El vídeo de hoy va a ser muy especial porque vamos a repasar el papel de cada país relevante de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán. Repasaremos estos tres países, los países más afectados de Oriente Medio, las principales potencias mundiales e incluso qué papel juegan en este conflicto España y Latinoamérica. Así que empecemos que tenemos mucho de lo que hablar.
Irán es el gran protagonista. El país persa es en muchos sentidos el país que ha construido toda una forma de hacer geopolítica alrededor de sobrevivir rodeado de enemigos más fuertes. Desde la Revolución Islámica de 1979, su régimen se define a sí mismo como un poder que debe resistir a Estados Unidos y a Israel, a los que considera adversarios existenciales.
Como Irán sabe que militarmente no puede competir de tú a tú con la potencia militar estadounidense o con el ejército israelí, ha desarrollado una estrategia muy característica. Proyectar poder indirectamente apoyando milicias y aliados armados en toda la región, desde Jesbolá en Líbano hasta las milicias chiitas en Irak o los jutíes en Yemen, creando lo que llaman el eje de resistencia. En la guerra actual con Israel y Estados Unidos, Irán actúa con esa misma mentalidad de resistencia estratégica.
No intentan ganar una guerra convencional, sino que quieren hacer que el conflicto sea caro y largo para sus enemigos, usando misiles, drones, presión sobre rutas energéticas como el estrecho de Ormud y la activación gradual de sus aliados regionales. Israel también vive este conflicto como una cuestión existencial. Es un país pequeño, rodeado históricamente de vecinos hostiles y marcado por una memoria muy profunda de persecución y guerra.
Esa historia ha moldeado su mentalidad estratégica y por eso Israel intenta adelantarse siempre a las amenazas antes de que estas crezcan demasiado. Desde su punto de vista, Irán representa hoy el mayor peligro, no solo por su programa nuclear, sino también por su eje de resistencia que acabamos de comentar. Por eso, Israel lleva años aplicando una estrategia de presión constante contra Irán.
Ataca bases, destruye envíos de armas y trata de frenar cualquier avance que pueda fortalecer a sus adversarios. Su objetivo es evitar que Irán logre rodearlo con una red de fuerzas hostiles o que llegue a desarrollar armas nucleares. En esta guerra, Israel actúa con la lógica de quien cree que no puede permitirse perder ni una sola vez, porque en su caso, una derrota estratégica podría poner en cuestión la propia seguridad del país.
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Estados Unidos aparece en esta guerra como el gran aliado y protector de Israel, pero también como el poder externo que lleva décadas intentando mantener el equilibrio en Oriente Medio. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Washington ha construido una red de bases militares, alianzas y acuerdos con muchos países de la región. Su objetivo siempre ha sido parecido, garantizar que el petróleo siga fluyendo hacia la economía mundial, proteger a sus aliados y evitar que una potencia hostil domine el Golfo Pérsico.
Irán encaja justo en el lado contrario de este esquema y desde la revolución de 1979, ambos países mantienen una rivalidad muy profunda. No obstante, a la par que hace todo lo posible por acabar con el régimen irí, Washington también intenta evitar que la guerra escale demasiado para evitar que el precio del petróleo escale demasiado. Para Arabia Saudí, Irán es su gran rival regional desde hace décadas.
Ambos compiten por la influencia en Oriente Medio y también por el liderazgo dentro del mundo islámico, aunque desde ramas distintas del Islam. Por eso, cuando Irán gana poder en la región, ya sea en Irak, en Siria, en Líban o en Yemen, Riaz lo percibe como un avance de su principal competidor. Sin embargo, Arabia Saudí tampoco quiere una guerra total entre Irán, Israel y Estados Unidos.
El reino basa buena parte de su estabilidad en el petróleo y en mantener la región lo suficientemente tranquila como para que la economía funcione. Por eso su actitud suele ser prudente. Ve con buenos ojos que se limite el poder de Irán, pero al mismo tiempo intenta evitar una escalada que pueda incendiar todo Oriente Medio o poner en peligro las rutas energéticas del Golfo.
