones que ofrecen son concluyentes. A diferencia de ello, en el caso de los los argumentos inductivos, las razones que ofrece un argumento inductivo no son concluyentes, nos ofrecen alguna razón.
Por ejemplo, si yo digo la mayoría de los argentinos toman mate, Virginia es argentina, por lo tanto Virginia toma mate. Bueno, las razones que ofrecen las premisas no son concluyentes. Podría ser el caso que Virginia fuera argentina, que la mayoría de los argentinos tomaran mate, pero que ella no tomara mate.
Sí, en algún sentido. Por eso hablamos en los argumentos inductivos de que la conclusión es probable a la luz de las premisas o más o menos probable o si las premisas nos ofrecen algún tipo de apoyo, pero ese apoyo no es 100% seguro. Nos centramos ahora en esta clase en el análisis y en la evaluación de argumentos deductivos.
Retomemos el ejemplo. Todos los porteños son argentinos. Virginia es porteña, por lo tanto, Virginia es Argentina.
¿Qué vemos acá? Lo que vemos es que la conclusión se sigue necesariamente de las premisas. se desprende las premisas y por eso se suele decir que los argumentos deuctivos son válidos.
¿Qué quiere decir que sean válidos? Quiere decir que si las que es necesario que si las premisas son verdaderas, la conclusión tal también lo sea o lo que es lo mismo, que resulte imposible que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. O dicho en otros términos que si nos comprometemos con las premisas pero rechazamos la conclusión, estamos eh cayendo en una suerte de incoherencia.
Sí, hay algo en los argumentos deductivos que hace que el compromiso con las premisas redunde en un compromiso con la conclusión. ¿Sí? Y ese algo tiene que ver con la estructura de los argumentos deductivos.
Si vemos acá los ejemplos, si yo tomo el ejemplo con el siguiente, todos los gatos son mamíferos. Mich es un gato, por lo tanto Miche es un mamífero. Bueno, resulta imposible aceptar las premisas, aceptar la verdad de las premisas, pero decir que la conclusión es falsa.
Sí, lo mismo ocurre en los siguientes ejemplos. Todos los gatos se creen dueños de casa. Mich es un gato, por lo tanto, Michio de casa.
Y en el último ejemplo, todos los perros tienen alas. Michi perro. Michi alas.
Como podemos ver en todos estos casos son diferentes en ciertos aspectos. Siempre estoy hablando de Michi, pero en un caso afirmo que todos los gatos son mamíferos, en otro caso afirmo que todos los gatos se creen dueños de casa. Y en otro caso afirmo que todos los perros tienen alas.
En el primer caso uno podría decir, "Okay, la premisa es verdadera. " En el segundo caso, no lo sé. Sí, incluso no sabemos quién es Michi.
El tercer caso, todos los perros tienen alas. Bueno, eso es evidentemente falso. Sin embargo, hay algo que tienen en común todos estos argumentos y es una es la estructura, el esqueleto del argumento es el mismo.
En todos ellos digo que todos los miembros de la clase A son de tipo B, que X es A y que por lo tanto X es B. Esa estructura es una estructura que no importa con qué contenido lo llene, no importa si estoy hablando de Michi, de los perros, de los gatos, si tengo un argumento que tiene esa estructura, esa estructura garantiza la transmisión de verdad de premisas a conclusión. Es una estructura válida.
Garantiza que si me comprometo con las premisas y quiero rechazar la conclusión, entro en una suerte de incoherencia. Sí, la idea de los argumentos deductivos es que son válidos, que preservan, verdad, de premisas a conclusión de que si los alimentamos con buena información llegamos a a buen puerto. Eso es lo que nos garantizan los argumentos deductivos, que tienen una un buen esqueleto.
Veamos otros ejemplos de argumentos deductivos válidos. Todos los argumentos deductivos son válidos. En estos ejemplos lo que podemos ver, el primer ejemplo guarda la misma estructura que el caso de Michi.
Es el caso que ya vimos. Fíjense que la estructura del argumento está dada precisamente por la palabrita todos. La estructura del argumento está dada porque el enunciado que funciona ahí como premisa y a veces se la llama premisa principal, eh, es que ese enunciado es un enunciado universal.
¿Se acuerdan que habíamos visto que había tipos de enunciados y que los distinguíamos según su alcance, según su complejidad proposicional? Bueno, ¿por qué hicimos eso? Porque la estructura de los argumentos que va a determinar que sean válidos depende de los enunciados que los componen.
