Las deudas no se pagan con dinero, se pagan con la palabra. Hoy te voy a explicar cómo funciona la ley espiritual y cómo si conoces el funcionamiento de la ley, podrás usar un decreto espiritual que se repite varias veces en la Biblia para que pagues cualquier deuda que tengas en tu vida. No te prometo que el dinero va a caer del cielo, pero te prometo que verás la provisión de Dios expresada en tu vida en una semana, en unos [música] días o incluso en horas.
Te voy a compartir cuál es la frase que debes de pronunciar para saldar tus deudas. Te voy a explicar por qué funciona y cuántas veces lo tienes que repetir. Hola amigos, ¿cómo están?
Bienvenidos al canal. Mi nombre es Dal Salermo. La Biblia dice en reiteradas ocasiones que Dios puso poder y autoridad en nuestra palabra.
Cuando suplicamos, cuando pedimos desde la ansiedad y desde el miedo, estamos invalidando el poder de la palabra. Y solo cuando reconocemos cómo funciona la ley espiritual y que hay una jerarquía, podemos hacer uso de este poder. Y la Biblia está llena de relatos donde los hombres y los profetas usaron la palabra para manifestar milagros.
Pero la realidad es que cuando no conocemos el significado, el entendimiento de la palabra, se vuelve superstición. Debemos de comprender por qué funcionan las cosas. Si solamente repetimos una afirmación, estamos repitiéndola desde la incertidumbre, no desde la certeza.
Si tú comprendes todo lo que yo te voy a explicar, te aseguro que verás puertas abiertas, que verás oportunidades donde no las habí, que verás la gracia de Dios en tu vida, porque yo estoy aquí para darte testimonio que Dios puso divinidad en ti. Y antes de continuar, quiero contarte por qué estoy tan convencida que cuando repetimos la palabra, cuando hacemos uso de la ley espiritual, sabiendo cómo funciona la ley y comprendiendo la jerarquía espiritual, todo funciona incluso en minutos. Ya les he contado que he estado frente al peligro, que he estado sentada en un autobús atravesando un país y a todos los que venían conmigo lo estaban bajando para robarles, quitarles el dinero o desaparecerlos.
Y yo dije una palabra de una forma que cambió mi situación en un instante y a todo el mundo se lo llevaron y a mí no. Porque cuando hacemos uso de la palabra, como vino Jesús y nos enseñó, que está en la Biblia en más de 10 relatos, los milagros ocurren no no en semanas, no en 3 años, al instante. Y te hago esta historia porque necesito que entiendas algo muy importante.
Una cosa es pedir, porque a veces decimos, "No, yo le pido a Dios. " Amigos míos, muchas veces nos estamos quejando y no nos damos cuenta. Nos dijeron que tenemos que temerle a los problemas, nos dijeron que tenemos que temerle a la deuda, nos dijeron que tenemos que temerle a la enfermedad, porque solo cuando salimos de esos problemas podemos estar en paz.
Pero hoy yo vengo a enseñarte y a quitar todas esas ideas y por eso te cuento mi testimonio, porque fíjense cómo yo estructuré en medio del miedo y con el mal enfrente, con la persona que me quería hacer daño enfrente, cómo yo repetí en mi mente una frase que surgió efecto en segundos. La forma en la que estructuramos nuestra oración, nuestra petición, como tú le quieras llamar, determina cómo hacemos uso de la ley espiritual. Y es por eso que te voy a explicar la diferencia entre pedir y decretar.
Y préstame atención para que veas como un decreto funciona en segundos. Yo estoy en ese autobús, sube la policía y empiezan a bajar a todo el mundo delante de mí. Tú bájate, tú bájate, bájate, bájate.
Ya están llegando a mí. Yo estoy sentada. Y digo esto, si tienes ojos, no me veas.
Y si tienes manos, no me toques. ¿A quién le hablé? Al problema, a la situación.
Si tienes ojos, no me veas. Y saben lo que yo estaba haciendo ahí, amigos míos. Yo estaba haciendo uso de la ley espiritual y no me vieron y no me tocaron.
