Dios les bendiga, hermanos, hermanos. Este es el hermano Benji Grajales. Vamos a continuar hoy con el estudio número cuatro de nuevo semestre. Eh, el tema es Dios humilla la soberbia y estamos basándonos en Daniel capítulo 4 y vamos a estar considerando los versos del 20 al 36. El que no tiene expositor, pues busque su Biblia. Daniel 4, porque ahí es donde vamos a estar dando lectura a la clase. Amén. Vamos a hacer una oración para dar comienzo. Padre celestial, te damos gracias porque usted nos ha permitido llegar nuevamente, Dios mío, a este pueblo precioso, a
su iglesia, Dios eterno, que tanto necesita. Necesitamos, Señor, de su ayuda, necesitamos de su fortaleza. Y al mismo tiempo, Dios mío, dándonos la oportunidad de llegar a este mundo perdido, Señor, que ande en oscuridad sin, Dios eterno, reconocer que hay un Dios que puede dar vida eterna. Te pedimos, Señor, que usted salve las almas, que usted toque los corazones, los que están decaídos, oprimidos, los que están desauciados, los que están, Dios eterno, triste, en este momento, usted vaya donde yo está a través de esta palabra y de su Espíritu Santo, Señor, y haga la obra
perfecta que solamente usted sabe y puede hacer. Te lo pedimos todo, Padre eterno, en el nombre precioso de Jesús. Amén. Dios humilla la soberbia. La semana pasada hablamos de un tremendo milagro, lo que podíamos decir el milagro del horno de fuego, donde el rey Nabucodonos metió a tres varones hebreos porque no se doblegaban a su estatua. Y vimos como el mismo Jesús apareció en medio de ellos, los protegió y los cuidó. Y una vez esto ocurre, dice la palabra que el rey errupta en alabanza a Dios. Amén. Y entre las cosas que el rey dice
es que decreta y pide y exige que el Dios de los hebreos sea respetado, sea adorado, y que nadie impida la adoración de los hebreos hacia su Dios. Tremendas palabras. Pensaríamos que el rey Nabucodonosor en este momento se había arrepentido y convertido. Pero nos vamos a dar de cuenta en la clase de hoy que todavía no tenía un conocimiento perfecto, porque hay personas que conocen de Jesús, hay personas que conocen de Dios, hay personas que respetan a Dios, pero todavía no han dado su corazón a Dios. Y eso es lo que queremos. que hoy usted,
amigo, haga. Bendito sea el Señor. Estos jóvenes una vez fueron eh libertados, protegido por Dios. Ahora dice la palabra que el rey Nabucodonosor los ascendió a otra posición mayor que la que tenían. Bendito sea Jesús. Vea, el rey paso a paso está acercándose a Dios. paso a paso, al parecer está reconociendo quién es Dios y él manda un mensaje de paz a todo su imperio que dice toda la tierra, léalo en el capítulo 4, eh, toda la tierra, toda lengua, toda cultura, toda nación. Para que usted vea el dominio que tenía Nabucodonosor, le dice, "Estamos
en paz." le mando un mensaje no para castigarlo, sino para dar testimonio del Dios de estos hebreos. Mira lo que dice él hablando. Dice, "Conviene que yo declare las señales, sus milagros que el Dios altísimo ha hecho conmigo? ¡Cuán grandes son sus señales! y potentes sus maravillas. Su reino esempiterno, es para siempre. Su señorío de generación en generación. Bendito sea el Señor. Ah, pero a pesar de estas palabras, el rey todavía tenía un problema de orgullo personal, de soberbia. era un rey que estaba centralizado en sí mismo. Para él todo el mundo giraba alrededor de
él. Ah, y ese orgullo era necesario que fuera removido. Porque cuando aceptamos a Jesús, cuando recibimos la salvación de Dios, no puede haber en nosotros soberbia ni orgullo personal. Tenemos que aceptarlo humillado, reconociendo que nos ha llegado por el favor y la misericordia de Dios. Aproximadamente 8 años, luego del primer sueño que tuvo Nabucodonosol, aquella estatua, ¿verdad?, que tenía cabeza de oro, pecho de plata. Ya ustedes saben la historia porque lo hablamos en una de las primeras clases. 8 años después de aquel primer sueño donde al parecer a Nabucodonosor se le realza, pero se le
realza con una advertencia. Todo lo que usted tiene es porque Dios se lo ha dado. Ahora, 20 años luego del comienzo de su reinado, Nabucodonosor tiene otro sueño, un sueño que es dado por Dios. Y este sueño, dice él que una noche en que él estaba tranquilo en su palacio, pero estaba nervioso, dice que se paseaba de lado a lado. Dice que le vinieron muchas cosas a su mente. Esto habla muy adelante del problema mental, emocional y psicológico que tenía este hombre. Amén. dice que una noche salió soñando de un gran árbol. Vamos a hacer
mención al árbol y al sueño más adelante cuando Daniel lo explique. Pero en esta ocasión Nabucodonosor no hizo como la primera vez. Esta vez cuenta su sueño a todos los magos, a todos los sabios. Fíjese, y todavía no sé específicamente el por qué no manda a buscar a Daniel desde el principio, porque él le cuenta esto a sus consejeros, a sus sabios y como sabemos, ninguno de ellos puede dar pies con bola en lo que esto significa. Ah, pero ¿qué pasa? El rey entonces manda a buscar a Daniel. Este rey, como le dije, mis amados,
sufría de ciertos trastornos mentales, la cual y los cuales los que estaban alrededor de él lo habían conocido y lo sabían, pero por una u otra razón es probable que lo hubieran tapado. Hay líderes que actúan a veces irracionalmente, pero por miedo muchos tratan de tapar. Muchos no se atreven dilatarlo porque el rey Nabucodonosor tenía un genio feroz. El que lo cruzara la iba a con él. Este era un rey que, por así decirlo, según lo lo lo que yo voy leyendo como médico, pienso que entre las cosas que él tenía era histeria. tenía problemas
de psicosis, que veía o quién sabe interpretaba cosas que no eran verdad, sufría de muchos temores. Era un hombre, quién sabe, hasta sonámbulo, porque dice ahí que el sueño se le iba, sufría de insomnia. Usted sabe que el sueño es algo precioso que Dios nos ha dado a nosotros los humanos. Y hay enfermedades mentales donde uno de los síntomas es la insomnia. Cuando el la mente humana no puede dormir y no puede relajarse y no puede, por así decirlo, calmarse y no puede conseguir el sueño, pueden que lleguen ciertos trastornos. sufría de amnesia, es decir,
