El Papa Francisco ha partido de este mundo dejando trás de sí una huella imborrable que ha conmovido profundamente a fieles de todo el planeta. Al repasar su camino, recordamos que no comenzó en los pasillos solemnes del Vaticano, sino entre las sencillas calles de Buenos Aires. ¿Cómo llegó un muchacho de origen humilde a convertirse en una de las voces más tiernas y transformadoras de La Iglesia Católica? Mucho antes de que el mundo lo conociera como el Papa Francisco, Jorge Mario Bergolio vivió una transformación silenciosa que marcaría su destino y abriría paso a un mensaje sobre Jesús
tan poderoso que estremecería los corazones de millones. Su vida nunca giró en torno al poder ni a la fama, sino a una fuerza interior serena, una fe arraigada y un amor que no conocía fronteras ni barreras de Credo. Antes de adentrarnos en la revelación profunda sobre Cristo, que iluminó sus últimos años, detengámonos a recorrer la vida de este hombre de Dios, una trayectoria marcada por la fe, la humildad y la compasión, como un tributo a quien con su partida ha tocado las almas de tantos. Nacido el 17 de diciembre de 1936, Jorge fue el mayor
de cinco hermanos. Creció en un hogar modesto en la capital argentina. Su padre Mario, Inmigrante italiano, trabajaba en el ferrocarril con el objetivo de ofrecer a su familia una vida digna y estable. Su madre, Regina, mujer devota y entregada, dedicaba su tiempo a inculcar en sus hijos los valores del respeto, la unidad familiar y una fe viva. El barrio donde Jorge pasó su infancia reunía a familias de distintos orígenes, creando un entorno rico en diversidad cultural. Esa convivencia tan presente en su niñez le ofreció una mirada distinta sobre el Mundo, una mirada de empatía y
apertura que jamás lo abandonaría. Aunque su familia vivía profundamente la fe católica, fue precisamente ese entorno diverso el que sembró en él una compasión duradera. Esos primeros años, junto con la educación que recibió de los salesianos, se convirtieron en el terreno fértil donde germinaría su vocación religiosa. Jorge Mario Bergoglio era un niño curioso. Observaba lo que le rodeaba con Una profundidad poco común y eso lo acercó de forma natural a las preguntas del Espíritu. Sus padres, alarlo, decidieron inscribirlo en una escuela católica del barrio, reconocida por su formación moral y espiritual. Allí Jorge destacaba no
solo por su capacidad intelectual, sino por el interés genuino que mostraba hacia los temas de fe. Las clases de catecismo despertaron en él el deseo de explorar la Sagrada Escritura más allá de las Enseñanzas básicas y pronto los sacerdotes y religiosas que lo guiaban notaron su vocación interior. Con el paso de los años, Jorge empezó a hacerse preguntas más profundas sobre la fe y el papel de la iglesia en la sociedad. Esos interrogantes dieron lugar a conversaciones significativas con sus maestros, quienes se impresionaban por su deseo sincero de comprender cómo la fe podía transformar vidas.
Al mismo tiempo, Jorge disfrutaba De los pequeños placeres cotidianos. Le encantaba jugar al fútbol con sus amigos, una actividad que lo mantenía conectado con la sencillez de la infancia, aunque su alma buscaba algo más elevado. Mientras muchos soñaban con ser deportistas o continuar con los negocios familiares, él sentía una atracción distinta, una voz suave que lo invitaba hacia una vocación espiritual. Con el tiempo, esa voz lo conduciría a una comprensión inesperada sobre Jesús, Capaz de sacudir certezas arraigadas y de invitar a una reflexión profunda entre los creyentes. Durante su adolescencia, Jorge se fue adentrando cada
vez más en la vida espiritual, no por obligación, sino por un anhelo auténtico de encontrar algo superior. pasaba más tiempo en oración silenciosa y frecuentaba la iglesia con regularidad. Sus amigos comenzaron a notar el cambio. Mientras muchos se distraían con las inquietudes propias de la juventud, él parecía estar preparándose para algo que aún no comprendía del todo. Así comenzó el viaje espiritual de Jorge Mario Bergoglio. Un camino extraordinario. Desde joven mostró una sensibilidad espiritual genuina, aunque no exenta de desafíos. En más de una ocasión se debatió con su fe mientras caminaba en soledad, meditando sobre
las injusticias y contradicciones que lo Rodeaban, la pobreza en su entorno, los conflictos políticos que sacudían a la Argentina. Se preguntaba si Dios es amor, ¿por qué existe tanto dolor? Esos cuestionamientos lo empujaron a una lucha interna profunda en tensión entre la fe y la duda, entre los ideales del evangelio y las duras realidades del mundo en que vivía. A pesar de las inquietudes que lo rodeaban, Jorge sostenía con firmeza la convicción de que el amor al prójimo debía ser la base De cualquier camino que eligiera recorrer. Fue en ese periodo cuando un suceso marcó
un antes y un después en su vida. A los 21 años padeció una grave infección pulmonar que lo llevó a someterse a una cirugía de urgencia durante la cual perdió parte de uno de sus pulmones. Esta delicada situación de salud lo obligó a un extenso proceso de recuperación en el cual reflexionó profundamente sobre la Fragilidad de la existencia y el sentido que esta encierra. En medio de esa vulnerabilidad, Jorge comenzó a percibir con mayor nitidez su llamado al servicio de Dios. Aunque no tomó la decisión de inmediato, aquel episodio fue crucial. para que comprendiera que
su destino estaba estrechamente unido a la iglesia. Al finalizar sus estudios académicos, decidió ingresar al seminario. Una elección que, aunque Recibió el respaldo de su familia, en especial de su padre, no estuvo exenta de dudas, particularmente por parte de su madre, quien anhelaba verlo formar un hogar. Sin embargo, Jorge siguió adelante con firmeza y se inscribió en el seminario de Buenos Aires, donde dedicó 3 años a formarse en teología, filosofía y pastoral. En 1958 ingresó a la compañía de Jesús, la orden de los jesuitas, donde asumió los Votos de pobreza, castidad y obediencia, pilares esenciales
del carisma jesuítico. Su formación con los jesuítas fue rigurosa, centrada no solo en el estudio teológico, sino también en el compromiso con el servicio comunitario. Durante esos años meditó con profundidad pasajes bíblicos como Mateo 25 356 que resaltan la importancia de asistir a los más necesitados, lo cual forjó su visión del servicio y la misión pastoral. En 1969 fue ordenado sacerdote dando inicio a una nueva etapa de su vida dedicada tanto a la enseñanza como al acompañamiento espiritual, alentando siempre a sus estudiantes a razonar con profundidad y actuar con rectitud moral. Esta etapa coincidió con
años convulsos en Argentina marcados por una dictadura militar. A pesar de los peligros, Jorge se mantuvo fiel a sus principios, fortalecido por las enseñanzas bíblicas sobre la justicia y la misericordia. En 1973 fue nombrado superior provincial de los jesuitas en Argentina, cargo en el que evidenció una gran responsabilidad y capacidad de liderazgo. Finalmente, en 2001, su trayectoria alcanzó un nuevo hito cuando el Papa Juan Pablo II lo designó cardenal, ampliando su presencia e influencia dentro de la iglesia. En 2013, su camino culminó con su elección como papa, tomando el nombre de Francisco. Su elección rompió
esquemas Al convertirse en el primer papa jesuita y su pontificado se ha caracterizado por la humildad y la atención a los problemas sociales más urgentes. Desde los primeros días de su papado, Francisco destacó por su valentía al enfrentar los desafíos globales y por abordar con claridad temas sensibles, lo cual lo distinguió de muchos de sus antecesores. Su coraje y determinación evocan el espíritu de Santiago 1:27, que define la religión Pura como aquella que cuida a los necesitados y se mantiene libre de la corrupción del mundo. Dominando el español, el italiano y el alemán, Francisco utilizó