Es en cierto modo un actor que prefiere que otros contengan a Irán mientras él intenta mantener el equilibrio. Emiratos Árabes Unidos juega una partida muy pragmática en este conflicto. es un país pequeño, pero muy rico, que ha construido su poder sobre el comercio, las finanzas y la estabilidad.
Por eso, su prioridad absoluta es que Oriente Medio no se convierta en un incendio permanente que ahuyente a inversores y ponga en riesgo las rutas comerciales del Golfo. Al mismo tiempo, Emiratos ve a Irán con desconfianza porque al igual que pasaba con Arabia Saudí, ambos compiten por la influencia en la región. Abu Dhabi ha adoptado una estrategia muy calculada.
En los últimos años, Emiratos Árabes Unidos se ha acercado a Israel firmando los acuerdos de Abraham, que normalizaron las relaciones entre ambos y abrieron cierta cooperación tecnológica, económica e incluso de seguridad. En esta guerra, Emiratos trata de evitar que el conflicto cierre el estrecho de Ormud y que su territorio sea atacado, aunque bueno, de momento no está pudiendo cumplir ni la una ni la otra. Turquía se mueve en este conflicto con mucha cautela.
Es un país grande, con un ejército poderoso y una larga tradición de influencia en Oriente Medio, por lo que intenta actuar como potencia independiente, sin alinearse completamente ni con Israel ni con Irán. Con Israel ha tenido muchísima tensión en los últimos tiempos, especialmente por la cuestión palestina, la cual Ancara utiliza muchísimo en su discurso político con Irán. Mantiene una relación compleja, ya que compiten por influencia en Siria, Irak y el Cáucaso, pero al mismo tiempo cooperan en algunos ámbitos, porque ninguno quiere que la región quede totalmente dominada por Estados Unidos.
En esta guerra, Turquía intenta presentarse como defensor de los palestinos y crítico de las acciones israelíes, mientras procura no romper del todo con Israel ni provocar un choque directo con Terán. Turquía podría cooperar con Irán para aplastar cualquier levantamiento a la vez que su relación con Irán puede verse afectada si Irán continúa atacando las bases estadounidenses que hay en Turquía. Líbano es probablemente el país que más riesgo tiene de convertirse en el segundo gran frente de la guerra.
La razón es Jesbolá, una milicia chiita extremadamente poderosa que actúa como el principal aliado militar de Irán frente a Israel. A diferencia de otros grupos armados de la región, Jesbolá no es solo una guerrilla, tiene decenas de miles de combatientes, un enorme arsenal de misiles y una estructura política que influye directamente en el propio estado libanés. Eso significa que cuando Irán entra en guerra con Israel, Líbano queda automáticamente en primera línea de batalla.
Desde el sur del país, Jesbola lanza cohetes hacia Israel. Y en respuesta a Israel bombardea posiciones de Jesbolá e incluso lleva a cabo operaciones dentro del territorio libanés y mientras el Estado Líbanés ni pincha ni corta. El problema es que el Líbano ya estaba en una crisis económica y política muy profunda antes de la guerra, así que cualquier escalada militar amenaza con desestabilizar todavía más un país que lleva años al borde del colapso.
Siria vive en una situación completamente distinta a la de hace unos años. El régimen de Alasad cayó en 2024 y ahora gobierna un gobierno de transición encabezado por Ahmed Alsara en un país que todavía está muy fragmentado. El nuevo liderazgo intenta reconstruir el Estado y evitar verse arrastrado a la guerra entre Israel e Irán, aunque su territorio sigue siendo muy estratégico y muy inestable.
El nuevo gobierno parece estar más alineado con Israel que con Irán, aunque se presenta como un actor neutral. Palestina es el epicentro político y emocional de todo el conflicto regional. Para muchos países de Oriente Medio, la causa palestina sigue siendo un símbolo de disputa histórica con Israel y por eso Irán la utiliza como una de sus principales banderas para ganar apoyo en el mundo musulmán.