que no se acordaba muchas veces de las cosas que había dicho o que había hecho. Porque acuérdense que cuando Daniel interpretó el sueño a Daniel y sus amigos los puso en en altos puestos. Pero cuando estos muchachos desobedecen la orden de doblegarse ante aquella estatua de oro que él había hecho por así es como si una como si él nunca los hubiera conocido, como si él nunca le hubiera eh conferido a ellos cierta confianza y honor, sino que los trata de una manera cruel. Esto habla mucho del problema emocional y mental de este rey. Ah,
pero él no era el único. Porque si usted se mete a la historia, muchos de los emperadores grandes que hubieron, desde el César, desde Alejandro el Grande, muchos a través de la historia, hombres y líderes grandes, uno de los más frecuentes fue Hitler, eran personas con problemas mentales serios. Ah, sin embargo, aún así, Dios permite que estos hombres lleguen a ser líderes en un tiempo, porque Dios es quien pone líderes. Amén. Y Dios pone a veces líderes que la gente desea. La gente desea una clase de líder, pues le da ese. ¿Se acuerdan de Saú
cuando el pueblo pidió rey? Oh, ustedes quieren al rey. Pues le voy a dar uno que va a abusar de ustedes y los va a subyugar. Ah, a veces es que el pueblo o la nación se merecen ese líder por haber desobedecido a Dios. Ah, sí. Pero Dios hace según él desea. ¿Por qué permitió un hombre con eh facultades mentales un poco eh inestables y de un genio tan feroz como Nabucodonosor llegar a ser un autócrata y el líder de todo el mundo civilizado? Porque Dios tenía un propósito con él. Amén. Finalmente, Daniel es convocado
y el rey entonces le cuenta el sueño a Daniel. Aquí no le dice, como le dijo con el primero, cuéntame el sueño y después explícamelo. Sino que él aquí le cuenta el sueño. La Biblia dice que cuando Daniel oyó el sueño, se quedó atónito y se quedó callado por una hora. Eso da mucho que decir al rey y a nosotros. Amén. Ah, porque Daniel sabía el significado de este sueño. Daniel sabía lo que esto representaba para el rey. Daniel sabía que lo que iba a decir, quién sabe, no le iba a agradar mucho al rey,
mientras que el primer sueño lo exaltó. En este es todo lo contrario. En este le dice que algo va a pasar. Bendito sea el Señor. Y por lo tanto, cuando él se queda calladito, el rey le dice, "Daniel, ¿qué pasa? ¿Por qué no me contestas? Yo sé que tú conoces." Y Daniel, fíjesen eh eh eh lo lo gentil de Daniel, primeramente lo llama mi señor rey. Le dice, "El sueño sea para tus enemigos." Es decir, que lo que viste en el sueño sea para tus enemigos y para los que desean tu mar. Pero aún así,
Daniel no ocultó lo que el sueño representaba. Bendito sea el Señor. Amén. Usted sabe, mi amado y mi amigo, es bueno saber la verdad como es. Porque cuando conocemos cómo es la verdad, nos arreglamos si estamos mal. Si conocemos como es la verdad, podemos ir ante Dios y pedir perdón por nuestros pecados. No es bueno, no es bueno que vayamos una iglesia donde no se nos advierta cuál es el pecado y no se nos diga lo que es bueno y lo que es malo, porque es siempre saludable ir con la verdad. Yo como médico me
he dispuesto siempre decir la verdad al paciente. Me he dado con ciertas familias, hermano Hugo, que me han dicho, "No le diga nada a papi, a mami. Tápale. Por supuesto, hay tiempos correctos y tiempos no correctos para decir las cosas, pero debe de siempre decirse la verdad. Si hay un paciente que tiene un cáncer terminal o una situación que yo veo que que la cosa está seria, no le voy a mentir decirle, "Usted está como coco, usted va a durar 15, 20, 30 años cuando yo sé que lo que le quedan son 6 meses." Usted
ve, tenemos que ir con la verdad. Daniel tenía un corazón noble. Y yo puedo ver a Daniel como un siervo del Señor, que las cosas se le hicieron un poquito duras cuando tenía que anunciar el juicio y el castigo y la ira de Dios sobre el rey. Pero hay que decirlas. Ya. Y ahí entonces vamos a dar comienzo a la clase. Hermana Olga, léame el verso 20 hasta el 22. Dios les bendiga, mis amados hermanos. La la palabra con la bendición del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. Amén. El árbol que viste que
crecía y se hacía fuerte y cuya copa llegaba hasta el cielo y que se veía desde todos los confines de la tierra, cuyo follaje era hermoso, su fruto abundante y en que había alimento para todos, debajo del cual moraban las bestias del campo y en cuyas ramas anidaban las aves del cielo. y el 22, por favor. Tú mismo eres, oh rey, que creciste y te hiciste fuerte, pues creció tu grandeza y ha llegado hasta el cielo y tu dominio hasta los confines de la tierra. Amén. Es aquí el sueño de Nabucodonosor es que él ve
un árbol, un árbol que llega hasta el cielo, un árbol fuerte, un árbol que tiene raíces profundas, un árbol que tiene un tallo grande, un árbol que tiene muchas flores, muchas frutas y mucho follaje. Y es un árbol hermoso, dice ahí, hermoso. Y ese árbol que subía hasta el cielo, dice que cubría, por así decirle, y se podía ver todos los confines. De donde quiera que estuviera parado alguien podía ver ese árbol. Y era tan hermoso y tan espectacular que dice que con ese árbol solamente había suficiente alimento para todos los que estaban a su
alrededor. Había fruto, había toda clase de buena voluntad, aún para los que estaban cubiertos o las bestias debajo de ese árbol y en el campo. Y las aves del cielo hacían sus nidos en ese árbol. Fíjese qué árbol tan espectacular. Bendito sea el Señor. Un árbol que yo estoy seguro que nadie había visto, ni Nabucodonosor ni Daniel. Esto es un árbol que ha crecido no por voluntad humana, sino porque un ser mayor así lo ha permitido. Este árbol ha llegado a cubrir toda la tierra. es como él, no hay otro. Y ese árbol continuaba creciendo.
