Abya Yala le llamaban a América los indígenas Kuna de Colombia y Panamá. Significa tierra en plenitud. En Brasil y lo que hoy es Paraguay le llamaron Pindorama, que en lengua tupí y guaraní, significa “tierra buena para plantar” o “tierra de palmeras”.
¿Cómo fue que pasamos de esos nombres indígenas, al que todos conocemos hoy de América Latina? Y ¿qué tuvo que ver Francia con eso? Empecemos por ver cómo pasamos de los nombres ancestrales al de América.
Muchos de esos nombres fueron borrados por la colonización, que impuso la religión católica y la lengua española, y en ese proceso exterminó a gran parte de la población indígena. Primero le llamaron Indias Occidentales, porque pensaban que habían llegado a India, o Nuevo Mundo. Pero fue este mapa en el que por primera vez se puso oficialmente el nombre.
Era 1507 y su creador Martin Waldseemüller, usó una variante del nombre de Americo Vespucio para nombrar por primera vez América a esa masa de tierra. Y este fue el primer mapa que representaba claramente un hemisferio al occidente, separado de Asia, con el Pacífico de por medio. Algo que cambió para siempre la comprensión europea de un mundo que anteriormente estaba dividido en sólo tres partes: Europa, Asia y África.
La idea de un continente completamente separado de Europa tardó años en asentarse, pero mientras tanto a lo largo del siglo XVI los colonizadores españoles habían dividido a este territorio en cuatro virreinatos: Nueva España, Perú, Río de la Plata y Nueva Granada. Pero entonces el siglo XIX se estrenó con las guerras de independencia y una “revolución” identitaria que también incluyó su cambio de nombre, o mejor dicho, la búsqueda de uno propio. El contexto era una región devastada por la guerra y que se iba construyendo en torno a lo que les unía.
La identidad surgió antes que el nombre. Comenzaron a buscar una identidad desde México hasta la Tierra del Fuego hasta Chile. Y era básicamente haber sido colonia española, haberse mantenido fieles a la iglesia católica y además el haber tenido un componente indígena muy fuerte.
También se reconfiguraron los mapas, los virreinatos desaparecieron, y en su lugar, surgieron nuevos Estados: La Gran Colombia que existió de 1819 a 1831, la República Centroamericana de 1824 a 1841 o la breve Confederación Perú Boliviana que apenas duró 3 años, de 1836 a 1839. A esa América ya libre comienzan a llamarle de muchas maneras. "América que fue española" o la "América antes española", América Meridional.
Luego comienza a identificarse a América con el lenguaje que se habla. Se dice América, Hispanoamérica y luego Iberoamérica para incluir a Brasil. A todo esto, surgía con el nombre otro problema (que de hecho aún no se ha logrado solucionar).
Para este momento, ya Estados Unidos se había independizado de Gran Bretaña. El 4 de julio de 1776 nació en el norte un nuevo país: Estados Unidos de América. Porque ya los norteamericanos, al declarar su independencia, se habían apoderado del nombre América y es una de las razones por las cuales es imposible cambiar el nombre del continente porque una enorme cantidad de personas llaman a su país, América.
Así que, ya libres de España, había que diferenciarse de esa parte del continente. Entre las primeras referencias escritas de la expresión América Latina está la del colombiano José María Torres Caicedo en un poema de 1856: "La raza de la América latina al frente tiene la raza sajona". Que era un trotamundos pero que tenía mucha influencia y presencia en París.
Él comenzó en el primer texto de 1 856 a hablar de América Latina, pero no con mayúsculas. Ese mismo año, el chileno Francisco Bilbao también hablaba en otro poema de dos Américas: una anglosajona y otra latina. Pero muchos historiadores coinciden en que incluso antes se le llamaba así en determinados círculos de intelectuales y de la iglesia.
En textos empieza a utilizarse en la década de los 30 y 40 pero es un término muy erudito por decirlo de alguna manera Y aquí es donde entra Francia en juego, porque esta idea de dos Américas también se atribuye a los franceses. Recordemos que desde el triunfo de la Revolución Francesa y hacia la primera mitad del siglo XIX estaba viviendo una gran transformación. Los franceses habían abolido la monarquía, por primera vez hubo una declaración de los derechos del hombre y el país se había convertido en una república.
Y en 1848 llega al poder Napoleón III, el sobrino de Napoleón I y quien buscaba, como su tío, convertir a Francia en una gran potencia. Para eso tenía que hacer frente al poder de Estados Unidos y de Inglaterra, en pleno auge de la revolución industrial. Napoleón III se presentaba al mundo como el mayor defensor de la tradición occidental católica.
Y uno de sus más prominentes ideológos, Michel Chevallier creó el concepto de panlatinismo. La idea de una “civilización occidental”, liderada por Napoleón III que aunaba el mundo latino a través del catolicismo y de la lengua, es decir, los idiomas que vienen del latín. Y que incluía a Francia, Italia, España y Portugal.
Chevallier, que conoció y describió el nuevo Mundo o América, comenzó a popularizar la idea de que esa región estaba dividida entre un norte anglosajón, protestante, y otra América que era latina, católica y mestiza y que también se asociaba entonces al panlatinismo. Así que en esa época de influencia y transformación, Michel Chevalier fue, según varios historiadores, el que más contribuyó a que se divulgara y popularizara el nombre de América Latina en el mundo. ¿Y qué pasaba en América?
Pues al norte, en la América anglosajona, Estados Unidos entraba en su era expansionista. Entre 1846 y 1848 tras la guerra con México, se quedó con la mitad de su territorio, lo que generaba temores más al sur. Mientras, las nuevas naciones que surgían en el sur vivían tiempos convulsos.
Y había un profundo sentimiento antiespañol en buena parte de las élites tras los siglos de colonialismo y expoliación. Para los liberales, la llegada del término, la aparición del término “América Latina” le resulta absolutamente útil, porque eso les permite diferenciarse, por un lado, de los anglosajones, pero tampoco referirse a España, sino referirse a una a una común civilización latina que englobaría: Italia, España, Portugal y Francia. Ya para la década de los 1860 el nombre se comenzó a popularizar tanto en Europa como en las excolonias españolas, tras el impulso que le dieron Napoleón III y Chevallier desde Francia.
Pero en esa popularidad también fue clave que la Iglesia asumiera el término. Desde allí se empieza a identificar lo latinoamericano como ese lugar del mundo donde la mayoría practica la religión católica. Aunque el nombre también ha tenido resistencia por no reflejar la identidad indígena y negra de la región.
Pero en definitiva, desde la década de 1870, a ese territorio desde el Río Bravo hasta la Patagonia, se le llama América Latina.