estos idiomas para comunicarse con una audiencia global, conectando con diversas comunidades y cumpliendo el llamado de Romanos 12:16 de vivir en armonía y humildad. El Papa Francisco ha hecho énfasis en combatir la desigualdad, cuidar de la creación y fomentar la compasión. También ha Promovido reformas significativas dentro de la Iglesia, buscando mayor transparencia y responsabilidad en consonancia con el mensaje de Miqueas 6.8 sobre practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con Dios. En sus viajes pastorales ha compartido con personas de todos los contextos sociales, poniendo en práctica Mateo 2819 y extendiendo el alcance de
la Iglesia hacia quienes más lo Necesitan. Uno de los aspectos más representativos de su pontificado es su humildad. Francisco optó por vivir en la Casa Santa Marta en lugar del tradicional palacio apostólico, evidenciando su compromiso con un estilo de vida sencillo. Su decisión de conducir un vehículo modesto y rechazar los lujos reafirma su deseo de vivir conforme a las enseñanzas de Lucas 12:15, que advierte sobre la avaricia. Esta Elección simboliza su cercanía con los más vulnerables y su enfoque en la justicia social, tal como señala Proverbios 31:89, que exhorta a defender al pobre y al
necesitado. Las acciones y enseñanzas de Francisco han impulsado cambios hacia una iglesia más abierta y comprometida con los valores del evangelio. Su disposición a tratar temas complejos como las relaciones entre personas del Mismo sexo ha generado un profundo debate en el seno de la Iglesia. Su perspectiva compasiva refleja el mensaje de Gálatas 3:28, que afirma que todos somos iguales en Cristo, sin importar nuestras diferencias. Uno de los aspectos más impactantes de su pontificado ha sido su forma de interpretar el infierno. En lugar de concebirlo únicamente como un lugar de castigo eterno, ha planteado que podría
entenderse como una condición de Alejamiento total de Dios, donde las almas que no se arrepienten simplemente dejan de existir. Esta interpretación inspirada en la misericordia divina armoniza con lo que expresa el salmo 1038, que habla de la ternura y el amor del Señor. También ha alzado su voz frente a los problemas sociales contemporáneos como el desempleo juvenil o la soledad que aqueja a tantos ancianos, mostrando su sensibilidad hacia la justicia social. En cuanto al aborto, aunque mantiene firme su postura de que se trata de un pecado grave, ha insistido en la importancia del perdón y
la compasión. En 2016 amplió la facultad de los sacerdotes para absolver este pecado, haciendo eco de Lucas 15:7, que proclama el gozo celestial por un solo pecador que se arrepiente. El Papa Francisco ha reafirmado que el cielo se regocija más por un corazón arrepentido que por 99 justos que no Necesitan arrepentimiento. Su postura firme contra la pena de muerte también es destacable. ha declarado que es moralmente inadmisible bajo cualquier circunstancia, reafirmando su convicción sobre la santidad de la vida humana, tal como lo expresa el Génesis 1:27, recordándonos que Dios creó al ser humano a su
imagen, hombre y mujer. Tal vez una de sus afirmaciones más debatidas ha sido su manera de presentar A Jesús. El Papa ha promovido una visión más concreta de la vida y misión de Cristo, subrayando su entrega a los pobres y marginados. Los gestos de Jesús, sanando enfermos, consolando a los que sufren, son propuestos como ejemplo para los creyentes de hoy en sintonía con Mateo 25:40. En verdad os digo que todo lo que hicisteis por uno de estos hermanos míos más pequeños, por mí lo hicisteis. En suma, las enseñanzas del Papa Francisco no solo han desafiado
ciertas normas tradicionales, sino que también han llamado a la Iglesia a volver al corazón de su misión, amar, servir y llevar esperanza a un mundo que tanto la necesita. Al meditar en estas verdades, resuena en nosotros lo que dice Primero Juan 4:16. Dios es amor. El que permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. Si estas palabras han tocado tu corazón, te Invitamos a darle me gusta a este video y suscribirte a nuestro canal para que sigamos recorriendo juntos este camino. Tu apoyo mediante un super thanks también nos ayuda a continuar creando
contenido como este. Muchas gracias. Uno de los misterios más antiguos de la iglesia sigue sin resolverse. Sin embargo, en 2024 parece estar más cerca que nunca de salir a la luz. San Malaquías dejó una profecía sobre el fin de una era papal, un momento que podría Estremecer los cimientos de la iglesia. Esta visión antigua parece estar a punto de cumplirse. Las palabras y acciones del Papa actual hacen pensar que un desenlace se aproxima. Acompáñanos en este video mientras exploramos los significados ocultos tras la profecía de San Malaquías y cómo podría cambiar el rumbo de la
historia. San Malaquías, obispo irlandés del siglo XI, sostenía que la autoridad papal se Fundaba en la primacía de Pedro entre los apóstoles y en el mandato que Cristo le confió al establecer la Iglesia. Esta autoridad conocida como la majestad de Pedro ha sido el pilar del papado durante generaciones. Aunque el papel del Papa ha cambiado con el tiempo, sigue siendo el vicario de Cristo con autoridad suprema en materia de fe y moral y custodio de la unidad eclesial. Por eso, el Papa conserva un lugar central en la vida de la Iglesia. No Obstante, la profecía
de San Malaquías señala un posible fin de esta etapa. Nacido en 1094 y fallecido en 1148, San Malaquías fue conocido por su don de sanar y por numerosos prodigios, pero su legado más recordado son sus visiones. La Iglesia Católica ha reconocido la autenticidad de sus profecías. En 1190, el Papa Clemente Io lo canonizó. Durante una peregrinación a Roma en 1139, Malaquías tuvo una visión que Incluía una lista de 112 papas que reinarían hasta el fin de los tiempos. La visión también contenía breves frases en latín para identificar a cada pontífice. Este manuscrito fue entregado al
Papa de entonces, pero permaneció guardado durante siglos en los archivos eclesiásticos. Cuando finalmente se dio a conocer la profecía, los líderes de la iglesia notaron coincidencias notables entre sus descripciones y los pontífices del pasado. Según esta antigua Predicción, habría únicamente 112 papas desde el momento en que fue escrita. Quizás te preguntes en qué etapa del papado nos encontramos actualmente. No hace falta que cuentes. Te lo diré con claridad. Ya han pasado 111. Ahora bien, esto es lo que afirma la profecía respecto al último papa, Gloria Olivi, es decir, la gloria del Olivo. El Papa Benedicto
XV, elegido el 20 de abril de 2005, fue considerado por muchos como ese último Pontífice. El propio Benedicto reconoció que su tiempo como Papa probablemente sería breve debido a su edad avanzada y salud frágil. Una vez más, la profecía de San Malaquías parecía reflejar lo que sucedía en la realidad. Pero, ¿qué se dice sobre el Papa final? Según San Malaquías, este último líder de la Iglesia gobernaría durante una época de grandes persecuciones. La Santa Sede estaría en manos de alguien llamado Pedro el Romano, quien guiaría a su rebaño en medio de muchas dificultades. En ese
tiempo, la ciudad de las siete colinas sería destruida y un juez supremo juzgaría a su pueblo. La mención a la ciudad de las siete colinas se interpreta ampliamente como una referencia a Roma, evocando la descripción del Apocalipsis sobre Babilonia, asentada sobre siete montes. Estos detalles inquietantes de tribulación, juicio y devastación han Llevado a muchos a pensar que la profecía alude al fin de los tiempos. Si San Malaquías tenía razón, podríamos estar más cerca de ese momento de lo que imaginamos. El título de Pedro el romano es atribuido por varios al Papa Francisco. Aunque no tiene
un vínculo directo con Roma más allá de ser católico romano, existe una conexión en el nombre que eligió. El padre de San Francisco de Asís, por quien el Papa actual lleva su nombre, se llamaba Pietro. Francisco es el Papa actual, pero no ha manifestado ninguno de los comportamientos temidos que algunos asocian con esta figura profetizada. No obstante, la profecía advierte que Satanás podría engañarlo algún día, aunque ese momento quizás aún no haya llegado. La destrucción de la ciudad de las siete colinas, según la profecía, se ha vinculado a pasajes similares en las Sagradas Escrituras. Las
