Es una realidad que con el paso de los años en matrimonio, la miel del amor se va haciendo cada día más amarga. Ya no sabe igual, ni los besos ni las caricias, sobre todo las actitudes. Definitivamente [música] las malas actitudes son las que llevan a que se muera el amor, lo entierra y lo sepulta muy profundo al grado que ya no [música] puede revivir.
Sin embargo, los códigos morales constantemente nos unen a personas que quizá ya no amamos, pero [música] por el simple hecho de que es lo correcto, ahí seguimos. sin importar que por dentro ese amor contaminado que está podrido termine también pudriéndonos por dentro como personas. En mi caso, ya era yo una mujer de 52 años.
Estaba casada con Alberto, quien fue prácticamente casi mi primer novio. Antes que él solo tuve uno más, pero con aquel nunca probé la intimidad. Hasta ese momento, mi marido era el único que había entrado en mi cuerpo, que había besado mis labios [música] con tal pasión y que había sembrado la semilla de la vida en mi vientre, la cual nos había regalado dos hijos que en ese momento ya eran más que adultos y estaban haciendo su vida.
Y bien, después de la partida de mis hijos llegó el tan famoso síndrome del nido vacío. Ya saben, cuando los hijos se van y los padres se quedan solos. Pero para ese tiempo yo ya no sabía qué hacer con mi vida.
Por mi parte trabajaba en una universidad dando clases. Mi marido hacía lo mismo, pero en otro plantel. Sin embargo, fuera del tema laboral, como pareja ya no teníamos mucho que darnos.
Creo que por miedo no nos divorciábamos y ni siquiera teníamos el valor para tocar el tema. Quedarnos solos no era opción porque al final, aunque por dentro quizá ya nos [música] odiábamos, Damián y yo, el temor a ya no encontrar un nuevo camino era lo que nos mantenía unidos en esa horrible relación. Lo único que yo hacía para de alguna manera cambiar los aires era salir a caminar.
Durante un tiempo me dio por entrar a la biblioteca, pasar ahí un par de horas leyendo tranquilamente en el silencio que me envolvía. Me sentía muy tranquila y empecé a leer cosas que jamás antes me hubiera atrevido. Yo daba clases de matemáticas, así que toda mi vida mis libros eran de ecuaciones, números y fórmulas.
Así que empecé a abrir un poco más mi mente, empecé a leer de diversos temas. incluso hasta del ocultismo y también de brujería. Me sorprendía todo el mundo de cosas que existían más allá de lo que mi profesión me limitaba.
Y fue de esa forma que empecé a cambiar un poco mi perspectiva y usando un poquito de aquellos consejos que venían en los libros de brujería, me hice unos amuletos para la suerte, [música] le hice unas limpias a la casa y aunque mi marido me veía como una mujer loca, a mí no me importaba. Yo quería intentar algo distinto para ver qué aire nuevo le daba [música] a mi vida. Y es que estaba empezando a perder mis amistades, me empezaba a sentir muy sola y en el trabajo no me iba bien.
De hecho, [música] ya estaban a punto de correrme del plantel y probablemente me iba a quedar sin trabajo un buen tiempo, pero con todo lo que estaba haciendo, casi casi como caída [música] del cielo, me llegó una oportunidad en otra universidad donde el prestigio era mayor y por ende el sueldo sería muchísimo [música] mejor. Yo no lo pensé dos veces, sabiendo que ya estaba en la cuerda floja en el plantel donde estaba. Sin lugar a dudas, les di las gracias y entonces fue que me cambié.
No tenía idea de cuánto iba a cambiarme la vida al estar en ese otro lugar. De inicio quise celebrarlo con mi marido, pero Damián estaba muy apático. Le pregunté si quería que [música] fuéramos a cenar para celebrar, pero a él no le importó.
Me dijo que tenía cosas importantes que hacer. En la noche, ese mismo día, estaba yo muy triste. Sentía que mi triunfo era vacío y entonces decidí ir a la cama.
Mi marido entró [música] 10 minutos después que yo se metió en las cobijas y entonces ahí traté de abrazarlo. Intenté son sacarlo para que me hiciera el amor porque necesitaba desfogar toda esa emoción que tenía por mi nuevo puesto de trabajo. Pero Damián era un maldito cerdo, un amargado.
