Crimen, asesinatos, robos, secuestros, tiroteos, guerras de pandillas… Seguramente muchos estéis asociando todos estos problemas con países pobres, y regiones poco desarrolladas con altísimos problemas de marginalidad. Pero… ¿Y si os dijera que perfectamente podemos estar hablando de la mismísima tierra del sueño americano? ¿Por qué se matan entre sí tantos estadounidenses?
En 2020, los asesinatos en Estados Unidos aumentaron casi un 30%, el mayor incremento en un año desde el inicio del registro nacional en 1960. Cada vez más gente se libra de la cárcel. Los asesinatos sin resolver alcanzan una cifra récord.
Más estadounidenses consideran grave el problema de la delincuencia en EE. UUEl crimen parece estar ganando terreno en la casa del Tío Sam. En un giro inesperado de los acontecimientos, el único trabajo que no necesita experiencia en EE.
UU. parece ser el de criminal. Los indicadores nos sugieren que últimamente hay muchas vacantes.
Demasiadas. Claro que de buenas a primeras esta tampoco es una gran novedad. Históricamente Estados Unidos ha sido uno de los países desarrollados más violentos de todo el mundo.
Es el eterno problema que nunca tiene solución. En las últimas décadas, Estados Unidos ha llegado a triplicar la tasa de homicidios del resto de países del G7. Pero con todo, entre principios de los 90 y el año 2015 los datos estaban mejorando casi sin interrupción.
En 2015 esa creciente calma se terminó y en 2020 la criminalidad comenzó a dispararse de nuevo. La actual tasa de homicidios de Estados Unidos, de casi 7 fallecidos por 100 mil habitantes, triplica el registro de Canadá. Eso sí, sus números siguen siendo bastante mejores que la media de América Latina, que pasa sobradamente los dos dígitos.
Pero es que ya sabéis que en temas de inseguridad… Latam siempre se lleva la palma. Pero, claro, es que la renta per cápita de Latam es una fracción de la estadounidense. Y por eso la pregunta es, ¿cómo demonios puede un país tan rico y desarrollado mantener tasas de criminalidad tan altas?
¿Qué diablos está pasando para que la criminalidad haya comenzado a dispararse de nuevo? Pues bien, pongámonos manos a la obra, y vayamos con ello. Arranquemos.
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Y dicho esto, ¡continuemos con nuestro video de hoy! ] No me negaréis que si hay un tema que abunda en las series norteamericanas, ese precisamente el crimen, la inseguridad y la delincuencia: desde los clásicos de la mafia haciendo estragos en Chicago, hasta los dramas policiales modernos en los que la DEA lucha contra grandes redes de narcos. Y que esto no lo decimos por decir.
En agosto del año 2022, estalló una gran polémica después de que la alcaldía de Albuquerque (Nuevo México) inaugurara una estatua de Walter White y Jesse Pinkman - los protagonistas de la serie Breaking Bad- en el Albuquerque Convention Center. Para los que no la hayáis visto, Breaking Bad - tranquilos que no haremos espóiler - es una mítica serie que narra la historia de dos pequeños traficantes de drogas que terminan provocando una enorme espiral de crimen y violencia. Así que, en cierta forma podríamos decir que estas estatuas fueron algo así como un reconocimiento a los químicos que de repente dieron un giro emprendedor a sus capacidades.
Y claro, quizás fue pasarse. Los republicanos de Nuevo México están furiosos por las estatuas de "Breaking Bad": "Estamos glorificando a los traficantes de metanfetamina". Variety) Y ahora estaréis pensando, ¿para qué rayos os estamos contando todo esto?
Pues básicamente porque es una forma de ver hasta que punto está naturalizada la violencia y el crimen en Estados Unidos. Es algo con lo que la sociedad norteamericana, a diferencia por ejemplo de la europea, lidia frecuentemente. Además, tampoco es infrecuente que se produzcan oleadas de alta criminalidad.
Esto fue, por ejemplo, lo que ocurrió en los años 80 cuando se disparó el consumo de crack en las grandes ciudades provocando un repunte enorme de los robos, los asesinatos y todo tipo de problemas sociales. Sin embargo, como ya hemos dicho, cuando la epidemia del crack se puso bajo control, las cifras de criminalidad mejoraron considerablemente. Sí, algunas ciudades como Baltimore, Detroit o San Francisco han tenido serias crisis de crimen en algún momento de estos últimos años, os hemos hablado de ello aquí en VisualPolitik, pero por lo general las cosas estaban mejorando… Hasta ahora.