Bendito sea el Señor. Dice que se hacía fuerte y crecía. Es decir, que no es que el árbol llegó a cierta estatura y tamaño y ahí paró, sino que continuaba creciendo. Ah, había vida en ese árbol. Bendito sea el Señor. Tenía sus pies sobre la tierra. Pero su cabeza, por así decirlo, ¿qué? Su copa llegaba hasta el cielo. Bendito sea el Señor. Y mientras Daniel está hablando de ese árbol, ahora Daniel le dice, "Señor Rey, usted es ese árbol. Ese árbol ahora ha sido ha sido identificado como un ser humano, un rey que domina toda
la tierra. Usted sabe que cuando Nabucodonosor tomó el reino, jovencito, se cree medio a los 20 años, luego de la muerte de su padre, él estaba envuelto en una batalla que había ganado recientemente contra el rey Neco de Egipto. Y dice que volviendo para atrás iba camino ahora a tiro. Y en ese junto de tiempo fue que oyó que su padre había muerto y él volvió para atrás para ser coronado, porque él tenía otros hermanos que él sospechaba que quién sabe querían tomar el mando. Ah, y desde entonces Nabucodonosor empezó a crecer. Dios le dio
todas las naciones que él invadió. Nadie se podía parar ante él. Y aunque él cubría todo el mundo, dice que era el imperio de eh Nabucodonos. ah suficiente para poder sostener a todos los que él había traído hacia él, cuando dice ahí todas las aves, los animales, bendito sea el Señor. Ah, nunca se había visto un imperio así, un imperio tan poderoso. Babilonia, por así decirlo, alimentaba a todos ah los que había anexado. Bendito sea el nombre del Señor. anexó a muchos pueblos. Ah, mucha gente vivían, por así decirlo, a cuesta de él. Bendito sea
el Señor. Y mientras él está viendo eso y se le dice, "Usted es árbol el cual ha crecido y el cual ha podido dominar todos los confines de la tierra. No hay lugar civilizado que usted no pueda ni haya podido dominar. Entonces, algo ocurre en la primera estatua, aquel aquella estatua que vimos, aquella aquel aquella señal que vio aquella imagen de aquel de aquella estatua que mientras estaba parada dice que se desprendió una piedra, no se sabe de dónde vino y tumbó, le dio a los pies y tumbó y destruyó toda aquella estatua. Ahora algo
similar ocurre. Ah, hermana Olga, léame el verso 23. Y en cuanto a lo que vio el rey, un vigilante y santo que descendía del cielo y decía, "Cortad el árbol y destruidlo, más la cepa de sus raíces dejaréis en la tierra con atadura de hierro y de bronce en la hierba del campo, y se y sea mojado con el rocío del cielo, y con las bestias del campo sea su hasta que pasen sobre él siete tiempos. Amén. Algo ocurre y lo que ocurre es que este árbol es derrumbado. Este algo, este árbol viene a ser
cortado. Ah, viene a ser cortado. Un árbol que había sido cultivado de tal buena manera, un árbol que al parecer tenía eh era frondoso y era fértil. Ah, sin embargo, aparece una voz del cielo. Dice que aparece un vigilante y un que es santo. Aquí no se está refiriendo a Cristo, ¿no? Vigilante significa el que no duerme. Parece un ser del cielo que no duerme como nosotros. No necesita dormir y vigila y ve todas las cosas. Ah, usted sabe que los ángeles son llamados santos también. Amén. Una de las muchas citas, usted puede ir allá,
Marcos 8:38, donde dice, "Cuando venga él en la gloria de su padre, refiriéndose a quién? a Cristo y los santos ángeles con él. Son santos porque son los ángeles que están en el cielo ante Dios y Dios es santo y aquel que está ante su presencia es santo. No son como los ángeles caídos, ah, si no fueron ángeles que se permanecieron permanecieron fiel a Dios. Algunos han dicho que fue un arcángel, algunos le han puesto hasta nombre, pero aquí la palabra no menciona ninguna de esas cosas. Solamente dice que aparece un vigilante y santo que
descendía del cielo, porque el juicio viene de arriba. Amén. Amén. Esto no es un juicio que le viene a él, a Nabucodonosol en este momento, porque se le va a levantar otro imperio. Eso todavía no ha llegado. Esto es un juicio personal contra Nabucodonosor. No es contra su imperio. Su reinado va a continuar, pero él como persona va a sufrir. Y dice, amados, que este vigilante gritaba y decía, "Cortar el árbol y destruirlo, pero no le destruyan sus raíces." No le destruyan sus raíces. ¿Por qué? Porque este árbol otra vez volvería a retollar, porque esto
es un juicio para enseñar a Nabucodonosor a que sea ¿qué? humilde, porque Nabucodonosor era muy soberbio, altanero, orgulloso, duro de servir. Bendito sea el Señor. Ah, hoy en día hay muchos gobernantes y muchas personas que son así, tienen ese problema que tenía Nabuco Donosor. Ah, usted ve, hay personas que son muy soberbias y por esa soberbia Dios no los puede usar como quisiera. Hay personas que su orgullo echa a perder lo que Dios quiere hacer a través de ellos. Hay gobernantes que podrían ser mejor gobernantes si no fueran tan y tan arrogantes y soberbios. Amén.
Ah, porque sus arrebatos afectan a muchos. Mientras más alta es la posición, más afecto hay otros, dependiendo cuál es nuestra reacción y nuestra manera de ser. No dice que a Nabuconos lo trataron de matar. No, no dice aquí que fue que se cayó, no fue que vino un castigo de parte de Dios porque viene del cielo. Ah, y ese castigo lo iba a derrumbar, lo iba a hacer caer, no iba a ser el árbol tan grande que él se creía. Bendito sea el nombre del Señor. Ah, Nabucodonosor, como dijimos, tenía problemas, ¿verdad?, eh, emocionales. Era
un problema funcional que él tenía. De la misma manera podemos ver personas similares hoy en día que están eh en los manicomios, están en lugares donde necesitan ayuda, tratamiento. Muchos de ellos, igual que Nabucodonosor, sufren de amnesia, no se acuerdan de lo que hicieron o lo que dijeron. Muchos de ellos no saben verdaderamente quiénes son. Yo me acuerdo cuando yo estaba en escuela medicina y tuve que ser psiquiatría, uno de mis mis rotaciones que no me gustó para nada porque para ser psiquiatra hay que nacer. [risas] Pero tuve que hacer esa rotación y a veces
algunas de las personas que nos sacaban para que entrevistáramos, muchos de ellos creían que eran Napoleón, que eran el César, que eran el presidente de los Estados Unidos, porque muchos tienen también personalidades múltiples. Ah, no necesariamente saben en sí quiénes son. Y yo me imagino que el rey Nabucodonosor también sufría de esto. ¿Quién sabe? No digo, pero quién sabe. Una vez llegó a pensar que él era una bestia fuerte, un toro, un animal que nadie le podía hacer caso frente. Bendito sea el Señor. [risas] Era egocentrista. Él pensaba que todo giraba alrededor de él. A
todas estas cosas le está añadiendo la soberbia y el orgullo. Era orgulloso en gran extremo y esto lo transformó en él en una obsesión que tenía consigo mismo. En sus momentos de arrebato, a él no le importaba ni la esposa, no le importaba ni los hijos. No, amado, no le importaba ni la familia. Algunos escritos han dicho que algunas órdenes que él daba ni se acordaba haberlas dado. Eso en cierto sentido puede explicar por qué le cayó encima aquellos tres muchachos hebreos luego de haberlos levantado. Las órdenes que él daba, él mismo las rechazaba y
