Desde niña sabía que la vida era difícil. Me tocó vivir en una familia que no tenía muchas oportunidades. Mi padre trabajaba, pero no ganaba mucho.
Además, era bien borracho. Mi madre, por más que quería ponerse a trabajar, mi padre siempre se lo impedía. decía que las viejas eran para estar en la casa, que ni se le ocurriera salir a vender algo o a buscar trabajo, porque entonces él le iba a poner una Como se darán cuenta, el ambiente era bastante muy precario, con pensamientos antiguos y con represión a más no poder.
Y ahí siendo yo una niña, las cosas se complicaron cuando llegó mi hermano. Para ese momento yo tenía ya casi 10 años y mi hermano estaba naciendo, pero el pobre no sabía a qué mundo había venido y sobre todo a qué asco de familia estaba perteneciendo. Pero si de por sí la cosa ya estaba bien difícil.
Hasta parecía que la vida nos estaba preparando para ponernos más difícil [música] todavía todo, porque un día así no más a mi papá le dio un infarto. [música] Dicen que por tanto alcohol que tomaba, que por el trabajo porque estaba enfermo y nunca se atendía. Será el [música] sereno, pero al final nos habíamos quedado sin papá, mi hermano y yo, y mi madre se había quedado sin esposo.
Aquello trajo más deudas. Mi mamá tuvo que pagar el entierro y todos esos trámites. Ya saben que no son gratis, hasta para morirse uno debe de tener dinero.
Sin embargo, esto de alguna forma trajo un poco de paz a la casa, pues sin mi padre ahí se respiraba un ambiente distinto. [música] Pero esto no se compensaba con el hecho de que mi madre tenía que empezar a salir a trabajar. [música] Durante algún tiempo, quizá lo que podía ayudarnos era el hecho de que cuando a mí me bautizaron, mi padrino era el señor Pepe, el hombre de [música] la tienda, un señor que ya tenía sus años.
Era amigo de mi papá, ya saben, de esos compadres de borracheras que aunque el señor Pepe nunca se había hecho cargo de mí, eso sí, con mi papá no faltaba que cada viernes se pusieran sus borracheras. Pero cuando mi papá murió, el señor Pepe de vez en cuando le ayudaba a mi mamá con [música] algo que con una bolsa de frijol o de arroz, algunos cartones de leche. Eso sí, bien contaditos.
El señor Pepe era demasiado tacaño, pero hasta eso, aunque fuera con muy poquito, pero esa ayuda de vez en cuando sí servía porque había días en los que no teníamos nada para comer, solo un vaso de leche o un par de [música] panes. Y eso era algo bastante miserable, demasiado precario, como para sobrevivir o para inspirarse a tener una sonrisa en el día. De verdad que la vida era pesada, pero aún así mi madre lavando, haciendo qué hacer en casas, barriendo [música] calles, fue que se hizo de un poquito de dinero y con eso empezó a darnos una vida un poco digna.
Teníamos mínimo lo básico. Yo apenas iba a la escuela con los zapatos rotos y mi hermano ya había entrado al kinder. Para ese entonces, pues ahí la íbamos llevando, pero de verdad yo sentía horrible de ver como otros niños tenían cosas que yo no.
A veces me daba envidia, tristeza, [música] una mezcla de emociones que no sabría explicarles, porque era una impotencia tan grande ver cómo avanzaba el mundo, como todos crecían, reían, se divertían hasta en familia. Mientras tanto, mi madre, mi hermano y yo teníamos que lidiar con sobrevivir. Esa era lo único que teníamos en la mente.
Pero los años pasaron y mi mamá se empezó a poner muy rara. De entrada, ella siempre todos los lunes en [música] la mañana ahí en su taborete colocó una estatulla de la Santa Muerte. Una de sus comadres se la recomendó, que es que muy buena y milagrosa, que podría sacarnos incluso de la pobreza.
Aquello ya parecía una locura. Sin embargo, mi mamá y su desesperación, me imagino que la llevaron a considerar todas las circunstancias. [música] Por eso no la culpo.
Quizá en su lugar yo hubiera hecho lo mismo. Y allí estaba [música] ella. prendiéndole los lunes una velita, unas oraciones y ya después se iba a buscar trabajo y a veces trabajaba, a veces no.