Sorprendentemente, el repunte en las tasas de violencia y de crimen se está produciendo de forma generalizada. Por ejemplo, la tasa de homicidios se ha disparado en todas las principales ciudades norteamericanas. Estamos hablando del mismo problema en ciudades con características demográficas y políticas completamente diferentes.
Pero ojo, porque el problema no se limita exclusivamente a los homicidios: Por ejemplo, en las actividades ligadas al tráfico de personas también están repuntando. De hecho, la cantidad de personas procesadas por estas actividades prácticamente se ha duplicado desde el año 2012. Y algo muy parecido podemos ver también en lo que respecta a los delitos sexuales.
En otras palabras, que prácticamente todos los tipos de crímenes se han disparado a sus niveles máximos de al menos la última década. Y por eso la pregunta, la gran pregunta que tenemos que responder, es: ¿qué demonios está pasando? (UNA TORMENTA PERFECTA.
¿SERÁ PASAJERA? ) La pandemia de la Covid-19 causó muchos problemas. Entre ellos elevó los niveles de marginalidad y con ellos las tasas de criminalidad.
Esto es algo que no solo ocurrió en Estados Unidos, sino en muchos otros países. La cuestión es que en Estados Unidos después de la pandemia los registros no solo no han descendido, sino que han seguido al alza. Es decir, en la potencia norteamericana la pandemia provocó un punto de inflexión que estableció una nueva tendencia.
¿Por qué? Pues podemos destacar algunos factores… Ingredientes que luego se combinaron unos con otros para crear un cocktail letal. En primer lugar, podemos mencionar, como no, por el acceso a las armas.
La sociedad estadounidense es quizás la sociedad más armada de todo el mundo. La sociedad civil maneja más armas que muchos ejércitos. Y pese a ello, la venta de armas se ha disparado desde la crisis financiera del 2008.
Desde entonces la venta de armas por año prácticamente se ha triplicado. Tan solo en los últimos tres años el “Sistema Nacional Instantáneo de Verificación de Antecedentes Penales” que se utiliza para la venta de armas a civiles ha hecho las mismas verificaciones que en todo el periodo 2000-2010. Y, claro, muchos diréis que el acceso a las armas es necesario para garantizar la legítima defensa personal.
No vamos a entrar en este terreno. La cuestión es que hay más armas circulando y eso en entornos de tensión es un acelerador para la comisión de crímenes. Que los tiroteos se hayan disparado tiene mucho que ver con ello.
El propio presidente Biden defiende esta tesis. Luego, tenemos un segundo ingrediente, lo que se conoce como el “Efecto Ferguson”, que suele aparecer cuando un hecho de brutalidad institucional alcanza visibilidad nacional. El nombre de este fenómeno responde a lo ocurrido en Ferguson, Missouri, en 2014, cuando un oficial de policía blanco disparó y mató a Michael Brown, un joven afroamericano que iba desarmado.
Pues bien, la cuestión es que muchos expertos defienden que cuando un hecho de este tipo tiene lugar, las denuncias y la cooperación ciudadana con los cuerpos de seguridad se deterioran durante un tiempo. Esto equivale a menos denuncias y menos vinculación de las comunidades vulnerables con la policía local, algo que la policía considera clave para poder hacer su trabajo: Amigos, el asesinato de George Floyd en mayo de 2020 por asfixia tras un claro e injustificado exceso en el uso de la fuerza por parte de un policía de Mineápolis hizo estallar una ola de protestas e indignación que tuvo dos grandes consecuencias: disparó la venta de armas para llegado el caso “protegerse” e hizo aparecer inmediatamente el efecto Ferguson. La gente dejó de confiar en la policía.
C1(“Hemos descubierto que el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis provocó un descenso de aproximadamente el 50% en las llamadas al 911 por disparos, un efecto que se refleja en múltiples ciudades y grupos raciales y que persistió en el tiempo. ” Quizás esto ayude a explicar los malos datos que Estados Unidos ha tenido en los últimos años. A todo ello, lamento decirlo, tenemos que sumar la crisis del fentanilo, de la que ya os hemos hablado aquí en VisualPolitik.
un auténtico drama social que también ha disparado la marginalidad. Con todo, ¡tranquilidad! Los últimos reportes marcan un posible cambio de tendencia: os delitos violentos descienden en las ciudades estadounidenses pero siguen por encima de los niveles previos a la pandemia, según un informe.