no las cumplía. A veces hablaba sin sentido. Quién sabe, en la corte los consejeros le daban alguna un consejo y él rechazaba. Bendito sea el Señor. De tal manera que sus átrapas, de tal manera que sus gobernadores estaban muy preocupados por él. Recientemente estaba estudiando yo que hay una tableta babilónica en el museo británico, una tableta que hace mención al rey de Babilonia y eh el miedo, la preocupación que tenían sus átrapas y sus gobernantes de este rey. Cuando ellos notaron que esto podría ser un problema serio en el futuro, si el rey fuera a
perder completamente su mente, dice en esa tableta que se acercaron a su hijo menor Evil Merodak para que se hiciera cargo de el reino. Si alguna vez su padre estuviera incapacitado, que viniera a ser como un regente, un suplente, alguien que pudiera estar ahí por si el rey le da un patatú, como decimos en Puerto Rico. Y eso aparece en esa tableta babilónica, aunque no aparece todos los detalles, pero eh eh en las palabras que se está dando y de quién está hablando lo lo lo los que estudian estas cosas, han podido decir que esto
se refería a Nubucodonos. Fíjesen ustedes. Y ahora viene Daniel a continuar con su interpretación. Hermana Olga, léame del verso 24 al verso 25. Esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia al Altísimo que ha venido sobre mí, Señor, el Rey, que te echarán de entre los hombres y con las bestias del campo será tu morada y con hierba del campo será tu morada y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes y con el rocío del cielo será bañado y siete tiempos pasarán sobre ti hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio
en el reino de los hombres y que lo da a quien él quiere. Bendito Dios. Qué palabras fuertes, pero verdaderas que vienen de parte de Dios. Aunque habla de un gran juicio que vendrá si él no se arrepiente, ahí también incluye una palabra de esperanza. Ah, esto será aproximadamente hasta que pasen siete tiempos. Siete tiempos son 7 años. Bendito sea Qué bueno que Dios tiene misericordia de nosotros aún. Cuando el hombre amigo se aparta de Dios, Dios continúa esperando por él y Dios ha dado mandado su palabra llamándote que vengas a él, que ya pasado
esos 7 años, es tiempo ahora de venir a Jesús, amigo. Bendito sea el Señor. dice que el rey sería cortado, como dijo aquel vigente, como dijo aquel vigilante santo que vio, sería cortado. Esta la interpretación, te van a echar de entre los hombres. Usted no va a parecerse un hombre, ni va a actuar como un hombre. Bendito sea Jesús. Esto es juicio de Dios. Porque Dios, amigo, detesta el orgullo, porque Dios detesta la soberbia. Cada persona que rechaza a Cristo como salvador está actuando como un soberbio. Le está diciendo a Dios, "Yo no necesito a
un salvador. Yo sé cuidarme por mí mismo. Yo sé cuándo mejorar las cosas. Yo soy dueño y señor de mi vida." Pues fíjese, hay uno que es sobre todos los hombres y ese es Dios. Y Dios detesta el orgullo. El orgullo o la soberbia fue el pecado original. Ah, sabemos que cuando Satanás era todavía un ángel de luz, ah, lo que vino a traer su caída fue la soberbia, fue el orgullo, la altanería. Y por lo tanto, todo hombre caído, ah, es retrato de esa soberbia que Satanás todavía lleva encima. Es el primer pecado que
es eh presentado allá en Proverbios 6:16. la altivez, la soberbia, el orgullo, la altanería. Muchos de los grandes líderes en el mundo a través de la historia han sido soberbios. El mismo César una vez dijo estas palabras, "Cuando llegué a Roma, Roma era de madera, pero yo la dejo ahora hecha de mármor." Fíjese, porque el orgullo corrompe. El orgullo no permite que el hombre se vea como lo que es un destituido de la gloria y la gracia de Dios. Nosotros no debemos de sentirnos orgullosos en cuanto a nuestra salvación. Ah, fíjate lo que dice allá
Jeremías 9 del 23 al 24. ¿De qué no debemos de sentirnos orgullosos? Dice Jehová ha dicho así, no se alabe el sabio en su sabiduría. No podemos alabarnos ni levantarnos porque sabemos o porque aparentemente somos sabios o conocemos algo que otro no conoce. Dice, "Tampoco no se alabe en su valentía. ni el rico en sus riquezas. Todas estas son razones por las cuales los hombres se dan en el pecho y dicen, "Yo me lo merezco, yo soy mayor." Dice, "Más alábese en esto." En esto es que no tenemos que alabar, en entenderme, dice Jehová Dios,
y en conocerme que yo soy Jehová, que hago misericordia, que hago buen juicio, que hago justicia en la tierra, porque estas cosas yo quiero. ve en orgullzcámos en la misericordia que Dios nos ha tenido con nosotros. Ah, en los e en la justicia que nos ha sido dada a través de Cristo, porque él ha puesto sobre nosotros su justicia. La salvación que tenemos automáticamente debe de excluir el orgullo. Amén. Si usted es orgulloso cuando viene a Cristo, el orgullo y la soberbia se tienen que ir. Bendito sea el Señor. Amén. Y si estamos en Cristo,
no podemos permitir que estas cosas vengan a tomar control de nuestras vidas. El apóstol Pablo es un gran ejemplo de esto cuando él mismo da por claro que él rechazó todo el orgullo de todas aquellas cosas que como humano y hombre él pudo haber usado para echárselas. Cuando allá en Primera de Corintios 2, capítulo 1 al 2, el capítulo 2, verso 1 al 2, dice, "Así que, hermanos, cuando fui a ustedes para anunciaros el evangelio, no fui con excelencias de palabras o sabiduría, no, no fui echármelas, sino me propuse puse no saber entre vosotros cosa
alguna, sino a Jesucristo y a este crucificado. Eso se llama echarle un lado el orgullo, la soberbia, ser humilde. Bendito sea el Señor. En Primera de Corintios, hablándole a los corintios, Pablo en Primera de Corintios 4:7 dice lo siguiente. Porque quién te hace superior y qué tienes tú que no hayas recibido porque todos nacimos sin nada en este mundo. Todo lo hemos recibido de Dios. Amén. Y dice, "Y si lo recibistes, ¿por qué te las echas? ¿Por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?" Es decir, ¿por qué dices eso? lo tenía ya Dios,
nadie me lo tuvo que dar, ¿no? Usted ve claramente nos habla la palabra a nosotros que tenemos que reconocer que todo lo que hemos recibido ha sido y ha venido de parte de Dios. Segunda de Corintios, capítulo 10, verso 17 al 18 dice, "Pero el que se gloria gloríese en el Señor, porque no es aprobado, a Dios no le agrada, no es aprobado el que se alaba a sí mismo, sino aquel a quien Dios Alaba. Cuando veamos personas que se alaban a sí mismo, podemos decir claramente que el espíritu de Dios no está con esa
persona, porque el espíritu de Dios no trabaja de esa manera. No, el hombre no se puede alabar a sí mismo. No podemos decir, "Yo hablo y predico y canto y esto porque yo soy porque fui yo quien me lo gané." Porque eso viene de parte mía. No, todo viene porque Dios no los ha dado. Bendito sea el Señor. Por eso es que en Primera de Pedro, capítulo 5, 6 al 7 dice, "Humillaos, pues, bajo la mano poderosa de Dios. Humillaos, no os levantéis, no seáis soberbios, sino humíllense para que Dios a su debido tiempo, ¿qué?