No obstante, a nivel militar, a las milicias palestinas este conflicto les pilla demasiado grande. Irak está en una posición especialmente delicada porque es uno de los pocos lugares donde Estados Unidos e Irán están presentes al mismo tiempo. Tras la guerra de 2003, Washington mantuvo bases militares y una relación estrecha con el gobierno irí, pero al mismo tiempo, Irán ha construido una enorme influencia dentro del país, sobre todo a través de partidos políticos y milicias chiquitas armadas.
En la guerra actual, el gobierno iraquí intenta mantenerse neutral y evitar que su territorio se convierta en un campo de batalla. Pero la realidad es que muchas milicias proiraníes ven el conflicto como parte de su propia lucha contra Estados Unidos e Israel. Por eso, Irak siempre el riesgo de convertirse en un escenario indirecto de la guerra con ataques contra bases estadounidenses o tensiones que pueden desestabilizar de nuevo al país.
Jordania es uno de los países más preocupados porque la guerra no se expanda. Es aliado de Estados Unidos. tiene paz con Israel y depende mucho de la estabilidad regional.
Su estrategia es intentar contener la crisis porque cualquier escalada podría afectar gravemente a su seguridad. Egipto actúa sobre todo como un mediador regional. Tiene relaciones estables con Israel desde hace décadas y suele intervenir en las negociaciones sobre Gaza o en los intercambios de prisioneros.
Su prioridad es evitar que el conflicto desestabilice la frontera con Gaza, aunque su verdadera obsesión es que esto no afecte al canal de Suez. Qatar juega un papel muy particular porque habla con casi todos los actores. Alberga bases estadounidenses, pero también mantiene contactos con grupos como jamás.
Eso le permite actuar muchas veces como intermediario en negociaciones. No obstante, los ataques iraníes contra su territorio han sido vistos en Dohaja como una traición por parte de Irán. Oman es el mediador silencioso del Golfo.
Mantiene relaciones relativamente buenas tanto con Estados Unidos como con Irán y suele servir como canal discreto para conversaciones diplomáticas cuando la tensión es demasiado alta. No obstante, Irán también atacó OAN, lo que seguro que no ha gustado nada por ahí. Bahrain está claramente alineado con Estados Unidos, Arabia Saudí e Israel.
Ve a Irán como una amenaza directa tanto por la rivalidad regional como por las tensiones internas entre su gobierno SUNí y una población mayoritariamente chiita que es la de Bahraín. Esto ha provocado protestas por parte de esa mayoría chiita que si continúan evolucionando podrían dar paso a un levantamiento en el país. Kubit sigue una política muy prudente, es aliado de Estados Unidos.
Pero intenta o mejor dicho intentaba no provocar a Irán. Su prioridad es preservar la estabilidad del Golfo y evitar verse arrastrado a una guerra regional. Pero es verdad que Irán no le está dejando mucha opción.
No obstante, su cercanía geográfica a Irán hace que la defensa de sus bases e instalaciones petrolíferas sea una tarea muy complicada. Yemen entra en la guerra a través de los jutíes, una milicia apoyada por Irán que ha atacado el tráfico marítimo en el Mar Rojo y varios objetivos vinculados a Israel. Esto convierte al país en otro frente indirecto dentro del conflicto regional.
El gran miedo de Estados Unidos es que los jutíes puedan bloquear el estrecho de Babel Mandev y acaben de desestabilizar el comercio internacional. Rusia mantiene una relación cercana con Irán, especialmente en el ámbito militar y energético y ambos comparten rivalidad con Estados Unidos. Al mismo tiempo, Moscú intenta conservar relaciones funcionales con Israel, en parte porque hay una importante comunidad rusa allí y porque Rusia siempre ha intentado mantener cierto equilibrio en Oriente Medio.