interpretaciones varían Notablemente. Algunos abrazan la profecía, mientras que otros la observan con escepticismo. Si Francisco es en verdad el último Papa, sigue siendo una cuestión abierta que despierta dudas y debates. Solo el tiempo revelará la verdad. El 12 de marzo de 2013, los cardenales se reunieron dentro del Vaticano y cerraron las puertas del cónclave. Nadie sabía cuánto duraría el Proceso. Esa misma tarde realizaron la primera votación, pero el humo negro que salió de la chimenea de la capilla Sixtina anunció que no se había elegido Papa. En la mañana del 13 de marzo se hicieron dos
votaciones más. Y nuevamente el humo negro indicó que no había decisión. Esa tarde se programaron dos rondas adicionales. En el interior de la capilla Sixtina el secreto era absoluto. Al caer la tarde, aún no se veía humo, Ni blanco ni negro. Comenzaron a circular rumores de que ya se había elegido a un nuevo pontífice. Finalmente apareció el humo blanco sobre la capilla y poco después resonó el anuncio. Abemus papam. Francisco se convirtió en el primer papa no europeo y el primero perteneciente a la orden jesuita. Desde los inicios de su sacerdocio, Jorge Mario Bergoglio fue
conocido por llevar una vida de servicio y sencillez. Su tiempo como arzobispo de Buenos Aires se caracterizó por una profunda cercanía con los más pobres. Rechazó vivir en la residencia episcopal de lujo y prefirió un modesto apartamento utilizando transporte público en lugar de vehículos oficiales. Al convertirse en papa, eligió alojarse en la casa de huéspedes Santa Marta en lugar de los apartamentos papales que se usaban desde 1903. Desde el primer momento quedó claro que este papa seguiría un camino distinto. A Lo largo de más de 40 años como jesuita, Francisco ha permanecido fiel a la
misión central de la compañía de Jesús, promover la justicia y defender a los marginados. Entre 1973 y 1979, cuando fue superior jesuíta en Argentina, tuvo varios desacuerdos con el Vaticano, sobre todo por su valiente defensa de los pobres. Con una humildad exterior y una firmeza Interior, ha defendido los ideales jesuitas, especialmente en la enseñanza de la doctrina católica y en su compromiso con los más vulnerables. Algunos han señalado que aunque Francisco mantiene una postura teológicamente conservadora, no titubea cuando se trata de asuntos de justicia. Aún así, ciertas profecías siguen causando inquietud. Algunas sugieren que el
último Papa podría estar vinculado Con figuras oscuras, incluso con el mismo anticristo, como se menciona en el capítulo 13 del Apocalipsis y en las advertencias de San Malaquías. Va en aumento la preocupación de que el Papa final pueda ser un falso profeta al servicio del anticristo, conduciendo a las naciones por caminos errados. El apóstol Pablo habló de líderes religiosos que se apartarían de la verdad difundiendo enseñanzas engañosas con el propósito de atraer Seguidores. También advirtió sobre una figura religiosa poderosa que realizaría señales y prodigios desviando a muchos de lo verdadero. Se cree que este líder
falso estaría estrechamente alineado con un personaje político influyente que surgiría para dominar una versión renovada del Imperio Romano en Europa. Las escrituras señalan que en los tiempos finales, la ciudad asentada sobre siete colinas, identificada comúnmente como el Vaticano en Roma, Enfrentaría su destrucción. El estudio de las profecías de San Malaquías revela una sorprendente coincidencia con las visiones bíblicas sobre los últimos días, así como el Apocalipsis, San Malaquías señaló a Roma y al Vaticano como escenarios centrales en los acontecimientos finales de la historia. El legado de los mártires cristianos y la crueldad del Antiguo Imperio Romano,
unidos a las predicciones de Malaquías, resaltan la continua relevancia de Roma Dentro de estos relatos proféticos. Estos temas invitan a una vigilancia constante, pues es posible que los escritos de Malaquías contengan una parte de verdad. Si son auténticos o no, aún está por verse y solo el tiempo revelará su exactitud. No debemos olvidar que todavía es demasiado pronto para comprender por completo el papel que Francisco podría desempeñar en los acontecimientos del fin de los tiempos. Cuando el cardenal Josep Ratzinger fue elegido como Benedicto X en abril de 2005, muchos pensaron con rapidez que sería el
último pontífice antes del regreso de Cristo. Se equivocaron. Recordemos que Juan Pablo I solo ejerció su papado durante 33 días, en 1978, el mismo año en que la Iglesia tuvo tres papas. El pontificado de Francisco podría ser breve, preparando el camino para un sucesor aún más impactante o podría extenderse como un Capítulo dramático por derecho propio. Lo que sí podemos afirmar a la luz de la historia y las escrituras es que la afirmación de Francisco de ser el sucesor de Pedro y portador viviente de la autoridad de Cristo se basa más en la tradición que
en una base bíblica sólida. Los cristianos deben permanecer atentos y no dejarse engañar por afirmaciones falsas, especialmente en esta etapa final en la que el engaño espiritual se Intensifica. ¿Y si Francisco fuera el último Papa, tradicionalmente los papas sirven hasta su fallecimiento esperando el momento que Dios disponga? La renuncia de Benedicto X en 2013 sorprendió al mundo y dejó huellas profundas. Durante el consistorio ante el colegio cardenalicio, Benedicto explicó que tras una reflexión en oración comprendió que su edad avanzada no le permitía cumplir eficazmente con las responsabilidades del ministerio Petrino. Por eso renunció libremente a
su cargo como obispo de Roma y sucesor de Pedro. Hoy con 87 años el Papa Francisco sigue desempeñando su labor con firmeza. Aunque su salud lo obliga a usar silla de ruedas, mantiene un ritmo de viajes exigente y no muestra señales de detenerse. Las conjeturas sobre una posible transición se han intensificado, especialmente después de que se anunciara su visita a la ciudad Italiana de la Quila. Allí se encuentra la basílica que custodia la tumba sagrada de San Celestino V. un monje benedictino que renunció al papado y volvió a su vida de ermitaño. Benedicto 16 visitó
esa tumba en 2009, años antes de su propia dimisión. Ahora Francisco ha hecho lo mismo, avivando nuevamente las especulaciones. Si Francisco llegara a ser el último pontífice, la Iglesia tendría que afrontar preguntas profundas Sobre las razones de una renuncia que podría reflejar la de Benedicto. Pero hay algo que permanece firme. La sucesión apostólica se sostiene sobre un fundamento sólido. Fue el mismo Jesús quien designó a Pedro como el primer papa. Y la palabra griega Petros, que significa roca, simboliza la fortaleza sobre la que Cristo prometió edificar su iglesia. En 2014, regresando de Corea del Sur,
Francisco insinuó que su papado podría ser corto, aunque el porvenir Nunca puede predecirse con certeza. Es fundamental recordar que sin el Papa la Iglesia correría el riesgo de caer en confusión como un niño que queda sin padres. Jesús tuvo muchos discípulos, pero escogió a 12 para una misión apostólica especial y entre ellos elevó a Pedro, Santiago y Juan como sus más cercanos. Pedro fue seleccionado como la piedra sobre la cual Cristo establecería su iglesia. Aunque los papas, como todos Los hombres, son imperfectos, poseen una autoridad otorgada por Dios para guiar a la iglesia. Cristo conocía
las debilidades de Pedro, pero aún así lo eligió para ese papel crucial. A pesar de la fragilidad humana, las verdades y mandamientos de Dios no se alteran. Te daré las llaves del reino de los cielos. Todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo. Y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. Ese momento en que Jesús cambia El nombre de Simón por el de Pedro tiene una profundidad significativa. ¿Por qué es tan importante? Porque el cambio de nombre representa una transformación profunda en la identidad de una persona.