os exalte. Amén. Te ve. Cuando nos humillamos, Dios nos exalta. Cuando nos exaltamos, Dios nos rechaza, nos mira de lejos, porque él mira de lejos al altivo, dice la palabra. Ah, bendito el Señor. Oh, amados. Y qué mejor ejemplo precioso que tenemos de humildad que el de nuestro Señor Jesús. Porque si hubo uno que se humilló hasta lo sumo fue Cristo. Amén. Si usted no quiere recibir a Pablo, ni a Pedro, ni a ninguno de estos otros como ejemplo, pero vea a Cristo como su ejemplo allá en Filipenses 28. Más aún hallándose en la condición
de hombre, hablando de Cristo, mientras estaba aquí como hombre, dice, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente. obediente al Padre, obediente hasta la muerte y hasta la muerte de cruz, una muerte vergonzosa. Cristo se humilló hasta los hubos. Amén. Por lo tanto, el Padre lo elevó. Si queremos que el Señor nos eleve, si queremos que el Señor nos use, si queremos que el Señor ponga su gracia en nosotros, ah, tenemos que echar a un lado la soberbia. Fíjese qué ejemplo tan grande aquí de este rey Nabucodonosor. Qué desgracia podríamos decir. Nabucodonos había traído paz a
todo su imperio. ¿Es cierto? Sí. En el capítulo 4ro, el primer verso, él lo dice, "Paz a todos de parte mía. Paz le doy a todos." Ustedes están todos en paz porque yo he podido dominar el mundo y a través de mis guerras y mis desbatallas he podido traer una paz. No era duradera, pero en aquel momento él dice, "Traigo paz." Pero qué triste que aunque él había traído paz a todo el mundo, en él mismo no había paz. Él estaba inquieto, él estaba alterado, él era atormentado de noche por pesadillas. Él mismo lo dice.
Me vienen todos estos pensamientos. No puedo estar quieto. Mi mente juega conmigo. Bendito sea el Señor. Y Daniel una vez le das estas palabras, ¿verdad? En el verso ahí 25. Daniel le dice que se arrepienta. Amén. Le dice, "Arrepiéntese." Es decir, renuncie a sus pecados, renuncia a su orgullo. Tórnese a Dios. Venga a ser humilde, oh rey. Reconozca que Dios es sobre todos soberanos. Bendito sea el Señor. Usted ve, es decir, le está dando una oportunidad todavía al rey Nabuco Dononasor. Le dice, "Rey, si usted cambia, si usted se convierte a Dios, si usted echa
un lado este orgullo, este castigo que viene puede ser impedido, puede que no le llegue." Bendito sea el Señor. Qué oportunidad tan grande Dios da a los hombres. Y aún a usted, amigo, todavía sigue dando oportunidad. Y a nosotros nos sigue dando oportunidades porque Dios no desea el mal del hombre, sino que el hombre venga y se torne a él. Amén. Hermano, usted que conoce al Señor, si estamos si estamos permitiendo que la soberbia, el orgullo y otras cosas vengan a quitar nuestra vista de Cristo, reconozcamos que estamos en malos caminos. El Señor no desea
que nos volvamos soberbios, que nos mantengamos siempre humildes. Bendito sea el Señor. Fíjese cuánto tiempo le dio Dios al rey Nabuco Donosor para que se arrepintiera. 12 meses, un año. Un año. Ah, al parecer es largo tiempo. Ah, pero para Dios un año no es nada. Amén. Ah, por eso es que en Eclesiastés 8:11 dice, "Si no se ejecuta enseguida la sentencia para castigar una mala obra, el corazón de los hombres se dispone a hacer lo malo." Dios iba a traer contra este rey su juicio para que la cosa no empeorara. Porque cuando el hombre
no castiga la obra mala, ¿qué pasa? El corazón del hombre entonces se torna a seguir haciendo lo malo. Desafortunadamente en este mundo, esa es la ley hoy en día, que a lo malo se deja que siga y no se corrige. Bendito sea el Señor. Un día, un día, mientras se paseaba por su palacio, al año, 12 meses después, dice la palabra, le viene un colapso nervioso. ocurre, quién sabe, uno de esos momentos en que eh eh eh la soberbia junto con su instabilidad mental, emocional hace que él diga estas palabras mientras tira su mirada sobre
la capital y su reino. y ve aquellos jardines colgantes, porque una de las maravillas del mundo antiguo fueron unos jardines que Nabucodonasol creó en lugares altos, en las azoteas de sus edificios, árboles de fruta, flores, vegetación. Era una maravilla el que iba a Babilonia y veía esto. Entre todas las cosas que Nabucodas tenía fue que era un gran arquitecto. Fue tremendo arquitecto y edificador de muchos templos, de muchos lugares, de tal manera que Babilonia era la envidia de todo el mundo. Bendito sea el Señor. Y dirigió su mirada a su capital y su reino y
dijo estas palabras. ¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué? Usted ve ahí aparece el yo. Esa es una de las palabras más comunes y más que usa el soberbio. Yo, el yo personal. Ah, yo no voy a aceptar a Jesús hoy. Estás hablando como un soberbio. Yo no soy tan malo como ustedes los cristianos dicen. Ahí entra la soberbia. Yo soy el que manda en mi vida y nadie puede eh cambiarme. Ahí entra otra vez el orgullo. Ah, yo hablo y digo porque yo he estudiado y yo sé. Ahí entra el orgullo, la
soberbia. Usted ve la palabra yo debemos de usarla lo menos posible cuando hablamos. Ah, si no es decir, por la voluntad y la gracia de Dios. Es que estoy en pie. Bendito sea Jesús. Tal como Nicod, eh, perdón, tal como Nabucodonosol, así muchos líderes han hablado y siguen hablando. It's me. He sido yo el que he arreglado las cosas. Soy yo el que arreglé el el problema. Soy yo el único que puedo arreglar la situación. Soy yo el único a quien la gente ve y acepta. Bendito sea el Señor. Ah. A veces este yo personal