Para el Kremlin, cualquier conflicto que obliga a Estados Unidos a concentrar recursos en la región puede ser útil desde el punto de vista geopolítico. Sin embargo, el mayor beneficio de esta guerra para Rusia es que ahora puede vender su gas y su petróleo a un precio mucho mayor y eso le viene de perlas para financiar su guerra en Ucrania. China, por su parte, está muy preocupada y su principal preocupación es la estabilidad de las rutas energéticas, ya que importa enormes cantidades de petróleo y gas de Oriente Medio, tanto de Irán como de los países del Golfo.
Pekín intenta mantener buenas relaciones con todos los actores, pero su principal aliado en la región es Irán. Por ello, su estrategia es presentarse como un actor equilibrado que apuesta por la diplomacia y que podría jugar un papel mediador mientras protege sus intereses comerciales y energéticos en la región. India mantiene una relación estratégica cada vez más fuerte con Israel, especialmente en tecnología y defensa, pero también depende del petróleo del Golfo y tiene vínculos históricos con Irán.
Por eso, Novadeli intenta mantener un equilibrio muy cuidadoso, evitando no posicionarse de forma demasiado clara en el conflicto mientras protege sus relaciones con todos los actores clave de la región. Pakistán es un país musulmán con armas nucleares y una fuerte sensibilidad hacia los conflictos del mundo islámico, especialmente cuando se relacionan con Palestina o con tensiones entre potencias occidentales y países musulmanes. Al mismo tiempo, Pakistán intenta no implicarse directamente porque depende mucho de la estabilidad del Golfo, donde trabajan millones de pakistaníes y de donde llegan inversiones y petróleo.
Por eso su posición suele ser de apoyo político al mundo musulmán y de crítica a Israel, mientras evita dar pasos que puedan arrastrarlo a una confrontación directa o afectar sus relaciones con países clave como Arabia Saudí o China. Hablemos de Francia, Alemán y Reino Unido. Estas tres potencias europeas suelen actuar como un bloque diplomático dentro del conflicto.
Son aliados cercanos a Estados Unidos y mantienen relaciones sólidas con Israel, pero al mismo tiempo suelen insistir en la vía diplomática para evitar una escalada regional que ya se ha dado. Europa tiene mucho que perder si la guerra se expande, crisis energéticas, tensiones migratorias y mayor inestabilidad en su vecindad. Por eso, su papel suele centrarse en presionar para que haya negociaciones, sanciones o iniciativas diplomáticas.
para contener el conflicto. España no es un actor militar dentro de esta guerra, pero su papel diplomático ha sido muy relevante en el conflicto por su clara posición de rechazo a la intervención estadounidense. Además, como país mediterráneo, España observa con preocupación cualquier conflicto que pueda aumentar la inestabilidad en su vecindad.
Esto no significa que España sea neutral. Sigue siendo aliado de Estados Unidos dentro de la OTAN y coopera con socios europeos, pero intenta marcar un perfil más orientado a la mediación, al derecho internacional y a la presión diplomática para frenar la escalada. Y Latinoamérica.
Latinoamérica no participa militarmente en la guerra, pero sí influye en el clima político internacional. La región está bastante dividida. Algunos gobiernos de izquierdas han adoptado posiciones muy críticas con Israel.
Otros países, en cambio, mantienen vínculos más estrechos con Estados Unidos y con Israel, especialmente en cooperación tecnológica agrícola o de seguridad. El conflicto tiene un efecto económico importante en la región, sobre todo a través del petróleo. Cada vez que estalla una crisis en Oriente Medio, los mercados temen interrupciones en el suministro y el precio del crudo super.
Para varios países latinoamericanos, eso puede ser una gran noticia. Exportadores como Venezuela, Brasil, México o Guyana se benefician directamente de los precios más altos porque aumentan sus ingresos por la energía. Incluso países con industrias petroleras más modestas ven cómo mejora la balanza comercial.
Y eso es todo por hoy. Recuerda que te dejo el link a venga en la descripción del vídeo y por lo demás, si te ha gustado, ya sabes que puedes dar a like, suscribirte y nos vemos en próximas entregas. Por lo demás, un saludo y hasta la próxima.
Yeah.