En el Antiguo Testamento, tanto Dios como Abraham fueron comparados con una roca. Sin embargo, solo a Pedro lo llama Cristo directamente la roca. Esto no quiere decir que Pedro haya alcanzado la Divinidad, sino que recibió una misión divina muy especial. Jesús promete edificar su iglesia sobre esta roca. Aunque el mensaje parece evidente, hay quienes interpretan que la primera mención de roca se refiere a Pedro y la segunda a Cristo mismo. Jesús afirma que las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Esta promesa no implica que la Iglesia esté exenta de pruebas o escándalos. Contrario
a lo que algunos Podrían pensar, este mensaje no es una advertencia que inspira temor, sino una promesa firme. Aunque se pierdan batallas individuales, la Iglesia permanecerá firme. Es Cristo mismo quien nos da esa certeza. Las llaves que Jesús entregó a Pedro no eran solo para abrir las puertas, sino también para custodiar lo sagrado. Estas llaves simbolizan autoridad, como en Isaías 22, donde el mayordomo recibe las llaves para gobernar al pueblo de Dios. Lo que Jesús instauró no fue una ruptura, sino una continuación profundamente conectada con la herencia espiritual del pasado. En Lucas 10:16, Jesús declara,
"Quien los escucha a ustedes, a mí me escucha. Quien lo rechaza a ustedes, a mí me rechaza. Y quien me rechaza a mí, rechaza al que me envió." Jesús confió a Pedro el poder de atar y desatar, señalando la responsabilidad sagrada de perdonar y confesar los pecados. Reflexionemos cómo Sabrían Pedro o los sacerdotes qué pecados perdonar o retener si primero no los hubieran escuchado Jesús dejó claro que esta autoridad terrenal tenía resonancia celestial. Desde el martirio de Pedro, la iglesia ha conservado una línea apostólica ininterrumpida. Aunque en ciertos periodos de la historia más de una
persona haya reclamado el papado, siempre ha habido uno solo legítimo, elegido bajo la providencia divina. Al Elegir un nuevo Papa, muchos afirman que es Dios quien lo ha escogido, guiado por el Espíritu Santo. Esta forma de expresarse ayuda a fomentar la confianza, pero es importante comprender que el Espíritu Santo no anula libertad del ser humano. Entonces, ¿qué queremos decir cuando decimos que un Papa es elegido por Dios? Significa que dentro de su providencia, Dios permite que los acontecimientos se desarrollen. En ese sentido, la elección Se inscribe en su voluntad más amplia. No obstante, esto no
significa que Dios apruebe cada resultado. Dios puede permitir el pecado, pero eso no quiere decir que lo bendiga. Aunque respeta la libertad humana, siempre ofrece dirección y fortaleza. Jesús prometió que el Espíritu Santo guiaría a la Iglesia hacia toda la verdad. Y esa promesa permanece vigente. Dios ha asegurado su guía a todo corazón que lo busque con sinceridad. Y sin embargo, a Medida que sus fuerzas se iban apagando y el final de su camino terrenal se acercaba, el Papa Francisco volvió su mirada a Cristo, ya no como teólogo o pontífice, sino como un hombre que
se preparaba para encontrarse con su Señor. fue en aquellos momentos callados e íntimos cuando compartió una profecía profunda sobre Jesús, una revelación que resonaría más allá de su último aliento. En sus últimos días, mientras su voz se volvía más tenue y su respiración más Pausada, el Papa Francisco pasaba largos momentos contemplando por la ventana en profundo silencio. quienes lo acompañaban sentían que ya no hablaba solo con los presentes, sino con algo mucho más allá. En esos instantes, su alma se abrió para entregar una visión final nacida no del temor ni del dogma, sino de una
fe inquebrantable en Cristo, el que sostiene todas las cosas. Desde la quietud de su espíritu, ofreció un Testimonio. Él creía, como enseña la escritura, que los caminos de Dios no son los nuestros. Su grandeza no puede ser medida. Sus pensamientos superan los nuestros y sus designios no siempre los comprendemos. ¿Quién eres tú, oh hombre? para responder a Dios. Susurró en una ocasión recordando el libro de Romanos. El Salmo 10319 había sido siempre un pilar en su corazón. El Señor estableció en los cielos su trono y su reino domina sobre todos. Para Francisco esto Significaba exactamente
lo que afirmaba, que Dios reina sobre todo sin excepción. Desde el más diminuto átomo hasta la nación más poderosa, nada escapa a su soberanía. A menudo meditaba en Mateo 25:32, que anuncia un día venidero en que todas las naciones comparecerán ante el Hijo del Hombre y él la separará como el pastor aparta las ovejas. de los cabritos. Ese día Francisco confiaba, estaría bajo el absoluto dominio de Dios. Hallaba consuelo en las palabras De Efesios 1:11, según el propósito de aquel que hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad. Para él esto significaba que
nada toma a Dios por sorpresa. Todo lo que vemos, oímos o tememos está bajo su control. Él gobierna la naturaleza. Francisco rechazaba la idea de un Dios que creó el mundo y luego se desentendió. Por el contrario, creía Firmemente que Dios sigue interviniendo activamente en nuestras vidas. La constancia que observamos en la naturaleza, la caída de los objetos, la velocidad de la luz, no eran para él meras leyes fortuitas, sino el reflejo de los hábitos de la mano de Dios. Cuando ocurría algo fuera de lo común, muchos lo llamaban milagro, pero para Francisco era simplemente
Dios actuando de otra manera. El salmo 147 1518 siempre le había ofrecido consuelo. Él Envía su palabra a la tierra. Su palabra corre velozmente, da la nieve como lana, esparce la escarcha como ceniza. Lanza su hielo como pedazos. ¿Quién puede resistir su frío? Envía su palabra y los derrite, hace soplar su viento y corren las aguas. En estos versos, Francisco veía con claridad la intimidad del poder divino sobre la creación, la escarcha, el granizo, el viento, todo, según su fe respondía a la Voluntad del creador. En una ocasión dijo que caminar por el mundo era
como pasearse por un lienzo viviente de la obra continua de Dios. También afirmaba que toda criatura viviente estaba bajo el cuidado del Altísimo. Ya fuera naves que surcan el cielo, bestias que se arrastran o peces que habitan las profundidades, ninguna escapaba a su mirada. Solía meditar sobre la historia de Jonás, aquel hombre que huyó de Dios hasta que una tormenta, Un gran pez y la intervención divina lo llevaron a volver. Para Francisco, ese relato era una prueba más. Incluso las profundidades del mar obedecen la voz de Dios. Se sentía especialmente tocado por las palabras de
Jesús en Mateo 10:29. No se venden dos pajarillos por un cuarto, con todo, ni uno de ellos caerá a tierra sin que lo permita vuestro padre. Hasta el vuelo de un gorrión. Un instante que muchos considerarían Irrelevante estaba dentro del plan divino. Para el Papa Francisco esto no era una mera doctrina, era una certeza que le brindaba serenidad mientras su cuerpo se debilitaba. repetía con frecuencia que no solo Dios gobierna sobre la naturaleza y las criaturas, sino que también tiene autoridad sobre cada detalle de nuestras vidas. Esa convicción se convirtió en su última profecía, no