Y es por eso que siempre digo que gracias a que arriesgué mi vida, no solo esa vez, muchas veces durante ese viaje, Dios me reveló que tenemos un poder, un poder que no sabemos usar. Le hablé al problema y hoy te voy a enseñar a que tú le hables a tu deuda y que tú le hables con autoridad. Y te voy a decir cuáles son las palabras exactas que le tienes que decir a tu deuda varias veces al día y verás como tu deuda va a quedar saldada.
Porque lo que yo te estoy contando no es teoría. Lo he vivido, me ha salvado la vida y lo vivo todos los días. Para entender cómo esto funciona, tenemos que entender la diferencia entre pedir y decretar.
Cuando le pedimos a Dios, algunos de nosotros, sin darnos cuenta, pedimos desde el miedo, pedimos desde la ansiedad, nos invaden las emociones, hemos crecido en pobreza, en carencia. Yo he estado ahí. Nuestra mente lo ve como algo normal y es por eso que esas situaciones se siguen expresando en nuestra vida.
Cuando nosotros pedimos desde necesito dinero, necesito abundancia, necesito un poquito de comida, necesito, necesito, estoy diciendo esa deuda, esa pobreza, esa carencia es más grande que yo y estoy olvidando del poder que Dios me ha otorgado. Para que ustedes entiendan, este poder, el más grande de los maestros que ha existido en todos los tiempos, vino a enseñarnos este poder. Y el que conoce sus enseñanzas, las enseñanzas reales, las que están en los evangelios, el que las estudia, vive en abundancia, en bendiciones y en la provisión de Dios.
Jesús nos enseñó la diferencia entre decretar y pedir. Hizo la historia de que un padre tenía dos hijos. El padre era muy rico y el hijo menor le dice al padre, "Dame toda la parte de mi herencia que me pertenece.
" Cogió todo su dinero y se fue. Lo gastó en mujeres, en fiestas y al poco tiempo se quedó sin nada. vivía tan pobre que ni siquiera tenía que comer.
Hasta que un día pensó, "Hasta los criados, hasta los cerdos en casa de mi padre comen mejor que yo. " Y decidió regresar. Cuando el padre lo vio, se estremeció de alegría y mandó hacer un festín y que mataran un becerro para celebrar que su hijo había vuelto.
¿Cuál es la enseñanza más grande de esta historia? Tú eres hijo de Dios. Un hijo es lo más grande que tenemos.
No importa si se va, si viene, va a seguir siendo tu hijo y tiene derecho a todos tus bienes. Y tú como padre no le vas a negar a tu hijo nada. Y Dios, Dios no te quiere negar nada.
Y el mensaje de esta parábola, como la quiso enseñar Jesús, es que tienes que saber que tú eres hijo de Dios y que en el momento que tú decidas hacer uso del poder que Dios te ha dado como hijo y tomar tu lugar en la jerarquía espiritual, vas a tener la abundancia de la casa de tu padre. Y esto es real. Pero lo que pasa, amigos míos, es que hemos visto la pobreza, la deuda, los problemas, vamos a decir, una enfermedad, cualquier problema que tú tengas en la vida, como que es mejor que nosotros, como que es más grande.
Hemos olvidado nuestro poder y quiénes somos. Tú creaste el universo, tú creaste el mar, tú creaste la inmensidad del universo, tú creaste todo lo que existe. No, lo creó Dios.
Entonces, ¿por qué a veces pensamos que Dios necesita de nuestro trabajo, de nuestro esfuerzo horas y horas y días sin comer? Dios lo dice, todo lo que está aquí te lo he dado. Dios es un Dios de abundancia, pero nos han engañado, amigos míos.
nos han hecho pensar que tenemos que vivir a merced del dinero y hemos hecho el dinero nuestro Señor. Y eso fue lo que enseñó siempre Jesús del dinero. No podemos servir a Dios y al dinero.
