Así se ve hoy parte del paisaje de Atacama, estamos en el norte de Chile, en el desierto más seco del mundo. Estas montañas están formadas por miles y miles de toneladas de ropa usada, la que se desecha sobre todo en Estados Unidos y Europa. Lamentablemente hemos transformado nuestra ciudad, nuestra región y nuestro país en el basurero del mundo.
La gente pobre paga los platos rotos por este modelo de negocio donde nadie se quiere hacer cargo. Iquique está 1. 800 kilómetros al norte de Santiago, la capital chilena.
Por su puerto ingresan cada año unas 59 mil toneladas de ropa usada. Una gran parte llega a la Zona Franca, conocida como Zofri. Aquí operan más de 50 importadores de prendas de segunda mano que intercambian sus mercancías libres de impuestos.
Nosotros traemos desde Estados Unidos pero también llega ropa de Europa. Nosotros acá hacemos una selección, en el cual se saca un fardo de primera, de segunda y también fardo de tercera. En la primera se entiende que va la mejor prenda, sin detalles, sin manchas, impecable.
En la segunda puede ir una prenda sucia, descosida. La tercera sí es un producto más deteriorado, de todas formas. Son estos fardos, los de tercera categoría, los que normalmente son desechados.
Se calcula que 40 mil toneladas al año terminan en los basurales. Uno de los vertederos más grandes de Chile -y el mundo- se encuentra en Alto Hospicio, una comuna con altos niveles de pobreza. Aquí se pueden encontrar todo tipo de prendas.
La ropa de segunda mano se vende en todo Chile, y es un negocio completamente legal. Lo que no está regulado es qué se hace con lo que no se vende. El problema es que solo un 15% es lo que se vende como segunda mano, el 85% viene a dar a los vertederos clandestinos.
Es basura. En Chile se prohíbe dejar los desechos textiles en los vertederos habilitados porque afectan la estabilidad del suelo. Aquí hay gente que se dedica, uno le paga, y viene, recoge su fardito, se lo lleva, hay gente que lo recicla, lo vuelve a reciclar y lo vende en la feria, y me imagino que la botarán.
Yo boto el 1% pero a lo mejor una persona que no sabe va a botar el 20% porque no entiende. Carmen García es una de las cientos de personas que le compran ropa a los importadores de la Zofri. Después, la revende en la enorme feria La Quebradilla, a pocos kilómetros del vertedero.
Todo lo que ves aquí viene de la Zofri. Si tienes suerte, te sale todo lindo. Pero hay momentos en los que inviertes y se va todo a la basura.
Y esa basura va parar a este cementerio de ropa, donde hay prendas que demoran unos 200 años en desintegrarse. En la antigüedad utilizábamos algodón, en estos momentos que el material que utilizamos predominante es el poliéster. ¿Qué es el poliéster?
Es justamente un polímero sintético que tiene un tiempo de biodegradación de muchos años en comparación con el algodón. Esto no solo es una amenaza para la biodiversidad de esta icónica zona sino también para la salud de las cientos de personas que viven a sus alrededores. La ropa como no tiene una disposición legal hasta el día de hoy, la única solución es quemarla.
Y cuando se quema, la polución y el humo hace que para nosotros sea un grave problema. A nosotros nos genera un incendio anual de grandes proporciones. Aquí hay poblaciones que viven dentro del basurero, ellos están inhalando directamente estos gases que se producen.
Entre quienes se pasean por estos basurales, hay muchos migrantes venezolanos. Llegan a Chile sin ropa y aquí encuentran no solo algo para vestir sino también para ganar unas monedas con su reventa. El problema de los desechos textiles no es nuevo.
Chile es uno de los mayores importadores de ropa usada de América Latina. Y con el aumento indiscriminado de la llamada “moda rápida”, la acumulación de desechos crece desde hace 15 años. Y la solución no es sencilla.
No es fácil conciliar tantos intereses para poder hacer una solución tajante, y decir, sabes que, se prohibe el ingreso de ropa usada. Efectivamente hay un mal manejo de estos residuos y es así como se han ido acumulando. Más allá de una autocrítica como Estado, es la coordinación entre los diversos servicios públicos que tienen competencia en esta materia, Pudiera hacer un llamado a la conciencia ambiental de los empresarios que importan para preferir ropa de buena selección, en buen estado, no importar basura.
Y también a los países que venden. Recientemente, los desechos textiles fueron incorporados en una ley que obliga a las compañías que importan ropa a hacerse cargo de sus residuos Esto puede ser una posible salida a la crisis. Pero, hasta el momento, no hay recursos suficientes para fiscalizar el transporte ilegal de la ropa hacia los vertederos clandestinos.
Nos queda corto el presupuesto para poder contratar más gente como fiscalizadores. Tenemos hoy día a 7 inspectores municipales que hacen la tarea de fiscalización. Franklin Zepeda reutiliza parte de la ropa que se va a desechar para construir paneles de aislación térmica.
Es uno de los pocos empresarios que se dedica al reciclaje de la ropa en la zona. Nosotros la transformamos en el producto que hacemos, que es una aislación térmica, acústica y también retardante al fuego para la construcción. Su empresa recibe 3 toneladas diarias de residuos textiles.
Queremos agrandarnos para poder abarcar entre 10 y 15 toneladas por día, que es lo que genera más o menos la industria textil en la zona. Mientras se buscan soluciones, la ropa se sigue acumulando día tras día. Cuesta ser conscientes cuando uno tiene los medios para adquirir bienes y servicios.
Cuesta mucho enterarse de estos problemas porque Chile está lejos de Europa. Nadie quiere vivir en un basurero. Alto Hospicio es hoy el patio trasero, ni siquiera de Iquique o de la región, sino del mundo.