nacida del temor, sino de la paz, de saber que Jesús, el Hijo, ya Reina sobre todo lo que está por venir. En los silencios de sus últimos días, mientras su cuerpo se hacía frágil, pero su espíritu permanecía anclado en la esperanza eterna, Francisco meditaba sobre una verdad que lo había sostenido en cada prueba y en cada incertidumbre. Dios sigue siendo soberano, incluso en medio del sufrimiento. Con frecuencia se detenía a pensar en la vida de José, aquel joven que fue vendido por sus Hermanos, movidos por los celos, creyendo que así terminaban su historia. Sin embargo,
el Señor con infinita sabiduría transformó esa traición en el inicio de una salvación. Vosotros pensasteis mal contra mí, dijo José, mas Dios lo encaminó a bien para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo. Génesis 50:20. Francisco conservaba ese versículo como un tesoro. Sabía muy bien que incluso cuando las intenciones humanas se Oscurecen, Dios puede y suele usarlas para cumplir su propósito de redención. siempre había sostenido que nada escapa al alcance de la providencia divina. La traición que llevó a José a Egipto fue la misma que más tarde permitió salvar a
su familia del hambre. Al acercarse el final de su camino en esta tierra, el Papa Francisco sentía que esos relatos antiguos cobraban un nuevo sentido. Ya no eran simples narraciones del pasado, eran experiencias vivas. El mal existe. Las personas pueden actuar con malicia, pero la autoridad de Dios permanece firme. Ni los peores propósitos del ser humano, ni las artimañas del enemigo pueden interrumpir los designios del Señor. Dios tiene un plan para tu vida, solía decir, incluso cuando quienes están más cerca de ti parecen estar en tu contra. creía de corazón que lo que a nuestros
ojos parece retraso o desastre, muchas veces son los mismos instrumentos que Dios Emplea para traer liberación. Francisco había pasado toda una vida observando cómo Dios actuaba en lo oculto, silenciosamente, a menudo detrás del telón del sufrimiento. Había aprendido por experiencia que el dolor podía ser fuente de redención. Aquella tormenta que uno teme que lo hunda, decía él, podría ser la misma que lo lleve al destino que Dios preparó. Nosotros solo vemos lo inmediato, decía en más de una ocasión. Pero Dios contempla el conjunto entero, cinco, 10, incluso 20 años por delante. En el sufrimiento no
veía caos, sino diseño. Cuando la luz de su vida terrenal se fue apagando, Francisco habló de Romanos 8:28 con una claridad renovada. Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. E para él no era solo una cita Bíblica, sino una confesión íntima. Dios no miente, sus promesas no fallan, nunca es tomado por sorpresa. Veía las pruebas de su pontificado, los dolores del mundo y hasta las dudas de los creyentes, no como signos de abandono, sino como llamados
a confiar aún más profundamente. Sí, puede que la tormenta arrecie, puede que llegue el diagnóstico, puede que la pérdida nos atraviese el alma, pero nada de eso, según creía Francisco, tiene el poder de Anular la promesa de Dios. En los momentos de duda, cuando el temor susurraba que el futuro era demasiado incierto, él recordaba a Job. Incluso Satanás decía, "No podía actuar sin el permiso de Dios." Cada prueba, cada tristeza pasaba primero por las manos del Altísimo. No se desanimen dijo una vez a un grupo de seminaristas jóvenes. Aunque el camino parezca borroso y los
cielos se mantengan en silencio, Dios sigue Obrando. En sus últimos días, con la voz ya debilitada, pero aún firme, exhortaba a quienes lo rodeaban. La fe no se sostiene por lo que ves, sino por lo que sabes que es verdad en la palabra de Dios. Sabía que muchos vivían desanimados por heridas del alma, por una salud quebrantada, por trabajos perdidos, pero les recordaba. Dios no es hombre para que mienta. Números 23:19. Aún cuando no logremos ver salida, aún cuando las tormentas parezcan cerrarnos El paso, Dios está conduciendo nuestros pasos. Lo que fue planeado para tu
mal, murmuró Francisco con firmeza, Dios lo transformará en bendición. Mantuvo esa convicción hasta el final. Dios sigue reinando. Dios sigue librando batallas por nosotros. Dios sigue cumpliendo sus promesas. Y ahora que su propia travesía ha llegado a su fin, su testimonio final permanece. Nacido no del consuelo, sino Del crisol de la fe. Dios es fiel, incluso en medio de la tormenta. Francisco meditaba con frecuencia en las palabras. Yo soy el alfa y la omega, dice el Señor, el que es, el que era y el que ha de venir, el todopoderoso. Dios es sin duda, el
todopoderoso. Y en sus reflexiones finales, reconocía que ninguna mente humana puede comprender plenamente lo que significa llamar a Dios todopoderoso. La creación misma apenas Ofrece un destello. Si Dios pudiera encerrarse dentro de los límites de nuestra razón, entonces no sería Dios. Lo infinito no cabe en lo finito. Como está escrito en Isaías 66:1, "El cielo es mi trono y la tierra estrado de mis pies. Si ni los cielos pueden contenerlo, ¿cómo podríamos pensar que nuestros pensamientos sí? Nadie puede definirlo por completo, pero la escritura nos permite vislumbrarlo. Dios es espíritu que reina con poder y
Gloria por encima de toda creación. Los santos, los 24 ancianos y los ángeles se postran ante él con profundo respeto. Dios existía antes de que el mundo comenzara. En Génesis 1:2 se nos dice que el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas. cuando la tierra aún estaba desordenada y vacía, desde el principio, Dios era y lo será por siempre. En sus últimas meditaciones, Francisco compartió cinco enseñanzas que habían sostenido su fe a lo largo del tiempo. Uno, Dios es espíritu. Tal como lo afirma Juan 4, Dios es espíritu y quienes lo adoran deben adorarlo
en espíritu y en verdad. Para Francisco, vivir en la presencia de Dios requería una conexión íntima con su espíritu. Nadie puede presentarse ante un Dios santo sin estar interiormente sintonizado con él. La relación entre el ser humano y el creador es profundamente espiritual y nuestros espíritus necesitan Renacer. La verdadera adoración no se limita a cánticos solemnes o ceremonias externas, sino que consiste en una entrega total del ser. Las ofrendas, el gozo, los aplausos e incluso la danza pueden ser formas de adoración, pero la más auténtica es ofrecer la vida entera a Dios. No se puede
esperar fruto espiritual viviendo según los deseos de la carne. Solo quienes caminan guiados por el espíritu pueden obrar con poder espiritual. Dos. Dios es amor, como nos recuerda Juan 3:16, porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito. El amor en el lenguaje divino se manifiesta en el sacrificio. No envió a su hijo porque lo mereciéramos, sino porque lo necesitábamos. Dios conocía cada rincón de nuestra existencia, nuestros pensamientos, temores y anhelos desde antes de nuestro nacimiento. Conocía también nuestra rebeldía y aún así decidió enviar a Jesús sabiendo el sufrimiento
que eso implicaría. ¿Por qué? Para que tuviéramos vida eterna junto a él. Francisco solía decir cuando la humanidad se ahogaba y clamaba por ayuda, si lo que más necesitábamos era conocimiento, Dios habría enviado un maestro. Si nuestra necesidad fuera tecnológica, habría enviado un científico. Si el problema fuera la pobreza, habría enviado un economista. Pero como lo que más necesitábamos era El perdón, envió a un salvador. Tres. Dios te conoce, sabe dónde estás y por dónde caminas. Conoce tus momentos de quiebre, tus penas, tus extravíos y aunque huyas de él, no se aleja. Sufre por tus