NBCNews) La economía va viento en popa, el desempleo está en mínimos históricos, los salarios ya han empezado a crecer por encima de la inflación y el Efecto Ferguson siempre es pasajero. Tarde o temprano va perdiendo peso. La pregunta, por tanto, que tenemos que hacernos es: ¿se ha terminado ya esta repentina e inesperada ola de violencia?
Pues bien, veámoslo. T2 (AGUAS DIVIDIDAS) Los últimos reportes publicados parecen reflejar una mejora general. Sin embargo, a muchos les preocupa que esta mejora sea demasiado tímida y los mayores niveles de violencia provocados por la Pandemia y por la muerte de George Floyd, hayan llegado para quedarse.
Pues bien, una nota de optimismo es que mientras que, por ejemplo, la tasa de arrestos se disparó en la franja de los 20 a los 44 años, se mantuvo razonablemente estable entre los jóvenes menores de 19. Y no solo eso, sino que el número de delincuentes juveniles en custodia dentro de prisiones, generalmente para adultos, está a la baja desde 2008. La delincuencia juvenil no solo no creció durante la pandemia, sino que más bien mantuvo un ritmo decreciente.
En otras palabras, que las nuevas generaciones no parecen haberse contagiado de la mala dinámica de los últimos años. [Tik Tok por en icima del crimen. Bien hecho] Sea como sea, otra buena noticia, aunque pueda parecer contradictoria, es que la población en las cárceles estadounidenses se está reduciendo.
Desde el año 2010 la población presidiaria ha pasado de unos 7 millones de personas al entorno de 5 millones y medio. ¿Y por qué esto es una “buena noticia”? Pues porque hasta ahora la capacidad de las cárceles para rehabilitar a los reclusos ha sido muy limitada.
Más bien todo lo contrario, en muchos casos eran auténticos centros de formación profesional para el crimen. Ahora bien, en los últimos años también ha surgido una nueva modalidad de crimen que cada vez está causando más estragos y cuya mejora ni está ni se la espera. Me estoy refiriendo a un nuevo tipo de crimen silencioso: el cibercrimen.
Atentos. (LA TRAGEDIA SILENCIOSA) A ver, es normal que los asesinatos, los robos y los secuestros sean mucho más impactantes para la opinión pública y ganen mucho más espacio en las noticias, ¡faltaría más! Sin embargo, el repunte de la violencia criminal que hemos visto ha eclipsado el aumento exponencial que han registrado los delitos digitales en Estados Unidos.
Fijaos: (Los acuerdos y sentencias en el marco de la Ley de Falsas Reclamaciones superan los 2. 000 millones de dólares en el año fiscal 2022. ) (Los consumidores perdieron 5.
800 millones de dólares por fraude el año pasado, un 70% más que en 2020. ) (Los estadounidenses perdieron el año pasado la cifra récord de 10. 300 millones de dólares a manos de estafadores en línea, según el FBI) Los informes de actividades sospechosas emitidos por las autoridades financieras cuando detectan una actividad sospechosa se han disparado.
En 2023 fueron prácticamente el doble que en 2015. ¿Más ejemplos? Los casos de usurpación de identidad y los delitos con tarjetas de crédito se han triplicado desde el año 2014.
Los delitos virtuales que terminaron en denuncias ante los tribunales ascendieron a unos 800. 000 casos en 2022. En 2018 fueron poco más de 300.
000. Lógicamente, la aceleración del comercio electrónico y los servicios en línea está detrás de este formidable repunte en delitos que están causando pérdidas multimillonarias de una cuantía cada vez mayor. Entre 2018 y 2022 las pérdidas estimadas superaron los 27 mil millones de dólares, una cifra que hubiera dado para comprar 438 F-16, ¡poca broma!
Con todo, lo peor es que no parece que esta escalada exponencial vaya a detenerse. En términos de crimen, esta es una pésima noticia. Así que si bien el crimen físico parece que puede reducirse en los próximos años, no ocurrirá lo mismo con el mundo digital.
Pero dicho esto, la pregunta es para ti: ¿Cómo combatirías la altísima criminalidad de Estados Unidos? ¿Hasta qué punto piensas que la proliferación de armas es responsable de esta violencia estructural que nunca termina de irse? ¿Cómo frenarías el crecimiento en los delitos virtuales?
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