[música] De inmediato me rechazó con sus palabras que fueron como unos alfileres directo a mi corazón. No empieces, Hortensia. Ahorita no pienso hacerte el amor, que no ves que estoy cansado, trabajé todo el día, revisé exámenes y estoy preparando unas revisiones de tesis también.
De verdad que compréndeme, por favor estés molestando. Las palabras de mi esposo me aplastaron. Yo sentía [música] que ya éramos una bomba de tiempo.
Sin embargo, un pleito entre los dos [música] sería muy caro emocionalmente. Habría abogados, gastos y demás. Era muy agotador tan solo de pensarlo.
Por lo cual [música] me reservé, me di la media vuelta y me quedé dormida. Llegué al nuevo plantel. Mi aula de trabajo tenía buenos alumnos, excepto algunos, pero estaba contenta porque ganaría bastante más que en el anterior.
El ambiente era más tranquilo y podría ejercer de una manera pacífica. Los días fueron transcurriendo. Recibí algún par de cheques por mis quincenas y entonces me empecé a involucrar un poco con los alumnos.
Algunos me saludaban amablemente, eran más educados y ordenados. Me daba cuenta de que en verdad iban a trabajar, a estudiar, a buscar una superación en su vida. Pero, ¿saben?
Hubo un alumno entre estos que me llamó mucho la atención. Su nombre era Alexis. A lo mejor su nombre no dice mucho, es un nombre bastante común, pero tenía algo.
Aunque físicamente a lo mejor no era tan agraciado. Me recordaba mucho a mi esposo cuando era joven, igual de introvertido. Tenía ciertos ademanes que compartían y también incluso la forma de hablar del parecido físico ni se diga.
Y por ello quizá en mi mente la nostalgia, no sé, los años perdidos me empezaban a llevar a la idea [música] de que ese muchacho me gustaba. Traté de sacarme esa idea por mucho tiempo, pero Alexis se me acercaba, me hablaba muy de cerquita. Él a veces tenía dudas y yo las tenía que responder, pero cada vez que él lo hacía, [música] para mí era algo que no podía soportar, porque sentía que mi ego se doblegaba, que mis piernas temblaban y el sudor frío [música] empezaba a invadir mi cuerpo.
Les juro que pensé incluso en cambiarme de trabajo, pero el salario de aquel lugar era bueno y no lo iba a desperdiciar, no por un extraño capricho [música] que lo mejor era olvidar. Pero una noche recuerdo que mi marido no llegaba. Ya era tarde y había lluvia afuera.
Y mi marido no era de esos que se andaban con cosas. Él siempre me avisaba o llegaba. Podrá haber sido muy amargo y hostil, pero él nunca llegaba tarde y mucho menos borracho.
Pero aquella noche fue la primera vez que llegó así. abrió la puerta. Estaba muy ebrio.
Tenía la cara llena de labial de otra mujer y estaba todo despeinado. Aquello me sorprendió y tratando yo de alguna manera de evitar esa realidad, todavía de estúpida le pregunté que qué había pasado. Pero, ¿cómo que qué ha pasado, Hortensia?
¿Qué no ves? Mira, ya encontré el verdadero amor. Verás estos besos de aquí.
Mira nada más estos besos. Me los ha dado la mujer que ya me ama, una mujer que es mucho más joven que tú. Solo mírate en el espejo, Hortensia.
Ya estás vieja. [música] Ya no me gustas, ya no me excitas. Por eso es que vengo por mis cosas.
Quiero vivir este nuevo amor. Quiero ser feliz otra vez. Quiero dejar atrás esta vida aburrida que he llevado contigo tantos años.
Me solté a llorar. No iba a rogarle ni a reclamarle, simplemente lo ayudé a meter cosas en bolsas y en sus maletas [música] y me di cuenta que afuera en el auto estaba esperando una mujer ahí de [música] pie. La lluvia ya había cesado un poco y pude ver claramente que aquella chica tenía la facha de prostituta y quién sabe si lo era, pero se vestía como una.