Yo ya estaba un poco más grande y a veces también la acompañaba, a veces barría calles o demás. [música] Y así mientras iba a la escuela, iba tratando de sobrevivir en mi familia. Y créanme que yo no sé si de verdad fueron milagros de la Santa Muerte o qué pasó, [música] pero mi mamá encontró un trabajo en una casa como sirvienta.
Quizá dirán que ese no era el gran trabajo. Sin embargo, el que era su patrón le pagaba bien, le daba un sueldo digno. De hecho, le realizó una especie de estudio socioeconómico para entender quién vivía con mi madre, qué necesidades teníamos y como el Señor era adinerado.
Se pagaba lo suficiente para que yo y mi hermano pudiéramos ir tranquilamente a la escuela y no nos faltara un bocado en la casa. [música] Esto nos dio tranquilidad, nos dio paz. Ya no tuvimos que ir a mendigarle a mi padrino en la tienda y pues estábamos felices porque por fin teníamos una vida, digamos que lo más pegado a lo normal, pero el destino también es caprichoso.
Y después de algunos años, yo ya tenía poco más de 17. Cuando en eso mi madre un día llega bien triste diciendo que su patrón había fallecido en un accidente. El problema es de que [música] eso traería problemas para mi familia y no pretendo menospreciar la muerte del hombre, pero era evidente que al él haber fallecido, sus hijos tomarían las decisiones de la casa y uno de estos fue el que decidió despedir a mi madre.
Evidentemente ni una liquidación le dio. El único de [música] buen corazón era el hombre que falleció, aquel patrón al que tanto extrañamos. Y pues con esto volvimos nuevamente a la realidad.
Yo estaba en la preparatoria y me tuve que salir. Ya no había para pagarla. Y pues ahí andábamos por la calle de la amargura.
Mi mamá muy triste y estaba empezando a enfermar. Mi hermano, el más chico, estaba en la escuela y pues él todavía era muy pequeño como para ponerse a cargar cajas o a trabajar en algún lado. De verdad que fueron momentos angustiantes [música] y aquello que llevarnos a rebajarnos nuevamente ante mi padrino.
Fui yo precisamente [música] quien acudió una mañana. En la casa teníamos muy pocas cosas y nos hacían falta arroz, frijoles y algunas [música] cosas. Y entonces me vi en la necesidad de ir a buscar al señor Pepe, a mi tan aclamado padrino, para pedirle un favor.
Cuando entré a la tienda, me esperé a que se fuera la mayoría de los clientes. Tenía mucha vergüenza de pedir fiado porque sabía de antemano que sería [música] muy difícil pagarle. Casi casi era como estarle pidiendo algo de regalo.
Una vez que pude hablar con él, no me pude contener el nerviosismo, pero tenía que hablar. Disculpe, padrino. Vengo aquí con toda la pena, pero fíjese que la estamos pasando un poquito mal y quería saber si nos puede fiar un kilo de frijol, uno de arroz y uno de azúcar [música] y ya el fin de semana mi mamá se lo paga.
De verdad, discúlpeme, me da mucha pena. Sé que usted ha sido bueno con nosotros, padrino, y no me gustaría traerle molestias. Mi padrino, con su peculiar sentido del humor, de inmediato se acercó conmigo, me miró y hasta parecía que no me reconocía por lo que me dijo [música] ese día.
Pero mira nomás, Natalia, ya estás bien grandota, bien crecida, quién te viera que ni te reconocí. Y eso que somos casi vecinos, mira nomás. Pero pásale, tú no te preocupes.
Ahorita yo te pongo lo que necesites. [música] Ya después me pagan. Para eso soy tu padrino, que no ustedes son como mi familia.
Rápido, mi padrino Pepe empezó a poner en una bolsa todo lo que le pedí. Incluso llegó gente, pero él seguía atendiéndome [música] y con mucho cariño me lo entregó. Aquí tiene mi aijadita con todo mi cariño.
Lléveselo a su mamá y si necesitan algo más, pues no dude en venir. Ahí le da mis saludos a la comadre. tenga bonita noche.
Me sorprendió la amabilidad con la que mi padrino me entregó aquello. [música] Regresé a casa con un alivio en la mente, con una tranquilidad y una alegría. Llevé las cosas y mi mamá las recibió y nos preparó a todos de cenar.