puede entrar hasta en los líderes de la iglesia. Amén. Han habido pastores que han levantado iglesias y una vez la iglesia ha crecido en miembresa, en poder ah financiera, en templo o o o en evangelización o lo que sea, vienen a creerse que ellos son los dueños absolutos de todo y quieren controlar toda a las vidas y quieren que la gente los vea ellos como los únicos que hacen el trabajo, que la iglesia se mantiene a flote porque ellos son los que están manejándola. Bendito sea Jesús. La iglesia no le pertenece a ningún hombre. La
iglesia es de Cristo. Amén. Bendito sea el Señor. Hay creyentes que creen que su fidelidad a Dios es porque ellos son los fuertes. Están equivocados. Están hablando igual que Nabucodonos. Hay creyentes que piensan que las bendiciones que han recibido de Dios es porque ellos se la han ganado por sus esfuerzos. Hay creyentes que piensan que la salvación que tienen se la han ganado ellos mismos. Bendito sea el Señor. Fíjese, aún estaba él hablando esas palabras, dice la Biblia, cuando aquella voz de aquel vigilante, ¿se acuerda de aquel sueño? El sueño ahí se hizo realidad. Cortar
ese árbol. Ah, echar a ese hombre fuera de entre los hombres, darle corazón de bestia, de toro, de buey, para que actúe como uno de ellos. Bendito sea el Señor. Ah, tu reino ha sido quitado. Se te devolverá otra vez cuando haya reconocido quién es Dios. La Biblia dice por la descripción que vemos aquí, que en este momento este rey diríamos nosotros que se convirtió completamente como un loco. Él pensaba en ciertas ocasiones que era un animal, pues ahora vino a ser un animal. Dios hizo que él creyera que era un animal. dice que le
cambió el corazón de hombre a un animal. Amén. Mientras el hombre tiene corazón de animal, no puede comunicarse con Dios. Porque el animal tiene esa facultad espiritual de poder conocer y reconocer a Dios y alabarle y pedirle perdón. Todo el tiempo que estuvo Nabucodonosor actuando como un animal, no tenía la oportunidad ni la facultad de poder dirigirse a Dios. Porque los animales no se dirigen a Dios. Amén. Bendito sea Jesús. Pero qué bueno, amigo, que usted todavía tiene corazón de hombre. Aunque Satanás quiera decirle que no y quiera decirle que usted está perdido para siempre,
no hay oportunidad. Si usted en este momento está oyendo esta palabra, yo estoy seguro que el espíritu está tratando con su vida. Y eso significa que usted tiene corazón de hombre, el cual puede dirigirse a Dios. No hay que estar siguiendo comiendo hierbas y mojándose con el agua que cae del cielo. Hay una mejor vida para usted. Bendito sea el Señor. Dice que se convirtió en cierto sentido como si fuera un animal. Se puso a comer hierba. Ah, se bañaba con la lluvia que caía del cielo. Si no llovía, él no se mojaba. [risas] Imagínese
qué apestoso estaba este rey. No tenía aseo personal, no se cortó el pelo de tal manera que su pelo creció. Eh, sería como un hombre lobo, sería como un hombre que no parece un hombre. Amén. Amados, 7 años estuvo así. Dice que el pelo le creció como las plumas de un de una ave en su cuerpo. Imagínese usted las uñas como uñas de aves. No andaba ya como hombre, sino eh doblado como si fuera una bestia, una una fiera. Nadie podía acercársele. Ullaba como un animal, ya no hablaba como hombre. No, amados, usted ve hasta
dónde llega la soberbia. Cuando el hombre se enorgullece delante de Dios. Este rey vino a hacer un animal silvestre en sus propios jardines, [risas] los jardines que él tanto alababa y decía, "Qué bonitos son." Yo me imagino, la Biblia lo dice, que su súbdito, quién sabe, le mantuvieron un ojo encima, pero nadie se atrevía a acercarse a él, nadie, porque los despedazaba. Imagíneseen ustedes bregar con una fiera así. Berriaba como animar, comía como un animal, maullaba como un animal, corría como un buey. Y lo importante es que dice que Dios le cambió el corazón de
hombre a un corazón de animal. Lo dice la palabra. Amén. le cambió a corazón de animal, de tal manera que él en este momento no tenía la oportunidad de comunicarse con Dios como hombre, porque en su corazón no había esa habilidad. Bendito sea el Señor. Oh, qué precioso que todavía nosotros podemos ir ante la presencia de Dios. Ah, con una conciencia reconociendo que hemos fallado. Señor, quita de mí el orgullo, la soberbia. Ah, ayúdame a ser obediente, a ser obediente a su palabra en el futuro. Y aún hoy en día en Romanos nos dice, primer
en Romanos 1: 22 que hay hombres que profesando ser sabios se van a hacer necios. Amén. como como un abucodonos y Dios los va a entregar a inmundicias, a concupiscencia de sus corazones, de modo que van a desonjar entre sí sus propios cuerpos. Este rey Nabucodonos estaba deshonrando. Él era real, era realeza y mira lo que llegó. Bendito sea el Señor. Estaba, por así decirlo, inmundo, no estaba limpio. Hacía sus necesidades en sí mismo y quién sabe en su misma en sus mismas necesidades se revolcaba. Bendito sea el Señor. Ah, siguió siendo rebelde. Ah, pero
fíjese, esto fue un trato específico que Dios tuvo con este rey. En aquel tiempo, los que eran dementes, no los metían en manicomios, quién sabe, y pensaban que una vez de mente así iban a permanecer toda su vida. Pero las palabras que le dijo Daniel al rey la oyeron también sus sátrapas y sus magos y sus sabios. Y ellos oyeron que el rey sería restituido luego de siete tiempos. Por lo tanto, por lo tanto, no hubo en este momento eh una prisa en en desmantelar el reino, sino que como yo le dije, muy probablemente su