No podemos servir a Dios y al César. En el momento que servimos al dinero, el dinero nos gobierna, nos domina y estamos renunciando al poder creador que Dios nos dio. ¿Cómo se usa ese poder?
Cuando abres tu boca. La Biblia lo dice, la vida y la muerte están en el poder de la lengua. Y es por eso que solamente cuando conocemos el verdadero poder de la palabra y por qué funciona, podemos usar la palabra para liquidar deudas, para destruir cualquier enfermedad o cualquier problema en nuestra vida.
Y exactamente ahí es donde está la diferencia entre pedir, pedir desde el miedo, desde la ansiedad, desde no merezco a decretar. ¿Qué hizo el hijo pródigo? El hijo pródigo se había ido, lo había gastado todo, pero dice, "En casa de mi padre hay comida, yo voy a regresar.
" Y cuando uno decreta, uno está regresando a casa del Padre. Estamos regresando al reino a donde está la abundancia. Cuando decretamos, estamos haciendo uso de la autoridad que Dios nos dio.
¿Qué es decretar? Hablar desde la convicción, desde la confianza. Y cuando tú hablas desde la confianza, desde el conocimiento de que tú eres hijo de Dios, de que Dios puso poder en tu boca y tú hablas con autoridad porque ya eres conocedor de estos principios que están en la Biblia desde los tiempos de Abraham y lo enseñó Jesús.
No vas a correr más detrás del dinero. No vas a tener que ir al banco 10 veces para que te den un préstamo. No vas a tener que lidiar nunca más con las deudas.
Porque cuando dejas de suplicar, empiezas a decretar, que es hablar desde la convicción quién soy, quién me creó, quién es el dueño de todo. ¿Para qué Dios me puso aquí? La materia.
¿Qué es la materia? Las deudas, el dinero, las cosas materiales. La materia comienza a responder a mi autoridad y yo dejo de servirle a la materia y la materia me empieza a servir a mí.
Yo no le voy a servir más al dinero. Yo no me voy a sentir intimidada por esa deuda, porque yo soy hija de Dios y mi padre es el dueño de todo, el que creó el universo completo. Y si tú puedes comprender esto, la profundidad de este conocimiento espiritual, los milagros ocurren.
Y es por eso que Jesús dijo, "Si tienes fe como un grano de mostaza, le hablarás a esa montaña. " Él no dijo, "Visualizarás la montaña. " Él no dijo, "Pensarás en la montaña.
" Él dijo, "Le hablarás a la montaña. " Porque Jesús conocía el poder que Dios nos dio en la palabra. Y si me vas a decir, "No, pero ese era Jesús.
" Quiero decirte que Jesús también dijo, "Lo que yo he hecho, ustedes lo pueden hacer y más. " Sí, Jesús lo dijo. Lo que yo he hecho ustedes lo pueden hacer y más.
Y fíjense como cuando Jesús está durmiendo en un bote con los discípulos y viene una tormenta, una tormenta terrible. Los discípulos se asustaron y lo llamaron, "Señor, Señor, hay una tormenta. " ¿Y qué hizo Jesús?
Jesús dijo, "Hay tormenta, por favor, para. Ay, Dios mío, por favor, para la tormenta. No, Jesús le habló al viento y le dijo, viento, aquíétate.
con la autoridad que Dios nos ha dado como hijos de Dios. En el evangelio de San Marcos está la historia de cuando lo llevan a Jesús un hombre sordo y con dificultad para hablar. Jesús dice una palabra que es muy popular, las personas la usan mucho y han visto milagros en su vida porque mediante esta historia comprenden cómo funciona la ley.
Jesús toma al hombre, lo aparta de la multitud, tocó sus oídos, tocó la lengua del hombre y dijo, hablófata, que significa ábrete o sé abierto. Jesús dio una orden siendo conocedor del poder que Dios puso en nuestra boca. Cuando Jesús resucita a Lázaro, habla y lo llama por su nombre y le da una orden a la muerte cuando él dice, "Lázaro, sal.