Vi como mi [música] esposo se marchó, ni siquiera un adiós ni nada. Aquella tipa se fumaba un cigarro y con una altanería y arrogancia se metió en el auto con mi marido y se lo llevó arrastrando consigo todos los recuerdos, todas las cosas que vivimos, como si en un abrir y cerrar de ojos todo aquello hubiera dejado de existir en su mente. Me tiré a llorar horas y horas.
Se me fue toda la noche. Al día siguiente desperté muy agotada, pero tenía que ir a trabajar. Tenía 4 horas de clases y yo era responsable.
Debía responder. Me maquillé para evitar que se me vieran las bolsas y las ojeras. Me puse labial.
Traté de disfrazar mi tristeza, darle un poco de color para que la gente, o mejor dicho, mis alumnos, no la notaran. Pero en cuanto llegué, algunos como que me veían raro. Quizás se me notaban los ojos hinchados y rojos de tanto haber llorado y por la desvelada.
Sin embargo, Alexis, [música] él siempre tan lindo, se me acercó y me hizo un comentario. Qué bonita se ve hoy, maestra. Con todo respeto se lo digo.
Nunca antes la había visto maquillada, pero [música] me da gusto que quiera verse bien ese color. Le va bien. Creo que combina bien con el tono de sus ojos, pero bueno, ese no es el tema.
Quería hacerle unas preguntas sobre este [música] tema. Mire, aquí en la página 82 tengo una duda sobre estas ecuaciones. Por favor, ayúdeme.
De tener tan cerca a Alexis, empecé a divagar, pero lo hacía de una manera oscura. Tenía ganas de vengarme por lo que hizo mi esposo, porque si él se había conseguido una mujer más joven, entonces yo también podría hacer lo mismo. Esta tarde, cuando estaba en casa, pensaba solamente en Alexis.
Quería tenerlo ahí para mí. [música] para desquitarme, pero a la vez para disfrutar del amor de un hombre, de uno que me quisiera. Ese halago que me hizo no se desprendía de mi mente, [música] de mis emociones.
Así que recordé en ese instante que en uno de los libros de brujería había visto un ritual para hacer un amarre y entonces poderá atraer y enamorar a la persona deseada. Y yo ya tenía la persona, solamente me faltaba el trabajo de brujería. Al día siguiente, ya siendo fin de semana, me dirigí a la biblioteca temprano por la mañana.
[música] Pedí prestado aquel libro de brujería. La encargada de la biblioteca se me quedó viendo muy extraño, pero no me pidió explicaciones. Además, no se las iba a dar.
Ya parece que le iba a decir que quería el libro para buscar un trabajo que me ayudara a conquistar a un muchacho [música] tal cual le doblaba la edad. Eso sería ridículo, pero bueno. Tomé el libro y subí a mi auto y me dirigí [música] hacia mi casa.
Cuando llegué y me estacioné, me di cuenta que en la cochera faltaba el auto [música] de mi marido. Ya empezaba a dolerme su ausencia y no tenía noticias de él. Pero en fin, me bajé del auto, me metí a [música] la casa y empecé a preparar todas las cosas.
Ya tenía una fotografía de Alexis, unas velas rojas, un poco de miel, algunas esencias que había comprado. Y con todo y esto tomé la fotografía. Al reverso escribí a modo de deseo que el amor de Alexis me perteneciera, que sin importar el límite de las edades, [música] él estuviera conmigo, que yo en su corazón y también estuviéramos juntos en la cama, que nuestro romance fuera hermoso, bonito, sin importar los prejuicios de la gente.
Yo pensaba que si mi marido podría andarse paseando con una mujer más joven, ¿por qué no podría hacerlo yo de la misma forma? Aunque entiendo los estereotipos y las cosas como son, pero yo en ese momento por la ira, por las ganas de desquitarme, tenía la mente bien nublada. Aún así, terminé el trabajo de brujería.
Lo metí todo en un pequeño frasco, lo sellé bien y lo guardé dentro de mi closet. No sabía cuánto tiempo tardaría en funcionar aquello, pero tenía fe en que sí, porque si una vez ya me había ayudado la brujería a conseguir un mejor trabajo, entonces con el amor no sería distinto, pero habría que esperar a ser paciente y yo estaba dispuesta a hacerlo con tal de saber si la brujería me ayudaría. Transcurrieron días y todo estaba normal.