pecados, pero sigue amándote. Sus mandamientos están dados para tu bien, pero tú los rechazas y luego lo culpas cuando todo se derrumba. Si tan solo escucháramos su voz, cuántas lágrimas se podrían evitar, cuánto dolor No habría ocurrido. Dios no busca castigarte, sino salvarte. No tiende trampas, sino que ofrece una salida. Es quien entregó a su hijo para rescatarte. Cuando otros te abandonan, él permanece. Cuando te engañan, él es la verdad. Cuando estás herido, él es tu sanador. Eres más valioso para él de lo que jamás podrás imaginar. Y cuatro, Dios está más allá de toda
descripción. Francisco Solía recordar que ningún ser humano puede abarcar la totalidad de Dios con palabras. Como dice Primero Reyes 8:27, "Ni los cielos más altos pueden contenerte, mucho menos este templo que he construido. Su grandeza es inconmensurable y por eso, más allá de palabras, nuestra respuesta debe ser una entrega reverente." Cinco. Dios ve y habla. La Biblia emplea imágenes humanas, sus manos, su boca, sus ojos, no para Limitarlo, sino para ayudarnos a sentir su cercanía. Sus manos sostienen todo. Su boca proclama la verdad. Sus ojos lo ven todo, en todo momento y lugar. Al prepararse
para encontrarse con su creador, estas verdades se convirtieron en el último mensaje de Francisco al mundo, no como una lección teológica, sino como una invitación a volver al núcleo del evangelio. Adorar en espíritu y en verdad, amar con entrega y confiar en la mano invisible de un Dios que ve, Que ama y que salva. En los silenciosos instantes de sus últimos días, cuando el peso de los años se hacía sentir con más fuerza y la frontera entre el tiempo y la eternidad se volvía tenue, el Papa Francisco volvía una y otra vez a la única
verdad que lo había sostenido a lo largo de toda su vida, el misterio de Dios. Ya no hablaba como un maestro al mundo, sino como un siervo que se preparaba para encontrarse con su señor. Desde ese Umbral sagrado ofreció su última meditación, una visión solemne del Señor que ardía en su interior como la llama final de una vela en medio de la noche. Solía repetir en voz baja, ningún hombre ha visto a Dios. y con una dulzura serena añadía, "Nadie puede mirar a Dios y seguir con vida. Nuestra frágil humanidad no fue hecha para soportar
la plenitud de su gloria y sin embargo, Dios está presente en todas partes. No lleno yo el cielo y la tierra", dice el Señor en Jeremías 23:24. Francisco había comprendido desde hacía mucho que la presencia divina envuelve toda la creación, que su santidad está más allá de nuestro entendimiento. La santidad, tantas veces proclamada en la escritura, es el único camino para contemplarlo de verdad. Solo quienes tienen un corazón puro y sincero pueden acercarse. Los ojos de Dios no pueden posarse sobre la iniquidad, reflexionaba. Según él, esa era la razón Por la cual tantas oraciones quedaban
sin respuesta. El pecado levanta una barrera. Incluso ahora Dios sigue llamándonos a la pureza del corazón si deseamos entrar en su presencia. La santidad continúa siendo el sendero más seguro hacia el cielo. Le dolía ver cuántas almas estaban atrapadas en los engaños del mal. El salmo 24 resonaba constantemente en su mente. ¿Quién subirá al monte del Señor? ¿Quién Permanecerá en su lugar santo? El de manos limpias y corazón puro, que no confía en ídolos ni jura por dioses falsos. La majestad de Dios, su soberanía, no puede ser medida. No hay poder ni terrenal ni espiritual
que pueda compararse. Números 23:19 lo afirma. Dios no es hombre, no se debilita ni su poder falla jamás. No está sujeto a nadie y nada le falta. Él es el todopoderoso, ante quien los demonios tiemblan y huyen. En sus manos Reposa el mundo y su nombre es glorificado entre las naciones. No como un dogma, sino como una verdad vivida. Proclamaba que el Espíritu de Dios no es lejano, es cercano, se puede conocer. Ha tenido amigos, Abraham, Moisés y otros más. Y aún hoy llama a la amistad. Ábrele tu corazón y será tu amigo. Obedece sus
caminos y caminará contigo. Confía plenamente en él y sentirá su cercanía. Solía repetir. Dios siempre ha deseado esa Comunión con el ser humano. En Génesis 3:8, Adán y Eva oyeron al Señor caminando por el jardín en la brisa del atardecer. Él quería estar con ellos hasta que el pecado rompió esa cercanía. El pecado separó al hombre de Dios y volvió su presencia aparentemente inalcanzable. Pero Dios no se rindió. Desde los primeros tiempos siguió extendiendo su mano hasta que vino Cristo. Y cada vez que Dios se Manifestaba, el asombro era inevitable. Cuando se reveló a Abraham,
fue como un horno humeante que flotaba en el aire. Génesis 15:171. El calor, el fuego, la gloria sobrenatural aterraban incluso a los fieles. Cuando Moisés se encontró con Dios, fue en una zarza que ardía sin consumirse. Éxodo 3:2 nos dice, "El ángel del Señor se le apareció en una llama de fuego en medio de una zarza. Moisés vio que aunque la zarza ardía, no Se consumía. Aquel instante lo llenó de un temor reverente. Cuando pidió ver la gloria de Dios, el Señor le respondió según Éxodo 33183, "No puedes ver mi rostro, porque nadie puede verme
y vivir." Entonces Dios lo escondió en una grieta de la roca y lo cubrió con su mano mientras pasaba. Solo después pudo Moisés ver su espalda, no su rostro. Esa es la fuerza y el misterio del Altísimo. Lo que nos revela Éxodo 33:20, decía Francisco con Profundo respeto. Se confirma en Isaías 55 89. Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos son mis caminos, dice el Señor. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más altos que vuestros pensamientos. Dios está más
allá de toda imaginación y hasta la más mínima visión de su gloria lo transforma todo. Cuando Moisés Descendió del Sinaí, después de ver solo la espalda de Dios, su rostro resplandecía con tanta intensidad que los demás no podían mirarlo. Tuvo que cubrirse con un velo porque la luz era deslumbrante. ni Abraham ni Moisés fueron los únicos en temblar ante la presencia divina. Job también lo experimentó. En Job 38.1. El Señor le habla desde un torbellino. ¿Alguna vez has estado en Medio de un tornado? preguntaba Francisco. Imagina esa fuerza, no de la naturaleza, sino del cielo
mismo descendiendo sobre ti. Era más que asombro, era un santo temor. Ese era el Dios al que ahora se acercaba Francisco, ya no como papa, sino como un hombre frágil, imperfecto, pero fiel. y con sus últimos alientos no testificó sobre doctrinas ni instituciones, sino sobre un Dios cuyo poder es inmenso, cuyo amor no tiene fin y cuya presencia, aún Siendo sobrecogedora, sigue siendo una invitación, una invitación a la pureza, al respeto sagrado y sobre todo a la amistad. En los momentos de recogimiento meditaba sobre lo que había sido proclamado hace siglos en Segunda Crónicas 5
13 14, cuando la presencia del Señor llenó el templo con tal intensidad que los sacerdotes no pudieron permanecer de pie ni continuar su ministerio. En su corazón, Francis creía firmemente que en Esta condición humana actual no somos capaces de contemplar la plenitud de la gloria divina y seguir con vida. Por eso hablaba con frecuencia de la promesa de que llegado el día nuestros cuerpos serían transformados, revestidos de gloria para poder contemplar al Señor y vivir. Estos cuerpos terrenales, frágiles y marcados por el pecado, no tienen lugar en el cielo. Pero en Cristo hay un cuerpo