" Y en el evangelio de Marcos también vemos como Jesús lo van a buscar porque una niña había muerto y él llega y le habla a la niña y le dice, "Talita cumí, que significa niña, a ti te digo, levántate. " Y así fue. En Marcos 11:23 dice, "Cualquiera que diga a este monte, quítate y échate al mar, no tenga duda que así será.
" Fíjense, Jesús no dijo, "Pídele al monte, ruégale al monte, dile al monte. " Eso es una declaración, un decreto con convicción. Y una de las enseñanzas más grandes de todos estos pasajes es nuestra postura ante las situaciones.
No te dejes intimidar por ningún problema, situación en tu vida. No te dejes dominar por ninguna enfermedad, por ninguna deuda, por ninguna carencia. No te dejes dominar por los leones, como estuvo Daniel en el foso y estaban ahí los leones.
Pero cuando nuestro estado interno permanece intacto, confiado, sabiendo que yo soy hijo de Dios, si nosotros ponemos esta idea en nuestra mente y tenemos el entendimiento espiritual de por qué, por qué nadie me puede tocar, porque esa deuda no es más grande que yo porque yo tengo autoridad espiritual y le hablo a esa deuda, como le hablaba Jesús a los problemas, como le dijo dijo Jesús a la tormenta, como le dijo Jesús a la higuera, "Nunca nadie más va a comer fruto de ti. " Y se secó. Jesús enseñó a comandar la realidad con la palabra.
Y eso es lo que vamos a hacer. Vamos a comandar, vamos a darle un comando, una orden a las deudas, a la pobreza, a la escasez, porque somos conocedores de que la materia obedece la ley espiritual, la ley de que yo soy creada por Dios y que mi padre, Dios, es el dueño de todo. Y esa deuda no es más grande que yo, no es más poderosa que yo.
Puedes usarlo también. Ese problema que tú tienes, ese problema que se repite, ese problema en mi matrimonio, ese problema de salud no es más grande que yo y yo voy a hacer uso, como me enseñó Jesús, del poder de la palabra. Pero cuando se dice con autoridad, porque cuando yo hablo con autoridad estoy diciendo que yo soy hija de Dios y que tengo más poder que esa deuda, pero no suplicando.
Porque cuando suplicamos, cuando decimos, "Ay, Dios mío, ay, mira esa deuda que tengo, nos quejamos, ay, no sé qué hacer. " ¿Qué hace? La deuda se multiplica, la carencia viene.
Y esto no tiene nada que ver con Dios, amigos míos. Dios nos hizo poderosos, Dios nos capacitó. Pero si yo pongo en mi mente ideas de pobreza y de carencia y sigo haciendo las mismas acciones, diciendo las mismas palabras, es lo que yo voy a haber expresado en mi realidad.
Si yo sigo pidiendo desde la carencia y quejándome, ¿qué voy a recibir? pobreza, deuda, desilusiones. Si tienes deudas, si has tenido deudas recurrentes en tu vida, si te va un poquito mejor, pero tienes otra deuda, pudiste pagarlo todo y viene otra deuda.
Préstame atención porque aquí hay un mensaje espiritual para ti. Sí, hay un mensaje espiritual que tienes que comprenderlo urgentemente. Esto te está sucediendo porque has olvidado tu poder espiritual.
Quizás estás repitiendo decretos involuntarios. Hay palabras que muchas veces repetimos sin darnos cuenta. No sé por qué, pero siempre digo eso.
La heredaste de tus abuelos, de tus padres. Y repetimos esa palabra y la palabra tiene poder. La palabra abre o cierra la provisión.
Porque cuando hay miedo, amigos míos, la palabra pierde autoridad y nos mantenemos atrapados en ciclos de deuda y de escasez. Si quieres aprender el poder de la palabra y hacer uso de la palabra con efectividad, te voy a dejar el link de nuestra comunidad de WhatsApp. Ahí comparto instrucciones más cercanas de decretos, afirmaciones, cómo debemos pronunciar la palabra.