En las clases, los alumnos, en lo suyo y yo también. Pero cerca de tres semanas después, Alexis empezó a llegarme con muchas, [música] muchas dudas. Pero también, ¿saben qué?
Yo creí que él las hacía para acercarse a mí, porque siempre me veía y me daba el buen visto a mi maquillaje. Pero regresando al tema, como vi que Alexis tenía muchos problemas, le hice una propuesta que le convenía y que para mí era como un arma de dos filos. Pero después de haberlo pensado, tuve que soltarle la propuesta.
Alexis, [música] me he dado cuenta de que tienes muchos problemas últimamente. Me gustaría ayudarte, darte una asesoría personal del costo. Ya después lo vemos.
Sé que por ahora no tienes trabajo, pero ¿por qué no vienes a mi casa por las tardes? Los días que tú quieras a la semana. Ahí yo te puedo ayudar y vas a ver cómo mejoras.
Yo espero que sí lo hagas porque los exámenes finales están cerca y no me gustaría que reprobaras porque los exámenes extraordinarios de esta materia son pesados. [música] Mejor que te pongas al corriente ahora. A Alexis le pareció buena idea.
Pusimos horario y fecha y así con ansias. [música] Yo estaba esperando el día. Sabía por dentro que la brujería de alguna forma estaba acomodando las cosas, pero nunca me imaginé todo lo que estaba por venir.
Llegado el día, me arreglé, me puse coqueta. Yo no estaba tan mal físicamente, [música] si ya estaba un poco arrugadita, pero la verdad es que me seguía viendo muy guapa. Y pues con todo y esto, abrí la puerta en cuanto sonó el timbre.
Alexis estaba ahí. También se había puesto una camisa, unos zapatos, como si en su mente inconsciente ya supiera directamente a lo que iba. Nos sentamos a la mesa, le ofrecí un poco de café.
Él me dijo que prefería un té, así que preparé café para mí y un té para él. Y ya estando ahí con los libros en la mesa y los cuadernos, empezamos a platicar. No sé en qué momento nos salimos del tema y como estábamos así, silla con silla, uno al lado del otro, de pronto llegó un momento en que ya no me pude contener.
Al ver esa sonrisa tan brillante, tan inocente y con esos labios tan tiernos de aquel joven, terminé plantándole un beso. Alexis respondió, "No sé si no supo qué hacer, pero cuando el beso terminó, él se levantó de la silla y estaba a punto de irse, pero yo lo detuve. Perdóname, Alexis, no fue mi intención que te incomodaras.
Por favor, siéntate. Vamos a platicar un poco. Alexis se regresó.
Se sentó. Estaba nervioso y movía sus manos con rapidez. Se notaba que la ansiedad estaba a flor de piel, pero él me respondió y lo que me dijo no me lo esperaba.
Lo siento, maestra Hortensia. El problema no es que me haya besado, es que usted tomó la iniciativa y en mi cabeza yo sentía que yo era el primero en dar el paso. Eso me hace sentir fracasado.
[música] Pero no le voy a negar que me gustó el beso. Usted me gusta, maestra. [música] Ya tiene tiempo que se me hace muy bonita y hasta siento que la deseo.
Me acerqué junto a Alexis, le tomé la mano, le acaricié el rostro y entonces le dije una cosa. Yo también te confieso que me gustas, Alexis. Me siento enamorada de ti.
Sé que hay una gran diferencia de edad entre nosotros, pero lo que siento no lo puedo contener, no lo puedo controlar tampoco. Pero si tú estás de acuerdo, vamos a intentar algo, ¿te parece? Podemos ser discretos al principio, tú sabes, por temas de que no tengas problemas en la universidad, pero por ahora lo que me gustaría es que nos demostremos ese cariño.
Alexis aceptó y comenzamos a besarnos. Fue un beso tierno, lento. Yo llevaba un poco más la iniciativa, ya saben, por la experiencia.
Él se veía que no había estado con muchas [música] chicas, incluso hasta le temblaban las manos. Pero aún así, lo guía hacia mi recámara para ahí comenzar a consumar aquel acto. Lentamente nos desvestimos al ritmo de la música.
Yo sentía que de un momento a otro estaba rejuveneciendo, como si mi reloj biológico hubiera retrocedido un par [música] de décadas. Yo me sentía llena de energía, llena de deseo. Así que me entregué en cuerpo y alma a aquel joven [música] que, aún con su inexperiencia, logró hacerme sentir maravillosa.