La situación estaba complicada. Mi mamá esa noche agradeció en su altar a la Santa Muerte. Incluso hasta pidió por la salud de mi padrino, porque por ahí se rumoreaba que andaba medio enfermo.
Pero en fin, la cosa pintaba un poco mejor. Pero a los pocos días que se nos acabaron las provisiones de la despensa, tuve que ir nuevamente con mi padrino. De igual manera, muy contento, él me ayudó, pero lo malo es que esa situación se repitió un par de veces más.
[música] Y bien, dicen que el arrimado al tercer día apesta. Y pues a mi padrino, aunque aquello no le molestó, pero sí me lanzó una indirecta. Oye, hijadita, ¿y pues, ¿cómo está eso de que no encuentras trabajo?
Ya estás bien grande y ya puedes trabajar. Tú sabes que yo aquí con gusto les ayudo en cuanto pueda, pero se me estaba ocurriendo el otro día que aquí bien podrías venir a ayudarme. Como bien sabes, desde que me quedé viudo, he estado solo aquí en la tienda y pues ya cansadito, ya estoy un poco.
¿Por qué no te vienes mañana? Te pones una ropa cómoda y me ayudas a acomodar la fruta y la verdura, también los refrescos y todo. Puedes empezar barriendo, trapeando.
Ya después, poco a poco te voy metiendo al tema de las cuentas, del inventario. Y así, mira, pues tranquilamente te ganas decentemente un plato de comida y para que lleves a tu casa. Así que si no tienes problema, hijadita, pues mañana aquí te veo.
Salí de la tienda muy contenta porque mi padrino nos había fiado un poco de comida y también porque ya tenía trabajo. Al día siguiente me puse ropa cómoda, un leggin, unos tenis, una blusita ajustada. Me acomodé el cabello y mi mamá estaba bien agradecida con mi padrino por la oportunidad que me estaba dando.
En cuanto llegué era temprano. La tienda estaba llena de clientes. A veces llegaban albañiles o trabajadores a comprarle tortas de jamón y rápido mi padrino me enseñó cómo armarlas, cómo poner la crema, el jamoncito y hasta el chile.
Y rápido me puse ahí a preparar tortas para la venta. Fue muy estresante porque había mucha gente impaciente. Algunos incluso tenían miedo que se les fuera a su camión para ir al trabajo por ellos que me presionaban para que su comida estuviera a tiempo.
Pero al final todo salió bien. En casa yo le ayudaba a veces a mi madre a la comida, por eso preparar unas tortas no fue tan complicado. Después de eso, mi padrino me dio las gracias, me felicitó por haberlo hecho bien.
Después me pasó una escoba y me dijo dónde tenía que empezar a limpiar. De entrada, en la parte de atrás él tenía una bodeguita. Ahí guardaba montones y cajas de refrescos.
También algunas mercancías que después, conforme en el área de la venta se fueran acabando, era necesario resurtirlos desde esa bodeguita. No fue tan complicado aprender todo lo que él hacía. Eso sí, el tema del dinero solo mi padrino lo manejaba porque eso era un tema sagrado.
Al principio me dijo que me pagaría por quincena. Eso sí, los primeros días él me estuvo ayudando y llegó el día de la primera paga. Y la verdad yo esperaba más.
Sin embargo, mi padrino me dijo que yo no sabía hacer todavía muchas cosas y que la tienda no le dejaba tanto, que tenía que aceptar aquello. La verdad, bueno, sí me alcanzaba para comprar algunas cosas. Tampoco me voy a quejar del sueldo, pero contando que de ahí mantendría a mi madre y a mi hermano.
Honestamente, sí sabía que llegaría un momento en donde necesitaría algo más. Mi padrino era muy complaciente conmigo. A veces mandaba pedir comida y él me la pagaba, me consentía.
[música] A veces incluso platicábamos y me hacía mucho reír. Cada que él podía. Me regalaba una despensa para que la llevara a la casa.
De verdad, en ese momento, él era un ángel en mi vida. Pero también llegó el momento en que todo aquello que se oculta dentro de una máscara [música] tiene que salir a la luz. Y con él las cosas no fueron la excepción.