Para corregir todos esos errores heredados, únete a nuestra comunidad porque ahí estoy compartiendo oraciones, decretos y afirmaciones diarias. Debes de saber que la palabra vibra tiene una frecuencia y que el universo que es creado por Dios y todo lo que se mueve la materia, porque todo es energía, reconoce tu palabra. Y es por eso que yo he hecho uso de esto y ha funcionado, no a 2 días, no a tres días, no una semana, no.
En el momento, yo les he contado que estuve envuelta en unas lonas en la parte trasera de una rastra cuando estaba atravesando Colombia y se sube un policía y nos empieza a dar patadas. Ese hombre nos podía encontrar y si nos encontraba se acababa la travesía, se acababa mi viaje, me podían desaparecer, me podían robar. Estos son historias reales.
Pero, ¿qué hice yo? Yo decía el salmo 23, David era conocedor de estos principios y es por eso que los salmos son tan poderosos. Y los que declaran estas palabras ven milagros en su vida.
El Señor es mi pastor, nada me faltará. Yo estoy hablando, yo estoy decretando. Porque decretar es hablar desde la convicción.
Y por esa razón el policía se baja y se va, porque yo estoy hablándole a mi problema. El Señor es mi pastor y nada me faltará. Porque la palabra vibra tiene una frecuencia y la energía la reconoce.
Y cuando tú haces uso de ese poder, ves milagros al instante. Y es por eso que durante mi viaje vi tantos milagros. No, Dali, eso era coincidencia.
Eso fue que tuviste suerte. No, no fue suerte, eso es obediencia. El problema que yo tenía en ese momento obedeció a mi palabra porque yo estaba haciendo uso del poder que Dios me dio.
No es coincidencia, es obediencia a mi palabra. Yo hablo y tú obedeces. Yo le digo a esa montaña que se mueva y la montaña se moverá.
Y si has llegado hasta aquí, ya entendiste por qué tu palabra tiene tanto poder y por qué la materia, que es el dinero, que es esa deuda que tú tienes, va a obedecer a tu palabra. De la misma manera que ese problema que yo tenía de vida a muerte ahí, no te estoy hablando de días, de meses, no, no. en el momento exacto obedeció a mi palabra y yo no tengo nada que no tengas tú, porque los dos somos creados por el mismo Dios, la divinidad, el dueño, el creador de todo lo que existe.
Y si tú lo crees, practícalo y verás milagros en tu vida en días, quizás en horas, como te van a llegar oportunidades, pero después no digas fue suerte, no. Toda la gloria y toda la honra es para Dios, que fue el que me dio este poder. Quiero pedirte que dejes de ver tu deuda como un problema que no tiene solución.
Tienes que eliminar esa creencia de que esa deuda, ese problema es más grande que tú. El siervo no obedece a otro siervo, obedece al Señor, al Rey. Debes de tomar tu lugar jerárquico que Dios te ha dado, que Dios te creó.
Y ese problema, esa deuda no es más grande que tú. Y es por eso que David lo decía. El Señor es mi pastor, nada me faltará.
Está hablando con autoridad. Estás decretando desde la convicción y desde el conocimiento espiritual de que yo soy merecedor, de que yo soy hijo de Dios, de que Dios es el dueño de todo. Dios es el poder infinito.
Ese poder está conmigo. Nada me puede faltar. Y yo sé que muchos de ustedes conocen estas frases, conocen este entendimiento bíblico, pero amigos míos, no lo ponemos en práctica, porque si lo ponemos en práctica, vamos a ver nuestra vida cambiar y vamos a ver soluciones donde no las había y vamos a ver oportunidades de trabajo que llegan y vamos a ver un acuerdo con el banco y vamos a ver cómo viene una persona que no esperábamos y nos ayuda.
Fíjense cómo lo dijo David en el salmo 344. solicité al Señor, él me respondió y me libró de todos mis temores. Es muy importante que antes de tú hablar, antes de hacer uso de la palabra, tengas una fe, una convicción muy profunda.