Yo lo miraba mientras se movía, mientras me besaba. Para mí, el ver Alexis era como ver a Damián cuando era joven, a mi ausente marido que me había abandonado, porque de alguna forma en Alexis vivía el fantasma de ese viejo amor que en [música] aquellos años aún era puro, era un amor noble y que tenía las mejores intenciones de perdurar en el tiempo. Pero la realidad termina [música] con todo.
Mi marido ya no estaba y por ese momento dejé de pensar en él. Tenía que concentrarme en el buen chico que tenía encima mío. Terminamos abrazados.
Nos dormimos un rato. Cuando abrí los ojos ya eran como las 10 de la noche y era muy tarde. Levanté a Alexis para que se fuera a su casa.
De hecho, yo lo llevé. No quise llevarlo hasta afuera para no levantar sospechas por el momento. Tanto Alexis como yo quedamos en que mantendríamos en secreto la relación.
nos veríamos de vez en cuando en mi casa o en algún otro lugar. Y así fue. Los siguientes meses [música] nos veíamos en los moteles, nos veíamos en cafés donde casi no había gente.
Íbamos a lugares escondidos para que nadie nos viera. Pero, ¿saben? Cuando alguien se expone demasiado, es normal que en algún momento, en algún punto, se cruce con alguien conocido y esa persona puede que no sea la mejor o que no tenga las mejores intenciones.
En una ocasión, Alexis y yo íbamos entrando a un motel, íbamos en el auto y aquel motel todavía era un poco antigüito, no era como los de ahora que tienen una gran privacidad. Después de llegar al estacionamiento, pagamos y fuimos por el pasillo para entrar a nuestra habitación. Pero en eso, allí mismo en el pasillo, nos encontramos con otro de mis alumnos, uno que aunque tenía buenas calificaciones, no tenía buen tema de conducta y pues aquel en cuanto nos vio no pudo [música] quedarse callado.
Pero, ¿qué está pasando aquí, Alexis? Tú con la maestra Hortensia. De veras, esto está pasando.
A ver, por favor, no sé si me tomé muchos tragos. Esto es ridículo, amigo. Está bien que te gusten mayores, pero que hayas ido hasta al panteón para sacar una momia, ahora sí que te la volaste, cabrón.
Pero bueno, no quiero echarles a perder su buen momento. Yo también tengo cosas que hacer. ¿O a poco no, preciosa?
Vámonos ya, que se me están calentando las cervezas. Aquel tipo tenía una muy mala actitud. Su nombre era Gustavo.
Lo vimos irse y Alexis estaba bien enojado. Estaba furioso y yo no sabía qué decirle. Le pregunté si eso le apenaba, entonces podríamos retirarnos.
Pero él me dijo que no, que no importaban las palabras de Gustavo, que nosotros teníamos que cumplir [música] a lo que íbamos, porque al final prejuicios como ese los veríamos en todas partes [música] y tendríamos que irnos acostumbrando. Aquella noche que entramos a la habitación, Alexis estuvo un poco distante, como que no lo sentí muy concentrado. Era evidente que las palabras de Gustavo le habían calado en el alma, en el ego.
Y por ello es que teníamos que aprender a manejar la situación. Sin embargo, iba a ser mucho más difícil de lo que imaginábamos. Lamentablemente Gustavo no se quedaría callado.
Empezó a esparcir aquello con los compañeros. Empezaban a hacer burlas, nos hacían memes [música] y la circunstancia se salió tanto de control que aquellos chistes, los rumores y todo llegaron a la oficina del director y de inmediato me mandó llamar. Como era de esperarse, aquel ya tenía mucha información, quizás hasta había hablado con Gustavo ya aquel le había contado todo.
Y lamentablemente en esa discusión yo salí perdiendo porque me despidieron, me echaron de patitas en la calle. Estaba demasiado triste [música] porque a Alexis probablemente también le harían lo mismo. Y en efecto, así sucedió.
Además, él ya no quería estar ahí, [música] ya no soportaba las burlas. Por ello es que dignamente se retiró, se fue de la universidad. Para él fue un golpe duro porque había invertido [música] mucho dinero que sus papás le habían apoyado para los estudios.