Todo transcurrió a una ocasión en que mi mamá tenía unos problemas de salud. Tuve que gastar dinero en medicinas y demás. Y la verdad me di cuenta de que el salario que me daba mi padrino no sería suficiente, así que tenía pensado pedirle un aumento y en caso de que él me lo negara, pues lamentablemente tendría que buscar otro empleo.
Aquella noche, justo antes de salir, recuerdo que se lo hice saber y mi padrino andaba serio. Fue un día difícil con clientes algo complicados. Creo que no lo agarré del mejor humor, pero aún así tenía que decírselo.
Oiga, padrino Pepe, yo sé que a usted le hemos pedido muchos favores, pero tengo la confianza de pedirle uno más. Fíjese que el dinero que usted me paga ya no me alcanza. Quería saber si de verdad, de todo corazón, pudiera darme un aumento, aunque no fuera mucho.
Lo que usted considere de verdad se lo agradezco, porque en la casa las cosas no andan muy bien, pero también en caso de que usted no pueda dármelo, yo también lo comprenderé. Eso no se lo pienso discutir. Usted ha sido muy bueno con nosotros.
Sé que estoy de alguna manera aprovechándome de su confianza. Mi padrino estaba contando un poco el dinero, estaba haciendo el corte de caja y solamente me miró muy serio. Se le movieron los bigotes como de costumbre y me dijo, "Bueno, Natalia, yo creo que hoy no es día para platicar de eso, pero te prometo que lo voy a pensar toda la noche y ya mañana hablamos, ¿te parece?
Por ahora, vete a descansar. [música] Mañana te quiero aquí bien temprano porque ya sabes que mañana toca resurir. Van a venir varios proveedores y te necesito con mucha energía.
Así que ya ve y descansa. Mañana hablamos de tu incremento de sueldo. Sabía que mi padrino estaba un poco cansado.
Por ello, él tenía razón. Lo ideal era ir a casa, descansar [música] para al día siguiente enfrentar el día que iba a ser pesado. Llegó la mañana y me presenté.
Iba igual con mi ropa ligera, un poco destapada porque había mucho calor. Aquel día siento [música] que se me pasó un poco la mano con el escote, pero ni modo, yo iba a trabajar y pues ya estaba bien entrada en eso. Llegaron los proveedores y demás y a carga y cargue cajas y barriendo y moviendo para allá.
Pero llegada un poco la tarde, noté que mi padrino empezaba a tomarse un par de cervezas de ahí mismo de su refrigerador. Él no era así. Aquel día se le veía como preocupado, como estresado, pero ya después de una cerveza se andaba un poco más feliz [música] y yo sabía que esa era mi oportunidad para que él pudiera aprobarme ese aumento de sueldo.
Pues en fin, yo andaba con toda la actitud bien movida para que viera que me valía la pena el hecho de que él me aumentara unos pesos, para que viera que yo sí le fregaba, que si era buena trabajadora. Pero mi padrino ya andaba un poquito alegrón. Llegó la hora de cerrar y en eso bajó la cortina.
A veces lo hacíamos así, nos poníamos a hacer corte de caja, acomodar todo para el día siguiente [música] y ya después nos íbamos a casa. Aquella noche mi padrino estaba contando el dinero, pero de pronto me pidió un favor. Me dijo que si podía entrar a la bodeguita para conseguirle unas cosas que tenía ahí guardadas.
Yo le dije que sí, pero estaba un poco con incertidumbre [música] acerca de mi aumento de sueldo. Me metí a la bodeguita. Estaba ahí buscando las cosas que me pidió mi padrino, pero no las encontraba.
Ya me estaba preocupando cuando en eso no más sentí como unas manos por detrás mío. Me tomaron de la cintura, me apretaron a su cuerpo y sentí el aliento alcohólico de mi padrino justo detrás de mi cara. Padrino, ¿qué está haciendo?
Suélteme, por favor. Pero mi padrino me agarraba con más fuerza, me tocaba los senos con desesperación y así, tal cual, a la fuerza me bajó la blusa dejando mi cuerpo al descubierto, el cual con sus manos empezó a toquetear. A ver, ahora sí, mij hijita, vamos a hablar de tu aumento de sueldo.