Y entonces cada vez que tengamos un enunciado universal y que lo instanciemos con un caso, vamos a poder inferir válidamente que si no en este caso, por ejemplo, que si eh Virginia es porteña, Virginia es argentina. ¿Por qué? Porque tengo un enunciado universal que me garantiza que todos los porteños son argentinos.
Lo mismo ocurre con la estructura la estructura del segundo argumento. En este caso, lo que tengo como primera premisa es un condicional. Si me saco un cuatro, apruebo.
Me saque un cuatro, por lo tanto, apruebé. Esto es un un eh tipo de argumento que tiene la estructura que les indicamos en la tablita ahí a la derecha. Eh, es un tipo de argumento muy conocido, se llama modus ponens, no importa el nombre, pero se ha ganado la fama a lo largo de la historia de la lógica.
Todos los argumentos que tengan esta estructura van a ser igualmente válidos porque la estructura está bien. Les los les propongo que traten de determinar cuál es la estructura de los siguientes argumentos. Así que hagan pausa y fíjense qué les parece, cuál es la estructura de los argumentos que siguen atendiendo a el tipo enunciado involucrado.
En el tercer caso tenemos un condicional, después tenemos una disyunción. Bueno, fíjense qué estructura adjudicarían ustedes a esos argumentos. Retomando, entonces, van a ver que yo ahí les les puse, les agregué la estructura.
Si ustedes hacen el test este de tratar de llenar con información a A, esa b, van a ver que no hay modo, por más creativas y creativos que sean, no hay modo de lograr que las premisas sean verdaderas y la conclusión falsa. ¿Por qué? Porque la estructura del argumento es buena y transmite verdad.
Ahora bien, que un argumento sea válido cuenta la mitad de la historia. ¿Se acuerdan que yo les había dicho hay dos criterios que uno tiene que tener en cuenta cuando analiza un argumento, cuando uno analiza si es bueno o malo, si qué tan fuerte es? Bueno, yo les di dos criterios, uno que tenía que ver con la verdad de las premisas o la creibilidad de las premisas y otro que tenía que ver con el paso de premisas a conclusión, con la inferencia, con si las premisas ofrecían razones suficientes a favor de la conclusión.
La validez habla de este segundo criterio. La validez lo que nos garantiza es que la inferencia es buena, que la estructura es buena. Ahora alcanza con eso.
Bueno, no. Que un argumento sea válido, insisto, cuenta la mitad de la historia. Un argumento que un argumento sea válido, nos dice que tiene una buena forma.
Ahora bien, eso es similar a el por eso la imagen esta. Uno no diría que el esqueleto este es saludable. Sí, de una persona decimos que es saludable, no solo si está traumatológicamente bien.
Tienen que pasar otras cosas. En particular, lo que queremos en el caso de los argumentos no es solo que tengan una buena estructura, que sean válidos, sino que tengan premisas verdaderas, que cuando un argumento tiene premisas verdaderas y aparte es válido, decimos que es sólido. Y bueno, ¿y qué va a pasar con la conclusión?
Si las premisas son verdaderas y la validez garantizaba la transmisión de verdad de premisas a conclusión, entonces esto nos va a garantizar también que la conclusión sea verdadera. Solo en el caso de los argumentos válidos, sólidos, podemos estar seguras y seguros de que las premisas son verdaderas y la conclusión es verdadera. que un argumento sea válido por sí mismo no nos garantiza esto.
Por eso les propongo lo siguiente. Consideren el siguiente cuadrito. Supongamos que tenemos un argumento.
Si la pregunta del millón es, ¿puede ese argumento ser válido y tener premisas verdaderas y conclusión verdadera? Puede ser válido y tener premisas verdaderas y conclusión falsa. Puede ser válido y tener premisas falsas y conclusión falsa.
Y puede ser por último válido y tener premisas falsas y conclusión verdadera. Bueno, ¿cómo se piensa esto? Lo que tenemos que pensar es que un argumento sea válido.
Lo único que nos dice el argumento es que funciona bien a la manera de una calculadora. Supongamos que tengo tres trabajos, ¿sí? Y yo le sumo a sumo lo que gano en un el primer trabajo, en el segundo trabajo y en el tercer trabajo.
Si la calculadora funciona bien y yo ingreso bien los datos, voy a tener el total, no sé, gané 5,000ones. Genial, espectacular. Eh, ahora si ingreso los datos mal, por más que la calculadora funcione bien, bueno, no hay garantías de que puede pasar.
Sí puede suceder que ingrese los datos mal y termine porque compenso si sum más un un trabajo y sumé de menos otro. Tal vez las tal vez llego al resultado correcto, pero no hay garantía. Del mismo modo de que tal vez puedo llegar a cualquier resultado.