hijo, el que ya hemos hablado, sirvió de regente durante el tiempo en que este rey estaba en esta condición y quién sabe siendo un rey joven, sus gobernadores, sus átrapas y otros consejeros le ayudaron. Eso no es algo que no era incomún. Muchas veces cuando se levantaba un rey joven tenía ayuda de otro hasta que él ya llegara a tener cierto conocimiento. La cosa es que Dios protegió el reinado de Nabucodonosor. Él se lo había prometido y el reinado y el imperio de Nabucodonosor no iba a terminar hasta que se levantara otro imperio. Ya lo
sabemos. Amén. 70 años duró este este imperio. Es decir, cuando llegaran los griegos, entonces el reino y el imperio de de Babilonia se acabaría. Pero este no era el final. Esto era una lección especial que Dios le estaba dando a este rey. Bendito sea Jesús. Ah, hermana, léame el verso 34 y 36. Gloria a Dios. Bendito Jesús. 34 y 36. Los últimos dos. Más al fin del tiempo yo, Nabucodonosor, alcancé mis ojos al cielo y mi razón se me fue de vuelta y bendije al Altísimo y y alabé y glorificaré al Rey al Rey que
vive para siempre. cuyo dominio es sempiterno y su reino por todas las edades. En el tiempo en el mismo tiempo, mi corazón me fue devuelta en la majestad de mi reino. Mi dignidad y mi grandeza volvieron a mí. Y mientras gobernadores y mis consejeros me buscaron y fui restablecido en mi reino, mayor grandeza mía y grandeza me fue añadida. Amén. Estos versos los escribió el mismo Nabucodonosor. Ahí está. Ah, fueron palabras que él dio al fin del tiempo, al final de esos 7 años. Hm. Cumplidos los 7 años, quién sabe, un día mientras esta bestia,
este buey, se arrastraba por aquel jardín, [risas] ese mismo día le fue devuelto a su razón. Su corazón, su corazón de bestia vino a ser cambiado en corazón de hombre. Y entonces alzó sus ojos al cielo. Aleluya. Cuántas veces alzó sus ojos anteriormente, pero no era el tiempo todavía. Pero ese momento a los 7 años, siete es un no un número, usted sabe, de de de cumplimiento. Amén. Ah, es un número muy importante en la palabra. Ah, completura. Bendito sea el Señor. Alzó sus ojos al cielo. Fue una mirada muy diferente que las anteriores. Diría
yo, mi hermano, esto fue una mirada de fe. Amén. Amén. Ah, como dice el corito, una mirada de fe es la que puede salvar al pecador. Y fue dirigida a Dios. Y aunque él miraba en su corazón de hombre, ahora pidió perdón a Dios. Usted ve ahora tenía el corazón de hombre para poder pedir perdón a Dios, arrepentirse y convertirse. Ah, y allí mismo reconoció que Dios era verdaderamente el Altísimo, el único, el dador de todo. Bendito sea Jesús. Recibió corazón de hombre capaz ahora de comunicarse con Dios. Amigos, los animales no pueden comunicarse con
Dios. Las bestias no pueden comunicarse con Dios, pero usted sí puede comunicarse con Dios. Usted puede hoy hablarle a Dios y pedir misericordia y perdón y él lo va a oír. Bendito sea Jesús. No esperemos hasta que sea tarde. No esperemos hasta que llegue un momento de enfermedad que nos vaya a dar un infarto o nos vaya a dar un derrame cerebral y no tengamos ya la capacidad mental para hablar y pedirle a Dios perdón. Porque muchos se la juegan hasta el último momento. Sí. Yo antes de morirme clamo a Dios. ¿Y cómo sabe usted
que Dios le va a dar esa oportunidad? ¿En qué facultad mental va a usted estar en ese momento? Ah, quién sabe usted quede sordo y no puede oír nada. ¿Quién sabe usted quede eh eh totalmente paralizado por un derrame y no pueda ya bregar con la situación? Hoy es el día de salvación. Hoy es el día que Dios quiere oír su voz. Bendito sea Jesús. Ah. ¿Qué misericordia ah tuvo Dios de este hombre? Y a este reconocimiento él le añade qué alabanzas. Cuando dice, "Bendijo a Jehová." Ah, alabanza honesta. Y Dios lo oyó. Todos los
habitantes de la tierra son considerados como nada, dijo él. Y es Dios quien hace según su voluntad en el ejército de los cielos y en los habitantes de la tierra, dijo Nabuco Dononosor. Y no hay quien detenga su mano, ni quien le diga por qué hace las cosas. Bendito sea Jesús. Bendito sea Dios. Qué experiencia. Nabucodonos había tenido ya dos sueños. Había tenido la experiencia de Abel. Eh, cómo Dios cuidó de aquellos jóvenes en el horno de fuego. Ah, pero necesitó esta experiencia personal para él totalmente rendirse a Dios, arrodillarse ante Dios. De ahí en
adelante, Nabucodonosor fue creyente de Dios. Amén. Fíjese, hay personas que Dios le da grandes experiencias sobrenaturales y aún así no se convierten a Dios. No sea usted uno de ellos. hoy acepte a Cristo. Ah, dice que sus gobernantes y sus consejero lo trajeron de nuevo al palacio. Dice que le fue devuelta su dignidad. Cuando dice su dignidad y su grandeza fue que se bañó, se afeitó. [risas] se perfumó, se puso sus ropas reales, la corona que se la habían aguardado se la puso encima. Por lo tanto, él dice, "Me fue de vuelta mi razón y
la majestad, mi dignidad, mi grandeza me fueron de vueltas." Usted ve cuando nos humillamos ante Dios, él es quien nos realza. Amén. Él es quien nos devuelve aquellos que hemos perdido. Bendito sea Jesús. Ah, ellos, estos consejeros y estos gobernadores fueron pacientes. Creyeron en la palabra que su rey volvería a ellos nuevamente. Y yo estoy seguro que ahora lo aceptaron gozosos porque ahora Nabucodonosor los problemas que tenía emocionales, mentales, psic psicológicos, todo eso se fue. No solamente se fue su su soberbia y su orgullo, sino que ahora vino ser una persona estable. Bendito sea Jesús.