Ya estuvo bueno de que no más sea yo quien hace los favores. Vamos a ponernos a mano y yo con gusto te aumento el sueldo. No más que pos.
Las condiciones las voy a poner yo. Y más vale que te quedes calladita, mi aijada, porque mire, si no aquí yo mismo le voy a meter este fierro en la garganta y lo mismo haré con tu mamá y con el pedazo de de tu hermanito. Pinchecle no más vino a arruinarles la vida.
Pero ahora solo te pido que te portes cariñosa conmigo y vas a ver cómo yo te ayudo, te doy tu aumento de sueldo y mucho más, así que por favor, como decía el chinito, o coperas o cuello, vi que mi padrino traía una navaja y me la puso ahí en el cuello, cerca de la garganta. Yo ya no sabía qué hacer si gritar, porque así como lo veía, él iba a ser capaz de todo. Estuve llorando ahí mientras él se movía y hacía aquello tan asqueroso.
De verdad, fue una experiencia horrible. Me da mucho asco siquiera de recordarla, pero mi padrino lo disfrutaba, mientras que para mí era una experiencia infernal. Después de que él terminó, yo me quedé ahí recargada en la pared, me dio un beso en la espalda, me acarició por última vez y entonces se subió el pantalón.
Ahora sí, mi hijita, estamos a mano. Cuente con que va a tener su aumento de sueldo y yo voy a tener algunas concesiones especiales. Pero eso sí, de vez en cuando usted va a tener que aflojar porque nada en la vida es gratis.
Así que nos vamos entendiendo que no, porque donde usted diga una sola palabra, le juro que la mato y también a su familia. Estuve ahí llorando, sentada. Me acababa de subir la ropa y en eso mi padrino llegó.
Traía un puño de billetes en la mano. Contó un dos, tres, cuatro, varios de 500 y entonces me los aventó ahí al piso. Órale, mij hijita.
Ahí le va ese dinerito para que se aliviane y aliviane su jefecita. Ya va siendo hora de que aprenda cómo ganarse dignamente el dinero. Y si se portan bien, va a haber mucho más de eso.
Así que usted cuente conmigo. Yo la voy a cuidar siempre y cuando usted se ponga cariñosa conmigo. No les voy a mentir, pero estaba demasiado indignada.
Aún así tomé el dinero, me sequé las lágrimas, me levanté y me largué para regresar a casa. Antes de llegar ahí a mi casa, me fui a dar una vuelta para que se me pasara el dolor, para que se me secaran las lágrimas. No quería que mi madre me viera así.
Ya después, cuando entré, mi mamá ya estaba acostada. Vi que tenía dolor de cabeza y le dije que mejor mañana hablábamos. Obviamente no le iba a contar nada, tenía mucho miedo.
Aquella noche me fui a dormir, pero estuve recordando todas las cosas que viví. [música] Tenía pesadillas y abría los ojos a cada rato. De verdad que estaba dentro de todo un infierno.
Al día siguiente, en la mañana fui con mi mamá y le dije que el señor Pepe me había aumentado el sueldo. Ya ni siquiera le llamaba mi padrino. Tenía mucho coraje.
Cuando le enseñé el dinero a mi mamá, obviamente no todo, a ella le brillaron los ojos. Mi hijita, muchas felicidades. Conseguiste el dinero.
Verdad que tu padrino es bien buena gente, mira nada más. Ya sabíamos que él sí te iba a dar ese aumento. Si mi madre supiera todo lo que había detrás de aquel aumento, seguramente sacaría un cuchillo e iría a enterrárselo en la barrigota a aquel asqueroso cerdo.
Pero yo no podía opacar su felicidad, así que tuve que sacrificarme. El siguiente viernes, mi padrino estaba muy cariñoso. [música] Igualmente se estaba tomando sus cervezas.
Ya sabía yo que eso era señal de que algo iba a pasar, así que tenía que resignarme. Dicho [música] y hecho, en cuanto se acabó la jornada, mi padrino cerró la cortina, se prendió un cigarro y se me acercó. puso hasta unas cumbias ahí para amenizar, algo que solamente él iba a disfrutar, porque yo definitivamente me sentía llena de asco [música] y repudio.