nuevo reservado para cada creyente. Era esta visión la que le daba Consuelo en medio del sufrimiento. Un cuerpo que ya no conocería la corrupción ni el desgaste, un cuerpo hecho inmortal. Se aferraba a la promesa contenida en Filipenses 3:21, donde se afirma que Cristo transformará nuestro cuerpo miserable para que sea como su cuerpo glorioso. En el instante del arrebatamiento, Francis creía: "Nuestra naturaleza pecaminosa sería absorbida por la luz resplandeciente de Dios, permitiéndonos estar en su presencia con Paz. Nuestro ser natural no podría resistir semejante encuentro. Y por eso, en su infinita compasión, el Señor nos
prepara para aquel día con cuerpos eternos, puros y reflejo de Cristo mismo. A veces pensaba en voz alta, ¿cómo sería si nuestros cuerpos nunca envejecieran sin confusión, sin olvido, sin pérdida de fuerza o energía? Estaba convencido de que ese día llegaría. No habrá ángeles tomándote la presión Arterial en el cielo", decía con una sonrisa, recordando la esperanza expresada en Secum Segundo Corintios 5:1. Sabemos que si esta tienda terrenal en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en el cielo, no construida por manos humanas. Francis comprendía esta realidad profundamente. Para él,
el gemido del cuerpo no era señal de desesperanza, sino un anhelo ardiente por el momento en que lo mortal sería Revestido de vida. No deseamos ser despojados, solía decir, sino ser revestidos con lo que es eterno. Esta morada celestial, nuestro cuerpo glorificado, es parte del diseño divino para quienes confían en él. Volvía una y otra vez a las palabras de Primera Corintios 15152, llevándolas en lo más profundo del alma. He aquí, os digo un misterio. No todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un instante, en un Abrir y cerrar de ojos, al sonar la última
trompeta. Porque sonará la trompeta y los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. creía con convicción que llegaría el día en que lo corruptible sería revestido de incorrupción y lo mortal de inmortalidad. Y cuando eso sucediera, se escucharía el grito de triunfo. Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde Sepulcro tu victoria? En esos momentos de contemplación, Francis recordaba cómo Dios habló a Moisés y le pidió que escribiera un libro. Se maravillaba ante el hecho de que la Biblia, a pesar de siglos de ataques, había perdurado. Las naciones se han
levantado contra este libro, decía, pero todas han caído. La Biblia permanece en hogares de todo el mundo. Para él la escritura no era solo texto, sino la voz de Dios. hablándole al alma Cansada. Era lámpara para los que caminan en tinieblas, descanso para el agobiado, dirección para el que se siente perdido, un susurro de gozo para el desanimado, un ancla firme en las tormentas de la vida. Para quien se siente solo, mostraba a un Dios más cercano que un hermano. En sus reflexiones finales hablaba a menudo de la visión de Isaías. El año en que
murió el rey Usías, vi al Señor sentado en un trono alto y sublime, y el borde de su manto llenaba el templo. Esa imagen lo acompañó siempre. Isaías 6:1. No era simplemente un versículo, sino una ventana abierta a lo eterno. También recordaba Apocalipsis 4:3, donde Juan describe el trono de Dios resplandeciendo como jaspe y cornalina, rodeado por un arcoiris semejante a una esmeralda. O Éxodo 24:17, cuando la gloria del Señor se Manifestó como fuego devorador sobre la cima del monte. Cuando Dios se reveló a Israel, lo hizo con estruendo, toques de trompeta y humo, tan
imponente que el pueblo tembló y se mantuvo a distancia, tal como lo relata Éxodo 20 1819. Vieron los relámpagos, escucharon los truenos y sintieron temor. Pero Francis ya no sentía miedo. En sus últimos días no temblaba. esperaba con serenidad el momento en que su cuerpo sería transformado y pudiera contemplar Al Señor, no con temor, sino con alegría. Creía con serena certeza que la gloria que le aguardaba era inmensamente mayor que todo sufrimiento vivido. En Éxodo dijeron a Moisés, "Habla tú con nosotros y escucharemos, pero que no hable Dios con nosotros, no sea que muramos." Recordaba
como Isaías en el capítulo 6, versículo 1, vio al Señor en su trono alto y elevado. Y en esos versículos, Francis hallaba un atisbo del Salvador Al que estaba por encontrarse cara a cara. Lo que más le impactó de Isaías decía, no fue la gloria del cielo ni las huestes celestiales, sino aquel que estaba sentado en el trono. No era una sucesión de imágenes ni una visión desplegada por etapas. Todo fue revelado en un solo instante. Y en ese instante el trono mismo pasó a segundo plano, eclipsado por la presencia resplandeciente del Señor. Todo lo
demás quedó reducido a nada. Ese trono, decía Con voz frágil, pero firme, no es un asiento cualquiera, es el centro mismo del universo. Y aquel que se sienta allí gobierna cada rincón de la creación. Hablaba con lentitud, con intención, como si cada palabra fuera pesada ante la eternidad. Solo un verdadero soberano puede ocupar ese lugar. Solo él que posee toda autoridad, todo poder, todo dominio. Para Francis, el trono que Isaías contempló no era una metáfora, era el núcleo de todo lo que existe. Creía que cada fuerza en el cosmos gira en torno a ese trono
y ni siquiera los ángeles se comparan con la majestad del que allí reside. Estaba alto y sublime. Susurró más de una vez. Podríamos estudiar su grandeza por 10,000 años y apenas habríamos comenzado. Luego recitaba Primio Crónicas 29:11 con la voz temblorosa. Tuya es, oh Señor, la grandeza, el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Todo cuanto hay en los cielos y en la Tierra es tuyo. Para Francis esto no era una idea teológica lejana, era verdadero. Él había contemplado la mano de Dios tanto en la tempestad como en el silencio, en batallas que no
tenía fuerza para librar, pero que sin saber cómo salía victorioso. Hasta los relámpagos le obedecen, decía en una ocasión. La lluvia cae o cesa según su mandato. Él es el Rey de Reyes, el Señor de Señores, el verdadero soberano de todo. Sin Embargo, lo que más engrandecía a Dios a sus ojos no era solo su poder, sino su cercanía en nuestras luchas cotidianas. Somos sus hijos, decía Francisco, y la prueba de su grandeza se manifiesta en nuestra vida diaria al despertar. Al respirar, al sobrevivir aquello que debió habernos destruido, hablaba de desafíos superados y de
victorias imposibles de explicar con palabras humanas. "Deberías haber muerto en ese Accidente", le dijo una vez a un visitante. "Pero la grandeza de Dios te sostuvo." Luego se quedaba en silencio con los ojos cerrados y esbosaba una sonrisa serena. sigues de pie porque solo Dios es verdaderamente grande. A medida que su voz se debilitaba, recurría con mayor frecuencia a las Escrituras, citando Romanos 14:11. Porque escrito está, vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará Toda rodilla y toda lengua confesará a Dios. hablaba de los ángeles en el cielo postrándose ante Dios no una