Su reino, que él no pudo bregar con ello por 7 años, Dios mantuvo su reino. Dios se lo guardó hasta que él volviera para atrás. Bendito sea Jesús. Ah, y fíjese cómo termina ahí la palabra que a Nabucodonosor se le dio más grandeza. Amén. Se le dio más majestad. Dios le dio más majestad y más grandeza ahora que había echado a un lado su soberbia, ahora que se había convertido, ahora que tenía un conocimiento del Dios verdadero, su reino fue mayor que anteriormente. Fíjese, reinó muchos años. Según los exégites de la historia, el reinado de
Nabuconosor fueron 43 años. Murió en el año 562 antes de Cristo. Ah, terminamos, amigo. Hay oportunidad todavía. Hay oportunidad. Mientras vivimos, hay oportunidad de arrepentirnos, hermano. Mientras estamos vivos, hay oportunidad de echar un lado la soberbia, el orgullo, la altanería. la dureza de serviz. Hay oportunidad de ser más obedientes a Dios. Hay oportunidad de ser más obediente y someternos más a su palabra. Amén. Dios me les bendiga, Dios me les guarde. Gracias por su atención prestada. Esperamos que se hayan gozado con nosotros. Y ahora vamos a hacer dos oraciones. La primera es por aquella hermanitos,
aquellos hermanos que conocen al Señor, pero que todos necesitamos oración. Y segundo, vamos a orar por aquellos que hoy quieren hacer profesión de fe. Padre celestial, yo clamo a ti en esta hora. En el nombre de Jesús, Señor, hemos hablado, Dios eterno, tu palabra santa y preciosa. Qué buenos son tus consejos, Dios mío. Tu siervo, como dice el salmista en el capítulo 19, tu ley es más dulce que la miel, es más preciosa que el oro, que el oro afinado, Señor. Tu siervo es amonestado en ello, Dios mío. Y así quita de nosotros la altanería,
quita de nosotros, Señor, la rebelión que a veces se quiera apoderar de nosotros. Gracias por tu palabra, Señor preciosa. Mira mis hermanos que están pasando por diferentes dificultades. Algunos, Dios mío, su propia mente está jugando con ellos. Algunos, Dios eterno, su peor enemigo son ellos mismos, Señor, que en su mente claudican, Dios mío, y desconfían de usted y el enemigo se acerca para hacer guerra. En esta hora reprendemos en el nombre de Jesús todo espíritu malaficioso, todo espíritu antagónico malo del que quiere perturbar las mentes y los corazones de sus hijos. le pertenecemos, Señor. Cuida
de tu pueblo, Dios mío. Restaura nuestra fuerza, restaura nuestros deseos, restaura, Dios mío, nuestra humildad hacia usted y te lo pedimos todo en el nombre de Jesús. Amén y amén. Gracias, Señor, por esa gran palabra. Y ahora vamos a hacer una oración por usted, amigo. Usted está en esa condición ah, en que necesita mirar al cielo, porque del cielo es que viene nuestra ayuda. Levantaré mis ojos a los montes, mi socorro viene de Jehová. Tal como Nabuconosor levantó sus ojos después de 7 años. ¿Quién sabe usted lleve más de 7 años dando cantazos por ahí,
viviendo una vida que no no lo satisface? sin amigos, sin ayuda, sin protección de nadie, pero Cristo está hoy aquí para rescatarlo, levantarlo nuevamente. Amén. Ahí donde está, levante su mano y haga esta oración de arrepentimiento. Padre celestial, yo vengo a ti, Dios mío. Vengo en el nombre de Jesús, el nombre que es sobre todo nombre, el Salvador de mi vida. Yo, Señor, me arrepiento hoy de mi pecado como este gran rey que en un momento dado se arrepintió y reconoció que usted es soberano y alto sobre todas las cosas. Así yo reconozco hoy, Señor,
que usted es el único que me puede salvar, Jesús, que su sangre preciosa fue derramada por mí en la cruz del calvario y hoy yo me sumojo en esa sangre preciosa para que me limpie de todos mis pecados. Tíralo a lo profundo de la mal. mis rebeliones, mis desobediencia, mi soberbia, mi orgullo personal, todo yo lo dejo ante tus pies, Jesús, porque yo quiero ser humilde, yo quiero ser su siervo, yo quiero ser su hijo y su hija. Señor, escribe mi nombre en el libro de la vida. Séllame con tu Espíritu Santo. Capacítame, Señor. No
quiero volver atrás. Yo me comprometo de hoy en adelante serle fiel todo el resto de mis días. Gracias, Señor, por esa salvación. Gracias, Padre, por amarme tanto. Gracias, Espíritu Santo, por venir a mí y guiarme a toda verdad y a toda justicia. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén. Amigos, si usted echa oración preciosa, usted salvo en esta hora. El ser salvo trae un gozo y una una paz al corazón como nadie puede describir. Amén. Eh, nosotros tenemos esa paz y usted la ha recibido hoy y queremos que usted mantenga esa confianza, esa
comunión con Dios, ah, buscando a Dios, sirviéndole a Dios, empapándose más de él. Haga tres cositas. Número uno, búsquese una Biblia para estudiarla. Ah, búsquese una Biblia, aún si no la tiene por escrito, en el internet aparece y está gratis. Búsquese una Biblia, empieza a leer los evangelios, ah, el Nuevo Testamento. Toda la Biblia es inspirada por Dios, dice en Timoteo, y es útil para redarguir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios esté preparado para toda buena obra. Comience leyendo los evangelios. Amén. Segundo, saque tiempo para hablar con
Dios. Cuando hable con Dios, sea honesto. Usted no tiene que usar palabras grandes. Háblele a Dios de lo profundo que hay en su corazón. Dígale lo que hay en su corazón, sus miedos, sus deseos, sus ansias. Ah, porque él lo conoce todo. Y tercero, busque un lugar de reunión donde usted pueda unirse a creyentes, a cristianos, igual que usted, que buscamos un día ir al cielo. En la iglesia lo que hacemos es adorar a Dios. Lo hacemos a través de testimonios, de salmos, de himnos, de coros, de alabanza. Y allí también Dios nos habla a
través de su palabra. Qué precioso es ese eh eh eh eh ese privilegio que tenemos cuando vamos a la presencia de Dios. Si no tiene una iglesia a la cual ir, le rogamos que nos dé una visita. La iglesia cristiana Natanael, que auspicia estas clases bíblicas se encuentra en el 166 de la Holden Street, aquí en la ciudad de Wster. Tenemos cultos cada otro martes a las 7 de la noche, los viernes a las 7 y los domingos a las 2 de la tarde. llámenos porque sabemos que estamos ahora en invierno y a veces hay
que cancelar ciertas reuniones, pero queremos que usted nos llame para estar seguro que vamos a estar ahí. Amén. Y lo esperamos, queremos conocerlo personalmente. Gracias por su atención. Bienvenidos a la familia de Cristo. Amén. Y ahora vamos a despedirnos pidiéndole a nuestra hermana Olguita Grajales, nuestra oradora, que nos dé un Dios le bendiga a los hermanos. Dios le bendiga a los hermanos. Amén. Y nuestro hermano Arturo Cárdenas, nuestro técnico. Dios te bendiga, hermanos. Amén. Y finalmente, nuestro pastor. Amén. Dios bendiga toda su casa. Amén. Y ahora está el hermano Benji, quien ve nos despedimos de
todos ustedes pidiéndole a Dios que la gracia de Dios esté con cada uno de nosotros todos los días de nuestras vidas. Y en estos días finales, el apóstol, el apóstol Pablo nos exhorta, como le exhortó a la iglesia de Corintios, primera Corintios 16:22, que amemos a Jesús, porque el que no ama a Jesús es anatema, no es de Cristo. Pero los que amamos a Jesús decimos, "Marata Cristo ven pronto." Dios me les bendiga, mis amados.