Mi padrino se acercó hacia mí, me recargó en la pared, empezó a besarme los labios, después me fue desvistiendo y yo no más veía como se le veían los ojos bien asquerosos. era un maldito depravado. Pero ahí [música] él continuó y al final terminó haciendo lo que quiso.
Y yo no pude hacer más que simplemente aguantar y mirar como él se saciaba con mi dolor. Al término de esa noche, nuevamente sacó un fajo de billetes, contó varios de a 500 y me los entregó. Y yo lo único que hice fue tomarlos.
No me quedaba de otra. Si ya estaba sufriendo, mínimo lo viable era recibir algo a cambio. Pero créanme que ya no quería vivir [música] esa situación.
tenía mucho asco. Sin embargo, lo único que me alegra fue haber sido un poco más fuerte que la vez anterior, porque llegué a mi casa completamente callada, ya sin una lágrima en mi mejilla [música] y con una templanza fría que me había carcomido el alma de tanto dolor. Mi mamá estaba ahí.
Le entregué parte del dinero. A ella le sorprendía que ya me pagaran semanalmente. La alegraba mucho porque así podíamos pagar sus medicinas.
la escuela de mi hermano, las cosas de la [música] casa, sin tener que batallar tanto. De hecho, ya estábamos fuera de carencias. Aquel dinero que me daba mi padrino Pepe nos alcanzaba bien para todo.
Al día siguiente que fui a la tienda, estaba barriendo y justo cerca de la caja vi que a mi padrino se le habían caído unas llaves y en estas tenía un llavero que contenía una de sus fotografías. En cuanto me agaché para levantarlo, vi que mi padrino estaba ocupado y tomé la fotografía y me la guardé en la bolsa del pantalón, porque, ¿saben,? En ese instante me vino algo a la mente.
Les contaré brevemente que mi madre, cada que enfermábamos colocaba una de nuestras fotografías en la estatuilla de la Santa Muerte, a la que tanto le rezaba y agradecía. Ella pedía por nosotros. Y, ¿saben,?
Se me ocurrió que si yo ponía esa fotografía debajo de la estatuilla y pedía para que mi padrino pagara por lo que me hacía, entonces la Santa Muerte podría escucharme. [música] Esa era la única salida que tenía, por ello no la iba a desaprovechar. Cuando le entregué las llaves a mi padrino, me preguntó por la fotografía.
Le dije [música] que no la había encontrado, que seguramente se le cayó en otro lado. Mi padrino no dijo nada. Él ya prácticamente estaba muy contento y todo lo que yo hacía o le pedía, él me lo daba.
Así que de cierta manera tenía las circunstancias de mi lado para poder deshacerme de él. Esa noche llegué a casa, coloqué la fotografía debajo de la estatuilla de la Santa Muerte [música] y mi madre me vio. Me preguntó que por qué hacía aquello.
Yo simplemente evadí la razón con una mentira. Estoy poniendo la fotografía a mamá para pedir por la salud de mi padrino. Últimamente lo veo un poco más enfermo.
Por ello quiero que la santita muerte [música] me ayude. Quiero que intervenga por el señor Pepe, por mi padrino tan querido. Así que dejaré esta fotografía aquí, mamá.
Por favor, no la vayas a mover. Pero realmente la razón era otra. En cuanto mi mamá se ocupó en otras cosas, salió a la calle y recuerdo que yo me arrodillé ante la Santa Muerte para llorar, para pedirle que me ayudara a destruir a mi padrino, que recibiera su merecido, porque lo que me había hecho era algo completamente [música] imperdonable.
Ahí estuve yo llorándole, implorándole. De verdad, créanme que se me secó el cuerpo de tanto llorar, de tantas lágrimas que escurrieron de mis ojos. Le expresé todo el dolor a la santita muerte y le pedí de corazón y con toda mi fe que me ayudara y que a cambio yo le sería leal, así como mi madre ya lo era.
No más escuché como mi mamá ya venía regresando. Se escuchaba que saludaba a la vecina y en eso me levanté y me subí para mi cuarto para acostarme a seguir llorando un rato más. Los siguientes días de trabajo no había novedades, todo era normal.
Trabajábamos y nos retirábamos. Y como era costumbre, cada viernes mi padrino se tomaba sus cervezas y terminaba consumando sus placeres con mi cuerpo para finalmente aventarme un fajo de billetes. Aquello ya se había convertido en un ciclo vicioso, en algo que ya no podía evitar, en una trampa de la que no podía escapar.