Con esto en mente, piensen entonces si estas posibilidades son viables para el caso de los argumentos válidos y para el caso de los argumentos inválidos. Les doy un segundo, pongan pausa, traten de pensarlo. Lo que habrán encontrado entonces es que podemos encontrarnos con argumentos válidos, con premisas verdaderas y conclusión verdadera.
Eso es totalmente viable y estamos en el caso de los argumentos sólidos. Lo que no va a pasar nunca es encontrarnos con un caso de argumento válido con premisas verdaderas y conclusión falsa. Eso no puede pasar porque la validez garantizaba la transmisión de verdad.
No me garantizaba que las premisas fueran verderas, pero sí garantizaba que si comenzaba bien, terminaba bien. Era una calculadora que funcionaba bien. Si ingresaba bien los datos y la calculadora funciona bien, voy a tener el resultado correcto.
Ahora bien, las otras dos posibilidades también son viables en el caso de los argumentos válidos, ¿sí? Uno puede tener premisas falsas y conclusión falsa. ¿Por qué?
Y bueno, porque que la calculadora funcione bien, si yo le ingreso mal los datos, ¿sí? Si ingreso cualquier cosa, bueno, puede dar cualquier cosa. Entonces, podría suceder que un argumento fuera válido y tuviera premisas falsas y conclusión falsa, como también podría suceder que tuviera premisas falsas y conclusión verdadera.
El caso en donde ingreso mal, si sumo mal porque pienso que en este trabajo en realidad ganaba, no sé, tres en este uno y en el otro uno. En realidad no era así. Estoy ganando mucha plata, no sé cómo, pero supongamos que me equivoqué, pero capaz puse dos, dos 2 + 1 y llegué a cinco.
Bueno, sí, pero arranqué mal. No era cierto que ganaba 2 millones. Soy estoy ganando muchísima plata.
2 millones 2 millones y un millón. Sí. Entonces, con los argumentos válidos, la única garantía que tenemos es que no vamos a pasar de premisas verdaderas a conclusión falsa.
Con los argumentos inválidos no hay garantía alguna, por eso nos vamos a poder encontrar con argumentos inválidos e en todas estas variantes. Por último, un último comentario sobre dos tipos de argumentos inválidos que son muy famosos y son famosos porque suelen llevar a confusiones y se han ganado por ello el nombre de falacias. Son argumentos que son inválidos, pero que engañan bastante y a veces nos hacen pensar que son válidos.
El primer ejemplo que les ofrezco, si me saco un cuatro, apruebo. Eh, apruebe, por lo tanto, me saque un cuatro. Ese argumento tiene el nombre de falacia, afirmación del consecuente.
Se parece al uno de los otros que les había presentado e al modus ponens, pero se parece, pero hace una trampita. En vez de afirmar en la segunda premisa el antecedente del condicional, se afirma el consecuente. Y este argumento no es válido.
La ahí les pusimos la estructura. ¿Por qué no es válido? Porque la primer premisa solo decía que era suficiente sacarse un cuatro para aprobar, no que era necesario.
Sí. Y con lo cual podría suceder que me saco un que es cierto que si me saco un cuatro apruebo. Eso es cierto.
Por ejemplo, en nuestro régimen de 21 puede suceder que aprobé tranquilamente, pero bien podría ser el caso que no me saqué un cuatro, tal vez me saqué un 10. Sí, lo que decía la primer premisa era que era suficiente que se diera el antecedente para que sea el consecuente. Afirmamos en este caso no el antecedente, sino el consecuente.
Y ahí estamos haciendo una trampita. Sí. Este, lo mismo ocurre con el segundo ejemplo, con la falacia de negación del antecedente.
Si me saco un cuatro, apruebo. No me saco un cuatro, no aprobé. No, no necesariamente.
Podría ser cierto que si me saco un cuatro, apruebo. Podría ser cierto que no me saque un cuatro, pero tal vez me saque un 10 nuevamente. Entonces, pude haber aprobado.
En esto, en este caso, las premisas podrían ser verdaderas y la conclusión no. No hay garantía de preservación de verdad premisas a conclusión. No se no no resulta incoherente afirmar las premisas y rechazar la conclusión.
Bueno, se los presentamos porque vamos a seguir discutiendo sobre este tipo en particular. Van a van a ver que van a volver a aparecer estas dos falacias. Recordemos entonces que lo que estuvimos viendo fueron los argumentos deductivos y que en este caso la protagonista de la protagonista en este tema es la noción de validez.
Hasta la próxima.