sola vez, sino repetidamente, porque cada vez que alzaban la vista veían algo nuevo, algo maravilloso. Claman santo una y otra vez, susurraba, porque su grandeza nunca se agota. Hacia el final, Francisco se preguntaba en voz alta si realmente los que estamos en la tierra comprendemos lo que los ángeles ya conocen. ¿Ves cuán grande es Él? Preguntó un día con la mirada perdida en los rostros que lo rodeaban. Aprende de los ángeles, que tu corazón se doblegue ya, no más tarde, porque solo Dios es grande. Para él la grandeza divina no radicaba únicamente en la creación
o en su autoridad. sino en su proximidad, a nuestra alegría, a nuestras penas, a los rincones ocultos de nuestra existencia. Él está ahí, dijo el Papa en voz baja, aunque no podamos verlo, no se Marcha ni siquiera al final. Y así Francisco entregó su alma a aquel a quien siempre había servido, no con temor, sino con una reverencia apacible, sabiendo que pronto contemplaría ese trono y a quien está sentado en él con sus propios ojos. Con el pasar de los años, Francisco había llegado a comprender con más claridad que nunca que en medio de nuestras
luchas cotidianas y triunfos pasajeros solemos olvidar la presencia Constante y el poder de Dios. Sin embargo, como solía repetir citando Romanos 8:28, sabemos que a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan a bien. Nunca pretendió entender a la perfección los designios divinos, pero creía con firmeza inquebrantable que el Señor sigue siendo soberano, incluso en medio del caos, y que su amor jamás vacila. La grandeza de Dios, afirmaba Francisco, no se encuentra solo en la majestuosidad De los cielos ni en los milagros del pasado, sino en su capacidad para redimir el sufrimiento, dar
sentido al dolor y transformar la tristeza en esperanza. Este Dios generoso, insistía él, extiende una invitación personal a todos a conocerle, caminar junto a él y permitir que su hijo Jesús transforme nuestras vidas. Aceptar esa invitación es comenzar un camino que aunque no libre de pruebas, está colmado de gracia y Cimentado en la verdad. Francisco sabía que la fe pasaría por el fuego, las dudas surgirían y habría temporadas de prueba, pero la promesa permanecía. Dios está con nosotros siempre. No se aleja, no olvida. Esa verdad repetida muchas veces durante sus últimos días le dio fuerza
cuando su cuerpo ya no podía más. Había sido testigo de la mano de Dios obrando en los detalles más pequeños, moldeando vidas, tocando corazones y revelando su Propósito en lo común y en lo quebrado. Para él, la grandeza de Dios se manifestaba no solo en las galaxias o en los relatos bíblicos, sino en el amor inquebrantable hacia cada alma, en la gracia que nos sostiene y en la certeza silenciosa de que nunca estamos solos. En esa verdad, Francisco halló su paz más profunda. El creador del universo mostraba un cuidado personal por cada uno de nosotros.
Al acercarse al final de su viaje terrenal, se aferraba a esa certeza con una paz que sobrepasa todo entendimiento, una paz que solo se encuentra cuando se conoce verdaderamente la grandeza de Dios. En estos días de recogimiento tras el fallecimiento del Papa Francisco, el mundo entero parece detenerse en silencio reverente. Las campanas de Roma repican con un tono más suave. Y los corazones en todos los continentes Se inclinan en duelo, no solo por un líder, sino por un padre, un pastor, un amigo. Jorge Mario Bergoglio jamás buscó tronos ni honores. Su anhelo era caminar humildemente
con su Dios, acercarse a los olvidados, tocar las heridas con misericordia y recordar a cada alma que era profundamente amada. Su vida fue una homilía viviente, una que hablaba más alto que cualquier sermón, una que llamaba a la iglesia a levantarse, a lavar los pies, a escuchar con el Corazón, a servir. Llevaba la sotana blanca no como un símbolo de poder, sino como una carga sagrada, un manto de responsabilidad. Cada vez que cruzaba los pasillos humildes de las villas en Buenos Aires, cada vez que estrechaba entre sus brazos a un refugiado o alzaba la voz
por quienes no podían hablar, daba vida al evangelio. Mientras muchos guardaban silencio, él alzaba la voz. Cuando el mundo se volvía frío e indiferente, él Respondía con el lenguaje ardiente de la compasión. abrió de par en par las puertas de la iglesia para que incluso quienes habían olvidado a Dios pudieran escuchar aún el susurro que llama vuelve a casa. Nos enseñó que la santidad no es la ausencia de errores, sino la presencia viva que a Cristo se le encuentra tanto en una catedral como en una celda, en un hospital, en un refugio o en cualquier
calle transitada. Caminaba entre los pobres, no como visitante, sino como uno más entre ellos. Confrontó a los poderosos, no con altivez, sino con la urgencia de la justicia. llamó a la iglesia no a buscar comodidad, sino a abrazar la valentía, a salir al mundo, no como institución que anhela ser aceptada, sino como madre que ofrece cobijo. En sus últimos días cargó su cruz con una serenidad silenciosa. La silla de ruedas no apagó su fervor. La fragilidad de su cuerpo jamás venció la Firmeza de su espíritu. Desde su lecho brotaban reflexiones llenas de paz. Y en
uno de sus últimos alientos habló de Jesús, no con palabras de teólogo, sino con la ternura de quien ha caminado junto a él toda una vida. dijo que incluso cuando sentimos que el mundo se aleja, Cristo permanece cerca, que el redentor herido camina al lado de cada corazón roto, que la Iglesia debe recordar siempre su esencia, el cuerpo de Cristo, entregado por amor, Desgarrado para la salvación del mundo. Hoy ha regresado a la casa del Padre. Su aliento se ha apagado, pero su testimonio permanece. Las calles de Roma guardan la memoria de sus pasos. Los
pobres atesoran aún el calor de su abrazo. Los creyentes llevan grabado en el alma el eco de su voz. Y el cielo, creemos con esperanza, ha recibido a un siervo que se entregó sin reservas. Bien, siervo bueno y fiel. habrá dicho el Señor al abrirle las puertas de la Eternidad. Honremos entonces a este servidor de Dios, no solo con palabras, sino con vidas que irradien la luz que él llevó consigo. Oremos con gratitud por su alma, pidiendo al Señor que le conceda el descanso eterno y que lo acoja entre el gozo de los santos. Elevemos
nuestras voces no desde la tristeza, sino desde la fe. Porque quienes mueren en el Señor viven para siempre. Que cada misa celebrada, cada rosario Susurrado, cada vela encendida sea un tributo de amor al hombre que nos enseñó que la misericordia es más poderosa que el juicio y que la Iglesia alcanza su grandeza cuando se arrodilla para servir. Oh Dios de infinita misericordia, recibe a tu siervo el Papa Francisco. que los ángeles lo conduzcan al paraíso. Que descanse donde los fatigados encuentran alivio, donde los fieles descubren alegría, donde el amor no tiene final. Concédenos que las
Semillas que sembró en nuestros corazones den fruto en nuestros hogares, en nuestras comunidades, en nuestro mundo. Y a ustedes, queridos amigos, que llevan su recuerdo en el alma. Que su legado sea el llamado a obrar. Hablen con valentía, amen con profundidad, perdonen sin medida y caminen con humildad junto a su Dios. Compartan este video en homenaje a un hombre que dedicó su vida a atender puentes y sanar heridas. Dejen su oración en los Comentarios, expresen su gratitud, sus memorias, sus pensamientos. Y si este mensaje tocó su corazón, los invitamos a suscribirse a nuestro canal para
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