Fui para un día viernes. Recuerdo perfectamente que mi padrino ya se estaba tomando unas cervezas. Aquel día, como cada fin de mes, mi padrino contabilizaba las cantidades que había recolectado, las metía en una caja fuerte que tenía en la parte de atrás, en la bodeguita y ya después, el sábado, se iba temprano al banco a depositarlo.
Lo metía en [música] su cuenta y aquella noche, como ya era costumbre, mi padrino se estaba tomando sus tragos y ya sabía yo lo que se venía. Yo ya nada más fingía que acomodaba mi mochila para irme, pero al final siempre mi padrino me detenía y me llevaba para atrás. Pero aquella noche mi padrino ya entonado y siendo justo las 9 de la noche, él estaba por bajar la cortina.
Esto lo hacía para evitar que clientes se metieran a pedir compras cuando él ya estuviera haciendo el corte de caja. Pero en eso apenas estaba a punto de llegar hasta el suelo la cortina. Cuando de pronto no más vi unas manos que detuvieron que la cortina llegara al piso y en eso un sujeto se metió por [música] debajo.
Aquel tipo llegó saludando muy amable. Después se metió el otro mientras mi padrino les decía que ya no había venta, que ya mejor se retiraran o volvieran [música] al día siguiente. Cuando los dos tipos se metieron, uno de estos pisó la cortina para que cayera al piso.
Mi padrino se molestó y empezó a reclamarles. A ver, hijos de la chingada, órale para fuera, ya no hay venta. Ya váyanse y vengan otro día.
Uno de los tipos se echó a reír y de pronto de debajo de la playera se sacó una pistola y también el otro tipo. A ver ruco, vuelve a levantarme la voz y te vuelo la cabeza. Órale, cabrón.
Queremos que nos entregues todo el dinero de tu caja fuerte. Y ándale, mueve las pinches nalgas porque llevamos prisa y ahí donde se te ocurra intentar algo, te aseguro que no la cuentas. Y tú, muchacha, no te quedes ahí con la cara de pendeja.
Hazte para allá y tampoco te muevas porque si no también te carga la chingada. Yo me hice para atrás, agarré mi mochila y me la puse en la espalda, mientras que uno de los tipos se acercó y me cuidaba mientras me apuntaba con el arma. Y el otro sujeto se llevó de la camisa a mi padrino a la parte de atrás de la bodega, igual apuntándolo con [música] el arma para que este le abriera la caja fuerte.
Yo no más escuché como el hombre le presionaba a mi padrino, quien fingía no saberse la contraseña, pero aquel tipo se enojó. Tienes 15 segundos para abrir la caja fuerte, hijo de tu madre, porque si no, aquí mira, te voy a mandar a chingar a tu madre al infierno. A mi padrino seguro no le quedó más que acceder.
Se escuchaba cómo se movía la perilla y cómo sonaban los clics. Cuando en eso la puerta, que ya estaba un tanto oxidada de la caja fuerte empezó a rechinar. Ahí fue la señal de que el dinero estaba disponible para los ladrones.
Mira nás, viejo. A poco esto es lo que te ganas en un mes. Yo creo que te vamos a hacer visitas más seguido, así que ponte de modo porque si no sabes que no la cuentas.
Pero me imagino que mi padrino, quien era bastante tacaño, quiso evitar el robo y trató de forcejear con el tipo. Además, andaba un tanto alcoholizado. Seguramente se envalentonó.
Pero entre el forcejeo, no más vi como los billetes volaban al piso, ni como aquellos dos, abrazados y forcejeando, terminaron saliendo de la pequeña bodega. Mi padrino quería evitar que le dispararan, [música] pero él tropezó hacia atrás y cayó al piso. En eso el tipo le puso la pistola en la cabeza y jaló el gatillo.
El estruendo fue muy fuerte. Yo recuerdo aún que se quedó una especie de resonancia aguda en mi oído que prácticamente me dejó sorda por un instante. Aquel tipo que miraba como su compañero le había arrebatado la vida a mi padrino.
Estaba impactado. Parecía que eran unos novatos en eso de robar. Y el otro tipo estaba completamente asustado.