Así, así como cuando yo te hablo, porque yo tengo una fe en esto tan terrible, porque es que lo he vivido, porque es que mi palabra me ha salvado la vida. Y es por eso que yo te hablo con esta emoción y quiero que tú hables con emoción, con fe, con conocimiento de cómo funciona la ley espiritual. Yo estoy aquí para decirte que nada es imposible para Dios.
Absolutamente nada es imposible para Dios. Si tú lo crees, le dirás a esa montaña, "Muévete. " Y se moverá, porque tú lo has dicho.
Lo que vas a hacer es darle un mandato a tu deuda y esas deudas van a quedar saldadas y esa pobreza va a estar eliminada como cuando Jesús le dijo a la higuera, "Sécate. " Y seá y esa deuda se secará. Pero recuerda lo que te he enseñado.
La materia, la materia, la realidad responde a el poder de la palabra. Y para tú hacer uso de ese poder que Dios te ha dado, tienes que tener convicción, tienes que tener certeza, tienes que dejar de quejarte. Y es por eso que quiero pedirte que hagas esta renuncia conmigo.
Renuncio a mi antigua identidad, renuncio a la queja, renuncio a la creencia de que no es posible, renuncio al miedo, renuncio a la ansiedad. Tenemos que comprender, amigos míos, que orar no es quejarse. Eso es una instrucción espiritual que haré en otro video.
Repite esto conmigo. Respira. Déjalo ir.
Exhala todo el miedo, toda la ansiedad, toda la creencia de que no eres merecedor, de que no eres merecedora. Recuerda que tu palabra tiene poder y que toda palabra que sale de tu boca no volverá a ti vacía, sino que será prosperada en aquello para lo que ha sido enviada. Y yo voy a enviar esta palabra.
Mi provisión viene de Dios y todas mis deudas quedan pagadas. Repite. Todas mis deudas quedan pagadas.
¿Cuándo? El mes que viene, el año que viene. No, ahora.
Repite conmigo. Repítelo. Repítelo.
Habla. Tienes que hacer uso del poder de la palabra. Mi provisión viene de Dios y todas mis deudas quedan pagadas.
Ahora mi provisión viene de Dios y todas mis deudas quedan pagadas ahora. ¿Qué tú le estás diciendo a tu deuda? El dueño de todo.
El dueño de todo, el que lo creó todo, puso poder en mi boca. Repite esto tres veces al día. Repite esto en voz alta.
Busca tu teléfono. Busca tu teléfono. Ve a tu cuenta de banco.
Búscala. Búscala. Voy a dar mi cuenta de banco, tengo una deuda y le voy a hablar a esa deuda.
Yo le voy a hablar a la materia, a la realidad. Mi provisión viene de Dios y todas mis deudas quedan pagadas. Ahora, en ese momento, tú te vas a ser consciente de que en el plano espiritual esa deuda está pagada.
Y si tú lo crees, no tardará en expresarse en la realidad. No es que te va a caer un poco de dinero del cielo ahora como por arte de magia, ¿no? Pero en una semana, en unos días, quizás en unas horas verás la mano de Dios moverse a tu favor.
Porque al igual que el hijo pródigo, habrás regresado a la casa de tu padre, habrás regresado a tu lugar. Y cuando hablas desde el conocimiento y el merecimiento de que tú has sido creado por Dios, la materia, la realidad obedece. Después, no digas que fue suerte.
El poder máximo del universo es el dueño de todo. Lo creó absolutamente todo y ese poder está contigo. Y cuando tú usas la palabra, ese poder se abre, se desbloquea y empiezan a llegarte bendiciones.
Pon en práctica este conocimiento espiritual. Yo lo he probado, he visto resultados en minutos, me ha cambiado la vida. Hazlo con fe y estoy convencida que tu provisión no depende de nadie.
Tu provisión viene de Dios. Así lo creo y así lo declaro sobre tu vida. Gracias por llegar al final de este video.
Gracias por ser parte de esta comunidad. Te mando un beso grande y te quiero mucho y nos vemos muy pronto con un video nuevo.