Sean todos muy bienvenidos. Mi nombre es Antonela Ramos Díaz y el día de hoy abordaré uno de los eventos más divisivos de la historia peruana, la reforma agraria de 1969, liderada por el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado. Desde antes de 1930, el Perú arrastraba una enorme injusticia.
La Tierra y el poder político estaban concentrados en manos de una pequeña élite, los asendados. Este sistema semifeudal generaba una profunda desigualdad. La reforma agraria vino para cambiar ese viejo orden.
40 años después, según el análisis de Antonio Zapata, la reforma en parte tuvo éxito y mirados otros ángulos, fue un completo fracaso. La pregunta clave es, ¿dónde estuvo el éxito y dónde estuvo el fracaso? Su postura es que la reforma agraria fue un acto de necesaria justicia social y funcionó para el cambio político porque rompió con ese poder antiguo, pero no funcionó para la economía del país.
Argumentaré esto analizando los impactos en la política, la sociedad y la economía. En lo político, la reforma fue un éxito rotundo. Fue beneficiosa porque destruyó para siempre el poder político de la oligarquía terratiniente, los antiguos ascendados.
Este fue un cambio estructural que no tiene marcha atrás. Lo más profundo es que esta reforma liberó al campesinado de las atadoras Herviles y amplió la ciudadanía peruana, integrando al país más que nunca y ningún otro gobierno. El campesino dejó de ser un siervo para convertirse en un ciudadano con derechos políticos.
Este cambio político tuvo una consecuencia vital para el Perú de las décadas siguientes. Al darle la dignidad y derechos al campesino, se sentaron las bases para una mayor estabilidad. Gracias a ello, Sendero Luminoso no logró incendiar completamente la pradera campesina.
La política del Perú de hoy es más abierta y representativa porque ese viejo poder feudal ya no existe. Ahora, en lo económico, la historia es un poco diferente. Aquí la reforma fue un completo fracaso.
La lectura es clara. Sus propuestas productivas fueron utópicas y sin mayor sentido, provocando un serio retraso de la productividad agraria. Velasco decidió no repartir la tierra individualmente para evitar el minifundio.
Conservó y amplió la gran propiedad, llamándola cooperativa o sociedad agrícola de interés social. Pero los problemas empezaron a surgir cuando el campesino percibió el Estado como un nuevo dueño y la disciplina del antiguo régimen ya había terminado. Pero la razón principal del desastre económico fue la política de precios controlados.
Velasco decidió que los campesinos deberían colaborar con los pobres de la ciudad con productos del campo baratos. Esta política arruinó al campo, extendió la pobreza rural, hizo descender la rentabilidad agraria y la producción de alimentos retrocedió. Por otro lado, en lo social, el lado positivo es la ganancia de dignidad y el fin legal de la servidumbre.
El campesinado había adquirido ciudadanía y derechos políticos, pero esta ganancia se vio opacada por la frustración que se tenía. La pobreza se hizo más aguda. Los supuestos beneficiarios estaban pobres y rechazaron el modelo asociativo porque no había traído ni una autogestión ni prosperidad.
Por ello, los campesinos empezaron a tomar y parcelar las cooperativas. Esta parcelación hizo que cada uno se quedara con una pequeña chakra, lo que se conoce como minifundio. La lectura advierte que el minifundio arruina una nación y retrasa considerablemente sus fuerzas productivas.
El drama social terminó creando unidades productivas ineficientes, generando la permanencia de la pobreza rural. Para concluir, la reforma agraria fue un evento de dos caras. Fue un éxito al destruir el poder oligárquico y darle ciudadanía al campesino, pero fue un fracaso en su ejecución económica por la mala administración, los precios controlados y la fragmentación de la Tierra.
El Perú de hoy es el resultado directo de ese periodo, de 1930 a 1990. Heredamos una sociedad más justa, al menos en lo político y social, el cambio, donde el campesino tiene voz. Pero también arrastramos la permanencia de un agro de baja productividad en la pobreza rural, que es la herencia económica fallida que aún nos toca resolver.
Eso sería todo. Muchísimas gracias por escuchar. Hasta una próxima oportunidad.