Le temblaban las manos sosteniendo el arma, mientras que el cuerpo de mi padrino tenía la cabeza completamente deshecha. De verdad se la deformaron. Y tanto restos de sangre como pedazos de carne, hueso y cerebro estaban ahí esparcidos en el piso.
La sangre empezaba fluir en un gran charco y aquellos tipos asustados de que la policía pudiera llegar o que alguien llamara a la autoridad, simplemente agarraron un puño de billetes y salieron corriendo. Yo empecé a gritar, pensé en salir corriendo, pero luego vi que había mucho dinero tirado en el piso, así que fui a la parte de atrás, agarré varios billetes, los metí en mi mochila y entonces abrí la cortina y salí gritando por ayuda. La gente estaba asustada, escucharon el estruendo y vieron a los tipos salir.
Yo les dije que se habían metido a asaltarnos, que se habían llevado el dinero, pero los tipos desaparecieron en la oscuridad de aquel barrio que apenas sí tenía alumbrado público. Corrieron por la terracería y se los tragó la oscuridad de la noche. Yo les pedí que me llevaran a mi casa mientras que las autoridades llegaron a peinar la zona a ver qué estaba pasando.
Me interrogaron, pero eso sí, yo ya tenía el dinero en mi cuarto. Les dije todo lo que había pasado. Les di la descripción de los tipos.
Aquellos supuestamente fueron a buscarlos, pero jamás los encontraron. Aquella noche perdió la vida a mi padrino. La perdió de una forma horrible, de verdad, solo de recordar su cadáver ahí tirado en el piso al verlo ahí completamente destruido de su integridad física.
Créanme que es una imagen que no se borra, que no se destruye, así como tampoco se han borrado de mi cuerpo sus caricias, sus asquerosos besos y la manera en que él me hacía aquello. Créanme que a veces me acuerdo y me pongo a llorar. Sin embargo, después de aquel día se cerró la tienda, la clausuraron y aparte como él ya no tenía muchos familiares, tardaron mucho en encontrar a alguien que se hiciera responsable del lugar.
Lo vaciaron, lo cerraron y hasta la fecha está abandonado. Al parecer ha quedado ese lugar maldito. Y mientras tanto, yo sé perfectamente que la Santa Muerte intercedió por mí, por mi salud, por mi bienestar y el de mi familia.
Ya fue hasta ese momento que pude contarle a mi madre todo lo ocurrido y ella me abrazó. Sentía mucha culpa por todo lo que había pasado, porque ella siempre apoyó que yo trabajara con mi padrino. Entendió entonces poré le puse aquella foto a la Santa Muerte, que no era realmente por la enfermedad del viejo, sino porque yo quería destruirlo.
Mi madre lloraba porque ella si realmente se preocupó por mi padrino, pero ya después de enterarse simplemente se llenó de impotencia. Pero ya no había nada que hacer. Teníamos que seguir adelante.
Eso era la vida. Porque tampoco iba a pudrir mi existir con aquellos recuerdos. [música] También tengo derechos pese a ser una víctima y quiero rehacer mi vida.
Ya ha pasado algo de tiempo, ya han cambiado algunas cosas. [música] Hoy en día trabajo, tengo un salario estable, mi mamá ya está más grande y más enferma. Seguramente no le queda mucho.
Mi hermano, el menor ya también trabaja. Yo me esforcé por pagarle estudios para que fuera alguien de bien. Él me sigue ayudando con algunos gastos de la casa porque entre los dos vemos por mi madre.
Yo de verdad nunca culparía a mi mamá por lo que me pasó. [música] Ella que tiene la culpa de que el viejo haya salido mañoso, un maldito cerdo. La Santa Muerte creo que me salvó.
Me sacó adelante de dicha situación en la que vivía como prisionera. Esto no significa que ella siempre ayude. Al final hay casos especiales, hay circunstancias y maneras de pedir.
Y por ello que me siento afortunada de que mis plegarias hayan sido escuchadas, de haber sido una de sus elegidas. Y por ello es que hoy en día sigo brindándole mi fe, mi cariño y mi lealtad. [música] Porque en mi corazón yo siempre recordaré que para mí la salvación de todo este infierno la trajo de sus manos y de su amor la Santa Muerte.