Sin embargo, el problema fue que más allá de esto, a mi celular me seguían llegando memes, burlas [música] y también a Alexis. Yo ya no sabía qué hacer para detener todo aquello. A Alexis yo ya no lo había visto.
Sus papás no lo dejaban salir a que me buscara. lo tenían sentenciado y yo no sabía qué hacer. Duré días pensando en buscarlo, en llevarlo a mi casa a vivir conmigo, pero sentía que era muy egoísta, [música] que tenía que liberarlo, pero la verdad es que no quería porque necesitaba de él, de su presencia, de que me hiciera suya y esa mala decisión terminaría empeorando las cosas, mucho más, sobre todo para Alexis.
Lamentablemente esta historia no termina bien, pues una mañana fui llamada a declarar por una situación, supuestamente una venganza o un crimen pasional. Ya estando ahí me contaron todos los oficiales. No más vi que tenían a Alexis arrestado y necesitaban esclarecer bien las causas del por qué Alexis había tomado la decisión de cometer un crimen.
Así es, [música] un crimen en contra de Gustavo. Cuando me contaron todo, resulta que un día a la salida de las clases, Alexis estaba esperando a Gustavo, muy cerca de donde este tomaba el autobús para ir a su casa. Cuando Gustavo se acercó al paradero, Alexis llegó y por detrás le clavó un picelos en varias ocasiones por la espalda, haciéndolo caer, mientras que todos asustados se retiraban.
Alexis ahí con el cuerpo de Gustavo, seguía picándolo en el piso, mientras que la sangre se esparcía. La gente se asustaba, se preocupaba. Tenían miedo.
No querían acercarse porque sabían que Alexis estaba descontrolado y podía atacarlos también. Alexis se cansó de picotear el cuerpo. Terminó de rodillas ahí a un lado.
Dicen que a lo mejor le impresionó mucho lo que hizo porque empezó a vomitar y en ese momento alguien se acercó para arrebatarle el arma. Él ya no quiso escapar. ya no tenía caso.
Estaba desmoralizado y reconociendo que había cometido un crimen. Él no era un cobarde. Y por esa razón es que los oficiales llegaron momentos después y lo arrestaron para llevarlo detenido a la delegación.
No me dejaron hablar con él, simplemente me preguntaron qué había ocurrido. Yo conté toda la verdad, conté todo lo que sabía y lo que habíamos vivido. Y me imagino que en base a eso se tomaron decisiones.
Pero esto no evitó que Alexis recibiera una fuerte condena. [música] Él hasta la fecha se encuentra encerrado pagando un crimen que de alguna manera yo provoqué. Utilicé esa brujería para que él me amara, para obligarlo a que decidiera que su corazón me quisiera.
Y miren, solamente le eché a perder su vida. Él tenía todo por delante. Una carrera brillante, un futuro, una profesión.
Yo ya no tenía nada. Así me hubiera quedado, porque al final así sigo ahora. Mi esposo Damián ya rehzo su vida.
Al parecer ya estaba a ser papá. A él le fue bien porque es hombre. Al final la edad solamente les pertenece a ellos.
Una mujer madura no tiene tantas esperanzas como un hombre de la misma edad. [música] Y pues aquí sigo sintiendo el peso de la culpa porque mientras Alexis esté en prisión, yo no [música] voy a estar tranquila. De hecho, sé que tengo que pagar un alto precio y con gusto lo recibiré.
Si Dios me condena, me enjuicia y me manda a quemarme en el infierno, creo que es lo mínimo que puedo recibir. De verdad, nunca pensé que la brujería terminara tan mal. Destruí todo lo que había a mi alrededor y creo que la soledad más oscura es [música] mi castigo, o al menos uno de tantos que recibiré.
Quiero que mi testimonio quede como prueba para que quien no sea utilizar esos poderes mejor se retracte porque al final tendrá un destino similar al mío [música] o incluso peor, porque de verdad nada se compara el peso de una culpa, porque incluso la muerte puede sentirse [música] más serena, más tranquila, pero mientras viva y la sangre corra por mis venas, seguiré sufriendo por todo lo que he provocado y porque nunca, nunca debía haberme metido. a usar brujería.